Elecciones y hegemonía comunicacional
La defensora de derechos humanos Ligia Bolívar ha puesto a circular en estos días una foto reveladora. En la imagen puede verse como al menos tres señales de televisión, sin que hubiese formalmente una cadena nacional, estaban literalmente encadenadas para transmitir el inicio de la campaña del PSUV. Ese es el papel de la hegemonía comunicacional en tiempos de elecciones.
Un cambio significativo en materia de medios, con implicaciones directas en materia de libertad de expresión e información, ha estado en la conformación de un aparato mediático estatal en Venezuela. En la medida en que este conjunto de medios están distantes de cumplir una función pública, su programación en el contexto electoral termina teniendo un impacto notable.
La conformación de dicho aparato comenzó a hacerse clara a partir del año 2004. A escasos días del referendo revocatorio que tuvo lugar el 15 de agosto de 2004, el entonces ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, anunció la aplicación de una “política agresiva” destinada a reforzar todos los sistemas de producción y recopilación de noticias en canales y emisoras de radio con carácter gubernamental.
Un año después, en 2005, puede verse con claridad la consolidación del aparato mediático gubernamental. El investigador Marcelino Bisbal ha señalado que el modelo no es otro que “el Estado comunicador”. En enero de 2005 se anunció la creación del canal internacional Telesur, por parte del ministro Izarra, quien de forma simultánea pasó a ser su presidente. Ese mismo mes, al asumir la presidencia de la Asamblea Nacional, Nicolás Maduro, anunció la creación de un canal del parlamento. Finalmente, en diciembre de 2005 el Alcalde Mayor de Caracas, Juan Barreto, entonces una figura muy cercana al presidente Chávez, anunciaba la creación de un canal de televisión para esa dependencia, que finalmente recibió el nombre de Ávila TV. Durante ese año se creó el canal Vive TV, también adscrito al Estado.
La compra gubernamental del canal privado CMT, para destinarlo a la señal local de Telesur, en 2006, y la creación de TVES en 2007, que pasó a utilizar la señal que había utilizado RCTV durante más de medio siglo, son elementos claves en este aparato gubernamental de medios, pues en ambos casos la aparición de nuevas pantallas oficiales significó la desaparición de señales privadas independientes, el caso de CMT, o bien con línea editorial crítica, el caso de RCTV. La reducción de espacios mediáticos e independientes, una acción recurrente a lo largo de los años del gobierno del presidente Chávez, tiene obvio impacto en el contexto electoral, pues reduce los espacios para que las voces disidentes u opositoras puedan exponerle a la sociedad sus puntos de vista. El proyecto oficial de una hegemonía mediática ha creado un cerco paulatino a la crítica pública por parte de periodistas, dirigentes políticos y activistas de la sociedad civil.
De acuerdo con diversos monitoreos de medios, estos canales gubernamentales han tenido un evidente sesgo político, que incluso podría catalogarse de discriminación política, siendo que pese a ser bienes del Estado, y por tanto públicos, invisibilizan a una parte de la sociedad venezolana por no comulgar ésta con el proyecto político que encabeza Hugo Chávez. Un estudio realizado por el investigador Bernardino Herrera del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la Universidad Central de Venezuela (ININCO-UCV) comprobó que más del 70 por ciento de un día de programación regular de VTV, la principal señal estatal, estaba formada por información-opinión sesgada, propaganda partidista-gubernamental y la repetición de las alocuciones presidenciales. Entretanto, al estudiar la programación de TVES, el canal oficial que sustituyó a RCTV con la promesa de que se establecería una televisora de servicio público, el director del ININCO-UCV Gustavo Hernández demostró que esta señal pasó a ser utilizada por el gobierno “con la finalidad de propagar su doctrina política a través de los informativos, promociones y propaganda de instituciones públicas. Estas propagandas, que se repiten incesantemente durante toda la programación, persiguen fomentar el adoctrinamiento político de la población, además de exacerbar el culto a la personalidad de Chávez”.
Este culto a la personalidad de Hugo Chávez como líder de la “Revolución Bolivariana” cuenta a partir del período 2005-2007 con un abultado número de medios, especialmente radioeléctricos que de forma sistemática en tiempos de elecciones promueven la figura del presidente de forma incesante, hacen propaganda electoral de forma abierta a partir de la obra de gobierno, e invisibilizan o caricaturizan a los actores de oposición. Junto al conjunto de canales de televisión y radio que directamente administra el gobierno, se cuentan innumerables medios comunitarios que se han adherido a esta línea editorial. La tesis de Andrés Izarra, en el sentido de constituir una hegemonía mediática oficial, parece haberse hecho realidad en Venezuela y cumple tareas políticas específicas en los contextos electorales.
Un cambio significativo en materia de medios, con implicaciones directas en materia de libertad de expresión e información, ha estado en la conformación de un aparato mediático estatal en Venezuela. En la medida en que este conjunto de medios están distantes de cumplir una función pública, su programación en el contexto electoral termina teniendo un impacto notable.
La conformación de dicho aparato comenzó a hacerse clara a partir del año 2004. A escasos días del referendo revocatorio que tuvo lugar el 15 de agosto de 2004, el entonces ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, anunció la aplicación de una “política agresiva” destinada a reforzar todos los sistemas de producción y recopilación de noticias en canales y emisoras de radio con carácter gubernamental.
Un año después, en 2005, puede verse con claridad la consolidación del aparato mediático gubernamental. El investigador Marcelino Bisbal ha señalado que el modelo no es otro que “el Estado comunicador”. En enero de 2005 se anunció la creación del canal internacional Telesur, por parte del ministro Izarra, quien de forma simultánea pasó a ser su presidente. Ese mismo mes, al asumir la presidencia de la Asamblea Nacional, Nicolás Maduro, anunció la creación de un canal del parlamento. Finalmente, en diciembre de 2005 el Alcalde Mayor de Caracas, Juan Barreto, entonces una figura muy cercana al presidente Chávez, anunciaba la creación de un canal de televisión para esa dependencia, que finalmente recibió el nombre de Ávila TV. Durante ese año se creó el canal Vive TV, también adscrito al Estado.
La compra gubernamental del canal privado CMT, para destinarlo a la señal local de Telesur, en 2006, y la creación de TVES en 2007, que pasó a utilizar la señal que había utilizado RCTV durante más de medio siglo, son elementos claves en este aparato gubernamental de medios, pues en ambos casos la aparición de nuevas pantallas oficiales significó la desaparición de señales privadas independientes, el caso de CMT, o bien con línea editorial crítica, el caso de RCTV. La reducción de espacios mediáticos e independientes, una acción recurrente a lo largo de los años del gobierno del presidente Chávez, tiene obvio impacto en el contexto electoral, pues reduce los espacios para que las voces disidentes u opositoras puedan exponerle a la sociedad sus puntos de vista. El proyecto oficial de una hegemonía mediática ha creado un cerco paulatino a la crítica pública por parte de periodistas, dirigentes políticos y activistas de la sociedad civil.
De acuerdo con diversos monitoreos de medios, estos canales gubernamentales han tenido un evidente sesgo político, que incluso podría catalogarse de discriminación política, siendo que pese a ser bienes del Estado, y por tanto públicos, invisibilizan a una parte de la sociedad venezolana por no comulgar ésta con el proyecto político que encabeza Hugo Chávez. Un estudio realizado por el investigador Bernardino Herrera del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la Universidad Central de Venezuela (ININCO-UCV) comprobó que más del 70 por ciento de un día de programación regular de VTV, la principal señal estatal, estaba formada por información-opinión sesgada, propaganda partidista-gubernamental y la repetición de las alocuciones presidenciales. Entretanto, al estudiar la programación de TVES, el canal oficial que sustituyó a RCTV con la promesa de que se establecería una televisora de servicio público, el director del ININCO-UCV Gustavo Hernández demostró que esta señal pasó a ser utilizada por el gobierno “con la finalidad de propagar su doctrina política a través de los informativos, promociones y propaganda de instituciones públicas. Estas propagandas, que se repiten incesantemente durante toda la programación, persiguen fomentar el adoctrinamiento político de la población, además de exacerbar el culto a la personalidad de Chávez”.
Este culto a la personalidad de Hugo Chávez como líder de la “Revolución Bolivariana” cuenta a partir del período 2005-2007 con un abultado número de medios, especialmente radioeléctricos que de forma sistemática en tiempos de elecciones promueven la figura del presidente de forma incesante, hacen propaganda electoral de forma abierta a partir de la obra de gobierno, e invisibilizan o caricaturizan a los actores de oposición. Junto al conjunto de canales de televisión y radio que directamente administra el gobierno, se cuentan innumerables medios comunitarios que se han adherido a esta línea editorial. La tesis de Andrés Izarra, en el sentido de constituir una hegemonía mediática oficial, parece haberse hecho realidad en Venezuela y cumple tareas políticas específicas en los contextos electorales.



