Archivo de Febrero, 2010

Cerco a la libertad de expresión

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El año 2010 ha comenzado con señales preocupantes, dentro de un clima de deterioro en materia de libertad de expresión y derecho a la información. El hecho de que sea éste un año electoral, y en el cual además se juega una posición estratégica por el control de la Asamblea Nacional, le otorga una connotación política a lo que ha venido ocurriendo. A medida que ha decrecido el apoyo popular para el presidente Hugo Chávez, éste ha dado otra vuelta de tuerca en su plan de establecer un modelo de hegemonía y control sobre la comunicación e información. Un escenario de disputa electoral cerrada para septiembre, cuando tendrán lugar las elecciones parlamentarias, ayuda a explicar la serie de acciones que buscan cerrar espacios para la crítica pública, pese al costo político que tienen tales medidas.

Dos hechos resaltan de forma significativa en estas primeras semanas del 2010. En primer lugar, el cese de las transmisiones del canal RCTV Internacional a través del sistema de televisión por suscripción. A todas luces, y eso ya lo habíamos alertado meses atrás, la pretendida regulación del cable no era otra cosa que una cortina de humo, el fin último era sancionar a este canal, y de esa forma enviar un mensaje al ecosistema de medios: quienes no ceden en su línea editorial serán castigados. No debe resultar llamativo, entonces, que de los centenares de medios audiovisuales que entran dentro de la providencia aprobada en vísperas de navidad por CONATEL, sólo RCTV haya sido el medio castigado. En esta oportunidad, el gobierno recurrió a las presiones sobre las empresas de la TV paga, de esa forma lanza su excusa: no hemos sido nosotros, el gobierno, fueron las empresas que tomaron la decisión. Tendría que vivirse en otro país, para no darse cuenta de que ese segundo blackout, ejecutado a medianoche y sincronizado por todas las empresas de la televisión por suscripción, en realidad respondió a una decisión política del gobierno.

Este segundo blackout de RCTV priva a los sectores opositores de una plataforma de exposición mediática en medio de un año electoral, en el cual se evidenciará la desigual fuerza comunicacional, que hoy juega a favor del gobierno. No se trata solamente de que el gobierno de Chávez cuente con más medios, que un asunto central en la Venezuela de hoy, pues multiplicó el número de éstos bajo su administración, sino que a la par se ha logrado crear un clima de autocensura. El sector de la radio es sintomático: después del cierre de las 34 estaciones en julio hubo un reacomodo generalizado. La radio venezolana es, en líneas generales, menos crítica, más complaciente con el régimen. Tal como quería Diosdado Cabello, dedicada a entretener con menos opinadores.

Entretanto, la reciente salida de Alberto Federico Ravell de la dirección general del canal Globovisión, puso en evidencia otra línea de acción oficial: presionar para un cambio en la línea editorial de un medio, llegando incluso al chantaje de los propietarios en relación a otras actividades empresariales de éstos. Ravell, con el estilo que le caracteriza, puso el tema sobre el tapete público, sin embargo cabe preguntarse sobre cuáles otros medios se produjeron presiones similares por parte del gobierno y sencillamente los empresarios decidieron bajar la cabeza para no ser molestados. Es difícil creer que este esquema chantajista, para cercar la libertad de expresión y especialmente el derecho ciudadano a estar informado, sólo sea una excepción y se haya aplicado exclusivamente a Globovisión.

Globovisión y una corresponsal extranjera

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En julio del año pasado me enzarcé en una amable pero franca discusión con una corresponsal extranjera acreditada en Venezuela, quien tenía una visión un tanto cándida de la realidad nacional. Por aquellos días crecía el montaje judicial sobre Guillermo Zuloaga y desde mi punto de vista, tales acciones debían verse a la luz del cerco que –paulatinamente- va imponiendo el gobierno de Hugo Chávez en materia de libertad de expresión y derecho a la información. No podía desligarse el hecho de que este empresario es el accionista principal de Globovisión, y que este canal se distingue por su línea editorial crítica contra el régimen, en un ecosistema mediático cada vez más plegado a la voluntad oficial. No estaba al tanto de los asuntos impositivos y aduaneros de Guillermo Zuloaga, pero me llamaba poderosamente la atención de que las autoridades sólo actuaran sobre su empresa, dedicada a la importación y venta de vehículos.
Le decía a esta corresponsal, que debía ver el contexto, ver si otros empresarios dedicados a la venta e importación de vehículos habían sufrido allanamientos, o si luego de que se actuara sobre Zuloaga se le daba continuidad a una suerte de cacería a la especulación en el campo automotriz. No pasó ni lo uno, ni lo otro. En realidad presenciamos un desproporcionado montaje policial-judicial que básicamente quería decirle al resto del país: no hay intocables, si queremos fastidiar a alguien tenemos cómo hacerlo. Ya ni siquiera era relevante la responsabilidad o no del empresario, éste quedó atrapado en la telaraña judicial de Venezuela. Le decía a esta corresponsal que en nuestro país la sola apertura de un juicio, con la imposición de medidas como la presentación recurrente a tribunales, la prohibición de salida del país, etcétera, es en sí mismo un castigo, no hace falta estar condenado. Este caso de Guillermo Zuloaga evidenció, una vez más, como la justicia viene operando al servicio de los deseos políticos del gobierno.
Una de las mentes más perversas ligadas al gobierno le tendió una trampa a Zuloaga y los accionistas de Globovisión. Perseguidos personal y empresarialmente en los últimos meses de forma tenaz, se convirtieron en objeto de observación pública: ¿cambiará el canal su línea editorial motivado por las presiones de todo tipo? Así, lo que el empresario sostiene fue una diferencia personal con Alberto Federico Ravell, termina por minar la credibilidad del medio. La justicia, que opera motivada por estrategias políticas, puso la guinda: a menos de 24 horas de que Ravell dijera que fue renunciado, un juez le permitía a Zuloaga y su hijo salir del país.

Ni tan de repente

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Es difícil que, a estas alturas, el presidente Hugo Chávez pueda sorprender a la audiencia en Venezuela con sus apariciones mediáticas. Sus más de 2.000 cadenas nacionales de radio y televisión, que en 11 años significan que uno de cada dos días interrumpió la programación de toda la radio y la televisión del país, un número similar de horas a las cadenas pero en su maratón de los domingos, “Aló, Presidente”, simbolizan a un jefe de Estado en una suerte de largo monólogo.
Ahora no parecen serle suficientes su show mediático de cada domingo, ni sus recurrentes cadenas nacionales de radio y televisión. Desde ayer inició la transmisión de un programa radial, llamado “De repente… Con Chávez”, el cual no tendrá horario ni día predeterminado. El que Chávez aparezca en nuestros hogares, gracias a la magia comunicacional, no es nada novedoso, en realidad es la cara más visible y la voz más oída de la última década, en Venezuela. No es de repente, es en realidad… otra vez Chávez. Una y otra vez.
El nuevo programa radial del presidente no tendrá horario ni fecha en el calendario, y vale acortar que tampoco las han tenido las cadenas nacionales de radio y televisión, que prácticamente suceden cuando se le antoja al jefe de Estado. No hay novedad en ello. Difícil alguna novedad comunicacional con tantos años en el poder, con tanta exposición mediática.
Una primera lectura del anunciado programa radial puede indicar que el presidente Chávez se prepara para una campaña electoral difícil, de cara a las parlamentarias de septiembre próximo, y la radio tiene importantes niveles de sintonía especialmente en el interior del país. Por otro lado, este cambio de estrategia comunicacional podría responder al cansancio que hay entre la audiencia venezolana por el cúmulo de cadenas y mensajes presidenciales de radio y televisión.
El nuevo programa, según Chávez, se inscribe en la “batalla mediática” que dice librar con los “medios privados de la oligarquía” que han intentado “manipular a la opinión pública con informaciones falsas”. Es parte, dice, “de la artillería del pensamiento”. El monólogo debe seguir.

La cadena 2000

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Este 2 de febrero se cumplieron 11 años del presidente Hugo Chávez en el poder, hecho que por sí mismo ya marca un hito en nuestra historia republicana, pues es el hombre que más tiempo ha permanecido en la presidencia de forma continua en Venezuela (sólo 48 horas estuvo sin ejercerla en estos años), apenas superado por el benemérito Juan Vicente Gómez. Tal acumulación de tiempo en el ejercicio del poder sería motivo de variadas interpretaciones sobre la salud democrática de nuestro país. La celebración oficial, como es costumbre, incluyó una cadena nacional de radio y televisión. De forma coincidente, y a la vez simbólica, tal cadena fue la número 2.000 en estos 11 años.
Aquí no están contabilizadas las horas de transmisión de su programa “Aló, Presidente”, que es otra suerte de cadena de la radio y la televisión gubernamental.
Si desagregamos estos 11 años en días, el presidente Chávez ha estado al mando durante 4.015 días. Una simple operación aritmética nos evidencia que la mitad de sus días de gobierno el jefe de Estado los ha invertido en encadenar a toda la radio y la televisión del país. Tal actuación, absolutamente desproporcionada y abusiva en el uso del espectro radioeléctrico que es un bien público, es una de las razones para explicar el aumento de la televisión por suscripción en Venezuela, que también estuvo potenciado por el primer blackout de RCTV. El que en millones de hogares venezolanos se opte por emigrar a los canales del cable cada vez que el presidente lanza una cadena, y esto es un asunto estudiado por el ejecutivo nacional, ayuda a entender la nueva obsesión oficial: controlar la emisión de la televisión por cable que se hace en Venezuela. Constituía una derrota simbólica que los venezolanos, incluyendo a miles de seguidores del jefe de Estado, prefirieran sintonizar a RCTV -en el cable- antes que seguir alguna de las repetitivas peroratas presidenciales. Desde mi punto de vista esa es una de las razones que motivaron al segundo blackout del canal de Quinta Crespo.
Volvamos a las cadenas. Tal mecanismo existe en la ley pero muy claramente se limita a la transmisión de actos de interés público. La finalidad pública, y aquí conviene aclarar que lo público no es sinónimo de gubernamental, nos concierne a todos. Los mensajes presidenciales en cadena nacional no cumplen, en su gran mayoría, con tal propósito. El jefe de Estado utiliza un bien público y un mecanismo con fines de interés colectivo, como en efecto lo son las cadenas, para hablarle a una parte del país (a sus seguidores), y en no pocos casos para despotricar contra el resto de la sociedad; esa otra parte, por cierto, ya no es nada escuálida, sino que literalmente representa la mitad de la nación -o quizás más- que se opone a su proyecto hegemónico.

Tania, la presidenta

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La periodista Tania Díaz está ahora al frente de VTV. Hace unos cuantos años que esta señal dejó de hacerle honor a su tradicional slogan: el canal de todos los venezolanos. Ni siquiera podría decirse que es el canal del proceso bolivariano. Es una señal al servicio del PSUV, y de las directrices del presidente Chávez; es una pantalla de la cual –según la coyuntura política- hasta resultan excluidos aliados políticos del gobierno como el PPT y el PCV. De hecho, es previsible que la campaña electoral de cara a las parlamentarias, estos dos pequeños partidos, que se negaron a perder su identidad y que de forma taciturna cuestionan el poder hegemónico del PSUV, sean invisibilizados en VTV. Ha sido así la práctica, al menos hasta ahora, cuando estas agrupaciones levantaron sus voces de protesta.
Le revolución premia lealtades, no la crítica. El propio ascenso de Tania Díaz evidencia tal práctica política.
En los regímenes personalistas el ascenso político está vinculado estrechamente a las conexiones personales que se tienen con el círculo del poder, el cual con el paso del tiempo se hace más reducido. Se achica en la medida en que lo que se valora es la lealtad absoluta, no el desempeño o las credenciales profesionales. Tania, si nos guiamos por los gestos que le concede el presidente Chávez, como eso transmitir los consejos de ministros precisamente en su espacio televisivo, está muy cerca del poder. Su lealtad la ha demostrado sobradamente en dicho espacio, apelando a la descalificación automática de cualquiera que haga críticas al régimen. Compartir tribuna, y mostrarse complacida por ello, con Alberto Nolia, es toda una referencia personal en los tiempos que corren.
Para sobrevivir en un cargo que se presenta como esquivo, pues en la presidencia de VTV el tiempo de permanencia difícilmente llega a un año continuo, Tania tendrá que poner en práctica sus dotes exhibidos hasta ahora: cercanía con el jefe y lealtad sin discusión. Con tales elementos en la presidencia del canal no es difícil pronosticar cuál será la cobertura de VTV en un año electoral, que tiene como telón de fondo un descontento social con diferentes acentos por decisión oficiales. Será el canal de los que acepten todo sin rechistar, el canal de una minoría de venezolanos.