Imagen vs contacto directo
Los primeros días oficiales de campaña electoral no han arrojado muchas sorpresas. Se mantuvo la dinámica de las últimas semanas, la cual en el fondo representará, desde mi punto de vista, el tono de esta campaña presidencial. Se tratará de la confrontación de alguien que tiene una imagen bien cimentada en el país, como el presidente Hugo Chávez, con el liderazgo naciente de Henrique Capriles Radonski que va sembrando emoción en sus contactos directos con la gente a lo largo y ancho del país. La campaña, en ese sentido, ocurrirá en dos carriles, cuyas diferencias notables, harán difícil –aún más difícil- el pronóstico sobre el resultado en las urnas el venidero 7 de octubre.
Esta campaña se ha iniciado en condiciones diametralmente distintas a la anterior campaña presidencial de 2006, y para ello es necesario que miremos por encima de la guerra de encuestas que ha puesto a circular el gobierno, como parte de su estrategia comunicacional. Por un lado, y eso no puede olvidarse, el gobierno consolidó una hegemonía mediática que coloca la campaña bajo un prisma claro de asimetría en la posibilidad de emitir mensajes por los medios masivos. La negativa del Consejo Nacional Electoral (CNE) para regular el uso partidista de las cadenas nacionales de radio y televisión le otorga un claro ventajismo al presidente Chávez en busca de su reelección.
En la acera opositora, en tanto, la fortaleza no parece mediática sino política y humana. Capriles Radonski es candidato unitario de la alternativa democrática fruto de unas concurridas elecciones primarias, cuya realización evidenció la coordinación exitosa entre diversas fuerzas políticas que adversan el proyecto bolivariano. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se ha consolidado como un espacio de concertación y bajo el símbolo de la unidad habrá una tarjeta unitaria en el tarjetón electoral. La oposición a Chávez, al contrario de 2006, llega a una carrera presidencial con resultados previos en alza (regionales, parlamentarias) y con la convicción entre sus votantes de que aún en una situación de desigualdad o parcialidad institucional la vía del voto es el camino a seguir.
El punto de arranque, como lo evidencian las empresas serias en materia de opinión pública, es una situación de carrera pareja si se mide el respaldo popular. Las elecciones parlamentarias de 2010 evidenciaron un electorado dividido en dos partes iguales y no se encuentra en el ambiente ningún elemento que ponga en duda la legitimidad de aquel resultado.
De esta forma, los tres meses que tenemos por delante deben ser una lucha sin cuartel para inclinar la balanza de los votos. Como nunca antes, desde que el presidente Chávez ocupa el poder, existen condiciones de derrotarle electoralmente. La campaña, en ese sentido, será una dura pelea por ganar las adhesiones de un sector no alineado y que según lo que se le presente en estos meses se podría inclinar en uno u otro sentido. Los votos duros de chavismo y oposición serán, obviamente, importantes pero no suficientes en la foto final del 7 de octubre.
Bajo este contexto es que se desarrolla la campaña electoral. Bajo tales condiciones y posibilidades es que el presidente Chávez recurre a la imagen que ya tiene consolidada en la sociedad, especialmente entre los más pobres y necesitados de la ayuda estatal. La imposibilidad de salir en persona a la calle (debido a las secuelas de su enfermedad), las suple Chávez con una muy bien producida campaña comunicacional que le muestra en contacto con la gente y logrando resultados concretos: un hombre que sale de la pobreza gracias a la casa que le dio el comandante, la mujer con sus dos hijos que requieren atención especial y que el gobierno la apoyó, etc.
Acá no se trata de cifras para medir la efectividad de la gestión gubernamental, sino su capacidad de generar empatía con las políticas sociales. Y creo que lo logra! Todavía es temprano para saber si el electorado respaldará la reelección de un tele-presidente con 14 años en el poder y que pese a que no puede estar físicamente en las calles utiliza los medios para remarcar su imagen. No puede pasarse por alto que en este 2012 se están usando imágenes “de archivo” del jefe de Estado para toda la campaña propagandística ampliamente desplegada. Se trata, a fin de cuentas, de una imagen.
En la otra acera está Capriles Radonski. Cercado en el espectro radioeléctrico, como ya lo hemos mencionado en otro momento, pero haciendo campaña en el escenario en el cual en este momento Chávez no está en condiciones de competir: el contacto cara a cara. Una campaña no sólo se mide por la capacidad oratoria de los aspirantes, ese es un aspecto. Muchos venezolanos de a pie guardan un recuerdo más vivo de un dirigente político por el contacto personal, así sea fugaz, que hayan tenido que por algún discurso pronunciado.
Buena parte del capital político del cual goza hoy el presidente Chávez precisamente lo acumuló en los miles de kilómetros que recorrió casa por casa y cara a cara en la campaña de 1998. Hoy es Capriles Radonski y no el presidente –quien está físicamente alejado del pueblo- el que está cada día en lugares disímiles de la geografía nacional cargando niños, besando viejitas, piropeando muchachas, tomando incontables tazas de café, poniéndose un sombrero aquí y otro allá, en fin haciendo lo que hacen todos los políticos en una campaña, salir al encuentro del país.
Y nuestro país es así, tal cual como se ve en cada acto de Capriles Radonski. Ese es el país real, el otro una imagen.
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