(Discurso con ocasión del homenaje como Servidor Público del Año del Rotary Internacional, 21 de octubre de 2009)
Me piden hablar de “necesidad de paz” en ocho minutos y me sugieren que no hable de “política”, lo cual hace más fácil recortar la exposición.
Cuando pensamos en paz, la vemos como esa situación contraria a la guerra. En este sentido, lógicamente hay una necesidad de paz en nuestro país cuando hasta el día de hoy, 21 de octubre de 2009, han sido asesinadas once mil personas aproximadamente, sólo en el 2009. Estamos en guerra en Venezuela, evidentemente.
Pero la guerra y la paz no son el origen sino la consecuencia, y no son conceptos independientes, sino que derivan de otros que hay que comprender primero: Justicia y Libertad.
No hay paz sin justicia y no hay justicia sin libertad.
La libertad no es sólo ese derecho a que no nos retengan o apresen arbitrariamente. Libertad implica mucho más que eso. Es el derecho de hacer, ser y sentir. Dentro de ello incluimos lo que Maurice Duverger define como libertades activas y libertades pasivas. Evidentemente, profundizar hoy en estos conceptos sería muy complejo para los ocho minutos que tengo, por lo que vamos mejor directo al grano, haciéndonos las siguientes preguntas.
¿Cómo podemos hablar de la libertad de domicilio o de privacidad de un ciudadano cuando dicha persona no tiene siquiera donde vivir?
¿Cómo se puede hablar de libertad de trabajo de una persona cuando esa persona muere al nacer por desnutrición?
¿Cómo podemos hablar de libertad de pensamiento y de argumentación si no tenemos facilidades para que los niños se alimenten y reciban educación?
¿Cómo podemos hablar de paz sin antes activar y defender nuestras libertades?
Entonces, hay una necesidad de paz, y para lograr eso tenemos la obligación de conquistar libertades.
Hay libertades que deben activarse como la libertad de alimentación de nuestros niños (lo que se traduce en una obligación) y otras que debemos defender como la libertad de un proceso judicial justo y que no nos encarcelen por motivaciones políticas.
Así, en este salón hay una cantidad importante de voluntarios Rotarios que trabajan día a día conquistando libertades. Está mi amigo y compañero Robiro Terán un conquistador de libertades. Mis compañeros del Foro Penal Venezolano Antonio Rosich, Mónica Fernández, y mi asistente Yael Bello que se cala mis cosas. Todos son conquistadores de libertades.
Hoy el Rotary nos otorga condecoraciones a personas de diferentes sectores: educación, salud, desarrollo espiritual, seguridad, derechos humanos, etcétera. Todos hacemos el esfuerzo por conquistar libertades.
Nos sentimos muy halagados por este homenaje de Servidor Público del Año que nos otorga el Rotary Internacional y un agradecimiento al Rotary el Peñón que me postuló particularmente. Estoy seguro que este agradecimiento lo comparten todos los condecorados de este año, porque la labor de conquistar libertades es una labor gratuita. Con esta labor no se busca el éxito sino el fortalecimiento de valores. Porque la libertad es el valor más sagrado, ya que de ella depende la paz.
Este homenaje nos fortalece moralmente para continuar con la satisfacción de dar un poquito de paz a quien lo necesita. Ahora bien, mas satisfacción que este homenaje es la satisfacción de sentir que dejamos huella que hacemos historia, promoviendo libertades de personas. La satisfacción de producir sonrisas en las caras de quienes nos necesitan. La satisfacción de un abrazo, por ejemplo, de las personas que como activistas de derechos humanos, liberamos del encierro arbitrario, es el mayor homenaje que recibimos quienes asumimos estas aventuras.
Satisfacción sentí junto a los abogados Gonzalo Himiob y Antonio Rosich, que se encuentran aquí presentes, cuando fue liberado el 28 de septiembre de este año, Julio César Rivas, un muchacho de veintiún años, preso por razones políticas.
Hace dos horas, se cerraron las puertas de la celda calurosa de Richard Blanco, preso por razones políticas en Yare 3. Satisfacción tendremos cuando sea liberado. Así como cuando veamos la sonrisa de Carlos Javier Lozada de veinticuatro años o Gustavo Aponte de veintiuno, retenidos arbitrariamente en el centro penitenciario de La Planta, por motivos políticos.
Este homenaje nos fortalece, entonces, para seguir adelante.
Para concluir, porque creo que ya pasaron mis ocho minutos, tomo las palabras de Abraham Lincoln cuando dijo: “Lo que cuenta al final no son los años de tu vida sino la vida que le des a tus años”.
Ciertamente, nuestra necesidad de paz es esa necesidad que tenemos de conquistar libertades todos los días de nuestras vidas.
Muchas gracias.