1. Nos encontramos hoy frente a una nueva circunstancia económica. El presidente de la República, antes de partir a La Habana, aprobó una nueva ley de costos y precios. Efectivamente “el talón de Aquiles” de este gobierno es lo económico. Es una paradoja inexplicable que en el marco de un shock positivo de ingresos el país no haya podido “crecer productivamente” y garantizar que este crecimiento sea sin inflación. Sobre todo si entendemos que este gobierno administra la economía a través del control de divisas, la hegemonía que ha venido construyendo en la distribución de alimentos y los esfuerzos que ha hecho para tomar la agroindustria y tener también allí una situación preponderante. Sin embargo, la inflación sigue allí, tan campante como siempre, demostrando por la vía de los hechos que no hay oportunidad para los pobres si viven en un país donde no es posible que los ingresos tengan capacidad y cobertura para satisfacer necesidades mínimas en condiciones de dignidad y libertad.
2. Todas y cada una de las medidas que ha tomado el gobierno tienen la misma obsesión justificadora: abatir la inflación y “quebrar la conjura del capital”. Ninguna de ellas ha logrado nada que resulte verdaderamente fructuoso. Baste simplemente entrar en los índices de precios sectoriales para apreciar algo aleccionador. Allí donde la intervención ha sido más intensa, más inflación se ha acumulado. Esta paradoja se puede observar en el sector alimentos y bebidas, donde las garras del gobierno se han ensañado con mayor intensidad de propósitos. Siendo 26,8% el promedio anualizado de inflación a junio 2011, por encima se encuentran alimentos y bebidas (27,6), bebidas alcohólicas y tabaco (40,8), equipamiento del hogar (28,3) salud (31,6), transporte (27,8) y bienes y servicios diversos (38,0).
3. El gobierno no ha podido resolver el problema de la inflación. Incluso en sus previsiones presupuestarias y fiscales reconoce un piso de 27% para el año 2011. Esa es una arista de la cuestión. La otra es el proceso económico que se conoce como “socialismo del siglo XXI” cuyas definiciones estratégicas y tácticas están establecidas en el Plan Económico y Social 2007-2013. Una revolución en proceso como la que vivimos en el país no tiene tres condiciones que son esenciales a la hora de lograr una economía sana (sin inflación y productiva): disciplina fiscal con autonomía del Banco Central, control y foco de las operaciones de PDVSA y de los fondos en divisas de la explotación petrolera, y un nuevo contrato social con el sector privado de la economía. Ninguna de esas tres condiciones se cumplen en el país, con el agravante de que sin ellas no hay la posibilidad de constituir la confianza social mínima indispensable para que una economía funcione.
4. En medio de la indisciplina económica del proceso se mantiene, empero, la disciplina política del proyecto, cual es abatir (1) la propiedad privada de los medios de producción y (2) eliminar el sistema de mercado interviniendo y pervirtiendo la lógica subyacente a los mercados de trabajo (a través de un control desproporcionado y desbalanceado de las relaciones laborales y la amenaza de una nueva ley del trabajo elaborada a espaldas de la discusión tripartita), mercados agrícolas (a través de la toma de 5 millones de hectáreas, la importación masiva de alimentos subsidiados, la negociación política de los incentivos al productor del campo, el control del tránsito de las mercancías, etc.), de bienes y servicios intermedios (a través de CADIVI, la solvencia laboral y los certificados de no producción), de bienes y servicios para el consumo final (a través de la Ley de Indepabis y de la nueva ley de control de precios), mercado financiero (a través de las llamadas gavetas financieras y la amenaza constante de intervención y expropiación de la banca).
5. Resulta algo contradictorio que los mismos que son señalados por la comunidad de economistas y analistas económicos como carentes de la debida disciplina fiscal sean los que a la vez tengan a cargo la planificación del Estado. Para nadie es un secreto que existe una Comisión Central de Planificación que encabeza el propio presidente de la República para “la transición del modelo capitalista dependiente, atrasado y dolarizado que ha producido tanta miseria y dolor a los pueblos del mundo, hacia un nuevo modelo socialista que genere y proporcione al pueblo la mayor suma de felicidad posible”. El Art. 1 de la ley explicita que se trabajará con visión de totalidad, elaborará, coordinará, consolidará, hará seguimiento y evaluación de los lineamientos estratégicos, políticas y planes. Sin embargo todo parece indicar que este gobierno administra crisis que le revientan en la cara, de viviendas, infraestructura, de abastecimiento, etc. Lo que no hace nada más que ratificar la imposibilidad de un régimen universal de controles y previsiones, ahora aplicados a los precios de los productos.
6. Cualquier esfuerzo de planificación que intente sustituir el sistema de mercado es solo un error inexcusable de fatal arrogancia. Hayek decía que existen dos modos alternativos de ordenar los asuntos sociales. Mediante la competencia, y mediante la dirección gubernamental… Cada vez que se pide al gobierno que decida cuanto ha de producirse de algo, quién podrá hacerlo y quién no, quién tendrá tal o cual privilegio… se está cometiendo un costoso error. Ninguna burocracia lo va a hacer mejor que la interacción los que compran y los que venden “en el marco de un sistema legal inteligentemente adoptado y eficazmente exigido”. La pregunta que, en contraste con la realidad, tendríamos que hacernos es la siguiente: ¿Si este gobierno hace mejor las cosas que la libre empresa?
7. Esta nueva ley de control de precios es la punta de lanza para la eliminación del sistema de mercado de formación de precios y su sustitución por la lógica soviética de economía totalmente controlada por el gobierno. ¿Cómo se forman los precios? A través de la compleja interacción entre la oferta y la demanda. El mercado es eso: miles de personas tomando miles de decisiones en un contexto altamente dinámico que cambia por procesos de innovación, moda, gustos, información relevante, valoraciones morales sobre los bienes o servicios que están en juego y la propia condición personal. El mercado provee diferentes opciones, a diferentes precios y con diferentes contenidos. Eso es lo esencial del mercado, que intenta incluir a todos los tipos de consumidores, dependiendo de su capacidad competitiva. Por supuesto, tendremos mejor mercado cuando haya mayor densidad de empresas. Por lo que “vivir mejor” tiene un camino conspicuo en el fomento del emprendimiento.
8. Cuando se abandona el sistema de formación de precios del mercado y se sustituye por el dedo del funcionario estamos tratando infructuosamente de reducir la inmensa complejidad de los hechos sociales a la cabeza de una persona. Se sabe que una persona cualquiera tiene límites cognitivos para ejercer la racionalidad. Allí se mezclan incapacidades con desviaciones ideológicas. Pero no solo eso. Surge la oportunidad de ratificar en la práctica una ley de hierro: Donde existe la oportunidad de administrar un control surgirá rápidamente la corrupción y los mercados negros y grises. (El contrabando, el juego ilegal, la prostitución y el narcotráfico son sólo los ejemplos más relevantes). Y en nuestro caso, el comercio informal, que se aprovecha de cualquier oportunidad presente porque no tiene un planteamiento a futuro. ¿Van acaso a perseguir al buhonero que saca provecho de las fisuras de la economía moderna?
9. Hay algo más que no se puede dejar por fuera, y que forma parte del complejo de “inéditos de la economía venezolana”. En ausencia de diálogo social para estimar la capacidad de aguante de la productividad nacional, el gobierno acostumbra a decretar unilateralmente aumentos y nuevas tasas contributivas a las empresas. Es tradicional el aumento del salario mínimo, con carácter universal y sin considerar las diferencias entre estratos y sectores. Recientemente modificó (con un sesgo populista insoportable) la ley de alimentación para extender el beneficio a la pyme, y sin importar la condición laboral del trabajador, activo, suspendido, de permiso, etc. No hay ley que no tenga un fondo que se conforma con una porción de los ingresos brutos o utilidades de las empresas. Estas “realidades” se suman a la condición de indefensión jurídica y desconfianza que generan el tono y la gramática castro-socialista del régimen. No hay un solo “héroe o epónimo” de la revolución que crea en la empresa privada. Este gobierno padece de un sesgo anti-empresa unánimemente compartido. Este sesgo provoca desconfianza social, aborta el futuro y nos coloca en un hoy que no siente que tenga asegurado un mañana. Y la desconfianza social se mide también en términos de inflación, que es otra forma de decir que las políticas económicas están desacreditadas y carecen de legitimidad. ¿La pregunta es cómo si se incrementan los costos se pueden mantener los precios?
10. ¿Es posible que con aumento de costos se mantengan los precios? ¡No! Aquí encontramos una singularidad de la revolución venezolana. Ellos creen que si. Entre otras cosas porque tienen una mentalidad rentista en la que la “utilidad” forma parte del realismo mágico latinoamericano. Utilidad es el excedente sobre los costos, que el empresario tiene que “administrar y distribuir” entre un conjunto de necesidades y demandas propias de la empresa, de su crecimiento, del perfeccionamiento de su talento, de la incorporación de nuevas áreas de negocio, de la retribución a los accionistas y del reconocimiento a los trabajadores. Sacar más de allí de lo que efectivamente ingresa es temerario y dramáticamente imposible. Así se quiebran las empresas, porque aun en la lógica del control de costos hay tres leyes que no son reductibles: No hay almuerzo gratis; Nadie regala su trabajo; Nadie vende por debajo del costo. De allí que la simplificación extrema del mercado provoca como resultado principal la escasez.
11. Esta discusión no se puede simplificar hasta los extremos de la estupidez. Estado y Sistema de Mercado se complementan en el trabajo del orden social, que no significa otra cosa que resolver los problemas de los ciudadanos. Una sociedad no funciona bien en ausencia de seguridad y orden público. Tampoco es buena cuando no hay estado de derecho y administración de justicia. Menos cuando no hay posibilidad de exigir el cumplimiento de los contratos y compromisos. Nadie apuesta a una sociedad con déficits en su infraestructura que no se logran resolver. Todos esos ámbitos son propios del Estado, así como las transacciones de productos y mercancías son propias del Sistema de Mercado. Los gobiernos fomentan el emprendimiento y auspician la presencia de empresas y negocios en zonas de mejor desarrollo. De hecho, el sector público tienen un set amplio de políticas públicas para incentivar el bienestar y favorecer el desarrollo con equidad. Además están los tributos que de suyo estimulan o debilitan ciertas actividades. Pero lo que no deben hacer es intervenir los mecanismos de funcionamiento del sistema de mercado, entre los que los sistemas de formación de precios son de los principales.
12. Nadie niega que tiene que haber convergencias entre el gobierno y las empresas. De hecho, los gobiernos son compradores y oferentes de peso. Además venden servicios y, en nuestro caso, producen, compran y venden directamente, eso sí, aplicando el subsidio gubernamental, y desfavoreciendo sustancialmente las oportunidades de los grupos tradicionalmente vulnerables. Así que un falso dilema cuando se plantea la supuesta desaparición del Estado para que entre indómito el mercado. Se trata de respetar espacios y contextos. Y apostar a las instituciones sociales, no a la lógica tumultuaria que coloca a las supuestas víctimas en la condición de ser jueces y partes.
13. El gobierno ha tenido un relativo éxito en desacreditar al comerciante, que es el que lamentablemente da la cara por las malas políticas económicas que se nos imponen a todos, consumidores y productores. Doce años de controles y expoliaciones de la actividad privada, llegando incluso a imponer por la fuerza una suspensión de los derechos de propiedad no han dado otros resultados que una economía débil, incapaz de operar sin inflación y en la que el temor es la principal sensación que se impone en la lógica de planificación de todas y cada una de las empresas. Hay inflación porque vivimos la sociedad de la desconfianza. Por eso no hay otro recurso que invertir en disposición para el dialogo pluralista que sin dejar de señalar errores también indique caminos donde el costo no lo paguen los menos afortunados.
14. ¿Cuáles son los resultados más previsibles de un régimen extendido de controles? Escasez mayor. Menor diversidad de productos, un mercado uniforme y simplificado, donde solamente aparecen los necesarios (esa es la verdadera trama de la igualdad comunista), mayor represión aplicada a las empresas. Y un retroceso aun mayor del emprendimiento, lo que acumulará mayores presiones en términos de desempleo e informalidad. Y estos costos sociales que se van a asumir no van a quebrar la tendencia inflacionaria, simplemente porque no se está atacando la raíz del problema, que es el propio gobierno, indisciplinado, desinstitucionalizado, descontrolado, y muy ineficiente.
Víctor Maldonado C
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