Acuerdos de hecho
Por: Víctor Maldonado C.
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Más allá de la división maniquea que tanto disfrutan los patrocinantes de esta revolución, lo cierto es que entre los venezolanos hay una gran expectativa para transformar sus aspiraciones más sentidas en acuerdos nacionales. Estas expectativas son el espacio más fructuoso para la construcción del país diferente que todos anhelan. En esta afirmación nos topamos con la primera gran coincidencia: todos desean algo sustancialmente diferente. Todos siguen aspirando a un cambio.
El cambio fundamental se centra en la construcción de relaciones decentes y justas entre un gobierno demasiado poderoso y una sociedad que siempre ha sido vista como la débil de la partida. Un vínculo que esté sometido por el imperativo del orden y la cohesión social dentro de parámetros muy precisos de justicia y equidad. Los venezolanos no toleran el despotismo ni la prescripción constante del “me da la gana” como forma cotidiana de sometimiento. Los venezolanos aspiran a la redistribución en forma de oportunidades para ejercer la libertad. Por eso el acendrado propósito de buscar el “echar pa´lante” a través de los estudios y del trabajo. Sin embargo, es mucho lo que hay que hacer para que millón y medio de jóvenes venezolanos no sigan desertando de la escuela y cerca del 45% de los trabajadores tengan un empleo de calidad, garantizados todos sus derechos y seguridad social, cosa que no siempre consiguen en el mundo informal o en el de las pequeñas y microempresas.
La otra esperanza nacional es que algún día se pueda vivir en paz. Luego de once años de venganza social los venezolanos se están dando cuenta de que lo importante es la vigencia de ciertas garantías y derechos. Y que la vida no es sustituible por cualquier otro bien. Luego de 150 mil muertos por violencia, y sabiendo que buena parte de ellos son aportados por las clases más modestas, no hay nada que pueda superar la aspiración de que acabe de una buena vez esa matanza. En este ámbito la gente quiere un gobierno fuerte y consistente. Nada de hacer concesiones a ese discurso de la justicia directa por cuenta de la revolución, y mucho menos vivir la dictadura local de un grupo armado que dice interpretar el cambio que todos aspiran. Los venezolanos no quieren seguir viviendo esa angustia constante que les impide disfrutar la ciudadanía como una expectativa de mejor calidad de vida, sin que el crimen organizado o una bala fría “les agüe el guarapo”.
Finalmente, la gente quiere garantías para su dignidad. Bienes públicos de calidad y servicios sin reproches a la humanidad que acompañen al venezolano desde el nacimiento hasta su muerte. Estos son los acuerdos que por la vía de los hechos se han tramado y que exigen inmediata respuesta del gobierno.
Víctor Maldonado C
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