Vas bien, Henrique
Estamos en la cuarta semana de la campaña presidencial. Las señales que envía el entorno político de Venezuela permiten decir, sin triunfalismo alguno, que la opción de Henrique Capriles Radonski va ganando terreno en la calle de forma notable. ¿Significa eso que está asegurado el triunfo el 7 de octubre? No, y por esa razón las próximas ocho semanas serán determinantes tanto en la tarea de conseguir los votos, como en la no menos importante de defenderlos. En la medida en que la alternativa democrática se consolida como opción popular –eso está sucediendo por cada ciudad y pueblo por donde pasa Capriles- se activa paralelamente la necesidad de resguardar efectivamente cada centro y cada mesa de votación. Sobre este asunto he seguido lo que viene anunciando y concretando Leopoldo López y parece ser el camino correcto.
Las señales que se emiten en el campo comunicacional oficial evidencian que la campaña de Capriles Radonski, casa por casa y ahora pueblo a pueblo, ha estado calando. Por un lado debe tenerse en cuenta que la gente está saliendo espontáneamente en pueblos, caseríos y pequeñas ciudades (también en las grandes, pero quiero destacar lo primero), lo cual es una señal inequívoca que el candidato de la mesa de la Unidad Democrática (MUD) –como dice el lenguaje popular- le está roncando en la cueva al chavismo. En líneas generales, salvo un par de sucesos precisamente en Caracas, el aspirante opositor es recibido con alegría incluso en territorios que venían siendo abiertamente chavistas. Es el caso de El Tocuyo, el pasado fin de semana. Un buen amigo de allí, con larga data como luchador social y dirigente político, me confirmó con estas palabras: es la mayor concentración política que recuerde en los últimos 30 años. Traigo a colación este ejemplo porque tengo una fuente de primera mano, pero no se trata de un caso aislado. Eso es lo que está viviendo el país en estas semanas, la Venezuela fuera de los grandes circuitos urbanos con esta campaña.
En contraposición, ha sido notable la falta de contacto cara a cara del presidente Chávez con el pueblo. Eso ha tratado de remediarse con mucha propaganda, abierta y encubierta, y desde hace algunos días con los recorridos de dirigentes como Aristóbulo Isturiz y Elías Jaua. Sin embargo, lo que predomina en estos casos es una relación transaccional, es decir en general hoy en día los dirigentes del chavismo son recibidos por el pueblo para recordarles las promesas hechas y no cumplidas. La ausencia del presidente Chávez en la calle, rodilla en tierra como se dice en el argot militar, puede estar relacionada con su salud (que sigue siendo un misterio) o con la necesidad de evadir a unos ciudadanos que se pueden salir del libreto y sencillamente hacerle reclamos directos al líder máximo. Las primeras cuatro semanas, sencillamente, permitieron contraponer a un líder no sólo vigoroso sino centrado, que se mete de lleno con la gente, contra uno aislado en la torre de marfil del poder.
En los últimos días, como ha sido costumbre a lo largo del año 2012, los medios del Estado activaron nuevamente la “guerra de encuestas” para evidenciar que hay una brecha insalvable entre Chávez y Capriles Radonski, obviamente a favor del primero. Se trata, sin lugar a dudas, de una estrategia comunicacional que busca desalentar al voto opositor, al darle el mensaje de que ya todo está decidido y Chávez sencillamente arrasará el 7 de octubre. No tengo el verbo privilegiado de Ibsen Martínez para emprenderla contra algunas encuestadoras, pero los resultados del 7 de octubre –sin duda- pondrán en tela de juicio el papel de algunas de estas empresas en el contexto político actual. El chavismo, por otro lado, debe hilar fino con esta estrategia de presentar brechas tan grandes a favor de un presidente ya victorioso, puesto que tal mensaje podría desalentar pero no al voto opositor, sino al voto chavista. La abstención del chavismo en 2007, cosa que por cierto ninguna encuestadora pronosticó, es un riesgo latente ahora que podría generarse tanto como un castigo al líder (pero sin pasarse a la oposición) como por la sensación de que no es necesario ir a votar porque ya Chávez tiene eso ganado. En política es común que estrategias usadas de forma errónea produzcan un búmeran.
Finalmente me detengo brevemente en el mensaje electoral de Henrique Capriles Radonski. Bombardeado e insultado de forma continua a través del aparato mediático gubernamental, el candidato de la alternativa democrática se ha mantenido centrado en lo suyo, en su mensaje de inclusión, de negar el revanchismo, de poner el énfasis en los problemas que realmente le preocupan a la gente, al venezolano de a pie. No ha caído en las provocaciones y en algunos casos ha respondido de forma irónica y fina al candidato-presidente. Con su campaña, Capriles Radonski nos ofrece a los venezolanos la posibilidad de un cambio, en todo sentido y para bien. Vas bien, Henrique.
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