Archivo de Octubre, 2009

La revolución contra el chavismo

Por: Víctor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

¿Por qué la ira subterránea de los venezolanos no estalla como un volcán en la cara del gobierno? ¿Por qué los venezolanos de hoy parecen tan dispuestos a soportar un plan de racionamiento tan ingrato y tan odioso?  El vacío desolador que impide responder a estas preguntas y a otras similares tiene que ver con la ausencia relativa de tres condiciones indispensables para encarar con éxito a la “totumocracia regresiva” que hoy está presidida por Hugo Chávez. Hacer la revolución contra el chavismo exige que nosotros aprovechemos la circunstancia y enfrentemos el reto mediante la confluencia de dirigentes diligentes, masas descontentas, y un aparato propagandístico eficiente que termine por inclinar la balanza de este lado.

La conducción política que necesitamos tiene que cumplir varias condiciones: unidad, coraje, sentido de la oportunidad, capacidad estratégica y una inmensa capacidad para la convocatoria. Lo que no tiene sentido es que en medio del desplome de la credibilidad del presidente y de su gobierno, la dirigencia se muestre tan abúlica, tan especialmente ausente, sin energía y obnubilada por discusiones sin sentido, debatiendo sobre la gastritis de Platón o el sexo de los ángeles mientras el gobierno sale invicto a pesar del desastre eléctrico, el racionamiento del agua, la hegemonía de la delincuencia, la ruina de las empresas del Estado y la corrupción impúdica que se exhibe a lo largo y ancho del socialismo del siglo XXI.

No hay que dejar de considerar una segunda línea de exigencias. Hay que reconocer que este gobierno ha movilizado al pueblo. Ha mantenido por mucho tiempo un atractivo emocional para buena parte del país que obtiene placer sumergiéndose en un movimiento de masas y sometiéndose a una autoridad superior. Tenemos que elaborar el antídoto contra la consigna carismática de “con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo”.  Y eso es perfectamente posible si en vez de jugar a la caperucita roja, proponemos un discurso y una organización de bases que sea capaz de reclutar a los que hasta ahora militan en el chavismo, que no lo hacen por las obras sino por el discurso redentor que los sacó de la nada para ponerlos a valer.

Y para eso hay un nicho de oportunidades. Alexis de Tocqueville, en su estudio sobre la Francia prerrevolucionaria señaló que las condiciones del pueblo llano nunca habían mejorado tan rápidamente como en los veinte años anteriores al cataclismo, y sin embargo, “los franceses  cuanto mejor era su situación, más intolerable la consideraban”. Esto nos lleva al siguiente corolario: Ni la miseria crea automáticamente el descontento, ni el grado de descontento es proporcional al grado de miseria. Lo que realmente hay que explotar es la frustración de las expectativas, y las disonancias entre lo que el discurso oficial dice y la realidad que provocan.  J.A. C. Brown propone una hipótesis por la que nosotros no acostumbramos a pasearnos. El descontento es mayor cuando han mejorado las condiciones de los miembros originalmente rechazados o cuando han empeorado las condiciones de los miembros más privilegiados. Paradójicamente, cuando más alcanzable sea el fin, mayor insatisfacción produce el no haberlos alcanzado.

En eso estamos luego de diez años. Diez años de reivindicación espuria que movilizó al pueblo, lo colmó de beneficios pero a la vez lo encadenó a la miseria más vil cuando lo hizo depender de la renta petrolera transformada en limosna insostenible. Chávez les prometió el cielo de la igualdad pero realmente los encadenó a una opresión sistémica, que los ha dejado sin ciudades, sin espacios para el encuentro, sin sosiego y sin esperanza. Este régimen los ha reducido al hoy inclemente, a la ausencia del mañana por el simple azar de la violencia, por la mera necesidad que obliga a la delincuencia. Este gobierno envileció al pueblo y ahora éste espera una nueva oportunidad para su redención definitiva.

En eso consiste la inmensa oportunidad que tiene ahora la revolución contra Chávez y su totumocracia. Hacer la revolución necesaria comienza por crear las condiciones para la confluencia. Unidad sin condiciones, movilización sin excusas, crítica constante y propaganda permanente para volcar al pueblo hacia una opción más digna, más vital, realmente empoderada, y lo suficientemente pragmática para luchar contra los verdaderos problemas del país, aquellos que nos han condenado a la infelicidad y la villanía. 

Víctor Maldonado C

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¿Y el país qué?

Por: Víctor Maldonado C.

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Ubiquémonos en contexto. Este gobierno nos está conduciendo rápidamente a la ruina social, cuyos indicadores más espeluznantes ya se están mostrando en una libreta virtual de racionamiento cuyos primeros rubros son el agua potable, la electricidad y el gas, mientras produce la quiebra organizacional de PDVSA y el descalabro del resto de las instituciones públicas. Sin embargo, la agenda del gobierno está centrada fundamentalmente en desentenderse del país, en negar sistemáticamente la configuración estructural de la crisis y en pretender que lo que está ocurriendo es simplemente el resultado coyuntural del abatimiento de los precios petroleros. Por eso, sigue impasible en su estrategia continental, que está perfectamente divorciada de nuestras necesidades, de nuestras capacidades para financiar ese experimento neo hegemónico, y de la urgencia con la que los demás vemos este deslave de fracasos.

Lo más paradójico y controversial es que el país aun no está quebrado. Hay recursos que sin embargo no van a ser utilizados racionalmente sino electoralmente. Y allí entramos nosotros como convalidadores del desastre. Al momento de la rebatiña, nadie se pregunta si media alguna objeción moral, o si están en juego los principios. Nos prestamos al juego del saqueo, legitimamos una política económica perversa, y pulimos los mazos con los que luego apalean los derechos de propiedad, las libertades económicas y los derechos humanos. Es tal vez un problema de vértigo y de velocidad. Ocurren demasiadas cosas a la vez y nosotros somos tendencialmente a-instrumentales. La mezcla de indiferencia oficial con expropiaciones, procesos abiertos y presos políticos, petrobonos, bonos soberanos, inseguridad ciudadana, secuestros y extorsiones, amenazas de guerras, equipamiento bélico, reforma de las fuerzas armadas, y declaración de todo un municipio como patrimonio cultural, produce indudablemente una ofuscación paralizante que solamente conviene al gobierno.

Pero no hay que perder el sentido de lo que está ocurriendo en el país. Lo que estamos viviendo no puede ser apreciado desde un punto de vista estético, como si diera lo mismo el chavismo que el antichavismo. Lo que estamos sufriendo requiere de definiciones morales. No solamente nos están saqueando al país con la excusa de la redención de los pobres, sino que estamos permitiendo que un proceso irreversible de  desolación nacional esté ocurriendo frente a nosotros, sin que hasta ahora hayamos sido capaces de responder con la contundencia necesaria.

Estemos claros. El país se está hundiendo y cualquier referencia a la vigencia del Estado de Derecho nos conduce a un ejercicio psicótico de cinismo. Sí este es el contexto, sí lo dicho demuestra la gravedad y la urgencia del momento, entonces se impone el deber moral de intentar dar la batalla sin entreguismos anticipados, sin desvaríos y sin que agendas perversas tomen la dirección de nuestro proceso político. Tenemos una oportunidad de pasar a la ofensiva, pero ello supone desprendimiento. La única posibilidad, tal vez la última, está íntimamente relacionada con la unidad de todos los factores de la sociedad democrática. Unidad que conmueva emocionalmente y que se presente como una alternativa real para los que necesitan justificar el abandono de la opción redentorista que supuestamente apoya el chavismo. Unidad sin fisuras, unidad sin que sea arrebatada por los egos institucionales y los caza güiros de siempre. La demostración de grandeza que está pidiendo el pueblo a los actores políticos es que sean consecuentes y definan aquí y ahora cómo se edifica una alternativa sólida, robusta y creíble.

Tarjeta única que imposibilite la tramposería venezolana. Primarias que inhabiliten a las oligarquías de los bates quebraos. Y un programa que pueda deslindar el hacer autoritario del chavismo de lo que tiene que ser el ejercicio democrático de derechos y garantías. Estemos claros, esta oportunidad no la podemos malgastar azuzando el atajaperros entre Leopoldo y la mesa de los partidos. Ni acusando a los que nos preocupamos, de ser parte de la antipolítica. Estemos claros, estamos hablando de grandeza, de deberes morales colocados por encima del interés y el cálculo particular. De tener presente que a esta velocidad el país no puede esperar otra cosa que la construcción de una gran empresa cooperativa que nos saque del camino de la pobreza, el autoritarismo y la opresión.

Víctor Maldonado C

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Por: Víctor Maldonado C.

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“rin-rin. Comienza la segunda del noveno”

Decisiones. Rubén Blades

Esta mañana es el principio del resto de nuestras vidas. Muy temprano, cuando todavía no habíamos llegado al Colegio San Ignacio, caímos en cuenta de lo cerca que estaban las garras del socialismo. Ese monstruo de engaños y odios, ahora nos susurra mentiras al oído, y con toda la perversidad que ha acumulado en los últimos diez años, está dispuesto a aposentarse en tu alma para desde allí organizar tu perdición. Respiro profundo e intento desde ya la resistencia, a sabiendas de que esta batalla la tendremos que dar juntos, tal vez intentando mantenerte en la retaguardia, salvando lo que podamos del resto de tu infancia, y evitándote en la medida de lo posible la inoculación del odio y la extremaunción de la inocencia que este gobierno tiene previsto para ti.

Juntos lucharemos por el esplendor de la verdad, aun sabiendo cuán difícil puede ser el mantenernos firmes en el combate. No estaremos ajenos a las dudas, y muchas veces nos será muy difícil entender que no podemos abandonarnos en este trance. Juan Pablo II lo advirtió durante toda su vida. No siempre es fácil, porque el mal existe en forma de mentiras y el hombre es tentado continuamente a apartar su mirada del Dios vivo y verdadero para dirigirla a los ídolos. Lo que persiguen es agotarnos para que nuestra sensatez se ofusque y se debilite nuestra voluntad hasta el punto de entregar nuestras conciencias y transformar nuestro coraje en docilidad y resignación.

Lo que te ofrezco es un pacto irreversible de honestidad. Ese será el faro que nos ilumine cuando estemos transitando por las tinieblas de la perdición. Allí estaré contigo cuando te presenten al Che Guevara y a Carlos Marx como ejemplos dignos de ser admirados. Allí estaré para contarte sus vidas y darte las claves para que entiendas por qué solamente pueden ser ejemplos de crueldad, odio y destrucción. Ernesto Guevara solo puede medirse por su amor a la guerra y su intransigencia ideológica. Te contaré de cómo disfrutaba ordenando fusilamientos sumarios, y con cuanta satisfacción cumplió el encargo de ser el comandante de un campo de exterminio. Te contaré su vida hasta provocarnos arcadas de asco por un ser tan destructivo e incapaz. Allí estaré para revelarte que no todo puede ser contradicción y enfrentamientos. Que este mundo se ha construido sobre la base de consensos y complementariedades que no supo ver el resentido economista político alemán.

Allí estaré cuando tengamos que resolver la justeza de la historia patria. Disiparemos dudas y matizaremos los heroísmos. Pero sobre todo nos preguntaremos una y otra vez qué tienen que ver todas ellas con la decencia, la lealtad, la libertad y la honestidad. Hablaremos de los poderosos de hoy, y voltearemos hacia la historia para observar cómo los que se sintieron eternos terminaron siendo polvo, olvido y repugnancia. La verdad, querido hijo, es refulgente aun en los peores momentos, cuando el amanecer se retarda y creemos que las tinieblas van a prolongarse por toda una eternidad.

Esta batalla es una batalla para mantenerte liberado y asegurarte suficiente autonomía para que construyas toda la libertad de la que seas capaz. Juntos nos liberaremos del tirano, de la ignorancia, del miedo, de la furia, de la coerción, y de la injusticia. Esta batalla que vamos a dar juntos es para evitarte la vergüenza de la sumisión y la tristeza del abatimiento. Juntos lucharemos por el esplendor de la verdad, porque Dios siga estando entre nosotros, y porque nuestra familia sea el faro desde el cual tú puedas reconocer los principios y valores que te hagan un hombre de bien.

Pero recuerda, esta batalla la daremos juntos, agarrados firmemente de las manos, confiando en nuestra verdad y dudando sistemáticamente de héroes y villanos. Dudar de la propaganda que se agazapa entre los libros, desconfiar del poder que se entromete en tu vida, sospechar de todo aquel que dice amar pero que golpea implacablemente. Recela de las palabras y busca la verdad en los hechos. Y confía en los que vamos adelante, encarando de primeros los escollos que obstaculizan el que alcances tu felicidad.

Hijo mío. No tengas miedo y recemos juntos para no errar el camino del bien, no perder la conciencia de nuestras propias limitaciones y nunca olvidar que estamos en las manos misericordiosas de Dios. Al final disfrutaremos del esplendor de la verdad, y habremos vencido.

Víctor Maldonado C

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Recordar o morir

Por: Víctor Maldonado C.

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“de lo que no existe, no se habla”

Wittgenstein

La mayor parte es silencio. Así concluye el filósofo su Tractatus. Esta afirmación nos previene contra la tentación de las definiciones y la pretensión de encerrar a la realidad dentro de los confines de un plan económico, como si el pasado fuese un prueba superada, el presente no tuviera sentido y el futuro fuera simplemente un tiempo ganado para la negociación. La mayor parte es silencio, simplemente porque es imposible atajar la complejidad para convertirla en una función de la obediencia. Esa es la frustración fundamental del gobierno. Que la realidad no se comporta de acuerdo al plan y por lo tanto, toda la historia de los últimos diez años solamente demuestra un inmenso fracaso, una distancia insalvable entre lo que se dice y lo que se hace. Por eso, el gobierno apuesta al silencio y al olvido. Por eso, el gobierno insiste en el trauma y en el dolor, en las emociones fuertes y en el miedo, para que la gente pierda la capacidad de vincular las promesas con la realidad en una relación de mentiras. El gobierno quisiera que todos cayéramos en la tentación de la indiferencia por abatimiento.
La principal obligación de la sociedad democrática es recordar y reconocer. No dejar de lado la inmensa saña con la que se arrebató la concesión de RCTV, y tampoco la promesa frustrada de crear a cambio una televisión de servicio público decente. Recordar que este gobierno cerró treinta y cuatro emisoras de radio y desguazó el circuito CNB bajo la consigna de que había que restaurar la legalidad en el espectro radioeléctrico. No dejar pasar que este gobierno ha arrebatado más de cinco millones de hectáreas y se ha dado el lujo de arrasar cosechas enteras bajo el supuesto de rescatar la soberanía alimentaria. Y que los protagonistas de estos desaciertos tienen nombre, apellido y cargos, para que les sea arduo evadir el juicio de la historia. Caracterizar al gobierno no es difícil, aun cuando seamos las víctimas sociales de la conjura del conformismo. Saqueo, invasiones, despojo y excesos son la esencia de su significado. Al decenio revolucionario solamente se le puede determinar a partir del abismo entre lo que dice y lo que efectivamente hace, en la futilidad de sus promesas y en la repugnancia que provoca el vacío de realizaciones, pero no se puede dejar pasar que el principio de su supervivencia es el éxito que ha tenido en exacerbar nuestra predisposición para el olvido.
Puede parecer paradójico, pero la principal arma de este gobierno es el manejo de sus silencios. Porque en el medio de la algarabía y el escándalo de su discurso se esconde algo terrible. Detrás de tanto ruido se oculta el fracaso y la mentira. Este gobierno no quiere hablar de derechos humanos o de presos políticos. No quiere discutir sobre libertad de expresión o garantías ciudadanas. No quiere abrir un debate sobre la autonomía de los poderes públicos y las condiciones para que esto ocurra. No le gusta  disputar sus ideas sobre la institucionalidad de la Fuerza Armada, y tampoco le gusta hablar de Estado de Derecho o del Imperio de la Ley. Mucho menos justificar su papel en la presencia creciente de presos políticos. Ninguno de estos temas puede ser objeto de discusión, por eso cada vez que se presentan, activan el escándalo. Aquí no quieren hablar de inseguridad, de las muertes violentas, de la basura, la inflación y el costo de la vida, del crecimiento descontrolado de los ranchos y las invasiones, de la debacle del programa popular de viviendas. En este país el presidente no parece preocuparse de la corrupción y el enriquecimiento inexplicable de sus funcionarios, y parece no darle importancia al surgimiento de una nueva camada de ricos y privilegiados, que hacen todos los negocios en las faldas del gobierno, que de un día para otros han pasado de ser menesterosos a constituirse en los potentados, con todos los permisos para comprar los activos privados del país haciendo gala de los especiales contactos con los centros de poder. Pero, como todos saben, sobre ninguno de esos temas se habla.
El gobierno no habla, solamente produce ruido y confusión porque eso es lo que le conviene. El sinsentido es silencio que aturde, como el canto de las sirenas de las cuales se previno Odiseo gracias a los cuidados de Circe, una diosa benigna. Por eso, o recordamos sistemáticamente o seremos los espectadores asombrados de la muerte definitiva de nuestra propia libertad.

Víctor Maldonado C

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Ruina social a ritmo de guaracha

Por: Víctor Maldonado C.

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Dos acciones del gobierno demuestran el inmenso problema en el que estamos metidos los venezolanos. Por una parte el ministro responsable del ramo anuncia que Venezuela tendrá que importar 300 mil toneladas de azúcar, y por la otra, el mismo ministro ordenó una operación de allanamiento y arrase de una finca productiva, que para el momento estaba sembrada en su totalidad de caña de azúcar. Esta conducta es uno de los signos más marcados del gobierno socialista bolivariano. Totalmente enfrascados en la contradicción, apuestan fuerte a que el venezolano común y corriente no tenga interés alguno en establecer algunas relaciones plausibles entre lo que dicen y lo que hacen. Entre lo que piensan y lo que dicen. Y entre las diversas formas que tienen de contradecirse.

Hace unos meses el gobierno anunció un conjunto de medidas que se debían tomar para enfrentar la crisis mundial. Reducción presupuestaria, establecimiento de prioridades, endurecimiento del régimen de controles, incremento de las necesidades de endeudamiento, una mayor atención a la gerencia pública, y aunque no se dijo explícitamente, un relanzamiento de la ética socialista, que debía entenderse como una lucha más exigente contra la corrupción, la ineficiencia y el derroche.  Terminado el discurso, el presidente se dedicó a la agenda internacional y no a la implementación de las nuevas medidas económicas. Primero la insensata pelea con Colombia, y las medidas de retaliación contra el comercio binacional. Segundo, la tutoría a Mel Zelaya y la intromisión indebida en el conflicto interno de los hondureños. Tercero,  la agenda MERCOSUR, demarcada políticamente y organizada como un panel inquisitorio contra Colombia. Cuarto, la gira por diez o más países con cierre en el Palacio de La Moncloa, y finalmente el viaje a New York en ocasión de la Asamblea Anual de las Naciones Unidas.

La agenda del presidente, además de ser inmensamente costosa, es colosalmente inapropiada, y desconectada de los problemas reales del país, algunos de los cuales ellos mismos han identificado. Los saldos de cinismo son también insoportables. El presidente no vuelve de esos viajes con una solución al déficit habitacional, o con nuevas medidas para abatir la inflación, o con una mejor disposición para manejar la brecha cambiaria, o medidas de promoción a la actividad económica, habida cuenta del desplome del Producto Interno Bruto. Contrariamente a lo que la sensatez hubiese recomendado, su discurso de rendición de cuentas desde el balcón del pueblo se concentra en un solo anuncio: la compra de más equipos militares. Que acordó endeudar al país para comprar tanques y cohetes rusos, que por supuesto no sirven para controlar la inseguridad ciudadana, pero tampoco para limitar el libre desplazamiento de grupos irregulares trasnacionales en nuestro territorio.

Habiendo regresado al país, hubiésemos podido suponer que debía darle prioridad a la agenda de problemas domésticos, pero tampoco fue así. Primero tenía que recibir y agasajar, también por cuenta del erario público a la colección más refinada de tiranos del planeta. Eso sí, entre salidas, recibimientos, condecoraciones, discursos y agasajos, con tibieza y mirada distraída anunciaba que su equipo estaba preparando un nuevo paquete de medidas para mejorar la eficiencia administrativa. El desplome del PIB, la caída de la inversión, el aumento de la inflación y la distancia creciente entre el dólar oficial y el dólar permuta, advertían al gobierno que de seguir por esa ruta el buque revolucionario iba a encallar en las costas pedregosas de la economía.

Sin embargo, todavía el presidente Chávez no ha tomado debida nota de la urgencia. La única decisión que se ha anunciado es la emisión de bonos soberanos denominados en dólares. El remedio de este gobierno es más irresponsabilidad y más mentiras. Más deuda interna, porque los recursos del país no alcanzan para mantener el dinamismo de los programas sociales. Nos endeudamos para mantener una nueva ola de médicos cubanos y para pagar la nueva camada de maestros socialistas, mientras que los ingresos de la renta petrolera sirven al boato presidencial y a sus juegos de guerra.

Y aunque estos bonos resuelvan el problema de algunos sectores, lo cierto es que nos ensambla con este régimen en una danza perversa cuyo paso final es la ruina de todos. Simplemente porque el pan de hoy es el hambre de mañana. En el fondo el futuro a nadie le importa, total, a lo mejor no hay futuro alguno. 

Víctor Maldonado C

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