Extraordinario y cotidiano
Volvamos a lo extraordinario y lo cotidiano. Hasta hace algunos años era cotidiano en Venezuela contar con servicios de energía eléctrica y agua potable. Es decir, lo normal, lo cotidiano, era tener dichos servicios con regularidad, incluso en muchas barriadas populares del país. Tales servicios, en los últimos tiempos, han pasado a ser algo extraordinario. Paséese por diversas conversaciones de su familia o compañeros de trabajo y/o estudio y se encontrará que hoy es motivo de anuncios extraordinarios algo que debería ser cotidiano como contar con estos servicios básicos: ¡llegó el agua!, ¡hoy no se fue la luz¡.
Hace algunos años en una visita a Cuba un amigo escritor, que tenía al mismo tiempo una lectura corrosiva de la isla, pero tampoco tenía entre sus planes irse al exilio, me comentaba una cruda paradoja que el socialismo no logró superar, ni en suelo cubano, ni en la propia Unión Soviética. Me decía éste amigo: en Cuba te pueden hacer de forma gratuita una operación muy especializada en corazón abierto, y ese sin duda alguna es un logro de la revolución; pero si se te ocurre ir a la farmacia a comprar una aspirina, no la encontrarás de ningún modo. Esa cruda paradoja atravesaba a muchos campos de la vida en Cuba: una alta tecnología para resolver algunos problemas, pero al mismo tiempo carencias básicas. A fin de cuentas, y no es un juego de palabras, lo extraordinario se hacía cotidiano en Cuba (con las operaciones especializadas), pero al mismo tiempo lo que debería ser común pasaba a ser especial (conseguir una aspirina).
En Venezuela, el proceso bolivariano que insiste en llevar al país a un socialismo que ni la propia dirigencia puede definir con exactitud, parece haber copiado algunos defectos del régimen cubano. De esa forma, y es lamentable para quienes vivimos aquí, cosas cotidianas, que deberían funcionar como servicios básicos indispensables tales como el agua, la luz, la recolección de la basura, etcétera, pasan a ser cuestiones extraordinarias. La revolución que demanda el país es aquella en la cual la gente tenga calidad de vida, y para ello es necesario que lo cotidiano no sea un asunto extraordinario.


