Archivo del tema 'Libertad de Expresión'

Globovisión en clave de telenovela

Hace algunos años, cuando Teodoro Petkoff y Javier Conde me propusieron escribir semanalmente sobre medios, democracia y libertad de expresión en las páginas de Tal Cual, debo confesar que tuve el temor de que me faltaran temas algunas semanas para llenar las respectivas cuartillas que escribimos bajo el título de Infocracia. Les dije a ambos, un poco para cuidarme las espaldas, que cuando no hubiese material local pues comentaría hechos de otras latitudes. Esto último, en verdad, ha sido la excepción.

Empezamos con la columna la primera semana del año 2007 y ya aquel año fue intenso en la temática con la decisión oficial de no renovarle la concesión a RCTV. El gobierno del presidente Chávez, y ahora con el sr. Maduro a la cabeza, se ha  encargado durante los últimos años de proporcionar material diríamos que de sobra. De hecho, al momento de escribir este artículo me preguntaba sí debía volver sobre lo que ya parece una telenovela, el caso Globovisión, o si abordar la nueva estrategia oficial de invitar a empresarios a encuentros cara a cara, que ahora también se extiende para el sector empresarial de medios. El canal de noticias sigue teniendo muchas aristas, mucha tela para cortar como dice el refrán popular.

En un arco importante de tiempo un tema recurrente de esta columna ha sido el canal Globovisión. La semana pasada, en una carta pública que le dirigimos a Vladimir Villegas, dimos cuenta de las preocupaciones que precisamente desde el año 2007 hemos venido sosteniendo en torno a este medio de comunicación. Alertar a la opinión pública sobre la estrategia oficial de desgaste con juicios, multas y procedimientos (junto a ataques y agresiones) que siguió el chavismo desde 2007 para silenciar a Globovisión, de ninguna manera debe entenderse como una solidaridad automática para todo con lo que este medio de comunicación ha hecho en su óptica editorial e informativa. Puestos a elegir entre dos males, un gobierno que quiere silenciar todo vestigio de crítica en la escena pública, y un medio de comunicación parcializado con la oposición que le limitó en su capacidad de explicar lo que ha venido ocurriendo en el país, pues nuestra opción ha sido clara y lo seguirá siendo: debe defenderse a Globovisión o a cualquier otro medio que intente ser sancionado, en castigo por su línea editorial.

Por esa razón me conté entre los venezolanos que tuvo una bocanada de esperanza (sí, esperanza) el día en que se dijo que un periodista con capacidad de crítica (pero sobre todo de autocrítica) como Villegas asumiría la dirección general de Globovisión. Tranquilo, Vladimir, no es ésta otra carta pública, pero no puedo dejar de mencionar que si me guió por tus declaraciones públicas, apostando a un “periodismo plural”, era de esperar una renovación periodística saludable en el canal de noticias. La abrupta salida de Villegas, sin siquiera asumir el cargo formalmente, por razones relacionadas claramente con el manejo informativo de Globovisión no puede llenar sino de desesperanza e incertidumbre. La asunción de Juan Domingo Cordero como director general interino (a la sazón es el presidente) evidencia que las diferencias con Villegas fueron realmente de peso y que se manifestaron muy a última hora, tanto que este hombre de negocios con experiencia nula en materia de medios asumió temporalmente el cargo. La no aparición, de forma inmediata como ameritaba el caso, de un sustituto para Vladimir Villegas refleja cabalmente la particularidad del perfil de quien asuma tal responsabilidad.

Mi amigo Alberto Barrera Tyszka seguramente podría generar un guión para una telenovela con el tema Globovisión, debido a elementos como la novedad, lo inesperado y una creciente expectativa. Aunque muchos venezolanos ya auguran cómo terminará la historia, igual la siguen paso a paso sin perder un ápice de interés. En medio de las exequias del presidente Chávez se anuncia la venta del canal, el propietario saliente mantiene un discurso de padre protector sobre el personal que labora en la planta, se anuncia la venta pero sólo se concretará precisamente al día siguiente de unos esperados comicios presidenciales, efectivamente se concreta la venta y los nuevos dueños insisten en asegurar que no son testaferros, se anuncia con bombos y platillos a un director general externo en decisión políticamente aplaudida, horas antes de que asuma este director general dice que no será un jarrón chino y renuncia, el otro director –éste sí conductor de un espacio en el mismo canal- asume y sus colegas dicen al aire que lo está haciendo incluso sacrificando su salud, los dueños compran un canal abiertamente opositor con una decena de procedimientos abiertos y aseguran que nada cambiará… Puede usted añadir otras líneas a esta historia. Así está Globovisión, así está el país.

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Carta a Vladimir Villegas

La pregunta, que por mi condición de estudioso de medios, se hizo recurrente en los últimos días tiene que ver justamente con tu designación Vladimir como director del canal de noticias Globovisión. ¿Qué opinas de la entrada de Villegas a Globovisión? Me han preguntado con frecuencia. Debo decirte que estás posiblemente en una de las posiciones que serán más observadas en este tiempo en Venezuela. La trama compleja que se teje entre los medios de comunicación y el poder político-económico no es un asunto nuevo en el país ni exclusivo de Venezuela, pero sin duda aquí adquiere algunas características particulares.

Vladimir, llegas a dirigir la única ventana de expresión televisiva que claramente tenía una orientación abiertamente crítica hacia el régimen, en un momento en el cual los propietarios salientes terminaron siendo doblegados para deshacerse del medio. Llegas a dirigir un canal de noticias con una trayectoria claramente de oposición, que deberá llevar su propia transición cuando en el país se observa lo que sin duda es una transición: por primera vez en 14 años se reconstituye una nueva mayoría gracias al voto popular y al liderazgo de Henrique Capriles Radonski. Mayoría política que, por cierto, está siendo invisibilizada y descalificada de forma recurrente por el aparato de propaganda oficial que dirige nada menos que tu hermano Ernesto.

La siguiente pregunta que me han hecho de forma reiterada en los últimos días es si te conozco o si soy amigo tuyo, Vladimir. Mi respuesta es invariable. No somos amigos, te he visto en contadas ocasiones, no recuerdo que me hayas hecho alguna entrevista por ejemplo, pero en general tengo una buena opinión de tu desempeño como periodista, especialmente cuando decidiste regresar a la trinchera periodística tras tu paso por el gobierno. Te defino como un tipo de izquierda que piensa con cabeza propia. Eso te convierte en un bicho raro en nuestro país, dado el contexto de alineaciones políticas e ideológicas diríamos que automáticas con el que se vive el presente venezolano, incluso por el sector pensante de la sociedad.

Una anécdota que me tocó personalmente me confirmó tu vocación tolerante, a fin de cuentas demócrata. Estando tú aún en funciones como vicecanciller un periodista te buscó la lengua, en un programa de radio, en torno a la condición de “agente del imperio” que se me endilgaba a mí en una campaña feroz desde los medios oficiales. Fuiste categórico, aún siendo funcionario, para desmarcarte y sostener que si bien yo era (y sigo siéndolo) un crítico del chavismo, eso no me hacía menos venezolano. No te expresé nunca mi agradecimiento, lo hago ahora, y justamente me animé a contar esta vivencia personal para poner de relieve tu condición de una persona con independencia de criterios. Esto es bastante relevante en la medida en que tu designación como director de Globovisión se entiende como una “jugada política” de parte de los nuevos propietarios del medio, que si bien pueden apostar a cambios en el canal de noticias, tales transformaciones no deben ser bruscas. A fin de cuentas Globovisión es un negocio y los nuevos dueños no habrán comprado un medio de comunicación para acabar con éste.

Por allá por el período 2007-2008, una vez que cesó la señal de RCTV, sostuve muchas discusiones con colegas especialmente extranjeros y con más de un corresponsal internacional. En general prevalecía la idea de que se iba a producir un cierre automático de Globovisión tras la salida al aire del canal de Quinta Crespo. Desde entonces sostuve que no creía, con total sinceridad, que el gobierno de Hugo Chávez repetiría una estrategia que tuvo costos altos tanto a nivel interno como externo. En el año 2009 escribí que contra Globovisión se aplicaría una estrategia de desgaste (sanciones, inspecciones, procesos judiciales y tributarios, ataques contra sus periodistas e instalaciones), que en el fondo buscaría variar la línea editorial de este medio. En ese momento también hice públicas mis opiniones en las que planteaba que la mejor defensa que podría tener Globovisión ante la maquinaria del Estado era precisamente ser un canal plural, en el cual el chavismo crítico y el ciudadano de a pie (sin importar su bandera política) encontraran también un altavoz para sus posiciones y cuestionamientos. Terminar colocándose como el canal de la oposición no le hacía bien a Globovisión, ni entonces ni ahora.

Recapitulo todas estas consideraciones, Vladimir, porque justamente llegas a la dirección de Globovisión en un momento de cambios y sobretodo de expectativas. El que hagas llave con Leopoldo Castillo ha sido interpretado precisamente como una decisión política. Y aquí cabe acotar que el manejo gerencial de un medio de comunicación en la Venezuela actual, es a fin de cuentas es una decisión política. Tu tarea no será fácil, desde mi punto de vista lo que tienes por delante es el tremendo desafío de seguir informando, en una sociedad en la cual el Estado hace mucha propaganda y brinda poca información, al frente de una medio que justamente deberá contribuir a cimentar un nuevo centro político, en el cual confluyan diversidades políticos e ideológicas. Si tienes éxito en tu gestión, y logras mantenerte en el tiempo (otro desafío sin duda), habrás hecho una enorme contribución a Venezuela. Yo, en lo personal, te doy un voto de confianza.

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Globovisión, símbolo de una época

La venta de la mayoría de acciones del canal Globovisión al empresario Juan Domingo Cordero, por parte de Guillermo Zuloaga, debe ubicarse en un contexto más amplio. No se trata obviamente de cualquier transacción empresarial. Desde mi punto de vista simboliza claramente una época, ésta del chavismo, y envía un mensaje muy claro a los medios de comunicación con línea editorial crítica. La venta forzada del canal de noticias ha sido el resultado de una sistemática campaña de hostigamiento gubernamental, que se agudizó con mucha claridad a partir del cierre de RCTV en 2007.

Por aquel año de 2007 sostuve más de una discusión con colegas del mundo comunicacional de Venezuela y de América Latina. Desde mi punto de vista, entonces y ahora, era claro que el gobierno había aprendido la lección en relación con el alto costo político que le representó el cierre de RCTV, tanto a nivel interno como en el exterior. Ese caso fue llevado hasta sus últimas consecuencias por una empecinada determinación del presidente Chávez, que para aquel momento recién había sido reelecto y contaba además de la base de apoyo popular con unas perspectivas económicas pujantes. El cierre de RCTV fue catalizador para la irrupción pública del movimiento estudiantil y tuvo un impacto en la primera derrota electoral del régimen, a propósito de la propuesta de reforma constitucional.

Así las cosas, no era previsible que el gobierno de Chávez repitiera la misma fórmula y optara por cerrar Globovisión. Se ensayó, y los hechos vienen a demostrarlo, un nuevo esquema: un hostigamiento sistemático de bajo o mediano impacto (sin que una medida implicara en sí el cierre) pero colocando sobre las finanzas, operaciones y personal de este medio de comunicación una carga tan alta que finalmente lo hizo inviable.

Dos hechos recientes simbolizan la estrategia oficial que ahora rinde sus frutos. A mediados del año pasado el canal de noticias fue obligado a pagar una multa equivalente a algo más de dos millones de dólares por presuntamente “generar zozobra” cuando informó de lo ocurrido en la cárcel de El Rodeo (año 2011). El proceso de apelación que introdujo Globovisión terminó con una decisión aún peor, según el Tribunal Supremo de Justicia si el canal no pagaba la multa de forma perentoria iban a ser embargados sus bienes por el triple del monto original. El canal pagó, obviamente bajo protesta.

El otro hecho ocurrió hace escasas semanas y ya lo abordamos de forma extensa en un artículo anterior, se trata de la Televisión Digital Terrestre (TDA). Globovisión, sin justificación alguna que pueda explicarse técnicamente, fue excluida de la parrilla de canales en el nuevo sistema digital. Tal medida oficial, implicaba el rezago tecnológico del canal y su segura desaparición en 2020, cuando cesen las transmisiones analógicas en el país. A esto se unió el vencimiento próximo de la concesión, una habilitación para poder operar cuyo otorgamiento y revocatoria es manejado con absoluta discrecionalidad por parte de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones. CONATEL no tiene reglas de juego claras y transparentes en el manejo de la concesiones, con lo cual los medios radioeléctricos del país están en una situación de debilidad jurídica-administrativa.

Cada vez que asisto a un congreso o seminario internacional los colegas de otros países me preguntan: ¿hay libertad de expresión en Venezuela? Mi respuesta, invariable y que además se refuerza con el caso de Globovisión, apunta a señalar que sí, que en Venezuela se pueden expresar las voces críticas pero cada vez por un menor número de medios a su alcance. Además, la clara evidencia de que en el país la libertad de expresión está en franco retroceso no sólo se puede medir por el número de medios críticos del gobierno que están activos, sino por el costo que se le pone a quienes ejercen la crítica pública. Efectivamente Globovisión no ha sido cerrado de forma directa por el poder ejecutivo, pero se encontró otra forma de sancionar al medio por mantener una línea editorial cuestionadora del régimen.

La carta de Guillermo Zuloaga a los trabajadores del medio es tal vez el más duro testimonio de los costos que conlleva mantener una voz disidente en ésta época en Venezuela. La inviabilidad del medio, a lo cual se refiere la misiva, no tiene que ver con un mal modelo de negocios; la inviabilidad en este caso es consecuencia de las sanciones directas e indirectas que en los últimos años impuso el gobierno de Hugo Chávez a Globovisión. Este caso, con seguridad, será digno de estudio por los expertos de libertad de expresión en América Latina. Un régimen que no tolera la crítica pública logra castigar a un medio y ha sido tan eficaz la estrategia que hasta puede presentarla como una simple transacción empresarial.

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El laberinto comunicacional

Ha dejado de existir el Sistema Nacional de Medios Públicos. Al menos así se desprende del reciente anuncio oficial de crear el Sistema Bolivariano de Comunicación e Información, por parte del vicepresidente Nicolás Maduro y el ministro Ernesto Villegas. Desechar el modelo de Andrés Izarra, a fin de cuentas padre creador del anterior modelo, pone sobre el tapete al menos dos asuntos de naturaleza política. El primero tiene que ver con la proyección a largo plazo del binomio Maduro-Villegas en el poder, puesto que nadie reformula y replantea un asunto tan neurálgico, como la política comunicacional, sino está pensando permanecer por tiempo prolongado en el ejercicio de funciones gubernamentales.

El nuevo modelo, por otra parte, deja en evidencia la ineficiencia y los límites de las posibilidades comunicacionales de este gobierno. Si a estas alturas Villegas sostiene que debe apelar al megáfono, volantes e incluso carteleras, para poder hacer frente a las campañas mediáticas entonces algo no está funcionando bien. A partir de la gestión de Izarra al frente del Ministerio de Comunicación e Información (MINCI), el gobierno logró consolidar un aparato mediático, especialmente en televisión y radio, con cobertura total del territorio nacional. Si efectivamente, como sostiene Villegas, debe apelarse al modelo cara a cara de comunicación (que no es otra cosa que el megáfono o el volante), entonces lo que está detrás es el fracaso de los canales de televisión (VTV y TVES) en lograr impactar a la población venezolana con los mensajes oficiales.

En palabras llanas, el mensaje oficial no está llegando. Eso es grave para la estrategia gubernamental, cuyo pivote es precisamente lo comunicacional.

En artículos anteriores sostuvimos que para la administración Chávez lo más importante no son los resultados de su gestión, sino su posicionamiento público. Esto se evidencia en relación con temas cruciales como el déficit de vivienda, con la idea –ya bastante extendida entre la gente- que ningún otro gobierno hizo tantas viviendas como éste. Mientras se posiciona este tópico en la opinión pública, no hay posibilidades efectivas de hacer veeduría ciudadana al punto que no sabemos con exactitud el número de viviendas entregadas –realmente-, ni la calidad y servicios presentes en tales unidades habitacionales.

¿Por qué el nuevo Sistema Bolivariano de Comunicación e Información? Primeramente la gestión de Villegas, proyectada a largo plazo, necesita una identificación propia, que hable de un nuevo momento comunicacional, cuando justamente estamos en un nuevo momento político. Al anterior sistema se le identificaba con Izarra. El SIBCI, como se le ha comenzado a llamar, viene a constituir, entonces, el sello de identidad del ministro Villegas.

La ausencia del principal y casi exclusivo vocero de este régimen, Hugo Chávez, además afectado no sólo de salud sino que golpeado en su principal herramienta política (su palabra, su capacidad de hablar), obliga a replantearse el modelo de comunicación gubernamental. Ninguno de quienes están hoy en funciones de alto gobierno puede dar una cadena nacional de cinco horas, y menos tratar de sustituir a Chávez. No hay chance, Maduro, para un “Aló, vicepresidente”.

Estando ausente el gran líder y vocero, y pasando a ser la base chavista el espacio multiplicador de la propuesta política, “Chávez somos todos” o “Yo soy Chávez”, entonces una derivación lógica es una nueva propuesta comunicacional en la que la gente llana pase a ser comunicador oficial. Por eso el megáfono, la cartelera o el mural, se trata de herramientas al alcance de aquellos que se asumen como Chávez.

¿Alguien recuerda la guerrilla comunicacional que lanzó Tania Díaz en su breve paso por el MINCI? Eso fue en el año 2010 y posiblemente ni ella misma sepa lo que se hizo después de aquel anuncio. Como hemos dicho en otras oportunidades, si en algo resulta efectivo este gobierno es en generar acontecimientos y anuncios que ocupen la agenda mediática nacional. ¿El SIBCI será más de lo mismo?

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A propósito de la TDA

El lanzamiento de la Televisión Digital Abierta, en Venezuela, terminó siendo una acción que va en contravía de los estándares internacionales en materia de medios y libertad de expresión. Según el anuncio oficial, la nueva plataforma busca democratizar la emisión y recepción televisiva, pero en realidad aplicó una medida discriminatoria al no incluir a la totalidad de canales de televisión que desde Caracas están emitiendo sus señales. El punto más llamativo lo constituye Globovisión, el medio que ha figurado como objetivo gubernamental dentro de una estrategia que busca su asfixia.

La TDA, siglas que comenzarán a ser de uso corriente a partir de ahora, pasa a ser entonces un nuevo espacio que se presenta con el discurso de la democratización, cuando en realidad representa una faceta que se suma a la política de la hegemonía comunicacional. La TDA le está dando prioridad a los medios oficiales y, según los primeros anuncios, eso parece ser una tendencia que se remarcará en el tiempo. Es decir, que la nueva plataforma digital fomentará la aparición de nuevos canales, pero ello no necesariamente implicará una democratización en la medida en que está demostrado que los medios oficiales dominados por el chavismo cumplen una clara función ideológica.

Una genuina democratización implica no discriminar a medios de comunicación en razón de sus líneas editoriales críticas, es éste un claro estándar internacional.

La TDA implicará la aparición, diríamos que la multiplicación, de los canales bajo el formato digital. La actual plataforma analógica tiene serias limitaciones ya que hay un número limitado de señales que se pueden asignar. La TDA, según lo que he le oído a expertos en otros países, representa una multiplicación por tres de la capacidad de asignar medios televisivos dentro del espectro radioeléctrico. Lo que ha ocurrido en otros países latinoamericanos, en tanto, es una acción política genuinamente democratizadora con estrategias para que medios comunitarios accedan a la TDA, así como universidades, fundaciones, etc. Democratizar significa diversificar las voces. Constreñir, dejar por fuera las voces críticas, no es –desde ningún punto de vista- una acción democratizadora.

En relación con las fechas hay dos asuntos que conviene tener presente. Por un lado figura 2009. Se anunciaba la inminente implantación de la TDA en el país. Pasaron cuatro años para que efectivamente se inicie la implementación. Eso representa un severo atraso, ya que el país terminó a la cola ya que el resto de naciones latinoamericanas tomó acciones en los años recientes. Como en otros ámbitos de la vida nacional, la TDA debe haber representado un gran negocio para algunos, ya que los decodificadores se comprarán a Argentina y en el acto de lanzamiento incluso habló Julio de Vido, el polémico ministro que estuvo involucrado en el caso del maletín con los 800 mil dólares que viajaron en efectivo desde Caracas a Buenos Aires.

La segunda fecha termina dándole la razón a la denuncia planteada por Globovisión. Se trata del año 2020. Hasta ese momento se harán transmisiones simultáneas a través de la plataforma actual (analógica) y la TSA. Ese año tendrá lugar el llamado apagón analógico, que no es otra cosa que poner en off las señales bajo la vieja plataforma y sólo estarán al aire los canales de televisión bajo el formato TDA. A los canales que han quedado por fuera de la TDA les queda un largo camino para protestar y buscar revertir esta medida. La discriminación no puede guiar la política del Estado.

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La fe de vida

La divulgación de las primeras imágenes del presidente Hugo Chávez, tras algo más de dos meses de ausencia por su tratamiento médico en Cuba, ha generado varias lecturas. Hace escasamente una semana un buen amigo del chavismo de base, aquel que comulga con el proyecto social del jefe de Estado sin estar en la rosca de la corrupción, me preguntó en plano de confianza: ¿será que Chávez sí está vivo? Desde mi punto de vista la difusión de estas primeras imágenes, en compañía de sus dos hijas –muy sonrientes ellas, por cierto- no es otra cosa que brindarle al país, y posiblemente al mundo chavista, una prueba de vida. Que el paciente sostenga un ejemplar del periódico Granma no es otra cosa que ratificar que Chávez está vivo. Eso tiene efectos de diverso orden en el mundo político venezolano.

Parto de la premisa de creerle, en esta ocasión, al gobierno. Nos quiere mostrar que Chávez está vivo y doy crédito de ello. Sin embargo, resultan sumamente contradictorios los mensajes que envió el gobierno de forma simultánea. Por un lado el ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas, confirma lo que ya se conocía informalmente, el jefe de Estado tiene problemas para respirar, debe estar asistido en esa función vital, y por tanto también su voz está afectada. Aún cuando eso es lo que se nos dice por vía oficial, en la foto se muestra a Chávez respirando sin ninguna asistencia. ¿A quién debemos creerle? O sencillamente se apela, dentro de la estrategia comunicacional del gobierno, a aquel viejo axioma muy válido en la comunicación política: una imagen vale más que mil palabras. Finalmente es la foto la que le dio, en cuestión de segundos, la vuelta al mundo y es lo que finalmente quedará grabado de este momento que vive el presidente Chávez y en consecuencia nuestro país. Todo ello en la medida en que la política venezolana gira en torno a Chávez, aún cuando éste se encuentre ausente.

Tras más de dos meses de haber sido sometido a una intervención quirúrgica en Cuba, que sería la cuarta operación en cosa de año y medio, que sea sólo ahora en que se muestren las primeras imágenes de Chávez nos habla de la gravedad y las complicaciones que ha enfrentado el presidente en estos meses. La foto sólo nos arroja una pista que trata de apuntalar la siguiente idea: ya pasó lo peor. Los rostros sonrientes de las hijas de Chávez simbolizan no sólo alegría, sino en este caso muy particular esperanza. De otra forma no se entiende que la lectura del aburridísimo Granma vaya a generar tales sonrisas en medio de una habitación que suponemos es un cuarto de hospital.

Las imágenes de Chávez, los vagos e imprecisos comunicados de Villegas en torno a la salud del presidente, sin embargo no terminan de responder las preguntas de fondo: ¿Podrá volver el presidente Chávez al ejercicio del poder? Y tal vez la más crucial ¿Cuándo? Tras más de dos meses el acceso a la información sobre el real estado de salud del jefe de Estado sigue marcado por el secretismo, que no tiene otra finalidad que razones de orden política-electoral, tal como quedó al descubierto a fines de 2012. El presidente Chávez y su equipo le mintieron al país durante la campaña electoral asegurando que se encontraba completamente curado del cáncer, con el objetivo de alcanzar la reelección. El propio Chávez confesó, después del 7 de octubre, cuando ya las cartas estaban echadas, que hizo una campaña a media máquina y en contra de las recomendaciones de sus médicos. Sin embargo, en sus mensajes como candidato que perseguía el voto popular, Chávez evitó decir la verdad.

Con tales precedentes, desde mi punto de vista, debe leerse con sumo cuidado el asunto éste de la divulgación de las imágenes del presidente Chávez junto a sus dos hijas. Tal hecho ha ocurrido cuando de forma paralela la maquinaria comunicacional del gobierno se ha encargado de mostrarnos a un Nicolás Maduro en plenas funciones, incluso en pleno vuelo. Y nada de esto resulto casual. Tal como lo hemos señalado, si en algo es exitoso este gobierno es en materia de su política comunicacional.

Tal como hemos recordado días atrás, hace algunos años Ignacio Ramonet bautizó a la televisión como la máquina de producir acontecimientos. Según la tesis de este intelectual, tan avenido al chavismo, la televisión no sólo tiene la capacidad de reseñar lo que ocurre, sino que en la medida en que puede imponer agenda pública, en esa misma medida coloca y posiciona temas, obliga a los ciudadanos a hablar de ellos. En dos platos, construye acontecimientos. Esa misma lógica, tan negativa en la denuncia del Ramonet de años atrás, tiene lugar hoy en día y especialmente en este tiempo de ausencia del presidente Hugo Chávez. Durante los dos meses y algunos días de silencio de Chávez, sus herederos no han tomado ninguna decisión de gobierno de envergadura (salvo la devaluación, que a todas luces resultaba inevitable), pero sí han tenido una capacidad evidente para manejar la agenda de la discusión pública. Se trata de un gobierno que construye acontecimientos.

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De la falsa foto a la información que no es tal

Pasan los días y lo único que tenemos es silencio de parte de Hugo Chávez, convaleciente en La Habana. Todo parece contribuir con una guerra de nervios que afecta a más de un factor político o mediático. Escribo un jueves. Se cumplen exactamente 45 días desde la última vez que el presidente Chávez hizo una aparición pública. No fue tampoco cualquier aparición. Se trató, sin duda alguna y eso se confirma en la medida en que pasan los días, de su testamento político. El que los herederos hayan cumplido o no con sus claros, enfáticos y categóricos designios es harina de otro costal. Volvamos al silencio.

Se trata nada más y nada menos que de mes y medio sin ver u oír al jefe de Estado. Y lo de oír a Chávez tampoco es casual, puesto que en otras situaciones, ¿deberíamos decir sobrevenidas?, cuando el mandatario estuvo en tratamiento en Cuba o incluso en el postoperatorio anterior, lo usual eran sus llamadas que sacaban al aire a través de Venezolana de Televisión (VTV). No sólo eran una fe de vida, sino que ponían sobre el tapete que efectivamente el presidente sabía lo que estaba ocurriendo dentro de este país que está bajo su presidencia, aún cuando él permanecía en Cuba. En este mes y medio de silencio absoluto ni siquiera una llamadita tenemos del presidente. Y no deja de sorprender puesto que su principal adlátere hasta sostiene que el presidente habla con él, le da órdenes e instrucciones y hasta le hace bromas. Ministros y altos funcionarios van y vienen en vuelos entre Caracas y La Habana, por cierto quién pagara tantos viajes y estadías ya no del presidente convaleciente sino de numerosos funcionarios cuya presencia en Cuba se presenta como imprescindible para reunirse con el jefe, pese a que el jefe –al menos para el resto del país- está envuelto en el más absoluto silencio. Que el personaje político más mediático de América Latina, con mayor visibilidad pública de las últimas dos décadas, no brinde señal alguna en 45 días es sencillamente una mala señal.

Y así estamos, interpretando señales, tratando de poder informar y estar informados sobre un hecho que aún siendo la salud de una persona en concreto, por su condición de jefe de Estado y por su modelo personalista de gobernar, tiene consecuencias para todo el país. No es un enfermo más.

El silencio sobre un hecho de tanta relevancia genera, como decíamos al inicio, expresiones de nerviosismo no sólo en el mundo político o mediático local. Este jueves el diario El País ha metido la pata de forma mayúscula al publicar una foto falsa, asegurando que era el presidente Chávez nada más y nada menos que “entubao”. El País que para muchos, incluyéndome, es sencillamente un modelo de buen periodismo ha puesto la torta básicamente al confiarse de una agencia fotográfica. El mal ya está hecho, pero saltan las preguntas sobre cómo un diario que se caracteriza por la rigurosidad y las buenas prácticas profesionales pueda pisar tan tontamente una concha de mango.

Como hemos sostenido en otras oportunidades, el presidente Chávez optó por Cuba no por el desarrollo médico de ese país, puesto que en materia oncológica hay otras naciones incluso de América Latina con mejor atención, tal como Brasil. La selección de atenderse en La Habana justamente le garantizaba el secreto, la confidencialidad. Y eso se ha venido cumpliendo rigurosamente desde mediados de 2011. Chávez, como enfermo, su real estado de salud, es el secreto mejor guardado del caribe, tal como rezaba una antigua promoción turística. Sabiendo esto El País, antes de colocar en primera plana la foto falsa, debió cotejar de forma intensa la veracidad de la imagen.

Si la cara de la moneda es esta premura periodística por hacerse de la primicia con tema de tanta relevancia, el sello está entre nosotros y cada día se manifiesta en los partes oficiales que nada dicen sobre el real estado de salud del presidente Chávez. Aún hoy siguen envueltos en el misterio asuntos cómo cuál o cuáles órganos tiene afectados el presidente, la gravedad del cáncer o algo tan elemental cómo el pronóstico médico. Los días pasan entre partes que hablan de mejoría, pero ya pasó mes y medio y al enfermo otrora hablador en público lo caracteriza el mutismo.

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Censura Express

Desde mediados de enero se niega acceso en Venezuela a la página web del Diario de Cuba “wwww.diariodecuba.com” a través de varios proveedores de Internet que incluyen Cantv, Movistar e Inter. Esta página precisamente ha venido publicando de forma regular informaciones relacionadas con el estado de salud del presidente Chávez.  Debe decirse que Diario de Cuba es un sitio de referencia para información sobre lo que efectivamente está ocurriendo en Cuba.

Este caso constituye, desde mi punto de vista, un hecho grave. La falta de información oficial sobre la salud del presidente Chávez no puede tener como correlato la censura de canales informativos independientes que le permitan a los ciudadanos venezolanos escoger libremente sus fuentes informativas y de opinión.

Junto a la gravedad de la censura como tal, está el hecho de que esta decisión haya sido tomada por empresas prestadoras de servicios de internet, sin que haya mediado ningún proceso administrativo y/o judicial termina siendo un terrible precedente para la censura de Internet en Venezuela.

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Tres R para la oposición

Hace algún tiempo atrás el presidente Hugo Chávez planteó que el gobierno y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) deberían asumir el desafío de las tres R: revisión, rectificación y reimpulso. Si el chavismo, como se ha comenzado a autoidentificarse el movimiento que respalda al jefe de Estado y ejerce funciones gubernamentales, las puso en práctica es harina de otro costal, como se dice popularmente. Hoy nos parece apropiado tomar esta idea y proponerle a la MUD y al mundo político opositor de Venezuela que aplique las 3 R. No se trata, desde mi punto de vista, de abandonar la lucha política democrática, y al contrario tiene sentido más que nunca; pero los resultados de las elecciones regionales representan un serio revés.

La celebración de estos comicios en una fecha que incitaba a la abstención, junto al desánimo que ronda a sectores opositores después del triunfo de Chávez el 7 de octubre, a lo que se suma el claro ventajismo en el uso de los recursos públicos en favor del PSUV, son elementos que sin duda ayudaron a inclinar la balanza a favor del chavismo. Sin embargo, la MUD y la dirigencia opositora no fueron sorprendidas, se trataba de condiciones adversas en las que se asumió participar. Tener hoy un discurso que descargue las responsabilidades de la derrota en el electorado deja al descubierto una dirección política con poca capacidad autocrítica. Si se participa en un proceso en el cual de antemano la competencia se produce en desventaja, el desafío para los dirigentes es ver cómo paliar y/o superar tales condiciones.

El asunto no es que hubo alta abstención, un aspecto que todos preveían y que sin duda el gobierno propició porque le beneficiaba, sino en que falló la estrategia opositora que no logró mover a la gente. Se trata tanto de un asunto emocional (cómo ganarme a cada elector y convertirlo en potencial activista) como de racionalidad política (qué capacidad tengo de identificar y movilizar a los sectores que votarán por mi propuesta). El problema después de una seria derrota como la que se registró el 16D, entonces, no es sostener que la gente no salió a votar y justificar los magros resultados en esa tendencia, sino que el quid es ver qué cosas hice y en qué falló mi estrategia que no logró quebrar esa alta abstención prevista.

Otros dos elementos que deben considerarse tienen que ver con el “castigo” que dejó en evidencia esta votación. Cuatro estados en los cuales la oposición era gobierno (Zulia, Táchira, Carabobo y Nueva Esparta) se perdieron. ¿Qué nos dicen estos resultados específicos? La respuesta a esta interrogante debe venir de la MUD y la dirigencia de los partidos opositores. ¿Por qué en un estado como Mérida, en el cual se ganó el 7 de octubre, dos meses después se pierde? Otra pregunta que flota en el ambiente.

No se trata de una cacería de brujas, pero no puede pasarse la página tan rápidamente sin revisar en qué se falló, en tomar correctivos para rectificar lo que se hizo mal o empezar a hacer lo que no se está haciendo, y finalmente todo ello debe ser la base de un reimpulso para los sectores democráticos nucleados en torno a la MUD. El 2013, tal como se perfila ahora, será un año de incertidumbre en muchos sentidos. En tal contexto cobra mayor relevancia contar con una oposición democrática que unida marque la pauta. De eso se trata el asunto de las 3 R, a fin de cuentas de tomar un reimpulso. ¿Quién duda de que eso es lo que necesita hoy el mundo opositor de Venezuela?

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Estado, enfermedad y derecho a saber

El presidente Hugo Chávez ha confirmado, por fin, lo que era ya un asunto ampliamente comentado. Se desprenden varios asuntos de su cadena del pasado sábado antes de partir a Cuba para una nueva intervención quirúrgica debido al cáncer. Como hemos sostenido en otras columnas, relacionadas con este tema, la salud de un jefe de Estado –cuando está en funciones- no es un asunto privado. En realidad las condiciones de bienestar o enfermedad de un presidente en ejercicio del poder pasan a ser un asunto de Estado, como ha quedado claro finalmente según las palabras del propio presidente Chávez.

El mandatario no está seguro de que pueda incluso concluir este mandato y por tal razón dejó sobre la mesa de forma muy clara y categórica la opción de que Nicolás Maduro no sólo asuma temporalmente la presidencia –si hay una ausencia absoluta-, sino de que también sea el candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) si se hace necesario convocar nuevas elecciones. Todos estos eran asuntos que el presidente Chávez se negaba a poner sobre el tapete de la opinión pública. Detengámonos en algunos aspectos que se derivan del mensaje presidencial.

Lo primera y más obvio es que el presidente no le habló claro al país durante la campaña electoral. Resulta paradójico que el pueblo venezolano haya electo a Chávez cuando este sostenía a los cuatro vientos que estaba totalmente curado y que había vencido al cáncer. Apenas triunfó el mismo presidente comentó que había hecho la campaña literalmente a media máquina porque su salud no se lo permitía y lo peor, Chávez admitió que hizo la campaña contraviniendo las indicaciones de sus médicos.

Sin que haya llegado la fecha de la toma de posesión para el nuevo período de gobierno y forzado por la gravedad del cáncer, el jefe de Estado coloca sobre la mesa precisamente el escenario de que eventualmente no pueda gobernar para el lapso que fue elegido. Desde mi perspectiva efectivamente el presidente es un ser humano y tiene el derecho a ser tratado por médicos especializados, incluso en el exterior como ha venido haciendo. Empero el caso reviste un problema ético, ya que viene a corroborar la falta de transparencia oficial en relación con la enfermedad. Ha sido una opacidad intencional para evitar las consecuencias políticas que tendría este tema en las urnas el pasado 7 de octubre. No compro la idea de que el presidente sólo supo ahora de la gravedad del cáncer, que incluso requiere una nueva intervención quirúrgica. Guiándonos por el discurso de los últimos meses lo que parece haber ocurrido es un manejo político-electoral de esta dolencia. ¿Cuántos venezolanos le habrían votado sabiendo que en verdad no estaba curado?

En el fondo de todo este caso, y eso también lo hemos planteado desde hace año y medio, está de forma destacada el derecho a saber de los venezolanos, de los ciudadanos. Si la enfermedad, como finalmente se ha admitido, impacta el manejo del Estado en esa misma medida es un asunto que nos compete a todos. La opacidad reinante se ha manifestado de diversas formas. No sabemos los ciudadanos efectivamente dónde está alojado el cáncer del presidente Chávez ni cuáles órganos ha afectado, menos aún se conoce la magnitud de la enfermedad. La falta de información, como política de Estado, se refleja también en no brindar detalles sobre el centro médico específico en el cual ha sido intervenido Chávez en Cuba, ni sabemos nada sobre sus médicos tratantes.

Esto contrasta notablemente con la política informativa que siguieron presidentes afines a Chávez como Fernando Lugo de Paraguay o Cristina Fernández de Argentina, y más recientemente Juan Manuel Santos de Colombia. Todos estos jefes de Estado sufrieron enfermedades que requirieron intervenciones quirúrgicas, todos brindaron información pormenorizada y sus médicos actuaron como voceros. Nada de eso ha ocurrido en Venezuela en este año y medio en el cual el presidente no sólo ha estado enfermo sino que ha usado políticamente el tema.

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