Hugo Chávez, un balance preliminar
La muerte de Hugo Chávez pone punto final a su vida, como ser humano, pero en términos político-comunicacionales conviene preguntarse si implica el cierre de un ciclo gubernamental que en su momento denominamos la presidencia mediática. Si se revisa la historia contemporánea de América Latina no encontramos puntos de comparación en lo que hizo el presidente venezolano en materia mediática. Se trató del uso intenso y extendido de los medios de comunicación, especialmente radioeléctricos, sin precedente alguno por parte de un mandatario. Chávez supo potenciar su carisma personal y lo convirtió en una política de Estado, con lo cual la principal fortaleza de la gestión comunicación de su gobierno resultó ser su propia figura.
Chávez ha muerto pero deja, entre otras herencias, un modelo comunicacional que va más allá de su persona. Si bien la figura personal del jefe de Estado fue el pivote de los mensajes gubernamentales en todos estos años, esto también fue posible al establecimiento de un modelo hegemónico en el campo comunicacional, que por lo demás le sobrevive.
Aún cuando Chávez ya no esté las cadenas prosiguen de forma abusiva y arbitraria. Los días recientes han sido una muestra de cómo se manejan las cadenas nacionales de radio y televisión sin una genuina política de Estado, poniendo los mensajes de transmisión obligatoria a favor de una parcialidad política. Es previsible suponer que Nicolás Maduro, en su rol de presidente y buscando el voto popular, haga un uso reiterado de este mecanismo, ya que eso le permitiría monopolizar la palabra pública. En esta primera etapa, dentro de la estrategia oficial de mitificar a Chávez, las cadenas girarán en torno al enaltecimiento del líder, para pasar seguidamente a estar al servicio de la campaña electoral que buscará perpetuar en el poder al chavismo.
Los medios de comunicación del Estado serán la correa de transmisión en el proceso de mitificar a Chávez. A partir de 2007, especialmente, se puso en evidencia el culto a la personalidad en los medios de comunicación de carácter oficial. La totalidad de las obras de gobierno se presentaban, sencillamente, como inspiradas u ordenadas por Chávez, al tiempo que las alocuciones presidenciales se repetían de forma incesante en la programación radioeléctrica oficial. Durante los meses de ausencia presidencial, mientras era tratado en Cuba, la política de la radio y televisión gubernamental insistió en mantener viva la imagen de Chávez mostrándole en acción con imágenes de archivo, con lo cual la audiencia hasta podría formarse la idea de que el comandante era quien seguía mandando. En el proceso de mitificación en marcha se exaltará cada una de las decisiones/acciones de Chávez, se explotarán los testimonios populares que evidencien la fuerte conexión caudillo-pueblo y cada una de las determinaciones oficiales se presentarán como inspiradas por el líder. El papel de la televisión oficial, un sistema también sin puntos de comparación por el número de medios administrados por el Estado y creado por Chávez, será determinante en este proceso.
Otro aspecto que no cambiará en el corto plazo, si nos guiamos por los reiterados señalamientos de Elías Jaua hacia los medios privados durante los funerales de Chávez, será la permanencia en el tiempo de una sistemática campaña para descalificar a quienes ejercen la crítica pública desde el espacio mediático. Chávez instauró una suerte de escuela en el alto gobierno que opera de forma sencilla y eficaz. Cualquier entuerto oficial rápidamente se presenta como obra de una matriz mediática de la derecha, y eso tendrá más fuerza ahora, en el discurso gubernamental, en la medida en que la ineficiente gestión pública se escudará detrás de la mitificación de Chávez, que como cualquier mito terminará convirtiéndole en un hombre infalible.
Finalmente, en medio del deceso de Chávez se ha evidenciado, una vez más, la alineación del resto de poderes públicos con el poder ejecutivo. En materia de medios y libertad de expresión el modelo que dejó la presidencia de Chávez en manos de sus herederos políticos deja casi ningún espacio ante el cual acudir para contraponerse a los desafueros gubernamentales. El Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República y la Defensoría del Pueblo, que podrían jugar un genuino rol de contrapeso y en esa dirección canalizar acciones para que exista un genuino clima de respeto al libre flujo de opiniones e informaciones, en realidad terminan siendo el cerrojo institucional en aras de consolidar el modelo político comunicacional.
Chávez ya no está, pero la presidencia mediática o ahora deberíamos decir el gobierno mediático del chavismo, está vivo.








