Nicolás Maduro en su laberinto

En un artículo anterior señalamos la encrucijada que vive Nicolás Maduro: ¿sigue siendo rehén del discurso y la nefasta política económica de Hugo Chávez o da paso a un nuevo modelo que permita satisfacer necesidades del pueblo y por tanto garantizar la viabilidad política del chavismo a largo plazo? Nos quedamos cortos al visualizar sólo dos opciones. Maduro ha optado por una tercera opción: no hacer nada. El inmovilismo como opción. Esa decisión o la falta de decisiones en política se pagan de la misma forma. En política vale aquello de que se es responsable por acción u omisión.

Esta semana hemos tenido dos señales claras tanto de la falta de decisión como del costo político que ello representa, especialmente cuando el gobierno está conduciendo un país que es una suerte de olla de presión, a la cual semana a semana se le va añadiendo presión producto de hechos que golpean a todos los venezolanos por igual: inseguridad, escasez, alto costo de la vida. La vida de los venezolanos está llena de dificultades y cada vez más (al contrario de lo que ocurría con Chávez) se le adjudica una responsabilidad directa a Nicolás Maduro. Estos meses de inacción también pasan factura, a fin de cuentas.

Volvamos a las señales de esta semana. El lunes en la noche se anuncia con tono ceremonial que el presidente Maduro le había pedido a todo el alto gobierno (ministros y viceministros) su renuncia, que pusieran sus cargos a la orden. En cualquier otro país, con cualquier otro gobierno, tal anuncio habría dado paso a que en un lapso prudencial de 24-48 horas el jefe de Estado le anunciara al país su nuevo gabinete. Escribo un viernes en la mañana y los cambios ministeriales no se oficializan. El retardo puede ser señal de al menos dos cosas: a) no tiene Maduro el consenso necesario de los otros factores de poder en el chavismo para una movida de mata en serio; b) se está preparando un cambio de magnitudes que no serán sólo los enrroques de costumbre. Al país (y al propio gobierno) le convendría más lo segundo, pero en verdad uno cree que lo que está ocurriendo es lo primero. Maduro abre la puerta pero no da el paso, no termina de cruzar esa puerta hasta no tener un acuerdo amarrado con los diferentes factores con los que cogobierna. Eso explica la inacción de este gobierno.

La primera vez que oí a Maduro mencionar el tema de la gasolina fue en septiembre del año pasado. Asomó el asunto desde la racionalidad económica (como debe ser): en Venezuela la gasolina no sólo es regalada, sino que el Estado tiene ingentes pérdidas con la producción del combustible, ya que producirlo tiene costos infinitamente más altos, que el precio ridículo que cada venezolano paga en una estación de servicio. Desde entonces al menos en una docena de ocasiones ha asomado la posibilidad de hacer el ajuste, otra docena de veces ha retrocedido asegurando que su gobierno no tiene apuros económicos (lo cual es una mentira) y que por tanto no es una prioridad aumentar el precio de la gasolina. Así, sin tomar decisiones, se le han ido largos meses.

Otro bypass. He conocido de primera mano que algunos analistas económicos bastante liberales (nacionales y extranjeros) han sido llamados a Miraflores, que Maduro ha escuchado consejos sobre las medidas económicas urgentes que debe tomar su gobierno. Maduro le sacó provecho político al “Dakazo” para posicionar al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones municipales, pero desaprovechó ese momento (diciembre del año pasado) para hacer los ajustes económicos que reclama el país. Todo ajuste implicará un costo político, salta a la luz que Maduro quiere endosar ese costo a otros actores (comerciantes, empresarios, contrabandistas, etc), pero lo más llamativo es que finalmente no toma las medidas. Hace un mes -más o menos- se anunció el “sacudón” con bombos y platillos, el propio Maduro dijo que haría “grandes anuncios al país”. Tal sacudón no sucedió, en teoría se postergó hasta después del III Congreso del PSUV. El congreso concluyó el 28 de julio y el gobierno sigue sin tomar, como se dice popularmente, el toro por los cachos.

Otra señal de esta semana: Pero llegó la hora. Y para esa afirmación no sólo me baso en mis percepciones, sino que apelo a una entrevista esta semana de Oscar Schemel. Sobre Schemel y su firma Hinterlaces mucha tinta ha corrido, pero lo cierto del caso es que nadie lo ha acusado, en los últimos dos años al menos, de ser antichavista. Siendo así, creo que la opinión de Schemel puede tener eco en la acera gubernamental cuando sostiene que a Nicolás Maduro se le acabó el tiempo, que ya no puede postergar la toma de decisiones.

Maduro sigue en su laberinto, ojalá entienda que salir de éste, su laberinto en la toma de decisiones, tiene un impacto directo en la sociedad. Lo que está en juego es mucho más que su sola permanencia en el poder.

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Venezuela en medio de tres encrucijadas

Venezuela está en medio de varias encrucijadas. En una suerte de cruce de caminos, con opciones de tomar un sendero u otro. Está en manos de las autoridades, de la dirigencia política y especialmente de la sociedad venezolana, como un todo, marcar la ruta a seguir. El venezolano de a pie está atravesando severas dificultades en su vida cotidiana, que se han agudizado con el transcurrir de los meses de 2014, y lo que es peor sin perspectivas de pronta mejoría. Sin embargo, en la mayoría de los ciudadanos de este país no se percibe voluntad para salidas violentas o cambios bruscos en la conducción nacional.

Desde mi punto de vista, para la mayoría de los venezolanos las cosas están de esta forma: Nicolás Maduro está haciendo un pésimo gobierno, pero esperaremos el momento institucional (referendo, elecciones) para castigarlo. En ese venezolano de a pie no percibo la tesis de “Maduro vete ya” que enarbola un sector de la oposición venezolana. Es ese sector que habla de una crisis terminal del chavismo, y que cuando se reúne a discutir la agenda de acciones ciudadanas repite el error de hacerlo desde la clase media-alta urbana, obviando un asunto neurálgico de la acción política en la Venezuela post-chavista: el cambio democrático sólo será posible de la mano de los sectores populares, otrora chavistas. El descontento con la mala gestión de Maduro, debe decirse con absoluta claridad, no se ha traducido en el alma popular en una conexión con las salidas inmediatistas que promueve un sector opositor. Así las cosas, planteo lo que veo como las 3 encrucijadas que se viven en el país.

La primera encrucijada se vive en el seno del alto gobierno en relación con el desastre económico. Desastre económico en parte heredado de la gestión de Hugo Chávez y en parte producto de lo que a todas luces es una inacción de Maduro, posiblemente producto de la propia debilidad de su liderazgo y de la falta de cohesión entre las corrientes que hoy signan al chavismo. El gobierno de Maduro vive la siguiente encrucijada: ¿continua encerrada la política económica en las tesis de Chávez, con las secuelas de inviabilidad que saltan a todas luces o se da un giro en el manejo de la economía y de la política social que haga viable a largo plazo al propio gobierno?

Una combinación de factores hacen suponer que se optará más por lo segundo: El mensaje del ex ministro Jorge Giordani en su carta -junto a la satanización de su figura-, así como a la entronización del presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), Rafael Ramírez, como pivote de la gestión económica y finalmente el respaldo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en su III Congreso hacia Maduro, serán medidas difíciles pero necesarias, que terminarán poniendo a prueba si el chavismo se proyecta a largo plazo como factor de poder en Venezuela.

La segunda encrucijada está en la dirección política del oficialismo y tiene que ver con la ruta que tomará. ¿Se mantendrá una tesis radical de control absoluto de las instituciones ahogando las discrepancias incluso de los chavistas críticos o se apostará por un reacomodo con la cesión de cuotas de poder a la oposición y a esos sectores críticos y los partidos del chavismo que no son el PSUV? Las tesis emanadas del III Congreso del PSUV de julio pasado parecieran apuntarla la primera opción. Un chavismo que con diferencias internas severas logra mantenerse en el control absoluto del poder en Venezuela, nucleado en torno al heredero de Chávez, Nicolás Maduro. La nomenclatura del partido entronizándose y sencillamente logrando la invisibilidad simbólica de las diferencias en el seno del chavismo.

La tercera encrucijada se vive en seno de los sectores de oposición. En primer lugar debe recalcarse que no hay en Venezuela una sola oposición, en la medida en que no hay consenso (ni entre dirigentes ni entre ciudadanos) de una hoja de ruta común de cómo hacer frente al chavismo. El dilema más notable está entre los que podríamos catalogar de cortoplacistas y los largoplacistas. Los primeros han puesto sobre el tapete una serie de opciones desde la infortunada salida hasta el reciente Congreso Ciudadano, pasando por la tesis de la constituyente que se esgrime desde la acera de Leopoldo López. Los segundos, cuyo rostro visible es la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), congelados sin respuestas al país que no sea la ruta electoral, que en un año como 2014 -en el cual no hay elecciones- los deja sin una promesa de cambio. Y debe decirse: oposición que no busca el cambio no es tal. La encrucijada para estas oposiciones se dice sencillo pero la tarea no lo es: ¿mantenerse o no unida con una propuesta común de cambio democrático?

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Para dejar de ser oposición

Unos mensajes en Twitter de mis buenos amigos Jesús Chuo Torrealba y Ángel Álvarez me ayudaron a aterrizar esto que escribo. Con Chuo comparto la inquietud que le embarga sobre una suerte de “autodestrucción” que prevalece en los sectores que se oponen al chavismo. Que sectores de la oposición celebren, junto con el chavismo, la renuncia de Ramón Guillermo Aveledo a la secretaría de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), tiene múltiples interpretaciones. En tanto, Ángel me facilitó la respuesta a una pregunta que gira en este momento: hay que alcanzar el poder, por vía democrática, para cambiar las reglas de juego en un sistema político. A fin de cuentas, se trata de dejar de ser oposición.

1.- No hay una salida fácil. Una de las trampas más nefastas en la que líderes y ciudadanos caen con frecuencia es en plantear o creer que en Venezuela habrá una salida fácil o rápida. El proyecto político hegemónico que gobierna a Venezuela ha perdido fuerza y conexión popular, sin duda alguna, pero domina los resortes institucionales. Cualquier estrategia de cambio en el país no puede partir de que por una acción opositora quienes ocupan el poder, en las primeras de cambio, lo van a dejar. No estamos en una carrera de 100 metros, sino en una maratón. Luce desafortunado que algunos dirigentes, en este momento, digan que el régimen está en fase terminal. Nicolás Maduro desde el poder enfrenta una dura crisis, eso es cierto, pero al menos yo no veo señales de que un cambio sea inminente.

2.- Nadie hará las tareas que corresponden a líderes y ciudadanos comprometidos con el cambio. Ya ahora no se escuchan estos comentarios, pero meses atrás era muy frecuente oír aquello de que cuando hubiesen los primeros muertos los militares se levantarían contra Nicolás Maduro. Tales afirmaciones escondían varias cosas, la más notable era que pecaban de ingenuas ya que en Venezuela si se produce un golpe de Estado (cosa con la cual he estado en desacuerdo públicamente desde 1992) no será para que los golpistas coloquen a un opositor en el poder, sino probablemente para editar una versión distinta del régimen actual. Lo otro que subyace es creer que otro hará las tareas que nos corresponden. Un cambio democrático ocurrirá en Venezuela cuando efectivamente una mayoría se comprometa con acciones para que ello ocurra.

3.- Existe un país más allá de Twitter. Líderes políticos y ciudadanos parecen sumergidos en la burbuja de las redes sociales. Muchas de las cosas que se comentan o comparten en Twitter son reales, pero en esa u otras redes sociales no está todo lo que pasa en el país. Y peor aún, reducir la faena política a redes sociales es un enorme error, ya que sólo se le está hablando a los que ya están convencidos. El enorme desafío de la oposición sigue siendo como construir una mayoría solida y para ello necesita hablarle a una mitad del país que no tiene internet, que sólo ve la televisión abierta y que fundamentalmente sigue identificada con Hugo Chávez. Sólo junto a estos venezolanos se logrará el cambio.

4.- Sin unidad no habrá salida. Llámese MUD o como quiera llamársele, sin una unidad entre los sectores políticos, sociales y gremiales a favor de un cambio democrático en Venezuela tal cambio no ocurrirá. Y se trata de una unidad programática y estratégica, eso quiere decir que se tiene un programa común y estrategias, que si bien pueden ser diferentes según el énfasis de cada sector, apuntan a un objetivo común y se conectan entre sí. En ningún país con régimen autoritario se ha alcanzado la re-democratización sin unidad.

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Medios en venta

Con motivo del aniversario de El Nacional, su presidente-editor Miguel Henrique Otero se encargó de recalcar hasta la saciedad que este periódico no está en venta. Supongo que tal mensaje tenía destinatarios, amén de enviarle un mensaje de tranquilidad a los lectores y seguidores de este diario. El mensaje de Miguel Henrique, por otro lado, tiene pleno sentido ya que continúan circulando versiones de que la venta de medios, en Venezuela, no se detendrá en El Universal. Versiones apuntan a un gran circuito radial, a un consorcio editor que tiene un canal de televisión y a varios periódicos importantes que se editan fuera de Caracas.

La venta de medios tiene varias lecturas. La primera es que efectivamente la transacción comercial ayuda a “lavar” importantes sumas en manos de empresarios y altos funcionarios; la segunda es que obviamente estos medios se compran para torcer líneas editoriales críticas; y la tercera es algo en lo que hemos insistido, estos medios se compran para que sirvan de escudo de protección para el momento en que quienes hoy están en el poder ya dejen de estarlo.

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La hoguera de las vanidades

En sus palabras de despedida como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Ramón Guillermo Aveledo puso sobre el tapete la imagen de la hoguera de las vanidades, la cual no sólo es hecho histórico, sino también título de una obra literaria que tuvo una versión fílmica.

Retomo sus palabras: La Unidad es un ser viviente. Con las posibilidades y las limitaciones, con los logros y los fracasos, con las virtudes y los vicios de la vida. La Unidad es una obra. No se hizo sola. No apareció de golpe. En su construcción hay lucha, trabajo, ideas, voluntad de entenderse cediendo posiciones y encontrando propósitos comunes por los cuales hacer juntos. Hay orgullo por lo logrado, pero hizo falta mucha humildad para poder lograrlo. Es, en cuanto obra, perfectible. La Unidad es un valor. No nos resta, nos agrega y como tal, vale. Obra y valor, la Unidad es también una promesa y, por eso, un compromiso. Esta gran coalición unitaria, tiene como propósito la Unidad Nacional. Rescatar el sentido de lo común mediante la superación de la división, de la exclusión y de la discriminación. Es la Unidad para alcanzar una Unidad más amplia, más profunda y de más proyección que es la de un país diverso donde hay conflictos, pero que es capaz de convivir en paz en su pluralidad, y de resolver con respeto y civilidad sus diferencias, y de trazarse objetivos nacionales comunes y trabajar por solucionar los problemas que a todos nos afectan.

Así que cuando la Unidad promete lo que promete, y proclama que Venezuela somos todos, se compromete a mucho y no puede quedarse corta. No puede enredarse en conflictos que son microscópicos ante la magnitud de la tarea. No puede consumirse en una “Hoguera de las vanidades”. Hasta aquí cito a Aveledo.

Tom Wolfe, hace casi tres décadas puso por título “La hoguera de las vanidades” al libro que develaba las perversiones del poder financiero, junto con la extendida corrupción humana que exhibían sus protagonistas. La expresión proviene de la Florencia del siglo XV y se asocia al monje dominico de nombre Girolano Savonarola, quien en la medida de que fue ganando adeptos con sus sermones éstos se hicieron literalmente incendiarios. La vida de este monje la terminó la propia cruzada que iniciara. Fue víctima de su propio fanatismo. En uno y otro uso de la frase lo que resalta es la capacidad del ser humano para autodestruirse, para sencillamente acabar con lo que está edificado.

El llamado de alerta de Aveledo, usando esta metáfora, tiene pertinencia en la Venezuela demócrata de hoy. Diversos líderes, ahogados en su propia vanidad, apuestan a un cambio pero asumen como verdad única “su” propuesta de cambio, con lo cual el escenario político opositor se asemeja más a una guerra de egos, que a la búsqueda unitaria de un cambio en beneficio de todos, incluyendo los que hoy apoyan a este régimen. La incapacidad que tiene el liderazgo opositor para generar no sólo una alianza política genuina, sino el autismo que marca a muchos líderes, para poder conectarse con lo que propone el otro, y de esa forma consensuar una hoja de ruta común, nos remite lamentablemente a esa hoguera de vanidades, ya no metáfora sino cruda realidad.

Con otras palabras, el jesuita Luis Ugalde fue más directo al decir que si los actores de oposición no logran ponerse de acuerdo y llevar adelante un plan común, en este hora tan desdichada que vive el país (agrego yo), entonces no merecen gobernarnos. Se consumirán en su hoguera de las vanidades.

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El nuevo modelo de El Universal

Con cada transacción que involucra a medios de comunicación, en la Venezuela de hoy, salen a relucir prácticas novedosas para torcer lo que venía siendo una línea informativa o editorial. El poder se adquiere para ser ejercido, que nadie dude de que los medios son un poder y tampoco de que al adquirir un periódico o planta de televisión eso se hace sin segundas intenciones. O tal vez hasta terceras intenciones, porque no al saber quiénes son los verdaderos dueños, no sabemos a ciencia cierta qué es lo que pretende, más allá de la censura que sobresale casi de inmediato.

El modelo de Globovisión fue intentar mantener, al menos por varios meses, a sus anclas más visibles para que luego se produjera la remodelación total. La Cadena Capriles (ahora Grupo Últimas Noticias) desbarató su unidad de investigación que estaba haciendo las preguntas incomodas con sus trabajos dominicales. Y le llegó el turno a El Universal. Lo más visible ahora es el cambio en primera página junto con la “renovación” de su plantel de columnistas. Una docena de opinadores –hasta ahora- han sido descartados, junto a otra media docena que se han ido por decisión propia. El resultado, a fin de cuentas, es que en poco tiempo se torció ya la línea editorial de un medio que venía ejerciendo la crítica pública.

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La máquina de mentir

Tomo algunos datos que publicó el 24 de noviembre de 2013 el diario “El Mundo, economía y negocios”. El Ministerio de Comunicación e Información (MINCI) seguirá siendo la punta de lanza de la comunicación oficial en 2014. En el presupuesto de la nación se le asignan Bs. 1.133.600.000 (unos 22 millones de dólares a tasa SICAD II), lo cual ya representó un aumento de 35,86% con respecto a los Bs. 840.600.217 que se tuvo en 2013 (unos 16,8 millones de dólares). Debe acotarse que en 2013, entre enero y agosto, se le asignaron vía créditos adicionales aprobados por la Asamblea Nacional la suma de Bs. 132.998.087 (2,6 millones de dólares) en tres créditos para el área.

En la práctica, el MINCI contó con casi 20 millones de dólares para su ejecución 2013 y pidió 22 millones para 2014. Los cálculos se quedaron cortos en relación al aparato propagandístico que hacía falta para enfrentar, en el terreno simbólico, los efectos en la población de la desastrosa gestión gubernamental del gobierno de Nicolás Maduro. La lógica del aparato oficial apunta no a resolver los problemas de fondo, sino a construir un relato propagandístico en el cual, para variar, el gobierno siempre se victimiza. Ciertamente tal tesis ha ido perdiendo fuerza, cada vez más el pueblo entiende que el desastre nacional no ocurre por culpa de otros, sino que responsabilidad directa de quienes están en el poder. De quienes largamente han ejercido el poder.

Desde el poder se sigue apostando a magnificar la máquina de mentir. La Asamblea Nacional autorizó este 22 de de julio tres créditos adicionales para el MINCI, el más grande por Bs 1.433.778.418 (unos 28 millones de dólares) se justificó como respuesta ante la “guerra psicológica”, otros dos por  213.900.652 (4,2 millones de dólares) y Bs 200.000.000 (4 millones de dólares).se destinarán a proyectos de comunicación comunitaria e indígena.

En total, el MINCI contará este 2014 con 58,2 millones de dólares. Todo lo que se gastó en 2013, al menos oficialmente por el MINCI, se multiplicó casi por 3 para 2014 y estamos hablando de cifras en dólares, que sencillamente calculamos trasladando las sumas en bolívares a la tasa del SICAD II.

Este 22 de julio, durante su intervención, la diputada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (Pusv) Tania Díaz, se refirió a la campaña psicológica que emprendieron medios de comunicación privados durante las guarimbas y actos terroristas que dejaron 43 personas asesinadas. Así reza la reseña de la agencia oficial AVN. Este texto refleja claramente para qué sirve un aparato de propaganda oficial, para construir el relato social, para reinterpretar lo que ha ocurrido y dar una explicación que se repite a través de diferentes plataformas.

“El 12 de febrero se desató la más grande guerra psicológica con un discurso que pretendió llevarnos al caos, un discurso que tenía la salida del presidente, Nicolás Maduro, y el asalto y a las instituciones públicas”, dijo Tania Díaz en la reseña de AVN. Por su parte, el también diputado por el PSUV, Earle Herrera, sostuvo: “Nosotros aquí vamos a aprobar todo lo que haya que aprobar para defendernos del imperio y de sus lacayos aquí en el país”.

Ha quedado claro que se va a aprobar todo lo que deba aprobarse al punto que casi se triplica el presupuesto de la propaganda en un momento de tantas urgencias sociales y económicas que afectan, con mayor dureza, a los pobres. Con estos créditos adicionales inmensamente mayores al presupuesto original, la máquina de mentir viene con todo.

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Nuevo relator de la libertad de expresión

El periodista y abogado uruguayo Edison Lanza ha sido seleccionado como el nuevo relator de la Relatoría de la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para sustituir a la colombiana Catalina Botero.

Tras un largo proceso de selección, que se activó desde inicios de este año, con entrevistas con los postulantes al cargo de Relator de Libertad de Expresión de las Américas y luego de un proceso que incluyó la realización de consultas públicas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) eligió a Lanza, docente de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República y director del Centro de Archivo y Acceso a la Información Pública (CAinfo).

El nuevo relator asumirá su cargo el 3 de octubre, y estará cumpliendo funciones por tres años, con opción de renovación por tres años más. El modelo venezolano de hegemonía comunicacional que implantó Hugo Chávez, y profundizado por el gobierno de Nicolás Maduro, debería ser una prioridad para Lanza, después de la inhibición y cautela que marcó la gestión de Botero en relación con Venezuela.

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El canal de Maduro

El presidente Nicolás Maduro, como heredero político de Hugo Chávez, recibió problemas y deudas de diversa naturaleza especialmente en al ámbito económico. Sin embargo, recibió al mismo tiempo un importante aparato comunicacional que puede manejar a su antojo, al igual que su predecesor. El control sobre los contenidos informativos políticos que emite la televisión abierta, junto a cortapisas a la televisión por suscripción, eclipsaron la presencia televisiva de las voces disidentes en Venezuela.

Junto a una televisión insulsa, sin polémica política en la pantalla, Nicolás Maduro terminó entronizándose mediáticamente gracias a las cadenas de radio y televisión y, un asunto no menor, gracias al control sobre la señal de los canales de televisión del Estado y en particular de Venezolana de Televisión (VTV). La principal señal de televisión administrada por el gobierno, con cobertura nacional, no sólo dista de ser el canal de todos los venezolanos, sino que ni siquiera es el canal de todos los chavistas.

VTV ha devenido en el canal de lo que podríamos llamar la “nomenclatura”, categoría para definir a lo que en criollo en el pasado se llamó el cogollo. Por allí desfilan ministros y otros altos funcionarios, directivos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y hasta allí llega la apertura. No se le da cabida en VTV a la diversidad que coexiste en el seno del chavismo, ni tampoco se refleja el propio malestar que subyace en sectores del mismo PSUV. La carta del ex ministro Giordani no fue noticia en ese medio.

El uso de VTV para la transmisión de los actos partidistas del PSUV es un acto de corrupción a todas luces, pero es a fin de cuentas una demostración de cómo ese medio está al servicio de quienes están hoy en el poder, dentro de la propia lucha interna del partido que fundara Chávez.

Desde abril de 2013, Nicolás Maduro ha salido en VTV más de 544 horas, una cifra que significa 73 minutos diarios en Venezolana de Televisión, el canal “de todos los venezolanos”.  El uso de los medios del Estado para propaganda política es un abuso de poder y viola la constitución venezolana. Igual como hizo la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) hace unos días, hay que denunciar este abuso.

De acuerdo con los datos del Cadenómetro de la organizacón sin fines de lucro Monitoreo Ciudadano, el uso de VTV como herramienta política por parte del gobierno aumenta en momentos importantes para el proyecto político de Nicolás Maduro. Las cifras completas pueden leerse en www.monitoreociudadano.org o la cuenta en Twitter @cadenometro

Al igual como las cadenas, Maduro ha utilizado los medios de comunicación del Estado de una manera impresionante, especialmente en épocas cruciales para la promoción del chavismo y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Superando el promedio de los primeros seis meses de 2014 de 61 minutos cada día, se presentó contenido político en Venezolana de Televisión (VTV) 100 minutos cada día durante la campaña para las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013 y 7 horas cada día en la campaña para las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013.

Además de la cantidad de horas y minutos, el costo comercial de estas transmisiones por VTV también es alto. De acuerdo con el valor publicitario equivalente calculado por Monitoreo Ciudadano, las 103 transmisiones de VTV de 2014 representan al menos 113 millones de bolívares fuertes (USD 17,1 millones a la tasa de cambio oficial). Maduro maneja a VTV como su canal de televisión.

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Compra de medios: Tiempos de opacidad

La falta de transparencia en los medios venezolanos, sobre su propia gestión, era un asunto que Medianálisis ha venido trabajando desde 2011, es decir antes de que se produjeran estas transacciones simbólicas (Globovisión, Cadena Capriles, El Universal) que han puesto el asunto –sin duda- en el tapete para que sean asunto de preocupación ciudadana y de movilización periodística. La asociación civil Medianálisis enfocada en el análisis de los medios, junto a acciones de capacitación para periodistas, definió en su momento cuatro dimensiones para abordar la construcción de un ranking de medios socialmente responsables: transparencia, participación ciudadana, compromiso social y calidad periodística.

La ejecución de buenas prácticas en cada uno de estos ítems arroja una sumatoria que, desde la perspectiva de Medianálisis, permite ver que tan responsables son o no los medios de comunicación venezolanos. Formo parte de la directiva de esta asociación y precisamente acompañé este proceso investigativo, sin tener la responsabilidad directa, en la medida en que entiendo que si los medios exigen a los poderes político y económico una suerte de rendición de cuentas, los medios también deberían hacer lo propio sobre su composición accionaria, pautas editoriales, etcétera. La responsabilidad social de los medios de comunicación incluye que sean transparentes. Bajo ese enfoque viene trabajando Medianálisis. Invito a que se revise su web http://www.medianalisis.org o su cuenta en Twitter @medianalisis

Durante el año 2012 la asociación Civil Medianálisis aplicó encuestas a una muestra de: 43 periodistas, 15 directivos de  Medios Impresos, 16 directivos de radio y televisión, 10 universidades, cinco  Asociaciones de Medios, Organizaciones No Gubernamentales y 23 medios comunitarios de Venezuela. Los instrumentos se inspiraron en las categorías desarrolladas por la UNESCO de los Indicadores de Desarrollo Mediático.

En ese momento se incluyeron preguntas sobre transparencia y participación ciudadana. Me detengo en las respuestas dadas por los periodistas encuestados. En la gran mayoría de medios de comunicación venezolanos se han establecido mecanismos para la participación del público destinatario: 90,7 % de los casos. Estos, corresponden a esquemas tradicionales como: cartas al editor, la voz del lector, llamadas, correos, secciones con buzón; y no tradicionales, resultado de la aplicación de las nuevas tecnologías, como redes sociales y twitcam. Asimismo se observa un especial interés en organizar y hacer más funcionales estos espacios de participación, como es el caso de los foros y charlas abiertos a la comunidad; los consejos de lectores y la defensoría del lector, entre otros.

No ocurre lo  mismo con los mecanismos de auditoría sobre los propios medios, prácticas cada vez más establecidas a nivel internacional para garantizar la transparencia mediática, así como mecanismos de rendición de cuentas sobre la actividad editorial: en 44,2 % de los medios donde laboran los periodistas  interrogados, no se han establecido ninguno de estos tipos de mecanismos. Un 25 % aseguró que sí existen tales prácticas, pero un 27,9 % no tenía conocimiento del tema. Es decir, una cuarta parte no tenía idea de que la transparencia mediática fue un tópico específico. Este dato resulta sumamente relevante y ratifica la importancia del plan de trabajo que ha desarrollado la asociación civil Medianálisis con el fin de visibilizar la transparencia editorial como una parte sustantiva de la responsabilidad social de los medios en Venezuela.

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