Archivo de Julio, 2012

Vas bien, Henrique

Estamos en la cuarta semana de la campaña presidencial. Las señales que envía el entorno político de Venezuela permiten decir, sin triunfalismo alguno, que la opción de Henrique Capriles Radonski va ganando terreno en la calle de forma notable. ¿Significa eso que está asegurado el triunfo el 7 de octubre? No, y por esa razón las próximas ocho semanas serán determinantes tanto en la tarea de conseguir los votos, como en la no menos importante de defenderlos. En la medida en que la alternativa democrática se consolida como opción popular –eso está sucediendo por cada ciudad y pueblo por donde pasa Capriles- se activa paralelamente la necesidad de resguardar efectivamente cada centro y cada mesa de votación. Sobre este asunto he seguido lo que viene anunciando y concretando Leopoldo López y parece ser el camino correcto.

Las señales que se emiten en el campo comunicacional oficial evidencian que la campaña de Capriles Radonski, casa por casa y ahora pueblo a pueblo, ha estado calando. Por un lado debe tenerse en cuenta que la gente está saliendo espontáneamente en pueblos, caseríos y pequeñas ciudades (también en las grandes, pero quiero destacar lo primero), lo cual es una señal inequívoca que el candidato de la mesa de la Unidad Democrática (MUD) –como dice el lenguaje popular- le está roncando en la cueva al chavismo. En líneas generales, salvo un par de sucesos precisamente en Caracas, el aspirante opositor es recibido con alegría incluso en territorios que venían siendo abiertamente chavistas. Es el caso de El Tocuyo, el pasado fin de semana. Un buen amigo de allí, con larga data como luchador social y dirigente político, me confirmó con estas palabras: es la mayor concentración política que recuerde en los últimos 30 años. Traigo a colación este ejemplo porque tengo una fuente de primera mano, pero no se trata de un caso aislado. Eso es lo que está viviendo el país en estas semanas, la Venezuela fuera de los grandes circuitos urbanos con esta campaña.

En contraposición, ha sido notable la falta de contacto cara a cara del presidente Chávez con el pueblo. Eso ha tratado de remediarse con mucha propaganda, abierta y encubierta, y desde hace algunos días con los recorridos de dirigentes como Aristóbulo Isturiz y Elías Jaua. Sin embargo, lo que predomina en estos casos es una relación transaccional, es decir en general hoy en día los dirigentes del chavismo son recibidos por el pueblo para recordarles las promesas hechas y no cumplidas. La ausencia del presidente Chávez en la calle, rodilla en tierra como se dice en el argot militar, puede estar relacionada con su salud (que sigue siendo un misterio) o con la necesidad de evadir a unos ciudadanos que se pueden salir del libreto y sencillamente hacerle reclamos directos al líder máximo. Las primeras cuatro semanas, sencillamente, permitieron contraponer a un líder no sólo vigoroso sino centrado, que se mete de lleno con la gente, contra uno aislado en la torre de marfil del poder.

En los últimos días, como ha sido costumbre a lo largo del año 2012, los medios del Estado activaron nuevamente la “guerra de encuestas” para evidenciar que hay una brecha insalvable entre Chávez y Capriles Radonski, obviamente a favor del primero. Se trata, sin lugar a dudas, de una estrategia comunicacional que busca desalentar al voto opositor, al darle el mensaje de que ya todo está decidido y Chávez sencillamente arrasará el 7 de octubre. No tengo el verbo privilegiado de Ibsen Martínez para emprenderla contra algunas encuestadoras, pero los resultados del 7 de octubre –sin duda- pondrán en tela de juicio el papel de algunas de estas empresas en el contexto político actual. El chavismo, por otro lado, debe hilar fino con esta estrategia de presentar brechas tan grandes a favor de un presidente ya victorioso, puesto que tal mensaje podría desalentar pero no al voto opositor, sino al voto chavista. La abstención del chavismo en 2007, cosa que por cierto ninguna encuestadora pronosticó, es un riesgo latente ahora que podría generarse tanto como un castigo al líder (pero sin pasarse a la oposición) como por la sensación de que no es necesario ir a votar porque ya Chávez tiene eso ganado. En política es común que estrategias usadas de forma errónea produzcan un búmeran.

Finalmente me detengo brevemente en el mensaje electoral de Henrique Capriles Radonski. Bombardeado e insultado de forma continua a través del aparato mediático gubernamental, el candidato de la alternativa democrática se ha mantenido centrado en lo suyo, en su mensaje de inclusión, de negar el revanchismo, de poner el énfasis en los problemas que realmente le preocupan a la gente, al venezolano de a pie. No ha caído en las provocaciones y en algunos casos ha respondido de forma irónica y fina al candidato-presidente. Con su campaña, Capriles Radonski nos ofrece a los venezolanos la posibilidad de un cambio, en todo sentido y para bien. Vas bien, Henrique.

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Democratizar las comunicaciones

Las primeras semanas de campaña electoral en Venezuela vuelven a colocar sobre el tapete la necesidad de acciones urgentes en el campo de las comunicaciones. El ventajismo oficial en esta campaña, que busca la reelección del presidente Hugo Chávez, tiene expresiones claras en la cobertura sesgada que ofrecen los medios del sistema gubernamental así como el uso discrecional de las cadenas de radio y televisión. Esta campaña electoral nos demuestra la necesidad de que operen cambios que apunten hacia una genuina democratización de las comunicaciones en Venezuela.
Como resultado del trabajo de un equipo técnico liderado por Marcelino Bisbal, y del cual formamos parte junto a Antonio Pasquali, Oscar Lucien, Argelia Ferrer, Raisa Urribarri y Jesús Urbina, se incorporaron al programa de gobierno del candidato de la alternativa democrática, Henrique Capriles Radonski, un conjunto de lineamientos, objetivos y acciones específicas que deben ser emprendidas, una vez que se logre el triunfo electoral el venidero 7 de octubre.
Entre los lineamientos estratégicos figuran: a) dar ejecución mediante políticas, planes y programas específicos al mandamiento del artículo 58 de la Constitución: “la comunicación es libre y plural”; b) asegurar conectividad universal, de toda la población del país a todos los medios de emisión/recepción inventados o por inventarse; c) fomentar un uso no ideológico de las tecnologías de información y comunicación tanto a nivel público como privado; d) otorgar al emisor privado suficientes garantías jurídicas y lapsos de concesión; y e) fomentar la integración regional en el respeto de las diferencias culturales, políticas y lingüísticas.
Todo ello para alcanzar los siguientes objetivos: a) lograr una verdadera y genuina democratización de las comunicaciones; b) definir y ejecutar a breve plazo una auténtica política pública comunicacional de transparencia informativa y garantías comunicativas para todos los venezolanos; c) edificar un genuino Sistema Nacional de Medios Públicos encabezado por la oferta de una Radiotelevisión de Servicio Público estructurado sobre la base de una autonomía de dirección y con la más amplia participación social en su dirección y acción; y d) superar las brechas culturales y tecnológicas para el tránsito a la Sociedad del Conocimiento.
En su programa de gobierno, el candidato presidencial de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) incorporó una serie de acciones concretas que permitan en el corto y mediano plazo alcanzar los objetivos trazados en consonancia con los lineamientos estratégicos. Estas acciones incluyen: a) definir y ejecutar a breve plazo una auténtica política pública comunicacional de transparencia informativa y garantías comunicativas para todos los venezolanos; b) garantizar el acceso a la información pública de comunicadores, medios y ciudadanos mediante el cumplimiento de lo establecido en la Constitución; c) establecer una Autoridad Independiente rectora del servicio público radio-televisivo; d) creación de un Consejo Nacional de la Comunicación de composición plural, en donde converjan los aspectos sociales y técnicos de las comunicaciones y telecomunicaciones; e) redefinir el Ministerio de Comunicación e Información (Minci) y sus oficinas regionales. En ese sentido el Minci será limitado en sus funciones y será únicamente órgano comunicacional del Gobierno; f) revisar y corregir los excesos regulatorios de las normas diseñadas para las comunicaciones dentro del marco de los derechos a la información y a la comunicación; g) promover dinámicas de gestión pública que le den un verdadero sentido público al llamado e-gobierno.
Finalmente se definió como necesidad llevar a cabo la revisión de la legislación y la normativa reglamentaria de las telecomunicaciones, para ofrecer garantías de transparencia y apertura, justos procesos administrativos y reglas claras en lo concerniente a la asignación de frecuencias y su correspondiente regulación.

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La clave está en los indecisos

La empresa Datanálisis difundió este lunes los resultados de su más reciente encuesta sobre la intención de voto en Venezuela. Ante la pregunta clásica de si las elecciones fuesen hoy por quién votaría usted, los resultados quedaron 46 por ciento a favor del presidente Hugo Chávez y 31 por ciento a favor de Henrique Capriles Radonski. Las elecciones no son hoy, ni el día que se hizo la encuesta, y justamente las campañas electorales se hacen para cambiar percepciones en materia de opinión pública. Por esa razón le invito a detenerse en otro dato significativo de esta encuesta: 23 por ciento son indecisos.

En Venezuela la balanza electoral hacia una u otra opción la han inclinado aquellos que se definían como indecisos o como no alineados, al menos en los últimos años. Pese a que tiene un respaldo importante en los sectores populares, especialmente, la fuerza electoral del presidente Chávez tuvo su momento estelar en 2006 y desde entonces no ha sido lo mismo. A partir de aquel año el voto venezolano ha tenido vaivenes, siendo así que el gobierno perdió tanto el referendo de 2007 como las elecciones parlamentarias de 2010. La mayoría para el oficialismo no está garantizada, como en los primeros años, y por esa razón la falta de enganche popular se suple con el chantaje (te doy una casa pero vota por Chávez y el PSUV) o con el abuso de los recursos del Estado (las cadenas de radio y televisión por ejemplo se usan de forma discrecional).

En la acera de enfrente se incurrió, durante años, en un error que fue fustigar a los no alienados o indecisos o ni-ni (cada encuestadora los cataloga de una forma). A fin de cuentas se trata de un número importante de venezolanos que antes de la votación no expresan públicamente su preferencia pero que igual votan y desde 2007 resultan determinantes en las decisiones que emanan de las urnas. En esta 2012, muy claramente por primera vez, ambos candidatos presidenciales han centrado su esfuerzo comunicacional en “enamorar” a este tercer sector. El presidente Chávez sabe que sólo con los votos duros del chavismo no logaría ser reelecto y Capriles Radonski comprendió que el voto opositor por sí solo no cambiará la realidad electoral de Venezuela.

Con los resultados de las encuestas, el gobierno quiere hacerle creer al país que ya todo está decidido. Es una gran mentira. Conviene recordar que en agosto de 1998 Hugo Chávez estaba detrás de Irene Sáez al menos por 20 puntos. Cuatro meses después es Chávez -y no la ex miss- quien alcanza una clara mayoría de votos. Tampoco puede olvidarse que el gran recurso electoral de Chávez en aquella oportunidad fue el contacto directo con la gente, precisamente como lo hacen en este momento Capriles Radonski. Las campañas electorales se hacen para cambiar el parecer de la gente y que eso se exprese a la hora de votar. Como bien se cuidan de indicar las encuestadoras serias su medición es de la intención de voto, no se trata de una verdad absoluta e inamovible.

En Venezuela, finalmente, existen varias razones para desconfiar. No se trata de crucificar a las encuestadoras. En mi opinión estamos en un clima político en el cual el venezolano de a pie no se siente confiado para expresar libremente su opinión electoral. He preguntado a diversos amigos vinculados laboralmente a la administración pública y de forma unánime ninguno de ellos, en caso de ser encuestados, diría que voto es por Capriles Radonski, aunque en realidad así será. No está dicho todo y todavía falta bastante campaña electoral antes del 7 de octubre.

Imagen vs contacto directo

Los primeros días oficiales de campaña electoral no han arrojado muchas sorpresas. Se mantuvo la dinámica de las últimas semanas, la cual en el fondo representará, desde mi punto de vista, el tono de esta campaña presidencial. Se tratará de la confrontación de alguien que tiene una imagen bien cimentada en el país, como el presidente Hugo Chávez, con el liderazgo naciente de Henrique Capriles Radonski que va sembrando emoción en sus contactos directos con la gente a lo largo y ancho del país. La campaña, en ese sentido, ocurrirá en dos carriles, cuyas diferencias notables, harán difícil –aún más difícil- el pronóstico sobre el resultado en las urnas el venidero 7 de octubre.

Esta campaña se ha iniciado en condiciones diametralmente distintas a la anterior campaña presidencial de 2006, y para ello es necesario que miremos por encima de la guerra de encuestas que ha puesto a circular el gobierno, como parte de su estrategia comunicacional. Por un lado, y eso no puede olvidarse, el gobierno consolidó una hegemonía mediática que coloca la campaña bajo un prisma claro de asimetría en la posibilidad de emitir mensajes por los medios masivos. La negativa del Consejo Nacional Electoral (CNE) para regular el uso partidista de las cadenas nacionales de radio y televisión le otorga un claro ventajismo al presidente Chávez en busca de su reelección.

En la acera opositora, en tanto, la fortaleza no parece mediática sino política y humana. Capriles Radonski es candidato unitario de la alternativa democrática fruto de unas concurridas elecciones primarias, cuya realización evidenció la coordinación exitosa entre diversas fuerzas políticas que adversan el proyecto bolivariano. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se ha consolidado como un espacio de concertación y bajo el símbolo de la unidad habrá una tarjeta unitaria en el tarjetón electoral.  La oposición a Chávez, al contrario de 2006, llega a una carrera presidencial con resultados previos en alza (regionales, parlamentarias) y con la convicción entre sus votantes de que aún en una situación de desigualdad o parcialidad institucional la vía del voto es el camino a seguir.

El punto de arranque, como lo evidencian las empresas serias en materia de opinión pública, es una situación de carrera pareja si se mide el respaldo popular. Las elecciones parlamentarias de 2010 evidenciaron un electorado dividido en dos partes iguales y no se encuentra en el ambiente ningún elemento que ponga en duda la legitimidad de aquel resultado.

De esta forma, los tres meses que tenemos por delante deben ser una lucha sin cuartel para inclinar la balanza de los votos. Como nunca antes, desde que el presidente Chávez ocupa el poder, existen condiciones de derrotarle electoralmente. La campaña, en ese sentido, será una dura pelea por ganar las adhesiones de un sector no alineado y que según lo que se le presente en estos meses se podría inclinar en uno u otro sentido. Los votos duros de chavismo y oposición serán, obviamente, importantes pero no suficientes en la foto final del 7 de octubre.

Bajo este contexto es que se desarrolla la campaña electoral. Bajo tales condiciones y posibilidades es que el presidente Chávez recurre a la imagen que ya tiene consolidada en la sociedad, especialmente entre los más pobres y necesitados de la ayuda estatal. La imposibilidad de salir en persona a la calle (debido a las secuelas de su enfermedad), las suple Chávez con una muy bien producida campaña comunicacional que le muestra en contacto con la gente y logrando resultados concretos: un hombre que sale de la pobreza gracias a la casa que le dio el comandante, la mujer con sus dos hijos que requieren atención especial y que el gobierno la apoyó, etc.

Acá no se trata de cifras para medir la efectividad de la gestión gubernamental, sino su capacidad de generar empatía con las políticas sociales. Y creo que lo logra! Todavía es temprano para saber si el electorado respaldará la reelección de un tele-presidente con 14 años en el poder y que pese a que no puede estar físicamente en las calles utiliza los medios para remarcar su imagen. No puede pasarse por alto que en este 2012 se están usando imágenes “de archivo” del jefe de Estado para toda la campaña propagandística ampliamente desplegada. Se trata, a fin de cuentas, de una imagen.

En la otra acera está Capriles Radonski. Cercado en el espectro radioeléctrico, como ya lo hemos mencionado en otro momento, pero haciendo campaña en el escenario en el cual en este momento Chávez no está en condiciones de competir: el contacto cara a cara. Una campaña no sólo se mide por la capacidad oratoria de los aspirantes, ese es un aspecto. Muchos venezolanos de a pie guardan un recuerdo más vivo de un dirigente político por el contacto personal, así sea fugaz, que hayan tenido que por algún discurso pronunciado.

Buena parte del capital político del cual goza hoy el presidente Chávez precisamente lo acumuló en los miles de kilómetros que recorrió casa por casa y cara a cara en la campaña de 1998. Hoy es Capriles Radonski y no el presidente –quien está físicamente alejado del pueblo- el que está cada día en lugares disímiles de la geografía nacional cargando niños, besando viejitas, piropeando muchachas, tomando incontables tazas de café, poniéndose un sombrero aquí y otro allá, en fin haciendo lo que hacen todos los políticos en una campaña, salir al encuentro del país.

Y nuestro país es así, tal cual como se ve en cada acto de Capriles Radonski. Ese es el país real, el otro una imagen.

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