Wayra
Por: Victor Maldonado C.
e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
Ayer la Cámara de Caracas se presentó a la Academia Wayra para entregar a ocho emprendedores venezolanos el Certificado de Afiliación a esta institución centenaria. Ustedes se preguntarán por qué hicimos esto, y qué razones tengo para comentarlo en mi artículo semanal dedicado a la gerencia. Lo hicimos porque queremos enviar un mensaje claro y preciso de apoyo al emprendimiento, en un país en el que muchos se solazan en argumentar las razones para partir. Y segundo, porque en un contexto lleno de soledades institucionales, nosotros queremos compartir con la empresa Telefónica los retos que suponen acompañar y celebrar una iniciativa tan propicia de responsabilidad social empresarial. Tal vez ellos no se vean así, y no es mi intención hacer apología o ser su vocero. Para eso es mejor que los interesados se asomen a www.wayra.org. Lo que yo pretendo es sacar algunas lecciones para las empresas y los gerentes venezolanos. Lecciones que aprendí del intercambio fructuoso entre ellos y nosotros. La primera y más determinantes es que apostar y tener confianza en las posibilidades del país y de su gente es una decisión ética que no es inviable. La segunda es que este tipo de apuestas debe expresar la intensidad con la que se asumen estos compromisos, en términos de calidad y estabilidad. Sólo de esta forma se construyen instituciones sólidas. La tercera es la generosidad de la apertura a todo tipo de colaboración y contactos, sin pretender “inventar el agua tibia” pero sin permitir el desparrame. El carisma de la Academia Waira es, entre otras cosas, su configuración como una red de geometría abierta.
Pero, ¿qué aprendimos? Que los empresarios son gente que piensan los problemas en formas de soluciones. Para ellos una necesidad es una oportunidad. Por eso es que buena parte de los proyectos que se están incubando intentan intervenir la cotidianidad de nuestra ciudad para hacerla más vivible, con mayores criterios, menos colas, más comunicación de valor y con menos inseguridad. Y que además, la gente es capaz de pagar porque esos problemas les sean mitigados. Hay un corolario a lo dicho: los empresarios también son capaces de concebir los errores sociales en forma de soluciones que los enmiendan. ¿Se pudrieron conteiners de comida? Hay dos caminos: quejarse, o ingeniárselas para que eso no vuelva a ocurrir. Estas reacciones son las que luego nos hacen decir que no se puede emprender sin altas dosis de optimismo, esperanza y orgullo por las soluciones que se presentan. No hay tiempo para otra cosa. Así los países avanzan, transformando preocupaciones en soluciones, apalancados en el estado del arte de la tecnología y promoviendo el buen uso del talento de la gente. Wayra demuestra que eso es posible, aun en países cercados por la falta de fe en sí mismos y la persecución, a veces implacable, a los resultados de ser y de pensar en libertad.
La libertad y el carácter son dos requisitos que flotan en el ambiente de la academia como exigencia pero también como incentivo. Libres para crear, pero con el carácter para aceptar la ayuda de los demás, la corrección de los expertos, el acompañamiento en la inversión y la complementación del conocimiento. Libres para crecer en inteligencia y en talante. Eso es una singularidad del proyecto que se puede proyectar a todas las empresas que necesiten innovación.
Telefónica ha develado con este proyecto una virtud social que no siempre reconocemos. Seguimos siendo generosos en el compartir y mucho más en el apoyo, sobre todo cuando el esfuerzo es genuino. La Cámara de Caracas, por ejemplo, los afilió a cambio de mantener vigente el compromiso con el país de cada uno de ellos, que no decaigan en su ánimo emprendedor, y que no dejen de darnos razones para argumentar que nuestro país vale la pena. Que sigue teniendo sentido quedarse, y que si hay que asumir algún riesgo, mejor hacerlo aquí, en esta tierra donde se ama bien, se sufre en compañía de los seres queridos y se espera contra toda esperanza.