Archivo de Noviembre, 2011

La libertad de Leocenis

Debo comenzar, en esta oportunidad, con una aclaratoria al lector. No me encuentro entre los admiradores del periodista Leocenis García, por razones que no vienen al caso ahondar. Su detención – a todas luces injusta-, la huelga de hambre que encabezó y su traslado forzoso al Hospital Militar de Caracas, forman un cóctel muy peligroso relacionado con la libertad de expresión. Este 21 se decretó su libertad debido a las presiones que se ejercieron desde distintos ámbitos.
Precisamente la defensa de la libertad de expresión se pone a prueba, para quienes creemos realmente en ella, cuando se debe defender el derecho a expresarse de aquellos cuyas opiniones y/o puntos de vista no compartimos. No comparto el periodismo que hace Leocenis García, pero defiendo el derecho que tiene para hacerlo, como una forma de ejercer cabalmente la libertad de expresión y el derecho a la información. Esto está amparado claramente en el derecho a la pluralidad de informaciones y opiniones que establece nuestra constitución.
Este tema de la defensa del otro, aunque no comparta sus puntos de vista, por cierto, será un asunto crucial en la transición democrática que vivirá Venezuela a partir de octubre de 2012. Quienes crean que el triunfo opositor el año próximo significará, al menos en este campo de la expresión, un automático escenario libre de conflicto están totalmente equivocados. Debemos prepararnos para un desmontaje progresivo de la arquitectura legal que se ha montado a lo largo de estos años, gracias a la cual –por ejemplo- se juzga a García, junto a un escenario donde probablemente debamos defender –desde un modo principista- el derecho a expresarse que deberán tener todos aquellos simpatizantes del chavismo, cuando pasen a ser la oposición. No será fácil, pero como en muchos otros ámbitos de la vida nacional, habrá que construir soluciones respetando el peso político específico que seguirá teniendo el chavismo en Venezuela, una vez que por la vía del voto se logre un triunfo opositor sobre Hugo Chávez.
Volvamos al caso de Leocenis García. Se encontraba en prisión desde el 30 de agosto de 2011. La fiscalía ha aceptado que estaba en prisión “preventivamente” ya que no está condenado, lo cual evidencia la injusta decisión, como si su libertad representase un peligro para la sociedad. Acusado de “instigación pública al odio”, “vilipendio a funcionario público” y “ofensa pública por razones de género” tras la publicación de un polémico fotomontaje en el semanario Sexto Poder, García se puso en huelga de hambre –para exigir ser juzgado en libertad- la segunda semana de este mes de noviembre.
“Denunciamos junto con él un proceso absurdo y un uso abusivo de la prisión preventiva contra un hombre que se entregó voluntariamente a la justicia. El trato que se ha dado a Leocenis García menosprecia abiertamente las reglas más elementales del derecho, en especial la presunción de inocencia que se aplica a cualquier ciudadano”, declaró Reporteros sin Fronteras.

Este 21 de noviembre, tras estar casi dos semanas en huelga de hambre y de estar retenido en el Hospital Militar de Caracas, el periodista fue liberado. Será juzgado en libertad. Su abogado, Pedro Aranguren, indicó que se le prohibió ausentarse del país, cosa normal para alguien que está juzgado, pero lo grave es que le dieron libertad pero le silencian. Leocenis no podrá declarar a los medios sobre su caso y tampoco podrá concurrir a manifestaciones públicas. Todo esto sigue en la lógica del atropello contra el periodista.

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La soledad del manager

En estos días postreros del 2011, un año a todas luces sorpresivo en materia política en Venezuela, se me ha venido a la cabeza el título de la novela de Manuel Vásquez Montalbán como reflejo del ejercicio actual del poder en nuestro país.
Tuve el privilegio de conversar con Vásquez Montalbán en La Habana, cuando un aluvión de periodistas y buscadores de historias llegaron a Cuba para presenciar lo que en toda ley serían los días finales de Fidel Castro. El veterano dictador caribeño había aceptado a recibir al Papa Juan Pablo II en una histórica visita y no pocos analistas lo veían como preludio de los cambios que vendrían. No en balde el papa polaco había tenido también papel relevante para apoyar las transiciones postcomunistas de Europa del Este. Hace pocos años este autor español falleció mientras viajaba por Tailandia pero nos dejó, entre otras tantas obras, una suerte de diálogo a dos voces sobre el presente y porvenir de Cuba titulado “Y Dios entró en La Habana”. Como es sabido, Juan Pablo II murió sin ver los cambios en Cuba, Fidel Castro dejó el poder pero su hermano Raúl lleva con mano de hierro una muy suave transición político-económica, con el apoyo financiero de nuestro gobierno.
Volvamos a “La soledad del manager”. En esta novela, Vásquez Montalbán construye una historia sobre el poder. Es la historia de un asesinato, como debe ser, puesto que se inscribe dentro del género de novela negra. Un hombre aparece muerte con unas pantaletas de mujer en el bolsillo, ante esto la viuda encarga la investigación del caso a un “huelebraguetas” gallego, un detective privado de complejo pasado: aparece en escena el inolvidable personaje Pepe Carvahlo. Lo que parecía ser un ajuste de cuentas sexual se convierte en un ajuste de cuentas político que tiene como fondo la sociedad española a medio camino entre la muerte de Franco y el intento de consolidación democrática. Se trata a fin de cuentas de una transición política.
Acá llegamos al punto central del período que estamos viviendo en Venezuela. En el país está en marcha una transición y eso no es sinónimo, necesariamente, de un triunfo electoral de la oposición, ni menos de que se esté deseando la muerte del mandatario. Un signo distintivo, producto de la enfermedad del presidente Chávez, ha sido el cambio en la forma en que se ejerce simbólicamente el poder.
Durante más de una década tuvimos a un mandatario que se distinguía por la presidencia mediática, así lo evidenciamos en una investigación doctoral desarrollada en la Universidad Simón Bolívar. El presidente Chávez, con sus largas y repetitivas intervenciones televisivas, estuvo consolidando un modelo de gobierno que tenía como pivotes dos aspectos: su propio personalismo y una alta exposición en medios, especialmente la televisión por la conexión cercana que este medio permite tejer con las audiencias.
Con estas prácticas en el ejercicio del poder se fue desdibujando el papel de ministros y altos colaboradores. Simbólicamente eran presentados como meros mandaderos, quien en realidad tomaba todas las decisiones era el presidente. Los ministros le rendían cuentas ante el país de decisiones que también se habían tomado en vivo y directo. Esta presidencia, grosso modo, en materia de políticas públicas, desarrolló una dinámica que denominamos de decisionismo mediático. Las distintas facetas que componen, clásicamente, una política pública terminaron reducidas a dos ámbitos: el diagnóstico del problema (hecho por el propio jefe de Estado) y el anuncio de políticas, generalmente asociadas al desembolso de fondos para obras, planes, misiones, etcétera. Con el fuerte personalismo que ha caracterizado a este gobierno, lógicamente, los anuncios, la entrega de plata, la protagonizaba directamente el mandatario. Se borró de la práctica oficial la evaluación y medición del impacto de los proyectos.
De unos meses para acá nada de eso caracteriza la dinámica gubernamental. El presidente habla por aquí, por allá, cuida su salud y por tanto no se encadena largamente, tampoco ninguno de sus colaboradores se atreve a lanzarse una cadena. El programa ícono de la gestión comunicacional, “Aló, Presidente”, desapareció y no hay versión oficial de cuándo volverá al aire; en caso de que vuelva a salir, muchos dudan que tenga la larga duración de otrora.
Hoy lo que tenemos es a un jefe de Estado recluido en el Palacio de Miraflores. Está solo, en la medida en que no puede salir a encontrarse con las masas, con el pueblo. Los otrora mandaderos ahora deben dar la cara públicamente, pero ninguno de ellos tiene la estatura de vocero público de alto nivel, salvo –debe decirse- Nicolás Maduro. Si nos guiamos por las protestas, el descontento está creciendo. No lo protagoniza, por cierto, la oposición. Muchos de los que han creído en sus promesas quieren decirle directamente al presidente lo que no se está haciendo, contarle de los anuncios que sólo se quedan en eso. Pero el manager está en su soledad.

Chávez en campaña

La noticia fue publicada recientemente en el diario El Nacional, pero conviene no dejarla pasar. El periodista Alex Vásquez analizó el presupuesto de 2012 del Ministerio de Comunicación e Información (MINCI) y la gran conclusión es que los fondos públicos estarán al servicio de la campaña electoral. El presidente Hugo Chávez ya está en busca de su reelección y el manejo comunicacional de su enfermedad despeja cualquier duda al respecto.
La primera gran contradicción reside entre lo que se plantea como prioridad y el monto real que se destina para ello. Un caso emblemático está en los medios comunitarios y alternativos, que según el discurso oficial son prioridad, pero que el análisis periodístico permite detectar que escasamente se les destinará el 2 por ciento del presupuesto del MINCI. ¿Hacia dónde irá la mayor cantidad de dinero público? Ya lo puede adivinar… a fortalecer y defender la imagen presidencial.
En la figura de Hugo Chávez se invertirán 501.814.106 bolívares. La suma así, sin referencia alguna, tal vez dice poco o nada. ¿Es mucha o poca plata? El asunto es que este monto es casi similar a lo que recibirá en 2012 el municipio Libertador, en Caracas, uno de los más poblados del país y con mayores problemas como lo reconocen las propias autoridades. En pocas palabras, todo el dinero que se destina al gobierno municipal de la zona centro-oeste de Caracas, y que por tanto podría beneficiar a millones de personas, es el equivalente al que se dedica a promover la imagen presidencial. No caben dudas, estamos ante lo que claramente se puede definir como un presidente mediático.
De acuerdo con el presupuesto de 2012, al menos lo que se presentó ante la Asamblea Nacional, los recursos del MINCI se destinarán al programa Alo, Presidente (Bs. 5.952.958); al desarrollo y difusión de campañas en apoyo a la gestión del Gobierno (Bs. 20.253.957); a la cobertura y difusión de la agenda presidencial (Bs. 34.407.336), a publicidad y propaganda (Bs. 11.045.000) y a los medios oficiales (Bs. 430.154.855). De estos últimos, la trinchera político-mediática que es Venezolana de Televisión, tendrá una posición privilegiada ya que recibirá del ministerio la suma de Bs. 105.000.000.
Un dato insoslayable: el presupuesto global del ministerio comandado por Andrés Izarra será de Bs. 764.181.495 bolívares; eso significa que los recursos con los que se buscará proyectar las virtudes del Ejecutivo representan 64% de esos fondos públicos. Una simple operación aritmética evidencia cuál es el orden de prioridades. Para los medios comunitarios sólo 2 por ciento, para la imagen presidencial un 64 por ciento.
Entrevistado por El Nacional, el coordinador académico del posgrado de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, Carlos Delgado Flores, considera que el Ministerio de Comunicación e Información no funciona como un organismo del Estado, sino del Gobierno de turno, pues sus objetivos en 2012 no discriminan entre ambos conceptos.
No sólo la propaganda alrededor de la figura de Hugo Chávez rige las actividades del despacho oficial, sino que otro aspecto destaca también entre sus objetivos: “integrar y apoyar a los medios de comunicación alternativos y comunitarios para promover la pluralidad, el equilibrio informativo y la participación ciudadana”, y “promover el desarrollo del sector de la producción nacional independiente”.
El discurso oficial está alejado de la realidad. En las palabras la política oficial busca fortalecer a los pequeños medios, pero en la práctica el dinero está orientado a potenciar la figura presidencial. Este hecho se potencia debido a que el 2012 será un año netamente electoral.
Otro dato que no puede perderse de vista, entre 2011 y 2012 el presupuesto del MINCI tendrá un incremento del 22 por ciento, un ajuste que va a la par que la inflación. Pero no puede olvidarse otro hecho, es que el presupuesto oficial apenas representa la mitad del manejo de fondos públicos, el resto corre por vías paralelas. Un ejemplo lo tenemos con este mismo presupuesto de 2012 que es calculado con un barril de petróleo en 50 dólares cuando en realidad se cotiza por el doble. La diferencia pasa a los fondos que maneja el jefe de Estado con total discrecionalidad.
Puede pensarse, entonces, que en realidad habrá mucho más dinero público destinado a promover la figura presidencial y –peor aún- sin que quede al menos un registro oficial y público como sucede con este presupuesto del MINCI. Puede seguirnos en Twitter: @infocracia

Censura sutil: Marta Colomina

En el seno de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha venido cobrando fuerza la tesis de que los gobiernos perfeccionan cada vez más sus mecanismos para acallar la crítica pública. El tiempo de censores directamente en los medios, el apresamiento masivo de periodistas o incluso su desaparición física, así como el cierre de medios, son cosa de otra época al menos en América Latina. Obviamente con excepciones, como la tempestad que se vive en México con la muerte de decenas de comunicadores a manos del narcotráfico, tal como ocurrió en Colombia dos décadas atrás. La detención de Leocenis García, editor del semanario Sexto Poder, es una dura excepción en la región. Lo que va cobrando fuerza en este tiempo es lo que suele llamarse la censura sutil. Produce el mismo efecto pero no queda en evidencia, de forma directa, la mano gubernamental que quiere censurar.
Tenemos, en Venezuela, en estos días un caso paradigmático de este mecanismo. Se trata de la salida de Marta Colomina de la señal de Actualidad 90.3 FM, del Circuito Unión Radio. Conviene no olvidar que por razones similares debió abandonar Televén a mitad de la década pasada, en una razzia que también sacó de la pantalla chica a quienes, como Marta Colomina, en ese momento eran agudos y críticos anclas en programas de opinión. En aquel momento salieron Napoleón Bravo de Venevisión y César Miguel Rondón del propio Televén. A lo largo de estos años se ha producido una paulatina desaparición de figuras críticas, también en muchos espacios de radio y televisión de otras ciudades distintas a Caracas. En otros medios ha operado la censura de otra forma, con cambios drásticos de programación en los cuales, obviamente, se ve reducida o sencillamente desaparece la opinión e información.
Poco a poco, se ha venido implantado el modelo Cabello. Somos país de frágil memoria, así que conviene recordar que en su breve paso por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), el hoy diputado Diosdado Cabello, reiteró hasta el cansancio durante el año 2009 que aquellas radios y televisoras que no quisieran tener problema con sus licencias debían dedicarse a entretener. He aquí el quid del asunto. Para el gobierno, en esta lógica de censura, los medios privados no deben informar y mucho menos opinar. Eso, en sí, es motivo de sospecha y más aún si se tiene una posición abiertamente crítica.
El modelo Cabello es efectivo especialmente si volvemos sobre lo que mencionó Luis Domingo Álvarez, de los circuitos AM y FM Center, al recordar la semana pasada que unas 250 estaciones comerciales en todo el país siguen en un limbo ante el “silencio administrativo de CONATEL”. Son emisoras, cabe recordar, que vivieron la amenaza directa en 2009 y vieron como 24 estaciones fueron cerradas el 31 de julio de aquel año, sin derecho a la defensa. Usted, amigo lector, estará pensando lo mismo que yo: ¿Cuáles de estas emisoras se jugarán a Rosalinda poniendo, por ejemplo, publicidad opositora o manteniendo programas críticos? Esto –sin duda alguna- tendrá un duro impacto en un año extendidamente electoral, pues estaremos en elecciones desde ahora hasta abril de 2013. La hegemonía comunicacional en marcha, podría rezar un slogan oficial.
Bajo este contexto de amenazas, presiones y chantajes al sistema de medios radioeléctricos se produce la salida del aire de Marta Colomina del Circuito Unión Radio. No es la única en los últimos tiempos, pero qué duda cabe de que es un caso emblemático. Ha sido objeto de la misma censura en dos ocasiones, porque no puede olvidarse que ya había perdido su espacio en televisión.
La valentía de César Miguel Rondón –quien tuvo a Marta en su programa en el mismo Circuito Unión Radio (Señal Éxitos 99.9 FM)- nos ha permitido tener una suerte de documento histórico. No es usual que se hable sobre esta censura sutil. Les invito a oír directamente lo que ocurrió con su salida. Este archivo lo pueden ubicar en la web en http://www.youtube.com/yomonitoreo