Archivo de Enero, 2011

La silla vacía

Una reciente visita a Bogotá nos ha permitido conocer de cerca la experiencia de “La Silla Vacía”, un sitio web informativo que está revolucionando la forma en cómo los colombianos se informan de la actualidad política de su país. Juanita León, quien tiene una reconocida trayectoria en la cobertura del conflicto armado, con un libro memorable titulado País de Plomo, es la periodista que ha concebido este proyecto digital y su actual directora editorial.
Cabalgando entre el periodismo de investigación y el diarismo, “La Silla Vacía” difunde cada día sólo dos historias, en las que –según su filosofía- no se hace en sentido estricto una cobertura del tema del día, por ejemplo apelando a las fuentes tradicionales o centrándose en la asistencia a ruedas de prensa –como suele ser la lógica de los periódicos tradicionales- sino que construye un relato con técnicas periodísticas que permitan describir cómo se ejerce el poder en Colombia. Según Juanita León, es un periodismo descriptivo que se centra en los principales personajes colombianos que mueven los hilos del poder y en las ideas que están detrás de las grandes decisiones que se toman en el país vecino. Se trata, a todas luces, de un periodismo innovador.
“La Silla Vacía” es igualmente un caso innovador en materia de su financiamiento. Si bien originalmente nació gracias a un aporte del Open Society Institute, en la actualidad tiene un heterogéneo sistema para sostenerse. La cooperación internacional sigue presente, pero junto a ella se suman anunciantes propiamente para la página, que ya registra niveles importantes de lectores (ha llegado a tener 400.000 visitantes únicos), junto a un esquema comercial para brindar asesoría a empresas de diverso tipo que necesiten experticia comunicacional. Se trata de una empresa, que por su naturaleza podría tener fines comerciales pero que en realidad persigue un objetivo público: contribuir con la formación de opinión pública en temas políticos con amplia repercusión en el conjunto de la sociedad colombiana. Es la apuesta de un periodismo comprometido con Colombia.
“El objetivo principal de este medio es hacer buen periodismo. Aquel que está en el lugar donde suceden las cosas y que las puede contar porque estuvo allí o porque habló con los protagonistas; más que formular juicios buscamos plantear preguntas; más que simplificar las cosas buscamos complejizarlas; más que agradar a un gran público buscamos ayudar al segmento de los formadores de opinión a comprender la política nacional; más que pertenecer al poder buscamos develar cómo opera; más que aliarnos con una facción incluiremos la mayor cantidad de voces. Más que narrar eventos puntuales encontramos conexiones entre los sucesos”, así reza la presentación institucional de “La Silla Vacía”. Es muy recomendable que se visite el sitio web www.lasillavacia.com

La noción de objetividad, tantas veces discutida en Venezuela, es revisada por este medio digital cuando se plantea que no están comprometidos a mostrar todos los lados de un hecho, por lo difícil que es valorar en cuál parte hay más razón que en otra; sin embargo, sí se plantean –y lo llevan adelante diariamente- como desafío reflejar la versión más cercana a la verdad.

Otro asunto que cobra relevancia, especialmente cuando se le contrasta con el ejercicio periodístico de Venezuela, tiene que ver con el manejo de las fuentes. La prioridad de “La Silla Vacía”, en ese sentido, no es tanto la recolección de declaraciones (la declaracionitis como mal del periodismo) sino en contar las acciones de los sectores de poder, y especialmente del poder político.
En su declaración de principios, este medio digital también enfatiza la idea de su independencia y del valor que tiene el reporterismo para construir sus historias. Pese a ser un equipo pequeño (5 personas, de las cuales sólo 4 están a tiempo completo con la labor periodística), el medio ha logrado marcar agenda en los últimos meses.
“Este es un medio jalonado por la información conseguida a punta de reportería. En este medio los periodistas tienen una voz fuerte producto de su trabajo de investigación, no de su ideología o activismo. Nosotros creemos en averiguar los hechos y estos priman sobre nuestras posiciones personales respecto al gobierno, a los políticos o al poder”, señala igualmente su hoja institucional. De lo que no queda la menor duda cuando se habla personalmente con Juanita León, es que se está ante periodistas a quienes la política les apasiona.
En la misma dinámica democrática, de contar con medios de comunicación que sean más transparentes, porque las noticias tienen un serio impacto en la vida social, “La Silla Vacía” sostiene una política abierta hacia los lectores, ya que los periodistas también comunican sus dudas, no dudan en rectificar cuando se han equivocado y en no pocos casos le hacen preguntas al público para orientar su propia agenda de trabajo. En esa dirección más que un medio de comunicación, en el sentido clásico con una fuerte dosis de unidireccionalidad en los mensajes, “La Silla Vacía” se asume como una plataforma para la conversión pública acerca del presente y del futuro de Colombia.

Más leyes, menos libertades

constitucion bolivariana (1)

En estos primeros días del 2011 vivimos una suerte de resaca legislativa. La avalancha de leyes aprobadas por la Asamblea Nacional saliente durante los días navideños arroja, en su conjunto, un saldo bastante negativo para la vida ciudadana en Venezuela. En líneas gruesas puede decirse que ahora tenemos una ciudadanía con menos libertades, que hace apenas semanas atrás, mientras que el Estado –pero muy especialmente el Presidente- cuenta ahora con mayores facultades para tomar decisiones en el ámbito de derechos humanos y dinámicas institucionales. En diciembre de 2010 ha terminado de consolidarse en Venezuela un Estado hecho a la medida de Hugo Chávez.
El conjunto de leyes aprobadas en diciembre simbolizan, en su conjunto, un serio retroceso democrático, para un modelo político ya menguante como lo vienen a demostrar algunas payasadas que nos ha tocado presenciar. La decisión presidencial de vetar la Ley de Educación Universitaria refleja el tragicómico momento que vive la nación. El mismo presidente Chávez, como cabeza del poder ejecutivo, autoriza a que un proyecto no discutido con el sector universitario sea enviado con carácter urgente a la Asamblea Nacional, el proyecto se introduce en la agenda sin que los parlamentarios tengan oportunidad de revisarlo; la orden de Miraflores era clara, y en consecuencia los diputados oficialistas la aprueban. Sí, la aprueban sin siquiera discutirla cabalmente dentro del Palacio Legislativo. Como ha bautizado Teodoro Petkoff a este parlamento que concluyó funciones este 5 de enero, nunca ha quedado mejor llamarle la jaula de las focas. El jefe de Estado, seguramente orientado por alguna sala situacional, decide vetarla. Pocas horas después vemos refrendando esta decisión presidencial a muchos de los diputados que levantaron acríticamente la mano para aprobar el proyecto en el seno de la Asamblea Nacional. Este show simboliza posiblemente mejor que ninguno a la revolución bolivariana.
El alivio que se ha vivido en un sector importante del país, por este veto presidencial a la ley de universidades, no puede dejar pasar el significativo hecho que se aprobaron una veintena de leyes, que éstas sí han sido refrendadas por el jefe de Estado y que implican restricciones de todo tipo para la vida ciudadana y política en Venezuela.
Entre los asuntos neurálgicos está la ampliación a Internet de la Ley de Responsabilidad en Radio y Televisión, con mayores sanciones a la expresión crítica contra el gobierno; la nueva ley de telecomunicaciones cambia de forma sustancial las reglas de juego para las empresas del sector; la nueva ley de bancos que limitará el consumo y además le da poder al ejecutivo para la intervención de las entidades; la configuración del Estado comunal –en realidad es un Estado más presidencial que el actual- que le sustrae funciones y atribuciones a alcaldías y gobernaciones, saltándose la voluntad popular que eligió a alcaldes y gobernadores para cumplir un mandato; la propiedad privada –que es un derecho reconocido por nuestra carta magna- es reinterpretado en este nuevo entramado legal para dejarlo a discreción del poder ejecutivo; los nuevos diputados oficialistas estarán obligados a ser focas sin obedecer su conciencia como lo señala la constitución de 1999; los ciudadanos sólo podrán ver a través de las señales oficialistas lo que ocurre dentro del Palacio Legislativo; y el propio Parlamento tendrán menos sesiones, mientras se le han concedido superpoderes legislativos al presidente por un lapso tan prolongado de 18 meses; las organizaciones no gubernamentales serán sancionadas por recibir fondos del exterior o por organizar eventos en los cuales se le hagan críticas al gobierno, si éstas provienen de expertos foráneos. Un balance de todo este paquetazo legislativo nos dice, sin duda alguna, que quienes ejercen el poder, en Venezuela, se han colocado al margen de la carta magna y han desconocido la voluntad popular que se expresó claramente en las urnas el pasado 26 de septiembre en los comicios parlamentarios, en los cuales los votos que adversan al proyecto chavista llegaron a sumar 52 por ciento.
Desde los sectores democráticos de Venezuela debemos hacer frente, de forma decidida, a lo que puede catalogarse de golpe a la Constitución Nacional. Debemos enfrentar, sin caer en provocaciones, a un gobierno que ante la notable perdida de popularidad insiste en imponerse como si fuese mayoría, pese a que las urnas han evidenciado –como el pasado 26 de septiembre- que voto a voto la oposición democrática es la verdadera mayoría en este momento crucial que vive la nación. La meta de este 2011 es resistir, defendiendo diversos enclaves democráticos que de forma obstinada se mantienen en el país (universidades, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y en particular de derechos humanos, etcétera).
El gobierno teme al 2012, porque por primera vez el presidente Chávez tiene posibilidades serias de ser derrotado en las elecciones presidenciales de ese año; los demócratas de Venezuela debemos continuar trabajando para llegar a él y en las urnas marcar un cambio de rumbo para la nación.