Una entrevista imposible

Por: Victor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

“No basta que algo sea deseable…”

Ortega y Gasset

Esa frase hay que completarla. Me refiero a que no basta que una cosa se nos antoje deseable para que lo sea en verdad, y sea realizable. Esa es la disyuntiva de las utopías. La realidad es mucho más compleja que el discurso de algunos políticos, enfrascados en los dilemas del deber ser y evadiendo por esta vía las exigencias de la realidad. Esa es la ruta de la decadencia, que se da por la insistencia en ensayar panaceas de buen gobierno. Al final el fracaso conduce a la evidencia de que las cosas son más complicadas de lo que ellos suponían. El fracaso político es la única consecuencia segura de los que niegan la complejidad de la realidad. Pero ojalá todo quedara allí. Las masas comienzan a sufrir en su vida privada los resultados de la desorganización. La seguridad pública peligra; la economía privada se debilita; todo se vuelve angustioso y desesperante; no hay donde tornar la mirada que busca socorro. Ese es el principio del fin. Cuando la sensibilidad colectiva llega a esta sazón suele iniciarse una nueva época histórica, porque el dolor y el fracaso crean en las masas una nueva actitud de sincera humildad que las hace volver la espalda a todas aquellas ilusiones que intentaron ensayar como sustitutas de la realidad.

No he tenido la oportunidad de vivir tu época ni saber demasiado de lo que ocurre en tu país. De hecho, mi circunstancia vital concluyó el 18 de octubre de 1955. Guardamos una distancia de 57 años, que está condenada a expandirse hasta el infinito. Pero no creo que en algo sea diferente al deprimente espectáculo de que los peores, que son los más, se revuelven frenéticamente contra los mejores. Este fenómeno mortal de insubordinación espiritual de las masas es ajeno a cualquier razonamiento y predicación. Esta enfermedad social consiste precisamente en que no quiere dejarse influir, en que no está dispuesta a la humilde condición de escuchar. Y esa dolencia no se cura sino con dosis concentradas de realidad. Para sanar será preciso que sufra en su propia carne las consecuencias de su desviación moral. Así ha acontecido siempre. Y ustedes los venezolanos no serán la excepción a esta regla, porque ustedes están preñados de particularismo. Particularismo es aquel estado de espíritu en que creemos no tener que contar con los demás. Unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, otras veces por excesivo menosprecio del prójimo. Desde los particularismos no se construye una nación. Nación es una ingente comunidad de individuos y de grupos que cuentan los unos con los otros.

Esta crisis no deja de ser una conmoción del liderazgo. Se olvidó la vieja lección de que la demagogia conduce a la degradación espiritual de los pueblos. No todo lo que se imaginan y desean es posible. Las tiranías, esas compañeras ineludibles de la mentira, no dejan de ser versiones incompletas e insulsas del arte de gobernar. La realidad es, como lo dijimos antes, mucho más limitada en sus capacidades de realización. Olvidamos recurrentemente que mandar no es simplemente convencer, ni simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas cosas. La sugestión moral y la imposición material van íntimamente fundidas en el acto de imperar. Por eso, ni pacifismo a ultranza, ni el place a la fuerza bruta.

Estos pueblos suelen pedir orden. Están cebados por el autoritarismo hasta que se dan cuenta que la violencia se universaliza con mucha facilidad y que es por lo tanto muy fácil pasar de verdugos a víctimas. Solitaria, la violencia fragua pseudo incorporaciones que duran breve tiempo y fenecen sin dejar rastro histórico apreciable. No hay un solo tirano que se haya ganado un puesto en la historia. Así como llegan, desaparecen. En algún momento su nombre se condena al silencio porque el que usa solamente la violencia nunca llega a construir y afianzar verdaderos proyectos nacionales.

En toda auténtica incorporación, la fuerza tiene un carácter adjetivo. La potencia verdaderamente sustantiva, que impulsa y nutre el proceso es siempre un proyecto sugestivo de vida en común… No viven juntas las gentes sin más ni más y porque sí. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo; son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos sino para hacer algo juntos. El vivir juntos está mejor relacionado con una gran empresa vital de colaboración. Cuando eso se olvida no queda otro camino que la represión de unos contra los otros. Porque sabe eso un líder sabio convoca el escurridizo dios de la unidad que guarda los arcanos de las realizaciones futuras. Él sabe que las naciones se forman y viven de tener un gran programa para el mañana y que no es el pasado el argumento más poderoso para impulsar la prosperidad de los pueblos porque vivir es algo que se hace hacia adelante.

Se alejó diciendo una última frase. El problema de algunos pueblos es que se sienten predestinados a ser un rebaño buscando perpetuamente un pastor y un mastín… un mal pastor…

Víctor Maldonado C

victor.maldonadoc@hushmail.com

victormaldonadoc@gmail.com

http://blogs.noticierodigital.com/maldonado

Twitter: @vjmc

Escribir Respuesta