El camino correcto
El domingo pasado tuvimos una clara demostración de la vocación democrática de la oposición venezolana. Y si vemos este primer paso, en el camino correcto, desde una perspectiva política y de principios, puede esperarse que en septiembre próximo se configurará una Asamblea Nacional mucho más democrática, en primer término porque tendrá un carácter plural, y realmente será representativa, en la medida en que muchos aspirantes a diputados se han sometido ya a la prueba electoral el último domingo de abril.
El Parlamento, por su propia condición de foro público con representación disímil, cumple una enorme función en materia de libertad de expresión y de acceso a la información pública. En sus orígenes, la libertad de expresión que se estableció en la Inglaterra del siglo XVII, tenía por objetivo proteger el debate parlamentario, de allí viene la idea de que los legisladores gocen de un fuero especial. En el seno del parlamento no sólo se discuten y aprueban leyes, asunto de por sí neurálgico, sino que se da cuenta en dicho espacio del devenir nacional. Si funciona correctamente, el debate parlamentario es una suerte de pulso político. Claro, para que eso ocurra deben existir distintas corrientes representadas en la Asamblea Nacional. La representación monolítica, con salvadas excepciones, que se ha vivido en los últimos años, en Venezuela, atrofió severamente una de las principales tareas parlamentarias: el debate plural sobre el país.
Viendo el tema, como hemos dicho desde una perspectiva de la libertad de expresión, es políticamente correcto que la oposición arme su estrategia en torno a la recuperación de su espacio natural dentro de la Asamblea Nacional, y en ese sentido las elecciones del domingo son una primera y muy positiva señal. Fue un enorme error, jugar la carta de la abstención como ocurrió en 2005. Es difícil entender aquella decisión, pues si lo que se quería era contrarrestar los afanes controladores y hegemónicos de Hugo Chávez y su proyecto político, en realidad se le hizo un enorme favor a éste al dejarle vacía la cancha. Así ocurrió hace cinco años, y eso le permitió al chavismo no sólo controlar la Asamblea Nacional, para aprobar leyes afines al régimen –como de facto sucedió- sino también –y es igualmente grave- le otorgó el poder para controlar al resto de poderes públicos. No puede olvidarse que los funcionarios al frente de entidades como Tribunal Supremo, Fiscalía General, Contraloría General o Defensoría del Pueblo, son designados en votaciones que tienen lugar en el seno del parlamento.
Además de las funciones de legislar o de nombrar a las cabezas de otros poderes públicos, el Parlamento es un lugar estratégico para hacer veeduría del poder ejecutivo. Actualmente dicha función también está olvidada, pero los nuevos diputados que sean electos en septiembre deberán recuperar la práctica de escudriñar qué hace el gobierno con los fondos públicos, que son de todos. Una de las funciones claves de la Asamblea Nacional es justamente solicitar información al Estado y hacerla pública para que todos los ciudadanos sepamos qué se hace y con quién con los fondos públicos.
Que no quepan dudas, recuperar la presencia opositora en el parlamento es prioridad para este 2010.




