A propósito de la TDA
El lanzamiento de la Televisión Digital Abierta, en Venezuela, terminó siendo una acción que va en contravía de los estándares internacionales en materia de medios y libertad de expresión. Según el anuncio oficial, la nueva plataforma busca democratizar la emisión y recepción televisiva, pero en realidad aplicó una medida discriminatoria al no incluir a la totalidad de canales de televisión que desde Caracas están emitiendo sus señales. El punto más llamativo lo constituye Globovisión, el medio que ha figurado como objetivo gubernamental dentro de una estrategia que busca su asfixia.
La TDA, siglas que comenzarán a ser de uso corriente a partir de ahora, pasa a ser entonces un nuevo espacio que se presenta con el discurso de la democratización, cuando en realidad representa una faceta que se suma a la política de la hegemonía comunicacional. La TDA le está dando prioridad a los medios oficiales y, según los primeros anuncios, eso parece ser una tendencia que se remarcará en el tiempo. Es decir, que la nueva plataforma digital fomentará la aparición de nuevos canales, pero ello no necesariamente implicará una democratización en la medida en que está demostrado que los medios oficiales dominados por el chavismo cumplen una clara función ideológica.
Una genuina democratización implica no discriminar a medios de comunicación en razón de sus líneas editoriales críticas, es éste un claro estándar internacional.
La TDA implicará la aparición, diríamos que la multiplicación, de los canales bajo el formato digital. La actual plataforma analógica tiene serias limitaciones ya que hay un número limitado de señales que se pueden asignar. La TDA, según lo que he le oído a expertos en otros países, representa una multiplicación por tres de la capacidad de asignar medios televisivos dentro del espectro radioeléctrico. Lo que ha ocurrido en otros países latinoamericanos, en tanto, es una acción política genuinamente democratizadora con estrategias para que medios comunitarios accedan a la TDA, así como universidades, fundaciones, etc. Democratizar significa diversificar las voces. Constreñir, dejar por fuera las voces críticas, no es –desde ningún punto de vista- una acción democratizadora.
En relación con las fechas hay dos asuntos que conviene tener presente. Por un lado figura 2009. Se anunciaba la inminente implantación de la TDA en el país. Pasaron cuatro años para que efectivamente se inicie la implementación. Eso representa un severo atraso, ya que el país terminó a la cola ya que el resto de naciones latinoamericanas tomó acciones en los años recientes. Como en otros ámbitos de la vida nacional, la TDA debe haber representado un gran negocio para algunos, ya que los decodificadores se comprarán a Argentina y en el acto de lanzamiento incluso habló Julio de Vido, el polémico ministro que estuvo involucrado en el caso del maletín con los 800 mil dólares que viajaron en efectivo desde Caracas a Buenos Aires.
La segunda fecha termina dándole la razón a la denuncia planteada por Globovisión. Se trata del año 2020. Hasta ese momento se harán transmisiones simultáneas a través de la plataforma actual (analógica) y la TSA. Ese año tendrá lugar el llamado apagón analógico, que no es otra cosa que poner en off las señales bajo la vieja plataforma y sólo estarán al aire los canales de televisión bajo el formato TDA. A los canales que han quedado por fuera de la TDA les queda un largo camino para protestar y buscar revertir esta medida. La discriminación no puede guiar la política del Estado.







