Hugo Chávez, un balance preliminar

La muerte de Hugo Chávez pone punto final a su vida, como ser humano, pero en términos político-comunicacionales conviene preguntarse si implica el cierre de un ciclo gubernamental que en su momento denominamos la presidencia mediática. Si se revisa la historia contemporánea de América Latina no encontramos puntos de comparación en lo que hizo el presidente venezolano en materia mediática. Se trató del uso intenso y extendido de los medios de comunicación, especialmente radioeléctricos, sin precedente alguno por parte de un mandatario. Chávez supo potenciar su carisma personal y lo convirtió en una política de Estado, con lo cual la principal fortaleza de la gestión comunicación de su gobierno resultó ser su propia figura.

Chávez ha muerto pero deja, entre otras herencias, un modelo comunicacional que va más allá de su persona. Si bien la figura personal del jefe de Estado fue el pivote de los mensajes gubernamentales en todos estos años, esto también fue posible al establecimiento de un modelo hegemónico en el campo comunicacional, que por lo demás le sobrevive.

Aún cuando Chávez ya no esté las cadenas prosiguen de forma abusiva y arbitraria. Los días recientes han sido una muestra de cómo se manejan las cadenas nacionales de radio y televisión sin una genuina política de Estado, poniendo los mensajes de transmisión obligatoria a favor de una parcialidad política. Es previsible suponer que Nicolás Maduro, en su rol de presidente y buscando el voto popular, haga un uso reiterado de este mecanismo, ya que eso le permitiría monopolizar la palabra pública. En esta primera etapa, dentro de la estrategia oficial de mitificar a Chávez, las cadenas girarán en torno al enaltecimiento del líder, para pasar seguidamente a estar al servicio de la campaña electoral que buscará perpetuar en el poder al chavismo.

Los medios de comunicación del Estado serán la correa de transmisión en el proceso de mitificar a Chávez. A partir de 2007, especialmente, se puso en evidencia el culto a la personalidad en los medios de comunicación de carácter oficial. La totalidad de las obras de gobierno se presentaban, sencillamente, como inspiradas u ordenadas por Chávez, al tiempo que las alocuciones presidenciales se repetían de forma incesante en la programación radioeléctrica oficial. Durante los meses de ausencia presidencial, mientras era tratado en Cuba, la política de la radio y televisión gubernamental insistió en mantener viva la imagen de Chávez mostrándole en acción con imágenes de archivo, con lo cual la audiencia hasta podría formarse la idea de que el comandante era quien seguía mandando. En el proceso de mitificación en marcha se exaltará cada una de las decisiones/acciones de Chávez, se explotarán los testimonios populares que evidencien la fuerte conexión caudillo-pueblo y cada una de las determinaciones oficiales se presentarán como inspiradas por el líder. El papel de la televisión oficial, un sistema también sin puntos de comparación por el número de medios administrados por el Estado y creado por Chávez, será determinante en este proceso.

Otro aspecto que no cambiará en el corto plazo, si nos guiamos por los reiterados señalamientos de Elías Jaua hacia los medios privados durante los funerales de Chávez, será la permanencia en el tiempo de una sistemática campaña para descalificar a quienes ejercen la crítica pública desde el espacio mediático. Chávez instauró una suerte de escuela en el alto gobierno que opera de forma sencilla y eficaz. Cualquier entuerto oficial rápidamente se presenta como obra de una matriz mediática de la derecha, y eso tendrá más fuerza ahora, en el discurso gubernamental, en la medida en que la ineficiente gestión pública se escudará detrás de la mitificación de Chávez, que como cualquier mito terminará convirtiéndole en un hombre infalible.

Finalmente, en medio del deceso de Chávez se ha evidenciado, una vez más, la alineación del resto de poderes públicos con el poder ejecutivo. En materia de medios y libertad de expresión el modelo que dejó la presidencia de Chávez en manos de sus herederos políticos deja casi ningún espacio ante el cual acudir para contraponerse a los desafueros gubernamentales. El Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República y la Defensoría del Pueblo, que podrían jugar un genuino rol de contrapeso y en esa dirección canalizar acciones para que exista un genuino clima de respeto al libre flujo de opiniones e informaciones, en realidad terminan siendo el cerrojo institucional en aras de consolidar el modelo político comunicacional.

Chávez ya no está, pero la presidencia mediática o ahora deberíamos decir el gobierno mediático del chavismo, está vivo.

@Infocracia

El laberinto comunicacional

Ha dejado de existir el Sistema Nacional de Medios Públicos. Al menos así se desprende del reciente anuncio oficial de crear el Sistema Bolivariano de Comunicación e Información, por parte del vicepresidente Nicolás Maduro y el ministro Ernesto Villegas. Desechar el modelo de Andrés Izarra, a fin de cuentas padre creador del anterior modelo, pone sobre el tapete al menos dos asuntos de naturaleza política. El primero tiene que ver con la proyección a largo plazo del binomio Maduro-Villegas en el poder, puesto que nadie reformula y replantea un asunto tan neurálgico, como la política comunicacional, sino está pensando permanecer por tiempo prolongado en el ejercicio de funciones gubernamentales.

El nuevo modelo, por otra parte, deja en evidencia la ineficiencia y los límites de las posibilidades comunicacionales de este gobierno. Si a estas alturas Villegas sostiene que debe apelar al megáfono, volantes e incluso carteleras, para poder hacer frente a las campañas mediáticas entonces algo no está funcionando bien. A partir de la gestión de Izarra al frente del Ministerio de Comunicación e Información (MINCI), el gobierno logró consolidar un aparato mediático, especialmente en televisión y radio, con cobertura total del territorio nacional. Si efectivamente, como sostiene Villegas, debe apelarse al modelo cara a cara de comunicación (que no es otra cosa que el megáfono o el volante), entonces lo que está detrás es el fracaso de los canales de televisión (VTV y TVES) en lograr impactar a la población venezolana con los mensajes oficiales.

En palabras llanas, el mensaje oficial no está llegando. Eso es grave para la estrategia gubernamental, cuyo pivote es precisamente lo comunicacional.

En artículos anteriores sostuvimos que para la administración Chávez lo más importante no son los resultados de su gestión, sino su posicionamiento público. Esto se evidencia en relación con temas cruciales como el déficit de vivienda, con la idea –ya bastante extendida entre la gente- que ningún otro gobierno hizo tantas viviendas como éste. Mientras se posiciona este tópico en la opinión pública, no hay posibilidades efectivas de hacer veeduría ciudadana al punto que no sabemos con exactitud el número de viviendas entregadas –realmente-, ni la calidad y servicios presentes en tales unidades habitacionales.

¿Por qué el nuevo Sistema Bolivariano de Comunicación e Información? Primeramente la gestión de Villegas, proyectada a largo plazo, necesita una identificación propia, que hable de un nuevo momento comunicacional, cuando justamente estamos en un nuevo momento político. Al anterior sistema se le identificaba con Izarra. El SIBCI, como se le ha comenzado a llamar, viene a constituir, entonces, el sello de identidad del ministro Villegas.

La ausencia del principal y casi exclusivo vocero de este régimen, Hugo Chávez, además afectado no sólo de salud sino que golpeado en su principal herramienta política (su palabra, su capacidad de hablar), obliga a replantearse el modelo de comunicación gubernamental. Ninguno de quienes están hoy en funciones de alto gobierno puede dar una cadena nacional de cinco horas, y menos tratar de sustituir a Chávez. No hay chance, Maduro, para un “Aló, vicepresidente”.

Estando ausente el gran líder y vocero, y pasando a ser la base chavista el espacio multiplicador de la propuesta política, “Chávez somos todos” o “Yo soy Chávez”, entonces una derivación lógica es una nueva propuesta comunicacional en la que la gente llana pase a ser comunicador oficial. Por eso el megáfono, la cartelera o el mural, se trata de herramientas al alcance de aquellos que se asumen como Chávez.

¿Alguien recuerda la guerrilla comunicacional que lanzó Tania Díaz en su breve paso por el MINCI? Eso fue en el año 2010 y posiblemente ni ella misma sepa lo que se hizo después de aquel anuncio. Como hemos dicho en otras oportunidades, si en algo resulta efectivo este gobierno es en generar acontecimientos y anuncios que ocupen la agenda mediática nacional. ¿El SIBCI será más de lo mismo?

@Infocracia

¿Opacidad informativa?

Los buenos amigos y colegas Marcelino Bisbal y Alfredo Álvarez, con percepciones disímiles sobre el asunto, han terminado por darme el tema para este texto. Hablamos del tratamiento informativo que ha dado el gobierno venezolano a un problema de Estado, y hay que decirlo así, como ha sido la enfermedad del presidente Hugo Chávez, con el siguiente correlato: la singular desaparición de la escena pública del mandatario. Algo digno de esa campaña que circula por Internet, que muestra parodias de la vida nacional, bajo el título “Sólo en Venezuela”.

Lamentablemente para la vida institucional de la república estamos atravesando una coyuntura que, debe decirse, sólo ocurre en Venezuela, puesto que ni siquiera en Cuba –espejo en el cual se mira el régimen- tuvo lugar una prolongada incertidumbre y manejo comunicacional, como el que ha tenido Venezuela, cuando ocurrió la también inesperada afección de salud de Fidel Castro, que le impidió seguir en el poder. En pocos días se cumplirán tres meses de lo que ha sido el último mensaje emitido a viva voz por el presidente Chávez. Esto tuvo lugar el 8 de diciembre, antes de regresar a Cuba e internarse en el más prolongado silencio que se conozca en la historia contemporánea de América Latina. Se trata del primer caso de un presidente que estando ausente –lo cual es público y notorio- se le reconoce como mandatario en ejercicio y cuyo sequito insiste en colocarle en plena facultades. Sólo en Venezuela.

El país está en manos de instituciones manejadas con intereses particulares. Esto es lo único que pueda explicar que los dos poderes que tenían un rol clave ante la ausencia presidencial por razones de salud, como son –según la Constitución- tanto la Asamblea Nacional como el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), mantengan la política de que el presidente será juramentado cuando él pueda, o peor aún, que sería el propio Chávez el que debe decidir si está facultado o no para asumir el poder. Sólo en Venezuela.

La estrategia político-institucional de los últimos meses, como ha sido costumbre dentro de las líneas de acción de la “Revolución Bolivariana”, ha estado acompañada de una sistemática campaña propagandística, alguna de la cual se nos quiere presentar a los venezolanos bajo el empaque de información. Los partes oficiales, repetidos una y otra vez, sin que en verdad arrojaran luces sobre las reales condiciones de salud de Chávez, junto a consignas revolucionarias al final de cada informe televisado, que al tener como vocero a un ministro (Ernesto Villegas) deberían estar revestidos del tono de un mensaje de Estado. No ha sido información, entonces, sino propaganda.

Bajo criterios estrictamente propagandísticos se han introducido elementos en la agenda pública. Por un lado, la enfermedad del presidente se ha usado de forma recurrente en los últimos meses para “tapar crisis comunicacionales”. Es decir, la difusión de elementos relacionados con la salud de Chávez no han obedecido necesariamente al momento que atraviesa el enfermo, sino a la oportunidad política, especialmente para desplazar el foco de la atención sobre problemas serios y que afectan la vida de la gente en nuestro país (devaluación, desabastecimiento, crisis eléctrica). En el fondo, y hay que decirlo, sabemos prácticamente nada de cómo está realmente Chávez, de cómo está su organismo. Nada sabemos sobre sus condiciones físicas y mentales para volver al poder, y menos aún si estará en condiciones para tomar la decisión de separarse voluntariamente del poder. Nada sabemos de quien se dice nos gobierna, pero aún así detenta el poder, y se nos dice que ello es gracias al voto popular.

Llegamos así al meollo del asunto. El presidente Chávez, en una de sus contadas apariciones públicas después de obtener el voto mayoritario de la gente el 7 de octubre de 2012, reconoció que había ido a la campaña en contra de las órdenes de sus médicos. Que hizo una campaña a media máquina porque no estaba curado del todo. Todo ello, obviamente, echó por tierra sus anuncios electorales: estoy curado del todo, decía mientras pegaba saltos con los músicos pagados por el régimen en aquellos actos en los que intentaba emular el vigor de Henrique Capriles Radonski. Tomando solamente lo dicho por Chávez en uno y otro momento no hay otra conclusión. El presidente mintió para lograr su reelección. No dijo la verdad, e incluso colocó la campaña electoral por encima de los cuidados médicos que debía tener.

Difícil creer que hoy se nos diga la verdad. La opacidad informativa tal vez sea, entonces, una forma de mentir.

@Infocracia

A propósito de la TDA

El lanzamiento de la Televisión Digital Abierta, en Venezuela, terminó siendo una acción que va en contravía de los estándares internacionales en materia de medios y libertad de expresión. Según el anuncio oficial, la nueva plataforma busca democratizar la emisión y recepción televisiva, pero en realidad aplicó una medida discriminatoria al no incluir a la totalidad de canales de televisión que desde Caracas están emitiendo sus señales. El punto más llamativo lo constituye Globovisión, el medio que ha figurado como objetivo gubernamental dentro de una estrategia que busca su asfixia.

La TDA, siglas que comenzarán a ser de uso corriente a partir de ahora, pasa a ser entonces un nuevo espacio que se presenta con el discurso de la democratización, cuando en realidad representa una faceta que se suma a la política de la hegemonía comunicacional. La TDA le está dando prioridad a los medios oficiales y, según los primeros anuncios, eso parece ser una tendencia que se remarcará en el tiempo. Es decir, que la nueva plataforma digital fomentará la aparición de nuevos canales, pero ello no necesariamente implicará una democratización en la medida en que está demostrado que los medios oficiales dominados por el chavismo cumplen una clara función ideológica.

Una genuina democratización implica no discriminar a medios de comunicación en razón de sus líneas editoriales críticas, es éste un claro estándar internacional.

La TDA implicará la aparición, diríamos que la multiplicación, de los canales bajo el formato digital. La actual plataforma analógica tiene serias limitaciones ya que hay un número limitado de señales que se pueden asignar. La TDA, según lo que he le oído a expertos en otros países, representa una multiplicación por tres de la capacidad de asignar medios televisivos dentro del espectro radioeléctrico. Lo que ha ocurrido en otros países latinoamericanos, en tanto, es una acción política genuinamente democratizadora con estrategias para que medios comunitarios accedan a la TDA, así como universidades, fundaciones, etc. Democratizar significa diversificar las voces. Constreñir, dejar por fuera las voces críticas, no es –desde ningún punto de vista- una acción democratizadora.

En relación con las fechas hay dos asuntos que conviene tener presente. Por un lado figura 2009. Se anunciaba la inminente implantación de la TDA en el país. Pasaron cuatro años para que efectivamente se inicie la implementación. Eso representa un severo atraso, ya que el país terminó a la cola ya que el resto de naciones latinoamericanas tomó acciones en los años recientes. Como en otros ámbitos de la vida nacional, la TDA debe haber representado un gran negocio para algunos, ya que los decodificadores se comprarán a Argentina y en el acto de lanzamiento incluso habló Julio de Vido, el polémico ministro que estuvo involucrado en el caso del maletín con los 800 mil dólares que viajaron en efectivo desde Caracas a Buenos Aires.

La segunda fecha termina dándole la razón a la denuncia planteada por Globovisión. Se trata del año 2020. Hasta ese momento se harán transmisiones simultáneas a través de la plataforma actual (analógica) y la TSA. Ese año tendrá lugar el llamado apagón analógico, que no es otra cosa que poner en off las señales bajo la vieja plataforma y sólo estarán al aire los canales de televisión bajo el formato TDA. A los canales que han quedado por fuera de la TDA les queda un largo camino para protestar y buscar revertir esta medida. La discriminación no puede guiar la política del Estado.

Twitter: @Infocracia

La fe de vida

La divulgación de las primeras imágenes del presidente Hugo Chávez, tras algo más de dos meses de ausencia por su tratamiento médico en Cuba, ha generado varias lecturas. Hace escasamente una semana un buen amigo del chavismo de base, aquel que comulga con el proyecto social del jefe de Estado sin estar en la rosca de la corrupción, me preguntó en plano de confianza: ¿será que Chávez sí está vivo? Desde mi punto de vista la difusión de estas primeras imágenes, en compañía de sus dos hijas –muy sonrientes ellas, por cierto- no es otra cosa que brindarle al país, y posiblemente al mundo chavista, una prueba de vida. Que el paciente sostenga un ejemplar del periódico Granma no es otra cosa que ratificar que Chávez está vivo. Eso tiene efectos de diverso orden en el mundo político venezolano.

Parto de la premisa de creerle, en esta ocasión, al gobierno. Nos quiere mostrar que Chávez está vivo y doy crédito de ello. Sin embargo, resultan sumamente contradictorios los mensajes que envió el gobierno de forma simultánea. Por un lado el ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas, confirma lo que ya se conocía informalmente, el jefe de Estado tiene problemas para respirar, debe estar asistido en esa función vital, y por tanto también su voz está afectada. Aún cuando eso es lo que se nos dice por vía oficial, en la foto se muestra a Chávez respirando sin ninguna asistencia. ¿A quién debemos creerle? O sencillamente se apela, dentro de la estrategia comunicacional del gobierno, a aquel viejo axioma muy válido en la comunicación política: una imagen vale más que mil palabras. Finalmente es la foto la que le dio, en cuestión de segundos, la vuelta al mundo y es lo que finalmente quedará grabado de este momento que vive el presidente Chávez y en consecuencia nuestro país. Todo ello en la medida en que la política venezolana gira en torno a Chávez, aún cuando éste se encuentre ausente.

Tras más de dos meses de haber sido sometido a una intervención quirúrgica en Cuba, que sería la cuarta operación en cosa de año y medio, que sea sólo ahora en que se muestren las primeras imágenes de Chávez nos habla de la gravedad y las complicaciones que ha enfrentado el presidente en estos meses. La foto sólo nos arroja una pista que trata de apuntalar la siguiente idea: ya pasó lo peor. Los rostros sonrientes de las hijas de Chávez simbolizan no sólo alegría, sino en este caso muy particular esperanza. De otra forma no se entiende que la lectura del aburridísimo Granma vaya a generar tales sonrisas en medio de una habitación que suponemos es un cuarto de hospital.

Las imágenes de Chávez, los vagos e imprecisos comunicados de Villegas en torno a la salud del presidente, sin embargo no terminan de responder las preguntas de fondo: ¿Podrá volver el presidente Chávez al ejercicio del poder? Y tal vez la más crucial ¿Cuándo? Tras más de dos meses el acceso a la información sobre el real estado de salud del jefe de Estado sigue marcado por el secretismo, que no tiene otra finalidad que razones de orden política-electoral, tal como quedó al descubierto a fines de 2012. El presidente Chávez y su equipo le mintieron al país durante la campaña electoral asegurando que se encontraba completamente curado del cáncer, con el objetivo de alcanzar la reelección. El propio Chávez confesó, después del 7 de octubre, cuando ya las cartas estaban echadas, que hizo una campaña a media máquina y en contra de las recomendaciones de sus médicos. Sin embargo, en sus mensajes como candidato que perseguía el voto popular, Chávez evitó decir la verdad.

Con tales precedentes, desde mi punto de vista, debe leerse con sumo cuidado el asunto éste de la divulgación de las imágenes del presidente Chávez junto a sus dos hijas. Tal hecho ha ocurrido cuando de forma paralela la maquinaria comunicacional del gobierno se ha encargado de mostrarnos a un Nicolás Maduro en plenas funciones, incluso en pleno vuelo. Y nada de esto resulto casual. Tal como lo hemos señalado, si en algo es exitoso este gobierno es en materia de su política comunicacional.

Tal como hemos recordado días atrás, hace algunos años Ignacio Ramonet bautizó a la televisión como la máquina de producir acontecimientos. Según la tesis de este intelectual, tan avenido al chavismo, la televisión no sólo tiene la capacidad de reseñar lo que ocurre, sino que en la medida en que puede imponer agenda pública, en esa misma medida coloca y posiciona temas, obliga a los ciudadanos a hablar de ellos. En dos platos, construye acontecimientos. Esa misma lógica, tan negativa en la denuncia del Ramonet de años atrás, tiene lugar hoy en día y especialmente en este tiempo de ausencia del presidente Hugo Chávez. Durante los dos meses y algunos días de silencio de Chávez, sus herederos no han tomado ninguna decisión de gobierno de envergadura (salvo la devaluación, que a todas luces resultaba inevitable), pero sí han tenido una capacidad evidente para manejar la agenda de la discusión pública. Se trata de un gobierno que construye acontecimientos.

@Infocracia

El hijo de Claudio

Fue asesinado el hijo del dirigente político Claudio Fermín. La notoriedad pública del padre, quien fue candidato presidencial y figura primordial de la política venezolana hace un par de décadas, convirtieron este hecho en una noticia de gran impacto. Sin embargo, colocado en el rol de padre de una víctima de la violencia desatada en Venezuela, Claudio dio una muy escueta declaración. Le tocó al dirigente el peregrinar de ir a la morgue para reconocer que uno de los cadáveres depositados allí efectivamente era el de su hijo. Se llamada Alejandro, era arquitecto, tenía 33 años y fue asesinado con un arma de fuego.

El impacto de la noticia ha sido notorio, al punto de que el ministro del Interior y Justicia designó al director del CICPC al frente de las investigaciones para determinar las responsabilidades en este caso. Sin embargo, no podemos perder de vista el problema estructural que vive en el país en relación con la violencia. No se trata de un caso aislado, y al contrario, un hecho como este pone al descubierto lo extendido que está el problema de la violencia. Se trata de una violencia desproporcionada, sin sentido y en la gran mayoría de los casos sin sanciones para los responsables.

En todos los estudios de opinión pública realizados en el país, a partir del año 1989, la inseguridad personal ha ocupado el primer lugar –lamentablemente- entre los principales problemas que aquejan al venezolano. Eso sin duda debería ser una señal de alarma para cualquier autoridad. Hemos tenido en Venezuela, sin embargo, altos funcionarios que hasta señalado a la inseguridad como “una sensación”, con lo cual pretendieron restarle importancia al asunto y con ello ocultar lo que es u propia incompetencia. El asesinato del hijo de Claudio Fermín, una figura conocida de la vida nacional, pone nuevamente sobre el tapete la gravedad de este problema. No se trata de una resanción.

De acuerdo con las cifras del Observatorio Venezolano de la Violencia, que dirige el sociólogo Roberto Briceño León, el año pasado nuevamente se estableció un récord nefasto en el país, ya que se registraron más de 21 mil homicidios, la gran mayoría por armas de fuego. Y el asunto no es un número meramente.

La gran mayoría de personas asesinadas en nuestro país, al igual que en el caso del hijo de Claudio Fermín, son hombres y menores de 40 años. Las personas que están muriendo en Venezuela, principalmente, están en edad productiva con lo cual no sólo sus familias les lloran, sino que el país paulatinamente también va perdiendo un capital humano irrecuperable.

Se trata de un problema complejo, sin duda, y de difícil solución. Lo lamentable de los últimos años es la ausencia de acciones globales y coordinadas, involucrando a todos los que tienen algo que aportar. Algunos funcionarios muestran con orgullo que los mayores índices de homicidios ocurren en alcaldías o gobernaciones controladas por la oposición, cuando su respuesta debería ser el trabajo conjunto con esas dependencias, sin importar el color político, en aras de efectivamente garantizar la seguridad a los venezolanos.

La sociedad parece acostumbrarse a esta problemática. Los asesinados durante un fin de semana pasan a ser una suerte de parte de guerra cada lunes, sin que estalle una queja social por un fenómeno que sencillamente desangra al país. Hasta que ocurre un hecho lamentable como éste, la víctima es familiar de una figura pública y una cierta conmoción se apodera del ambiente. Pero nada ocurre, la violencia se expande y no hay ningún plan real para hacerle frente.

De la falsa foto a la información que no es tal

Pasan los días y lo único que tenemos es silencio de parte de Hugo Chávez, convaleciente en La Habana. Todo parece contribuir con una guerra de nervios que afecta a más de un factor político o mediático. Escribo un jueves. Se cumplen exactamente 45 días desde la última vez que el presidente Chávez hizo una aparición pública. No fue tampoco cualquier aparición. Se trató, sin duda alguna y eso se confirma en la medida en que pasan los días, de su testamento político. El que los herederos hayan cumplido o no con sus claros, enfáticos y categóricos designios es harina de otro costal. Volvamos al silencio.

Se trata nada más y nada menos que de mes y medio sin ver u oír al jefe de Estado. Y lo de oír a Chávez tampoco es casual, puesto que en otras situaciones, ¿deberíamos decir sobrevenidas?, cuando el mandatario estuvo en tratamiento en Cuba o incluso en el postoperatorio anterior, lo usual eran sus llamadas que sacaban al aire a través de Venezolana de Televisión (VTV). No sólo eran una fe de vida, sino que ponían sobre el tapete que efectivamente el presidente sabía lo que estaba ocurriendo dentro de este país que está bajo su presidencia, aún cuando él permanecía en Cuba. En este mes y medio de silencio absoluto ni siquiera una llamadita tenemos del presidente. Y no deja de sorprender puesto que su principal adlátere hasta sostiene que el presidente habla con él, le da órdenes e instrucciones y hasta le hace bromas. Ministros y altos funcionarios van y vienen en vuelos entre Caracas y La Habana, por cierto quién pagara tantos viajes y estadías ya no del presidente convaleciente sino de numerosos funcionarios cuya presencia en Cuba se presenta como imprescindible para reunirse con el jefe, pese a que el jefe –al menos para el resto del país- está envuelto en el más absoluto silencio. Que el personaje político más mediático de América Latina, con mayor visibilidad pública de las últimas dos décadas, no brinde señal alguna en 45 días es sencillamente una mala señal.

Y así estamos, interpretando señales, tratando de poder informar y estar informados sobre un hecho que aún siendo la salud de una persona en concreto, por su condición de jefe de Estado y por su modelo personalista de gobernar, tiene consecuencias para todo el país. No es un enfermo más.

El silencio sobre un hecho de tanta relevancia genera, como decíamos al inicio, expresiones de nerviosismo no sólo en el mundo político o mediático local. Este jueves el diario El País ha metido la pata de forma mayúscula al publicar una foto falsa, asegurando que era el presidente Chávez nada más y nada menos que “entubao”. El País que para muchos, incluyéndome, es sencillamente un modelo de buen periodismo ha puesto la torta básicamente al confiarse de una agencia fotográfica. El mal ya está hecho, pero saltan las preguntas sobre cómo un diario que se caracteriza por la rigurosidad y las buenas prácticas profesionales pueda pisar tan tontamente una concha de mango.

Como hemos sostenido en otras oportunidades, el presidente Chávez optó por Cuba no por el desarrollo médico de ese país, puesto que en materia oncológica hay otras naciones incluso de América Latina con mejor atención, tal como Brasil. La selección de atenderse en La Habana justamente le garantizaba el secreto, la confidencialidad. Y eso se ha venido cumpliendo rigurosamente desde mediados de 2011. Chávez, como enfermo, su real estado de salud, es el secreto mejor guardado del caribe, tal como rezaba una antigua promoción turística. Sabiendo esto El País, antes de colocar en primera plana la foto falsa, debió cotejar de forma intensa la veracidad de la imagen.

Si la cara de la moneda es esta premura periodística por hacerse de la primicia con tema de tanta relevancia, el sello está entre nosotros y cada día se manifiesta en los partes oficiales que nada dicen sobre el real estado de salud del presidente Chávez. Aún hoy siguen envueltos en el misterio asuntos cómo cuál o cuáles órganos tiene afectados el presidente, la gravedad del cáncer o algo tan elemental cómo el pronóstico médico. Los días pasan entre partes que hablan de mejoría, pero ya pasó mes y medio y al enfermo otrora hablador en público lo caracteriza el mutismo.

Twitter: @Infocracia

Censura Express

Desde mediados de enero se niega acceso en Venezuela a la página web del Diario de Cuba “wwww.diariodecuba.com” a través de varios proveedores de Internet que incluyen Cantv, Movistar e Inter. Esta página precisamente ha venido publicando de forma regular informaciones relacionadas con el estado de salud del presidente Chávez.  Debe decirse que Diario de Cuba es un sitio de referencia para información sobre lo que efectivamente está ocurriendo en Cuba.

Este caso constituye, desde mi punto de vista, un hecho grave. La falta de información oficial sobre la salud del presidente Chávez no puede tener como correlato la censura de canales informativos independientes que le permitan a los ciudadanos venezolanos escoger libremente sus fuentes informativas y de opinión.

Junto a la gravedad de la censura como tal, está el hecho de que esta decisión haya sido tomada por empresas prestadoras de servicios de internet, sin que haya mediado ningún proceso administrativo y/o judicial termina siendo un terrible precedente para la censura de Internet en Venezuela.

Twitter: @Infocracia

Seguimos sin saber

Los medios de comunicación nacionales internacionales le dieron en los últimos días un enorme despliegue en sus espacios a la situación política e institucional en Venezuela. No es para menos. La inefable decisión del Tribunal Supremo de Justicia dejando en el terreno de “¿quién sabe?” todo lo relacionado con la juramentación de Hugo Chávez como presidente, para un nuevo período de gobierno, junto a las estrambóticas intervenciones en el seno de la Asamblea Nacional, que dejan igualmente sin efecto un límite de tiempo para que el comandante regrese al país, son sin duda claras expresiones de la anomia institucional del país. Pero vayamos más allá de todo esto, que es sin duda importante, para mirar un asunto que no puede seguir evadiéndose. Los venezolanos seguimos sin saber. Así de sencillo.

Un país entero tiene año y medio de sostenida desinformación y ocultamiento de la verdad en torno a la salud del jefe de Estado. El resultado no podía ser otro que la coyuntura en la que estamos, un país y sus instituciones signadas por la incertidumbre. ¿Tendremos presidente? ¿Cuándo vendrá? ¿Pero sí viene? Todo esto tiene un peso mucho más importante en un modelo de gobierno presidencialista como el nuestro y en particular en experiencias mesiánicas de ejercicio del poder, que es un asunto central que ha caracterizado a estos 14 años. Este período si puede definirse como algo es como “la era Chávez”.

Tengo serias dudas de que muchos de los diputados que levantaron la mano en la Asamblea Nacional para extender por tiempo indeterminado la permanencia de Chávez en Cuba, sepan realmente cuál es el real estado de salud del paciente habanero. Siguieron una línea política y punto. Tampoco unos cuantos magistrados del TSJ de la todopoderosa Sala Constitucional tendrán información exacta sobre las dolencias del comandante. La desinformación no sólo la padecemos los ciudadanos comunes y corrientes, que ya es grave dada las implicaciones de problema de Estado que hoy tiene la salud de Chávez, sino que también arropa a amplias esferas del propio poder chavista.

Paralela a esta desinformación sistemática se ha lanzado una clara campaña propagandística para mitificar a Chávez. La línea principal es lograr la identificación de cada persona con Chávez, asumiendo que Chávez no sólo es una persona de carne y hueso (que hoy convalece en Cuba) sino una identidad política con tintes religiosos. La suerte de juramento que leyó Nicolás Maduro este jueves al concluir el acto público apunta en esa dirección. Se informa menos y se glorifica más.

Sobre este asunto del derecho a saber, del derecho a la información y la salud de los jefes de Estado, ha aparecido oportunamente un pequeño pero documentado y responsable ensayo hecho por la Alianza Regional por la Libre Expresión e Información, de la cual por nuestro país forma parte Transparencia Venezuela. Además de trazar algunas referencias históricas de otros contextos, el documento analiza los recientes casos de Venezuela, Paraguay, Argentina y Colombia. Este documento puede verse en el sitio web http://www.transparencia.org.ve La discusión central está precisamente en el terreno que nos afecta a los venezolanos, ¿tenemos derecho a saber sobre la salud del presidente o éste puede escudarse en su derecho a la intimidad?

En diversos textos he sostenido, a tono con lo que viene siendo la tendencia política y jurídica internacional, que los personajes públicos (y especialmente aquellos electos por el voto popular) terminan teniendo menos esfera privada, y esto es especialmente relevante en enfermedades que como en el caso de Chávez lo ha alejado del poder en pleno cambio de un período a otro.

Según la norma constitucional de Venezuela un camino a seguir sería la designación de una junta médica que evalúe a Chávez y determine si efectivamente podrá volver o no al poder. Por razones políticas esto no tendrá lugar y es otra manera de negarnos la información a los ciudadanos.

@Infocracia

Sobre el modelo personalista

Hace un año, exactamente, escribíamos sobre el mensaje personalista que estaba muy presente en el discurso público del presidente Hugo Chávez. Hace un año, en lo que es su más extensa alocución televisada (la intervención del 13 de enero ante la Asamblea Nacional) Chávez en unas 10 horas de discurso pronunció en 586 ocasiones la palabra “yo”. Nada de esto es casual, en realidad es un asunto central de la vida político e institucional de los últimos 14 años. Con la llegada de Hugo Chávez al poder, en febrero de 1999, no sólo se puso fin al modelo partidista que fraguó Rómulo Betancourt sino que se dio inicio a un modelo absolutamente personalista de ejercer el poder. La crisis que se vive en este momento, en torno a la toma de posesión de este 10 de enero, es claro reflejo de lo que ocurre con este tipo de modelo político. Mientras el líder está no hay problema, ya que éste copa la escena pública, el gran problema surge en qué hacer cuando está ausente.

Las elecciones presidenciales del 7 de octubre se inscriben dentro de esa línea. El chavismo sólo tenía posibilidad de imponerse electoralmente si el candidato era Chávez. Esa razón le llevó a desarrollar una campaña electoral pese a que los médicos le recomendaron lo contrario, como lo comentó el propio Chávez con posterioridad. Fue una campaña a media máquina, pero a fin de cuentas se explotó la imagen del jefe de Estado a todos los niveles y usando todos los medios de comunicación. La dicotomía realidad-imagen pareció borrar fronteras en la estrategia comunicacional del gobierno en pos de la reelección, ya que la principal imagen de Chávez fue una de hace varios años y no la del Chávez ya afectado por la enfermedad.

En estas semanas del presidente en Cuba, sometido a operaciones y tratamiento médico, hay otra vuelta de tuerca comunicativa. Chávez está presente en todo, con producciones ad hoc de corta duración que lo muestran tal como si estuviese gobernando, y su voz estuvo entonando el himno nacional en diferentes actos públicos, incluyendo la juramentación de gobernadores ligados al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Si se omitieran los partes médicos, que no tienen a ningún médico como vocero, en la señal gubernamental se haría creer que Chávez sigue gobernando, cuando en verdad ha estado en un difícil trance de salud.

En un análisis que hicimos de varios años de las intervenciones de Chávez en su programa “Aló, Presidente”, el cual está recogido en el libro “Hugo Chávez: la presidencia mediática” (Editorial Alfa, 2012), constamos que con el presidente estamos ante el tema del personalismo porque de forma inevitable el presidente se refiere a sí mismo en diferentes contextos.  La frase “yo he decidido” está muy presente en la expresión y mensajes del mandatario: “Yo ordené una investigación sobre todo eso y quiero resultados, porque hicimos una asamblea con los vecinos, yo fui hasta allá, somos vecinos además ahí de Miraflores. Después hicimos un Acto en el Teatro Municipal se expuso el proyecto y yo aprobé creo que 8 Mil Millones de Bolívares para ese proyecto y no se ha hecho nada en tres años (“Aló, Presidente”, 19.09.2004).

En ese estudio constatamos que el “yo” representa un 64 por ciento de los mensajes cuantificados, pero sí se le suman los referidos a Chávez, cuando el presidente habla de sí mismo en tercera persona, entonces se tendría un 74 por ciento. Es decir, en tres de cada cuatro ocasiones en las cuales el presidente está hablando de políticas públicas se menciona a sí mismo.

El presidente Chávez con frecuencia funde su historia personal con la de eventos nacionales, pese a que él personalmente no tuvo participación alguna en éstos últimos. Esta es otra expresión de un personalismo que raya en el narcicismo tal como ha sostenido Herbert Koeneke.

Justamente hace un año sosteníamos que hay un enorme peligro para la gobernabilidad democrática cuando las decisiones públicas, con impacto en toda la sociedad, estén marcadas por un sello personalista del gobernante. Hoy la crisis tiene este sello.

En Twitter: @Infocracia