El ansia
Por: Víctor Maldonado C.
e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
La masa del maníaco de gloria está formada por sombras
Elias Caneti
Si hay alguna cifra que aturde a la sociedad democrática es aquella que afirma que poco más de la mitad de los venezolanos tiene una opinión favorable del actual presidente de la República. Este aserto solamente se puede comprender si lo apreciamos en perspectiva y observamos que esta generosa valoración ha venido disminuyendo en términos porcentuales en los últimos dos años. Pero más allá de la crudeza de este dato estadístico, deberíamos estarnos preguntando sobre las razones por las cuales esta calificación se mantiene tan alta, a pesar de que a todas luces su gestión pública carece de éxitos notables. En la respuesta que nos procuremos no podemos dejar fuera tres aspectos que lucen especialmente relevantes a los efectos de lo que desde aquí tendremos que emprender para lograr una alternativa plausible en el 2012.
El primero de todos es la necesidad de construir y sostener una alternativa competitiva al régimen, que sea fresca, creíble, incluyente, capaz y apta para retar el liderazgo actual. El segundo aspecto es entender que el talón de Aquiles del actual régimen es la calidad de su gestión que no ha podido resolver ninguno de los problemas sociales que se le han presentado. Allí, en la inseguridad desbordada, el desempleo crónico y en los apagones sistemáticos es que debemos proponer la batalla de la opinión pública. Allí es donde hay que centrar el foco. Y en la pretensión del gobierno de acabar con la descentralización, las autonomías regionales, los derechos de propiedad y la libertad plena y sin intervenciones que los padres deben mantener para criar y educar a sus hijos. Y por último diagnosticar adecuadamente dos factores de índole psicosocial: el que determina la fuerte ligazón entre el presidente y cerca del treinta por ciento de la población venezolana, y el que predispone hacia el resentimiento destructivo a nuestra clase media profesional. El primero de estos factores explica la extrema permisividad de los seguidores del presidente con los desafueros de su conducta, y el otro podría aclararnos por qué no hemos logrado luego de diez años construir una opción viable a la propuesta autoritaria encabezada por el Jefe de Estado.
Freud diría que el líder libera a los seguidores de la espantosa responsabilidad de autorregulación al brindarles una voz autoritaria y severa que deben obedecer. También que el líder puede escapar del resentimiento subyacente y agresivo de los seguidores si encauza la hostilidad del grupo hacia fuera, apartándola de sí mismo, para apuntarla hacia un otro despreciado, a quien se puede execrar y lastimar con impunidad. De este modo, el líder concede al seguidor la gratificación de hondos deseos agresivos que comúnmente debe mantener sublimados y vueltos contra sí mismo, alentado a escindir el mundo externo en imágenes concretas de bien y mal.
Su propuesta nos resuelve el acertijo. El liderazgo carismático tiene dos caras. Una para sus seguidores y otra para sus adversarios. Y las dos lo refuerzan. A los primeros los somete dándoles estructura y sentido, en tanto que al resto los apura hacia el barranco de las contradicciones irresolutas. El mismo que vendió un liderazgo fuerte capaz de imponer la revolución de la igualdad, impuso a otros la leyenda negra de la IV República y los cuarenta años perdidos. A sus seguidores los cohesionó y al resto nos dispersó en el desierto de la incomprensión, el desconocimiento y el fatalismo. Diría Caneti que Chávez se ha convertido en un coleccionista de hombres, para enviarlos de avanzada, o llevarlos consigo a la muerte. Y ganada la gloria, su ansia primordial, permitirse despreocuparse de todos, sin perder nada con ello.
Víctor Maldonado C
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