Archivo de Junio, 2012

De la campaña y los votos

En otros países, con sistemas electorales altamente confiables la campaña y elecciones giran en torno a cómo obtener más votos. No existen preocupaciones en torno a lo que en Venezuela hemos llamado “la defensa del voto”. Se dirá, desde la acera gubernamental, que no es un problema nuevo en el país y que en el pasado el sistema bipartidista imperfecto se hacía de los votos ajenos. Como en muchos otros ámbitos de la vida nacional, tal excusa no justifica, de ningún modo, la nueva versión de viejos males. Venezuela, donde tanto se pregona la democracia, merece tener un sistema electoral que sea confiable para todos los ciudadanos, tanto por razones técnicas como políticas.

En la acera opositora, este contexto, impone tareas específicas. No se trata solamente de que la mayoría de venezolanos, con la fuerza del voto, logre derrotar al proyecto personalista y hegemónico de Hugo Chávez. Además de poder alcanzar la mayoría, la alternativa democrática con Henrique Capriles Radonski a la cabeza debe estar en capacidad –tanto política, como organizativa- de defender los votos.

Una reciente declaración de Leopoldo López, en su rol de coordinador del Comando Venezuela, pone sobre el tapete este asunto. Es una realidad: en el pasado las fuerzas que adversan al proyecto del Chavismo no han logrado tener presencia en todas las mesas de votación del país. Ese es precisamente el tamaño del desafío para el 7 de octubre: tener presencia en cada mesa, incluso de los lugares más apartados.

Desde mi punto de vista, tal cobertura genuinamente nacional requiere acciones inmediatas de orden político. No se trata solamente de movilizarse el 7 de octubre, ese día la tarea será cuidar los votos, pero deben activarse tareas en el muy corto plazo para lograr que en torno a esas comunidades apartadas –que ya están plenamente identificadas- pueda llegar con fuerza el mensaje de Capriles Radonski. Para tales tareas se requieren voluntarios y voluntades, el candidato en persona no podrá estar en cada casa de cada venezolano.

La semana pasada hice un recorrido por el occidente del país. Tras un largo periplo que me llevó por los estados Trujillo, Mérida y Zulia pude observar la ausencia de la promesa de cambio que encarna Capriles Radonski. Tras atravesar buena parte de los dos primeros estados y un buen trecho del tercero, no encontré mensajes relacionados ni con la propuesta ni con el candidato. Estoy hablando de vallas, de paredes pintadas o graffitis. Nada de nada. Recorriendo esas regiones ni siquiera parecía que hay un candidato de la MUD en campaña por la presidencia. En contraposición, con abundancia está el mensaje único: aquel que promociona la figura del presidente Chávez, que resulta omnipresente en vallas, mensajes y anuncios de obras.

Para que la alternativa democrática tenga votos que defender, Venezuela adentro, en primer lugar necesita ganarlos. Para ello debe hacerse presente fuera de las grandes y medianas ciudades. El control hegemónico en materia de medios masivos, al cual ya nos hemos referido en otras oportunidades, ejerce en la práctica un bloqueo mediático. Hay que apelar a otras dimensiones de la comunicación política, incluyendo la colocación masiva de vallas para que el rostro del candidato y parte de su propuesta sean conocidos en el país entero, entre otras estrategias.

La ausencia del mensaje alternativo en los lugares más apartados puede ejercer el efecto de la espiral del silencio, provocando que incluso aquellos que simpaticen con el cambio terminen inhibiéndose a la hora de votar. Tal escenario podría ocurrir si el único mensaje que llega a un venezolano en una zona apartada es aquel de “la mayoría”, que con artificios simbólicos genere el gobierno con el control de los medios masivos y su aparato propagandístico. El camino hacia el 7-O entraña un doble desafío: cuidar los votos en cada mesa y antes lograr que cada venezolano reciba el mensaje del cambio. Que los venezolanos que están en Miami puedan votar es –sin duda- importante, voltear la mirada a la Venezuela profunda resulta urgente.

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Campaña asimétrica

La campaña electoral en Venezuela, en este 2012, posiblemente sea objeto de estudio en el futuro por parte de interesados en procesos de comunicación política y el uso de los medios en las elecciones. Todo dependerá, obviamente, del resultado que termine expresándose en las urnas el venidero 7 de octubre.  Estamos en Venezuela en medio de una campaña asimétrica en materia comunicacional. Esto tiene su expresión en otros ámbitos, obviamente, especialmente en materia de recursos económicos que impactan en la dimensión comunicativa. Pero, dada la amplitud del tema, nos detendremos específicamente en el ámbito comunicacional.

Hace seis años, cuando Manuel Rosales fue el abanderado de la oposición para enfrentarse al presidente Chávez, por más empeño que le puso la causa opositora los resultados eran relativamente predecibles. Esa proporción de 60-40 en las urnas que venía desde tiempo atrás no se había roto en el país y el proyecto bolivariano estaba, hasta ese momento, invicto en materia electoral. Se usó la maquinaria propagandística, obviamente, pero para aquel entonces no estaba tan extendido el miedo y ni tan aceitada la hegemonía mediática del gobierno. El gobierno, como decía entonces uno de sus más destacados voceros, José Vicente Rangel, no había cerrado –aún- ningún medio de comunicación. No puede olvidarse que para aquella campaña RCTV seguía siendo una señal de cobertura nacional y sus emisiones informativas y de opinión eran de naturaleza crítica. Ni hablar del impacto nacional del circuito radial CNB.

En estos años, mientras que políticamente ha disminuido el poder del proyecto del presidente Chávez, ha crecido su fortaleza mediática y se ha perfeccionado su estrategia comunicacional. En la arena política el presidente Chávez fue derrotado con su proyecto de reforma constitucional, en 2007, mientras que en 2010, cuando tuvo lugar la elección de parlamentarios, la alternativa democrática voto a voto superó al chavismo. Parte de la situación de asimetría que vivimos se reflejó ya en aquel momento. Una ley electoral hecha a la medida le permitió al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) llevarse el mayor número de diputados –de lejos- pese a que las urnas evidenciaron un país partido en dos partes iguales.

A pesar de los pesares, se superaron todas las diferencias en el seno de la MUD que el gobierno se encargó de avivar; luego se escogió un candidato unitario en febrero de 2012 con una avalancha de votos que superó todos los pronósticos, y en los últimos meses hemos tenido lejos de Caracas -como debe ser- a Henrique Capriles Radonski caminando por el país y encontrándose cara a cara con los venezolanos de a pie (como lo pudo hacer Chávez en 1998). El colofón, que en realidad es el inicio verdadero de la campaña, lo tuvimos el 10 de junio cuando se inscribió ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) acompañado de una verdadera multitud.

Desde un punto de vista político, por primera vez desde que Chávez ocupa el poder, existen condiciones reales para sostener que se puede producir un triunfo opositor en las urnas este 7 de octubre.

Tal situación político-electoral llevará a que el gobierno despliegue desde ahora y en los próximos meses su arsenal para lo que –sin duda- es la batalla final. La posibilidad de que el gobierno logre imponerse en las urnas está estrechamente vinculado a la habilidad que tenga para comunicar, para transmitir esperanza y repotenciar el lazo emocional que existe entre el venezolano popular y el líder carismático.

A estos elementos comunicacionales se le añadirán, obviamente, otra serie de acciones que comprenden desde el miedo (si Chávez pierde se acaban las misiones), la coerción (empleados públicos obligados a hacer proselitismo) y el chantaje (vota por Chávez para que tengas una casa). Pero por encima de todo esto estará un gran mensaje electoral que tiene como paraguas la frase “Corazón Venezolano”. La ambigüedad sirve para la lectura doble, por un lado hablamos del corazón del venezolano llano (primero Dios, en segundo lugar mi comandante), pero también es el corazón venezolano del presidente-candidato conmovido cuando abraza a una viejita, y no importa que sea una imagen de archivo, puesto que hace meses que está incapacitado para ello.

La potenciación económica de esta campaña se aprobó en los primeros días de junio, con una inyección en torno a los 280 millones de dólares para el mal llamado Sistema Nacional de Medios Públicos, cuando en verdad cumplen un papel claramente de aparato propagandístico. Los efectos de esta descomunal inversión de dinero se verán no sólo en la multiplicación de mensajes, por diversas plataformas, sino en la propia “factura” de dichos mensajes, y muestra de ello es la notable calidad del spot publicitario en el que el hombre agradecido por su vivienda coloca al presidente en el altar religioso-político. Sobre esta cuña en particular vale la pena revisar los trabajos de Luz Mely Reyes y de Alberto Barrera, publicados en las ediciones dominicales de Últimas Noticias y El Nacional, respectivamente, el pasado 10 de junio.

Peleada en el campo político, la campaña será tremendamente asimétrica en el campo comunicacional.

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El camino de Capriles

Este domingo 10 de junio, rodeado de una concurrida manifestación de apoyo, el candidato de la alternativa democrática, Henrique Capriles Radonski, al inscribir su candidatura remarcó el camino pacífico y electoral como la vía para lograr un cambio en Venezuela. No es un asunto menor. Por primera vez en los años del gobierno del presidente Hugo Chávez la sociedad democrática cuenta con posibilidades reales de ganar, tiene un candidato electo con el voto popular y se ha trazado una campaña que le está haciendo mella al proyecto reeleccionista.

Al ratificar su camino pacífico y electoral, junto a una propuesta de reunificar a la sociedad venezolana, Capriles Radonski está conjugando la apuesta de millones de venezolanos, que efectivamente desean un cambio. Aunque ha sido electo, en parte, con un voto duro de la oposición, el discurso del abanderado opositor ha apostado por un centro político, en el cual no se transmite una idea de revanchismo ni de odio por el adversario político. Es precisamente la estrategia correcta para construir una nueva mayoría en Venezuela. El signo de la polarización extrema, que marcó buena parte de la estrategia opositora en años anteriores, terminó siendo un bumerang político, pues en lugar de debilitar al régimen de Chávez, le fortaleció.

La estrategia centrista de Capriles Radonski, además, fue avalada mayoritariamente por el voto popular, que aún teniendo la posibilidad de opciones más radicales entre los aspirantes en las primarias, terminó dándole un voto de confianza –claro y sin ambages- a esta opción. Se trata de trazar un modelo que por un lado recupere plenamente la institucionalidad democrática, junto al fortalecimiento y mejoramiento de los programas sociales, es decir las llamadas misiones. Capriles no es, y espero que no sea, otro gallito de pelea al estilo de Chávez; la sociedad democrática que lo apuntaló con los votos el 12 de febrero precisamente está cansada de ese escenario político signado por la polarización y la conflictividad. Se trata de gobernar para todos los venezolanos. La enorme franja de no alineados, es decir aquellos que no pueden contarse como votos duros del chavismo o de la oposición, serán a fin de cuentas quienes decidirán los resultados del 7 de octubre. Obviamente no sólo Capriles Radonski busca esos votos del centro.

El abanderado de la alternativa democrática no está corriendo solo en la campaña electoral, y eso es importante no perderlo de vista. Si bien el presidente Chávez ha estado ausente físicamente de la escena pública, por largas semanas, su figura tiene conectores emocionales con el electorado. Estas conexiones se siguen alimentando, pese a la ausencia del líder, con el abultado e inteligente aparato mediático al servicio del gobierno. Basta ver las piezas que ahora llevan el sello de “Corazón Venezolano”.

Puede decirse que nuevamente estamos, al igual que en el 2006, con una campaña que enfatiza lo sentimental. Hace seis años fue la memorable campaña de “Por amor” que incluso trajo consigo cambios en el discurso y la vestimenta del jefe de Estado. Chávez en aquella oportunidad obtuvo la mayor cantidad de votos en toda su historia electoral. No es un asunto que deba dejarse de lado. Pese a que el “por amor” de 2006 sólo fue una estrategia electoral, pues en realidad el presidente una vez reelecto se lanzó por la ruta de la confrontación abierta (reforma constitucional, cierre de RCTV, estatizaciones masivas, expropiaciones, etc.), no puede negarse que fue una estrategia exitosa, desde un punto de vista comunicacional y político. Desde los sectores democráticos que se oponen al proyecto de Chávez no pueden menospreciarse tales estrategias que apuntan al sentimiento y esperanza de los venezolanos más pobres. Han demostrado que calan en el electorado y en esta ocasión también pueden hacerlo, incluso con un líder de apariciones esporádicas. Los mensajes de Capriles también deben llegarle al corazón de los venezolanos demostrando que incluso para los más pobres este gobierno ha fallado.

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Campaña mediática

Hasta ahora hemos tenido solamente unos traqueos, como se dice en el argot hípico, en materia de la campaña electoral. Con la inscripción de los dos candidatos ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), que debe ocurrir máximo el día 11 de junio, comenzará la carrera: entre el momento en que se inscriban los aspirantes Henrique Capriles Radonski y Hugo Chávez Frías y las elecciones del 7 de octubre hay un trecho de sólo 16 semanas. Será un período decisivo para inclinar la balanza de los votos.

Las encuestas electorales confiables muestran una diferencia a favor del presidente Chávez en torno a los seis puntos. Conviene detenerse en este dato. El jefe de Estado, después de un prolongado ejercicio del poder, goza de una sólida base de apoyo, eso no puede obviarse ni minimizarse. Al mismo tiempo, es un rostro conocido y cercano para millones de venezolanos. Su mensaje, más que su deficiente gestión, ha calado en la esperanza de los más pobres.

Del lado del aspirante de la alternativa democrática, en tanto, la diferencia que tiene el presidente Chávez a su favor es un asunto que puede revertirse. Es decir, las encuestas dan una fotografía, pero justamente se hacen las campañas para revertir o consolidar lo que muestran las encuestas. Si los sondeos de opinión fuesen tan determinantes en la decisión electoral, entonces no se realizarían votaciones en ninguna parte del mundo. Capriles Radonski tiene exactamente 16 semanas para intensificar su campaña, manteniendo su contacto casa por casa, pero al mismo tiempo deberá demostrar su capacidad para dar mítines y para explicarle al país cuál es su programa para superar el actual estado de ineficiencia y corrupción.

Pero más allá de la campaña, que tendrá al presidente Chávez en busca de prolongar su permanencia en el poder, pese a que en 14 años muestra magros resultados incluso en la política social, estamos caminando sobre un período de mucha incertidumbre. La campaña y la fecha ya fijada para los comicios parecen ser una suerte de punto de llegada para despejar una serie de incógnitas que prevalecen hoy en la vida nacional.

La principal interrogante que marca a Venezuela en estos días gira en torno al real estado de salud del presidente Chávez. La sociedad venezolana debería conocer de fuentes confiables y expertas si el jefe de Estado está realmente curado o si, por el contrario, esa desaparición suya de la escena pública, en realidad es señal de que algo está pasando más allá del cáncer.

En una investigación reciente, que abarcó hasta el año 2010, demostramos que el jefe de Estado venezolano ejercía la Presidencia Mediática. Esto se traducía en gobernar desde los medios, que se expresó durante muchos años en incontables cadenas nacionales de radio y televisión, incluso para los asuntos más banales, junto al establecimiento de una hegemonía comunicacional por parte del Estado. Con un presidente tan dado a obligar a que el país le vea y le escuche, no es plausible creer que la desaparición pública es voluntaria.

Sin embargo, en líneas generales, podemos pensar que la campaña presidencial de este año tendrá un sello mediático. Por un lado, un presidente Chávez con movilidad limitada –como se ha comportado últimamente-, necesariamente tendrá que hacer su campaña desde los medios, especialmente la televisión. Capriles Radonski, en tanto, deberá apelar también a los medios, pero combinando con otras estrategias de acercamiento debido a los efectos de la hegemonía comunicacional del Estado.

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