El cóndor pasa

El cóndor es seguramente uno de los símbolos de los países andinos. La música el cóndor pasa, más allá de que esté originada en Perú, identifica a la subregión andina.  A falta de mejor título regresé a esta pieza musical para presentar aquí un apretado balance de lo que ocurre en los países andinos en materia de libertad de Venezuela.

En los países andinos se observan rasgos comunes que derivan en un clima restrictivo para la libertad de expresión. En Bolivia, Ecuador y Venezuela, se observan problemas y situaciones bastante similares: son cotidianos y constantes los ataques y agresiones que sufren periodistas y medios de comunicación, y en menor medida dirigentes políticos de oposición de esos países, que tienen  severas limitaciones para exponer sus puntos de vista críticos. En la tríada andina, según se ha recogido en este documento, desde la presidencia de la república y desde el alto gobierno se usan frases estigmatizadoras para descalificar a quienes son comunicadores y no están alineados con la verdad oficial. El alto gobierno, y en particular los mandatarios de Ecuador y Venezuela, apelan al uso con fines discutibles de las cadenas nacionales de radio y televisión. Debe recordarse que cuando se emite un mensaje en cadena nacional, el conjunto de medios radioeléctricos está obligado a “encadenarse” con la señal oficial por lo que en esos momentos existe una voz única, que limita severamente el derecho de los ciudadanos a informarse o a escoger libremente el contenido mediático de su preferencia. Las cadenas están lejos de cumplir una función pública, que es el deber ser, y en los casos mencionados incluso se les usa desde el poder ejecutivo para descalificar a periodistas y a medios de comunicación.

La nueva situación política que se vive en la tríada de países señalados ha dado lugar a una nueva arquitectura legal, que según los parámetros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) resulta en algunos casos reñida con los estándares interamericanos a favor de la democracia y la libertad de expresión. Sin embargo, el tema de las leyes restrictivas, cuando se entra en el terreno de Internet, va más allá de los países señalados y abarca también a Perú. En esa nación, en un contexto en el cual desde el alto gobierno se asumen posturas favorables a la libre circulación de informaciones y opiniones, se evidencian tendencias preocupantes en materia de agresiones a periodistas y en ataques a medios, así como la multiplicación de juicios por los llamados delitos de opinión.

Colombia, finalmente, representa un caso con particularidades en la materia. Persisten en ese país los focos de violencia, en los cuales el Estado no ha podido ejercer control. Y eso termina manifestándose en el asesinato de periodistas, que si bien ha disminuido de forma considerable –si se le compara con años anteriores– es un asunto que no puede dejarse de lado. El Estado colombiano ha venido llevando adelante una política y legislación garantistas de la libertad de expresión y prensa. Empero esos focos (guerrilleros, paramilitares, mafias, narcos) ejercen presión sobre el periodismo. Eso se expresa en periodistas amenazados, agredidos o intimidados y en un largo conteo de casos de comunicadores que se censuran, que se desplazan desde su lugar de origen o que se van del país; en todos los casos tratando de salvaguardar su integridad física ante la incapacidad del Estado de ofrecerle un clima de trabajo seguro.

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Las cadenas de Maduro

Cuando se habla de las cadenas nacionales de radio y televisión, tan recurrentes en Venezuela, no está demás volver sobre lo señalado por entidades internacionales especializadas. La Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), por ejemplo, ha reconocido la potestad del Presidente de la República y de las altas autoridades del Estado para utilizar los medios de comunicación con el propósito de informar a la población sobre aquellas cuestiones de interés público preponderante; sin embargo, el ejercicio de esta facultad no es absoluto.

Ha dicho la CIDH y su relatoría para la libertad de expresión: La información que los gobiernos transmiten a la ciudadanía a través de las cadenas presidenciales debe ser aquella estrictamente necesaria para atender necesidades urgentes de información en materias de claro y genuino interés público, y durante el tiempo estrictamente necesario para trasmitir dicha información. “No es cualquier información la que legitima al Presidente de la República la interrupción de la programación habitual, sino aquélla que pueda revertir interés de la colectividad en el conocimiento de hechos que puedan encerrar trascendencia pública y, que sean realmente necesarios para la real participación de los ciudadanos en la vida colectiva”, esta cita corresponde al Informe Anual del año pasado de la CIDH.

El presidente Nicolás Maduro, como heredero político de Hugo Chávez, recibió problemas y deudas de diversa naturaleza especialmente en al ámbito económico. Sin embargo, recibió al mismo tiempo un importante aparato comunicacional que puede manejar a su antojo, al igual que su predecesor. El control sobre los contenidos informativos políticos que emite la televisión abierta, junto a cortapisas a la televisión por suscripción, eclipsaron la presencia televisiva de las voces disidentes en Venezuela.

Junto a una televisión insulsa, sin polémica política en la pantalla, Nicolás Maduro terminó entronizándose mediáticamente gracias a las cadenas de radio y televisión y, un asunto no menor, gracias al control sobre la señal de los canales de televisión del Estado y en particular de Venezolana de Televisión (VTV). La principal señal de televisión administrada por el gobierno, con cobertura nacional, no sólo dista de ser el canal de todos los venezolanos, sino que ni siquiera es el canal de todos los chavistas.

De acuerdo con las cifras del Cadenómetro, el proyecto de Monitoreo Ciudadano, durante el pasado mes de septiembre Nicolás Maduro se encadenó durante 541 minutos, eso equivale a nueve horas durante los 30 días del período. En promedio, Maduro interrumpió la programación habitual de la radio y la televisión nacional, durante 18 minutos cada día incluyendo los fines de semanas. Se trata de una cifra inferior al promedio que exhibe el jefe de Estado, según el propio registro del Cadenómetro, pues entre 2013 y 2014 mantiene un promedio de 34 minutos diarios. Quien tenga interés puede revisar los datos en http://monitoreociudadano.org

La disminución del tiempo al aire de las cadenas nacionales de radio y televisión, durante septiembre, sin embargo no le quitan peso al abuso de poder que cotidianamente comete el jefe de Estado, cuando decide de forma arbitraria ser la única voz en el espectro comunicacional del país.

Si eso por sí solo no fuese ya un abuso de poder, Maduro también usa a su antojo la señal de Venezolana de Televisión (VTV), que se sigue llamando el canal de todos los venezolanos. Nada más lejos de la realidad. VTV ha devenido en el canal de lo que podríamos llamar la “nomenclatura”, categoría para definir a lo que en criollo en el pasado se llamó el cogollo.

En el recién concluido septiembre, Maduro tuvo alocuciones por VTV por un total de 1768 minutos, lo cual es el equivalente a 1 hora diaria. Esa cifra es menor que el promedio de 2013-2014, pero sigue siendo una decisión injusta que un solo hombre decida lo que ve u oye todo un país.

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El papel del papel

Los colaboradores habituales del diario Tal Cual, fundado hace década y media por Teodoro Petkoff, iniciaron mal este mes al recibir un mensaje desde la redacción de este periódico. Tienen papel para mantener una versión impresa, reducida a sólo 16 páginas, hasta el venidero 23 de octubre. Tal Cual se suma a la crisis que vive la prensa independiente venezolana desde hace un año por la falta de un suministro confiable y constante de papel periódico.

A decir verdad, el tema del papel es una suerte de guinda en la copa, ya que los periódicos vienen atravesando serias dificultades para mantenerse como una suerte del último bastión informativo crítico del gobierno y del modelo chavista. Esto cuando hablamos de medios de comunicación tradicionales, luego de que se tejió un corsé de censura sobre la totalidad de la televisión privada y sobre un amplio espectro de la radiodifusión comercial. Ha crecido en Venezuela el flujo informativo por las redes sociales tales como Twitter, ciertamente, pero esta plataforma aún dista de llegar al país en su conjunto, además de que la propia naturaleza de red impide que haya una columna vertebral noticiosa nacional como si la proporciona, aún, la prensa escrita independiente en Venezuela.

La crisis del papel, que afecta ahora a Tal Cual, ya ha producido el cierre definitivo de seis periódicos y el cese temporal de otros cuatro, según un reporte que lleva el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS). Para otros, como el diario más antiguo aún en circulación, El Impulso, con 110 años, el nuevo esquema para acceder al papel sencillamente echa por tierra el modelo comercial y empresarial con el que trabajó en las últimas décadas.

Fue precisamente el presidente de El Impulso, Carlos Carmona, en septiembre de 2013 quien dio la voz de alerta. El diario, editado en Barquisimeto, sólo tenía papel para editarse hasta febrero de 2014. Desde entonces El Impulso redujo su paginación de forma drástica, se editó con papel que otros medios le prestaron, se benefició de una donación de medios de comunicación colombianos y ante lo que parecía ya el cierre definitivo, en septiembre de 2014, finalmente la estatal Corporación Maneiro anunció que incluiría a este diario en su lista de beneficiarios.

Hasta principios de este año los diarios accedían a las divisas directamente para importar el papel que necesitaban para sus operaciones. Hasta hace un año cada periódico decidían cuantas reservas de papel tenía en sus almacenes. Ahora es una empresa del Estado la que monopoliza la importación de papel periódico, puesto que además se excluyó a este rubro de las convocatorias para acceder a dólares, que gracias al control cambiario el mismo Estado decide a quién otorga y a quién no.

Otros diarios más pequeños que no tienen imprenta propia, es el caso de Tal Cual, se imprimen bajo esquemas de acuerdos comerciales con consorcios del sector. El periódico de Petkoff venía editándose con la otrora Cadena Capriles (que después de su nada transparente venta se denomina Grupo Últimas Noticias). La empresa editora dio razones comerciales para poner fin a la relación con Tal Cual y éste diario ahora sólo tiene garantizado papel para circular, como hemos dicho hasta el 23 de octubre.

Sin embargo, más allá de que consiga papel, sobre este pequeño diario -fundamentalmente de opinión- pesa también una severa demanda dirigida contra Petkoff y los accionistas por parte del hombre fuerte del chavismo, Diosdado Cabello. Hace algunos años se les obligó a pagar una demanda millonaria por presuntamente haber irrespetado a una hija de Hugo Chávez en un artículo firmado por el humorista Laureano Márquez. También le condena un cerco publicitario: El gobierno presiona a las empresas que ponen avisos en Tal Cual, al igual que lo ha hecho con otros medios incómodos.

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Un radar para la oposición venezolana

La oposición venezolana acaba de vivir un cambio de primer orden. No se trata sólo de que una persona sustituyó a otra. Tal cosa efectivamente ocurrió ya que el periodista Jesús “Chúo” Torrealba al asumir la secretaría ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) termina sustituyendo a Ramón Guillermo Aveledo, tras la renuncia de éste semanas atrás en medio de una aguda división que parecía insalvable en el seno de las fuerzas políticas democráticas que se oponen a Nicolás Maduro.

Sin embargo, con la llegada de Chúo Torrealba están ocurriendo de forma simultánea varios cambios de envergadura en la coalición que se formó en 2009 y que paulatinamente fue conquistando terreno cada vez más amplio en el campo electoral, pero que al mismo tiempo exhibía un cierto inmovilismo en un año como éste, en el cual no se realizaran elecciones en Venezuela.

El primer gran viraje que vive hoy la MUD y me atrevería a decir que el conjunto de fuerzas opositoras a Venezuela, es que la conducción política no la ejercerá un político profesional en el sentido estricto. Aveledo contó con su largo bagaje como diputado en la década de los años ‘80 y ’90, formó parte del círculo del poder en el gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campins (1979-83) y en un sentido general puede decirse que es una figura política tradicional. Ese bagaje fue clave para lograr sentar en una mesa a partidos político muy disímiles y lograr diseñar una estrategia electoral que se ha mantenido en el tiempo.

Chúo Torrealba, en tanto, si bien fue militante de la izquierda venezolana, desde hace largo tiempo no es un activista político sino que principalmente se distingue como un luchador social. Ha usado estratégicamente a los medios de comunicación (en sus diversas plataformas: prensa, radio, televisión, redes sociales) para posicionar su imagen pública junto al nombre de su espacio mediático: “El radar de los barrios”. Enfatizando no ahora, sino desde hace varios años, la idea de que la clase media venezolana debía concertar con los sectores populares para lograr el cambio político.

Así las cosas, la vocería y conducción de la MUD pasan de un político tradicional a un comunicador popular y eso tendrá repercusiones claras en las estrategias que debe seguir de ahora en adelante la coalición que se opone a Maduro. Una de las fortalezas que desarrolló Hugo Chávez, y que tomó su heredero en el poder, ha sido el aparato de propaganda y comunicación gubernamental, que tiene muchas vertientes (presiones sobre medios críticos, aumento dela aparato mediático oficial, transmisión obligatoria de los discursos presidenciales por toda la red de radio y televisión del país, etc). La MUD en tanto, ha sido inconstante y en muchas ocasiones errática en su propuestas comunicacionales al país, a favor del cambio. La experiencia de Torrealba en este campo debería imprimirle un sello diferente a la lucha política desde el terreno comunicacional.

El propio fenotipo de Chúo Torrealba es en sí un enorme cambio. No es que los líderes opositores de Venezuela sean oligarcas, pero en su gran mayoría (al igual que la dirigencia chavista) provienen de una clase media que ascendió socialmente gracias al maná petrolero que caracteriza a esta nación. En un sentido estricto esa dirigencia se dirigía al pueblo, pero no era tan parecida al pueblo como lo es Torrealba. No se trata sólo un cambio de rostro o del fenotipo de quien ahora ejerce la conducción de la MUD, es también un cambio en el discurso como quedó en evidencia al asumir la secretaría ejecutiva. La palabra “pueblo” fue la que más repitió Torrealba y eso es vital, ya que el chavismo y ahora Maduro, en el campo simbólico, parecían tener bajo su égida el uso de esta palabra, mientras que la oposición parecía cohibida o se refugiaba en los términos ciudadanía o ciudadanos.

El viraje en la conducción de la MUD acaba de suceder, es un viento fresco para los venezolanos que apuestan por un cambio, pero apenas se reinicia la lucha política teniendo a Chúo Torrealba como uno de los referentes principales.

Torrealba no sólo comunicará, tiene a mi modo de ver tres grandes desafíos político-estratégicos: sanar las heridas patentes entre los actores opositores y salvar la unidad como respuesta ante el poder del chavismo; definir una hoja de ruta consensuada para lo que resta de 2014 y 2015, en la que claramente se establezcan prioridades dentro de una diversidad de acciones a desarrollar; finalmente reanimar y rearticular al pueblo opositor y en especial captar la adhesión del pueblo chavista, que de forma notable se deslinda de Maduro pero que no termina de cruzar la línea, permaneciendo en un estado de malestar y descontento pero que no tiene canalización política, al menos hasta ahora por las fuerzas de oposición.

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Ramón Guillermo Aveledo

Tenía pensada estas líneas desde hace ya largo tiempo. No parecía oportuno salir a la luz pública elogiando a Ramón Guillermo cuando justamente ocupaba una posición ejecutiva en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En estos días, cuando Aveledo está como él mismo lo definió, en el último lugar de la fila dentro de la alternativa democrática, me decido por rendirle tributo público. Me permito compartir al menos tres razones por las cuales esa figura amable y educada que nos acompañó en la vocería opositora, es un político de excepción y así lo demostró en los últimos años.

Hombre de consenso y acuerdos. Hoy se le lanzan críticas, algunas injustas en verdad, al papel jugado por la MUD y en particular por Ramón Guillermo como secretario ejecutivo de esta alianza político-electoral. El surgimiento y empoderamiento de la Mesa se ubica en un momento de mucho descrédito para la vía democrática y electoral como opción para oponerse al régimen chavista. El error estratégico de no acudir a las elecciones parlamentarias de 2005, junto a una serie de decisiones tácticas poco acertadas que rodearon aquel período, terminaron brindándole en bandeja de plata al difunto presidente Chávez la posibilidad de hacerse con el control total de las instituciones. La fallida Coordinadora Democrática no reivindicó el rol necesario que partidos y dirigentes políticos partidistas tienen en una transición democrática y al contrario echó mano de una tesis igualmente nefasta de que el cambio podría producirse sin los partidos políticos. Sin bien Aveledo no fue un actor único en la construcción de un nuevo consenso político, si tuvo un peso determinante para que se generara tal consenso y los acuerdos indispensables que desembocaron en la MUD. Una vez instituida la Mesa como tal, su papel público e interno fue clave en diversos momentos de tensión y dificultades.

Hombre político e intelectual. Conocí en persona a Ramón Guillermo en verdad hace muy poco tiempo, antes que encontrarme con él cara a cara leí algunos de sus libros y en particular tuvo mucho eco la lectura de sus dos versiones de su biografía de Luis Herrera Campins (una corta editada por la Biblioteca Biográfica Venezolana que dirigió el inolvidable Simón Alberto Consalvi y otra extensa que editó el buen amigo Fausto Masó). Reencontrarse y reivindicar la figura de LHC es un acto no sólo político sino de valentía intelectual, dado el desprestigio que en general terminó rodeando a este ex presidente venezolano. Al revisar la vida de LHC, Ramón Guillermo también revisa la suya, por proximidad, dada la cercanía que tuvo con el ex jefe de Estado, para expresar una leal amistad. Ha combinado Ramón Guillermo la acción política con la capacidad de reflexionar sobre ésta, ha escrito libros, dicta conferencias y clases, es un hombre político sin duda pero desde mi punto de vista es ante todo un intelectual comprometido con el momento que el tocó vivir.

Héroe de la retirada. Ramón Guillermo lo es. Con Fernando Mires recordamos que Hans Magnus Enzensberger escribió un breve ensayo “Los héroes de la retirada” (Die Helden des Rückzugs). Cito a Mires. “El título dice mucho: Enzensberger designa efectivamente como héroes a personajes que han hecho posible el ingreso de sus naciones a vías democráticas sin pasar por cruentos traumas históricos. En la mayoría de los casos han sido políticos conocedores del arte del dialogo. Sus armas han sido la inteligencia y la cautela. Nunca pronunciaron frases gloriosas, más bien se distinguieron por su tacto y su prudencia”.

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Nicolás Maduro en su laberinto

En un artículo anterior señalamos la encrucijada que vive Nicolás Maduro: ¿sigue siendo rehén del discurso y la nefasta política económica de Hugo Chávez o da paso a un nuevo modelo que permita satisfacer necesidades del pueblo y por tanto garantizar la viabilidad política del chavismo a largo plazo? Nos quedamos cortos al visualizar sólo dos opciones. Maduro ha optado por una tercera opción: no hacer nada. El inmovilismo como opción. Esa decisión o la falta de decisiones en política se pagan de la misma forma. En política vale aquello de que se es responsable por acción u omisión.

Esta semana hemos tenido dos señales claras tanto de la falta de decisión como del costo político que ello representa, especialmente cuando el gobierno está conduciendo un país que es una suerte de olla de presión, a la cual semana a semana se le va añadiendo presión producto de hechos que golpean a todos los venezolanos por igual: inseguridad, escasez, alto costo de la vida. La vida de los venezolanos está llena de dificultades y cada vez más (al contrario de lo que ocurría con Chávez) se le adjudica una responsabilidad directa a Nicolás Maduro. Estos meses de inacción también pasan factura, a fin de cuentas.

Volvamos a las señales de esta semana. El lunes en la noche se anuncia con tono ceremonial que el presidente Maduro le había pedido a todo el alto gobierno (ministros y viceministros) su renuncia, que pusieran sus cargos a la orden. En cualquier otro país, con cualquier otro gobierno, tal anuncio habría dado paso a que en un lapso prudencial de 24-48 horas el jefe de Estado le anunciara al país su nuevo gabinete. Escribo un viernes en la mañana y los cambios ministeriales no se oficializan. El retardo puede ser señal de al menos dos cosas: a) no tiene Maduro el consenso necesario de los otros factores de poder en el chavismo para una movida de mata en serio; b) se está preparando un cambio de magnitudes que no serán sólo los enrroques de costumbre. Al país (y al propio gobierno) le convendría más lo segundo, pero en verdad uno cree que lo que está ocurriendo es lo primero. Maduro abre la puerta pero no da el paso, no termina de cruzar esa puerta hasta no tener un acuerdo amarrado con los diferentes factores con los que cogobierna. Eso explica la inacción de este gobierno.

La primera vez que oí a Maduro mencionar el tema de la gasolina fue en septiembre del año pasado. Asomó el asunto desde la racionalidad económica (como debe ser): en Venezuela la gasolina no sólo es regalada, sino que el Estado tiene ingentes pérdidas con la producción del combustible, ya que producirlo tiene costos infinitamente más altos, que el precio ridículo que cada venezolano paga en una estación de servicio. Desde entonces al menos en una docena de ocasiones ha asomado la posibilidad de hacer el ajuste, otra docena de veces ha retrocedido asegurando que su gobierno no tiene apuros económicos (lo cual es una mentira) y que por tanto no es una prioridad aumentar el precio de la gasolina. Así, sin tomar decisiones, se le han ido largos meses.

Otro bypass. He conocido de primera mano que algunos analistas económicos bastante liberales (nacionales y extranjeros) han sido llamados a Miraflores, que Maduro ha escuchado consejos sobre las medidas económicas urgentes que debe tomar su gobierno. Maduro le sacó provecho político al “Dakazo” para posicionar al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones municipales, pero desaprovechó ese momento (diciembre del año pasado) para hacer los ajustes económicos que reclama el país. Todo ajuste implicará un costo político, salta a la luz que Maduro quiere endosar ese costo a otros actores (comerciantes, empresarios, contrabandistas, etc), pero lo más llamativo es que finalmente no toma las medidas. Hace un mes -más o menos- se anunció el “sacudón” con bombos y platillos, el propio Maduro dijo que haría “grandes anuncios al país”. Tal sacudón no sucedió, en teoría se postergó hasta después del III Congreso del PSUV. El congreso concluyó el 28 de julio y el gobierno sigue sin tomar, como se dice popularmente, el toro por los cachos.

Otra señal de esta semana: Pero llegó la hora. Y para esa afirmación no sólo me baso en mis percepciones, sino que apelo a una entrevista esta semana de Oscar Schemel. Sobre Schemel y su firma Hinterlaces mucha tinta ha corrido, pero lo cierto del caso es que nadie lo ha acusado, en los últimos dos años al menos, de ser antichavista. Siendo así, creo que la opinión de Schemel puede tener eco en la acera gubernamental cuando sostiene que a Nicolás Maduro se le acabó el tiempo, que ya no puede postergar la toma de decisiones.

Maduro sigue en su laberinto, ojalá entienda que salir de éste, su laberinto en la toma de decisiones, tiene un impacto directo en la sociedad. Lo que está en juego es mucho más que su sola permanencia en el poder.

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Venezuela en medio de tres encrucijadas

Venezuela está en medio de varias encrucijadas. En una suerte de cruce de caminos, con opciones de tomar un sendero u otro. Está en manos de las autoridades, de la dirigencia política y especialmente de la sociedad venezolana, como un todo, marcar la ruta a seguir. El venezolano de a pie está atravesando severas dificultades en su vida cotidiana, que se han agudizado con el transcurrir de los meses de 2014, y lo que es peor sin perspectivas de pronta mejoría. Sin embargo, en la mayoría de los ciudadanos de este país no se percibe voluntad para salidas violentas o cambios bruscos en la conducción nacional.

Desde mi punto de vista, para la mayoría de los venezolanos las cosas están de esta forma: Nicolás Maduro está haciendo un pésimo gobierno, pero esperaremos el momento institucional (referendo, elecciones) para castigarlo. En ese venezolano de a pie no percibo la tesis de “Maduro vete ya” que enarbola un sector de la oposición venezolana. Es ese sector que habla de una crisis terminal del chavismo, y que cuando se reúne a discutir la agenda de acciones ciudadanas repite el error de hacerlo desde la clase media-alta urbana, obviando un asunto neurálgico de la acción política en la Venezuela post-chavista: el cambio democrático sólo será posible de la mano de los sectores populares, otrora chavistas. El descontento con la mala gestión de Maduro, debe decirse con absoluta claridad, no se ha traducido en el alma popular en una conexión con las salidas inmediatistas que promueve un sector opositor. Así las cosas, planteo lo que veo como las 3 encrucijadas que se viven en el país.

La primera encrucijada se vive en el seno del alto gobierno en relación con el desastre económico. Desastre económico en parte heredado de la gestión de Hugo Chávez y en parte producto de lo que a todas luces es una inacción de Maduro, posiblemente producto de la propia debilidad de su liderazgo y de la falta de cohesión entre las corrientes que hoy signan al chavismo. El gobierno de Maduro vive la siguiente encrucijada: ¿continua encerrada la política económica en las tesis de Chávez, con las secuelas de inviabilidad que saltan a todas luces o se da un giro en el manejo de la economía y de la política social que haga viable a largo plazo al propio gobierno?

Una combinación de factores hacen suponer que se optará más por lo segundo: El mensaje del ex ministro Jorge Giordani en su carta -junto a la satanización de su figura-, así como a la entronización del presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), Rafael Ramírez, como pivote de la gestión económica y finalmente el respaldo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en su III Congreso hacia Maduro, serán medidas difíciles pero necesarias, que terminarán poniendo a prueba si el chavismo se proyecta a largo plazo como factor de poder en Venezuela.

La segunda encrucijada está en la dirección política del oficialismo y tiene que ver con la ruta que tomará. ¿Se mantendrá una tesis radical de control absoluto de las instituciones ahogando las discrepancias incluso de los chavistas críticos o se apostará por un reacomodo con la cesión de cuotas de poder a la oposición y a esos sectores críticos y los partidos del chavismo que no son el PSUV? Las tesis emanadas del III Congreso del PSUV de julio pasado parecieran apuntarla la primera opción. Un chavismo que con diferencias internas severas logra mantenerse en el control absoluto del poder en Venezuela, nucleado en torno al heredero de Chávez, Nicolás Maduro. La nomenclatura del partido entronizándose y sencillamente logrando la invisibilidad simbólica de las diferencias en el seno del chavismo.

La tercera encrucijada se vive en seno de los sectores de oposición. En primer lugar debe recalcarse que no hay en Venezuela una sola oposición, en la medida en que no hay consenso (ni entre dirigentes ni entre ciudadanos) de una hoja de ruta común de cómo hacer frente al chavismo. El dilema más notable está entre los que podríamos catalogar de cortoplacistas y los largoplacistas. Los primeros han puesto sobre el tapete una serie de opciones desde la infortunada salida hasta el reciente Congreso Ciudadano, pasando por la tesis de la constituyente que se esgrime desde la acera de Leopoldo López. Los segundos, cuyo rostro visible es la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), congelados sin respuestas al país que no sea la ruta electoral, que en un año como 2014 -en el cual no hay elecciones- los deja sin una promesa de cambio. Y debe decirse: oposición que no busca el cambio no es tal. La encrucijada para estas oposiciones se dice sencillo pero la tarea no lo es: ¿mantenerse o no unida con una propuesta común de cambio democrático?

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Para dejar de ser oposición

Unos mensajes en Twitter de mis buenos amigos Jesús Chuo Torrealba y Ángel Álvarez me ayudaron a aterrizar esto que escribo. Con Chuo comparto la inquietud que le embarga sobre una suerte de “autodestrucción” que prevalece en los sectores que se oponen al chavismo. Que sectores de la oposición celebren, junto con el chavismo, la renuncia de Ramón Guillermo Aveledo a la secretaría de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), tiene múltiples interpretaciones. En tanto, Ángel me facilitó la respuesta a una pregunta que gira en este momento: hay que alcanzar el poder, por vía democrática, para cambiar las reglas de juego en un sistema político. A fin de cuentas, se trata de dejar de ser oposición.

1.- No hay una salida fácil. Una de las trampas más nefastas en la que líderes y ciudadanos caen con frecuencia es en plantear o creer que en Venezuela habrá una salida fácil o rápida. El proyecto político hegemónico que gobierna a Venezuela ha perdido fuerza y conexión popular, sin duda alguna, pero domina los resortes institucionales. Cualquier estrategia de cambio en el país no puede partir de que por una acción opositora quienes ocupan el poder, en las primeras de cambio, lo van a dejar. No estamos en una carrera de 100 metros, sino en una maratón. Luce desafortunado que algunos dirigentes, en este momento, digan que el régimen está en fase terminal. Nicolás Maduro desde el poder enfrenta una dura crisis, eso es cierto, pero al menos yo no veo señales de que un cambio sea inminente.

2.- Nadie hará las tareas que corresponden a líderes y ciudadanos comprometidos con el cambio. Ya ahora no se escuchan estos comentarios, pero meses atrás era muy frecuente oír aquello de que cuando hubiesen los primeros muertos los militares se levantarían contra Nicolás Maduro. Tales afirmaciones escondían varias cosas, la más notable era que pecaban de ingenuas ya que en Venezuela si se produce un golpe de Estado (cosa con la cual he estado en desacuerdo públicamente desde 1992) no será para que los golpistas coloquen a un opositor en el poder, sino probablemente para editar una versión distinta del régimen actual. Lo otro que subyace es creer que otro hará las tareas que nos corresponden. Un cambio democrático ocurrirá en Venezuela cuando efectivamente una mayoría se comprometa con acciones para que ello ocurra.

3.- Existe un país más allá de Twitter. Líderes políticos y ciudadanos parecen sumergidos en la burbuja de las redes sociales. Muchas de las cosas que se comentan o comparten en Twitter son reales, pero en esa u otras redes sociales no está todo lo que pasa en el país. Y peor aún, reducir la faena política a redes sociales es un enorme error, ya que sólo se le está hablando a los que ya están convencidos. El enorme desafío de la oposición sigue siendo como construir una mayoría solida y para ello necesita hablarle a una mitad del país que no tiene internet, que sólo ve la televisión abierta y que fundamentalmente sigue identificada con Hugo Chávez. Sólo junto a estos venezolanos se logrará el cambio.

4.- Sin unidad no habrá salida. Llámese MUD o como quiera llamársele, sin una unidad entre los sectores políticos, sociales y gremiales a favor de un cambio democrático en Venezuela tal cambio no ocurrirá. Y se trata de una unidad programática y estratégica, eso quiere decir que se tiene un programa común y estrategias, que si bien pueden ser diferentes según el énfasis de cada sector, apuntan a un objetivo común y se conectan entre sí. En ningún país con régimen autoritario se ha alcanzado la re-democratización sin unidad.

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Medios en venta

Con motivo del aniversario de El Nacional, su presidente-editor Miguel Henrique Otero se encargó de recalcar hasta la saciedad que este periódico no está en venta. Supongo que tal mensaje tenía destinatarios, amén de enviarle un mensaje de tranquilidad a los lectores y seguidores de este diario. El mensaje de Miguel Henrique, por otro lado, tiene pleno sentido ya que continúan circulando versiones de que la venta de medios, en Venezuela, no se detendrá en El Universal. Versiones apuntan a un gran circuito radial, a un consorcio editor que tiene un canal de televisión y a varios periódicos importantes que se editan fuera de Caracas.

La venta de medios tiene varias lecturas. La primera es que efectivamente la transacción comercial ayuda a “lavar” importantes sumas en manos de empresarios y altos funcionarios; la segunda es que obviamente estos medios se compran para torcer líneas editoriales críticas; y la tercera es algo en lo que hemos insistido, estos medios se compran para que sirvan de escudo de protección para el momento en que quienes hoy están en el poder ya dejen de estarlo.

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La hoguera de las vanidades

En sus palabras de despedida como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Ramón Guillermo Aveledo puso sobre el tapete la imagen de la hoguera de las vanidades, la cual no sólo es hecho histórico, sino también título de una obra literaria que tuvo una versión fílmica.

Retomo sus palabras: La Unidad es un ser viviente. Con las posibilidades y las limitaciones, con los logros y los fracasos, con las virtudes y los vicios de la vida. La Unidad es una obra. No se hizo sola. No apareció de golpe. En su construcción hay lucha, trabajo, ideas, voluntad de entenderse cediendo posiciones y encontrando propósitos comunes por los cuales hacer juntos. Hay orgullo por lo logrado, pero hizo falta mucha humildad para poder lograrlo. Es, en cuanto obra, perfectible. La Unidad es un valor. No nos resta, nos agrega y como tal, vale. Obra y valor, la Unidad es también una promesa y, por eso, un compromiso. Esta gran coalición unitaria, tiene como propósito la Unidad Nacional. Rescatar el sentido de lo común mediante la superación de la división, de la exclusión y de la discriminación. Es la Unidad para alcanzar una Unidad más amplia, más profunda y de más proyección que es la de un país diverso donde hay conflictos, pero que es capaz de convivir en paz en su pluralidad, y de resolver con respeto y civilidad sus diferencias, y de trazarse objetivos nacionales comunes y trabajar por solucionar los problemas que a todos nos afectan.

Así que cuando la Unidad promete lo que promete, y proclama que Venezuela somos todos, se compromete a mucho y no puede quedarse corta. No puede enredarse en conflictos que son microscópicos ante la magnitud de la tarea. No puede consumirse en una “Hoguera de las vanidades”. Hasta aquí cito a Aveledo.

Tom Wolfe, hace casi tres décadas puso por título “La hoguera de las vanidades” al libro que develaba las perversiones del poder financiero, junto con la extendida corrupción humana que exhibían sus protagonistas. La expresión proviene de la Florencia del siglo XV y se asocia al monje dominico de nombre Girolano Savonarola, quien en la medida de que fue ganando adeptos con sus sermones éstos se hicieron literalmente incendiarios. La vida de este monje la terminó la propia cruzada que iniciara. Fue víctima de su propio fanatismo. En uno y otro uso de la frase lo que resalta es la capacidad del ser humano para autodestruirse, para sencillamente acabar con lo que está edificado.

El llamado de alerta de Aveledo, usando esta metáfora, tiene pertinencia en la Venezuela demócrata de hoy. Diversos líderes, ahogados en su propia vanidad, apuestan a un cambio pero asumen como verdad única “su” propuesta de cambio, con lo cual el escenario político opositor se asemeja más a una guerra de egos, que a la búsqueda unitaria de un cambio en beneficio de todos, incluyendo los que hoy apoyan a este régimen. La incapacidad que tiene el liderazgo opositor para generar no sólo una alianza política genuina, sino el autismo que marca a muchos líderes, para poder conectarse con lo que propone el otro, y de esa forma consensuar una hoja de ruta común, nos remite lamentablemente a esa hoguera de vanidades, ya no metáfora sino cruda realidad.

Con otras palabras, el jesuita Luis Ugalde fue más directo al decir que si los actores de oposición no logran ponerse de acuerdo y llevar adelante un plan común, en este hora tan desdichada que vive el país (agrego yo), entonces no merecen gobernarnos. Se consumirán en su hoguera de las vanidades.

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