El ojo del amo
Por: Víctor Maldonado C.
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El comportamiento organizacional se basa en que ocurra, continua y sistemáticamente, un intercambio fructuoso entre directivos y trabajadores a través de la delegación, que no es otra cosa que el compromiso que obtienen los miembros de una empresa de que a cambio de su esfuerzo van a recibir como retribución un conjunto de “seguridades” que van desde el pago oportuno de un salario, pasan por tener garantías equitativas de que podrá desarrollarse dentro de la empresa, y terminan en el compromiso de que siempre van a contar con soporte, supervisión y liderazgo que les ratifique cuantas veces sea necesario cuales son y cómo se logran las metas de la empresa.
Hay muchos argumentos que podríamos dar para resaltar la importancia de la presencia del gerente al frente de su equipo de trabajo. Pero quedémonos con lo que dice el refrán popular: “cuando el gato sale los ratones hacen fiesta”. El ensamble de la división del trabajo en los sistemas complejos necesita el soporte de la dirección para resolver entuertos, ajustar los equipos, mediar entre las expectativas de las personas y recordar sistemáticamente que el jefe de toda la empresa es su misión organizacional. Si no se cumple la misión, nadie tiene sentido.
Sin embargo contra esta posibilidad conspiran los efectos distractores de la globalización. Las empresas son ahora mucho más grandes y descentralizadas que antes, y los gerentes tienen que pasearse por el mundo como parte de sus obligaciones. Los equipos quedan desasistidos y como lo plantea de manera magistral Richard Sennett, los gerentes van quedando al margen, conociendo cada día menos de la esencia de su empresa y de las peculiaridades de su negocio. Y por eso, entre otras cosas, ciertos problemas les explotan en la cara. No tienen que ser las circunstancias más extravagantes las que se hagan presentes. En el caso venezolano es, por ejemplo, ese desajuste de expectativas que ha provocado la legislación laboral y los efectos corrosivos en la disciplina y la debida concentración en el logro productivo.
Peter Drucker escribió un libro que se transformó en un clásico. Se llama “El Ejecutivo Eficaz” y en el capítulo 5 comienza diciendo que si hay algún secreto que se puede compartir para ser un bien gerente, ese sería la concentración: Tener prioridades, darles a esas prioridades un espacio preferente dentro de la agenda, y aprender a concluir cada una de ellas, sin caer en la tentación de “dejarlas guindando”. Hacer una cosa primero, concluirla, y otra después. Y no es porque no seamos capaces de ejecutar una asombrosa cantidad de cosas diversas, solo que para hacerlas bien, tenemos que aprender a concentrarnos para hacer converger todas nuestras aptitudes en un logro único. Y luego en otro. Y así sucesivamente. Esa es la diferencia entre el orden y el desorden.
Pues bien, para que las empresas funcionen los gerentes tienen que abrir espacio al control de su propia gestión, de la cual es imprescindible saber cuál es el estado de ánimo del grupo que tienen cargo, cuáles son los resultados que con su trabajo se están obteniendo, cómo se comportan las finanzas en relación con esos resultados, y cuáles son las señales del entorno que debemos atender con sentido de urgencia. Para hacer todo eso hay que concentrar tiempo y energías y no desgastarse en los privilegios de la ausencia.
Las complicaciones son más recurrentes en economías con altas tasas de turbulencia. El papel del gerente es todavía más determinante en el caso venezolano, con una propuesta que no termina de consolidarse, sin reglas claras y estables, y sin que se garanticen ni los derechos de propiedad ni los de la libre empresa. Con tanta confusión al directivo eficaz le corresponde hacerse presente y generar confianza. Y resolver allí donde haga falta tomar decisiones para no perder el control de su empresa. Porque hay demasiados incentivos para la disolución y muy pocos para enfocarse en el futuro. De eso se trata la incertidumbre, de la quiebra de buena parte de los estímulos institucionales que son necesarios para amalgamar esa relación que provoca como resultado el trabajo productivo.
Si hay una recomendación que no pueden dejar pasar los gerentes es que en épocas como estas es mejor concentrarse, hacerse presentes y ser todo lo visibles que puedan ser. Demostrar que eso todavía es posible, y que todas las tareas se pueden concluir, eso sí, una primero y otra después.
Víctor Maldonado C
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