Archivo de Septiembre, 2009

El país de los soldados malditos

Por: Víctor Maldonado C.

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Fue nuestro flamante presidente, al tomar posesión en aquel lejano año de 1999, cuando frente a todos los poderes públicos del país proclamó con las palabras del Libertador que malditos serían aquellos soldados que empuñaran las armas de la república contra el pueblo. Lejanas, muy lejanas me suenan esas palabras, y esas promesas de que nunca, mientras él fuera Jefe de Estado, se iba a permitir que la fuerza armada sirviera para amedrentar y sojuzgar al pueblo.

Diez años después vivimos una dictadura militar en la cual los componentes de la fuerza armada están a la disposición de la represión y la sistemática violación de la Constitución Nacional. Y no hay espacios para la conmiseración. El presidente de la República, su gabinete ejecutivo y la Fuerza Armada están plenamente conscientes y son plenamente responsables de lo que aquí en nuestro país está ocurriendo. Que el pueblo está siendo masacrado en sus derechos. Que la protesta ciudadana se está criminalizando. Y que el gobierno está seleccionando cuidadosamente los blancos de su represión para que cada uno de ellos represente con claridad meridiana los sectores con los que este gobierno no está dispuesto a transarse. Políticos, dirigentes populares, trabajadores, estudiantes y empresarios están en la siniestra lista de la represión focalizada para amedrentar al resto. Con esta secuencia de agravios el presidente Chávez demuestra cual es la esencia de su agenda: la opresión, la esclavitud, y el uso del poder para aplastar con toda la violencia que sea necesaria cualquier expresión de disidencia.

Hoy sábado 26 de septiembre de 2009 amaneció detenido en la Comandancia de la Policía de Barquisimeto un dirigente empresarial. Eduardo Gómez Sigala es un hombre de noble estirpe, luchador frontal contra la barbarie y creador persistente de riqueza y prosperidad nacional. Ex presidente de Conindustria y representante de ese sector ante Fedecamaras fue el señalado para encabeza esta nueva etapa de la represión. Frente a sus ojos la maquinaria de exterminio, especialmente resguardadas por la fuerza del orden, procedieron primero a allanar la propiedad, y luego a arrasar la siembra. Allanar y arrasar para dejar por hecho que la hacienda era un terreno baldío. Allanar y arrasar para mostrar que aquí en el país la razón la tienen los poderosos y no los sensatos. Allanar y arrasar para advertirnos al resto que esta maquinaria de violencia no tiene compasión ni precisa consideración alguna. Allanar y arrasar para que todos sepan que aquí alguien manda montados sobre los hombros del irrespeto a los derechos humanos y garantías ciudadanas.

¿No es esta razón suficiente para la indignación? ¿No es la barbarie suficiente argumento para que proceda la denuncia y el reclamo ciudadano? Pero la esencia de la tiranía es la degustación del sometimiento absoluto. En eso coinciden los malandros y el gobierno. Ambos resienten del otro. Ambos quieren como pago la humillación más abyecta, el silencio encuclillado, el aplauso y el reconocimiento ante el cadalso. Pero hay hombres que no se someten y pagan el precio. La razón de las bayonetas es plomo, gavilla, y ahora la perversión de la verdad. Pasar de agraviado a agresor. De víctima a criminal. Esa es la esencia de este gobierno. Esa es la lógica del presidente Chávez, culparnos de las mentiras, encerrarnos en un proceso judicial con el que es capaz de tirarnos como perros sarnosos en las cárceles del olvido. Y allí, comenzar con la corrosión del carácter, y de la reputación. El soldado reprime y la maquinaria ideológica destruye.

Hasta aquí nos ha traído nuestra cobardía, nuestra falta de solidaridad social y nuestro individualismo abyecto. Así es posible que algunos se salven, pero lo serán para vivir el resto de su vida en la infamia. Ahora lo que tocaría hacer a una sociedad decente es sentir que somos una comunidad en la que todos somos a la una German, Manuel, Richard, Julio, José, Antonio, y ahora Eduardo. No hay tiempos para las dudas. Es más, cualquier duda es sospechosa. No hay tiempo para las reflexiones y las deliberaciones, cualquier tiempo de silencios es criminal.

Por eso yo proclamo mi posición: Es inaceptable que este gobierno siga usando al poder y a la Fuerza Armada para violar sistemáticamente la Constitución del país. Repudio por tanto el agravio que se le está infringiendo a la comunidad empresarial venezolana. Me parece intolerable que los creadores de riqueza y prosperidad sean sistemáticamente perseguidos. Que la ley se haya convertido en un arma legítima contra los derechos y libertades ciudadanas. Y que la justicia se haya degradado hasta ser el verdugo del odio. Vivimos un país maldito, donde la oscuridad de la represión injuria al cielo y nos impide ver la luz del sol. Vivimos un momento donde la indiferencia estorba, donde el temor ofende y donde la precaución nos hace culpables.

¡Viva Eduardo! Ahora víctima, que al final reivindicará la historia.

Víctor Maldonado C

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Entre los síntomas y las causas

Por: Víctor Maldonado C.
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“Estamos revisando los cuatro grandes problemas que hemos identificado: la caída del Producto Interno Bruto, la desaceleración económica en el segundo trimestre del año, que fue de -2,4, un problema derivado de la crisis mundial; la aceleración de la tasa de inflación, el diferencial cambiario y la baja intermediación financiera”. Estos son los síntomas que de acuerdo al presidente de la República, obligan al gobierno a anunciar un segundo tramo de medidas económicas, que a la fecha suman unas cincuenta y cuatro recomendaciones. Sin embargo, en el trabajo emprendido por el equipo económico que asesora al gobierno se echa de menos alguna referencia a las causas reales que originan este cuadro de economía enferma, donde al parecer, no hay suficientes incentivos para producir, se agotó la senda del crecimiento económico, se incrementó el alto costo de la vida y se está ensanchando la brecha que hay entre la tasa de cambio oficial y el dólar permuta. Porque sin acertar en las causas, no hay solución posible.
Vale la pena revisar los resultados reporte global de competitividad que propone el Foro Económico Mundial. Ellos coinciden en que la salud de la economía venezolana está muy mal. En 2007 ocupábamos el puesto 98 de 133 países. En 2008 bajamos al puesto 105, y en la última versión que se ocupa del año 2009, todavía descendimos aun más hasta llegar al puesto 113.
La competitividad es un conjunto de instituciones, políticas y factores que en su conjunto definen el nivel de la productividad de un país. A su vez, la productividad es entendida por ellos como  el nivel de prosperidad económicamente sostenible. De lo que se trata aquí y en China, más allá de los desvaríos ideológicos es lograr los mejores resultados posibles, promoviendo la inversión, generando empleos de calidad, atendiendo la infraestructura social del país y persiguiendo la mejora constante de la calidad de vida de los ciudadanos.
Hablemos de las causas
Controles, inestabilidad, ineficiencia, regulaciones, inflación y corrupción son los obstáculos más significativos para hacer negocios en Venezuela. Esos son precisamente los problemas que hay que atacar, y hacia allí deberían estar dirigidas las medidas correctivas que está analizando el presidente. Porque sin empresas, no hay generación de riqueza. Y sin generación de riqueza, hay desempleo, cae la recaudación tributaria, hay menos abastecimiento, y se desploma la calidad de vida. Algunos piensan que el petróleo en manos del Estado, y el manejo de la renta petrolera por parte del gobierno son suficientes razones para prescindir de los privados. Los que así piensan, se equivocan, y pronto se van a convertir en administradores y distribuidores de miseria.
El ranking propone la valoración de doce pilares de la competitividad. El primero de ellos se refiere al ambiente institucional, el marco legal, administrativo y normativo dentro del cual empresas, personas y gobierno interactúan para generar riqueza. Lamentablemente en este aspecto tenemos el peor desempeño del mundo. En este ámbito estamos en el puesto 133, o sea de últimos. Porque no se respetan los derechos de propiedad, tampoco la propiedad intelectual, no hay independencia judicial, falta transparencia gubernamental y priva la arbitrariedad y el favoritismo en las decisiones del gobierno.  
En otros pilares nuestro desempeño es igualmente desastroso. Pero hay dos en los que los resultados muestran el peligro del desvío diagnóstico. El mercado de trabajo y el mercado de bienes asignan desempleo y escasez, porque están funcionando muy mal al estar tan intervenidos y manipulados por un régimen normativo contraproducente aunque sea presentado como socialista.

Sabía Ud. que:

• Venezuela es el país con la mayor inflación del mundo, solamente superados por Zimbabwe.
• Venezuela es el país que ofrece menos atractivo para la inversión en agroindustria, solamente superados por Zimbabwe.
• Venezuela, Bolivia y Ecuador son los tres países con mayores barreras para el comercio internacional y la importación de bienes y servicios destinados al consumidor.
• Venezuela es el país que tiene los mayores costos y el peor desempeño en sus aduanas.
• Venezuela es el país con el peor ambiente sindical del mundo. Las relaciones entre trabajadores y empleadores tienden a la confrontación y no a la cooperación. También ocupa el último lugar en el índice de rigidez laboral, con los mayores costos para el ingreso y el egreso del personal.
Tips

• El Reporte de la Competitividad Global 2009-2010 puede ser obtenido en su versión completa en la siguiente dirección: http://www.weforum.org/en/index.htm
• David S. Landes termina su obra “La Riqueza y la Pobreza de las naciones” con el siguiente párrafo: “Los milagros no existen. La perfección no existe. El milenio no existe. El apocalipsis no existe. Debemos practicar una fé escéptica, evitar el dogma, oir y observar con atención, tratar de clarificar y definir los fines, que es el mejor camino para poder elegir los medios”.
• “Veo como los hombres se han convertido en esclavos; la tiranía se ha asentado en el agradecimiento”. Gabriel Honoré de Riquetti, Conde de Mirabeau. Líder de la Revolución Francesa.

Rebelión

Por: Víctor Maldonado C.

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El hombre es el lugar de lo inhumano

André Glucksmann

Julio César Rivas Castillo vive ahora en El Rodeo, recluido por la fuerza de la injusticia en una de las cárceles más violentas del país. Siguiendo las instrucciones precisas de aquel que tiene en sus puños la definición de quién lo hace bien y quiénes lo hacemos mal, este muchacho de 22 años fue acusado por la presunta comisión de los delitos de instigación a delinquir, resistencia a la autoridad, excitación a la guerra civil y uso de arma genérica.

Creonte dispuso que Polinices ya muerto fuera cadáver insepulto. Antígona, hija de Edipo y hermana del condenado no tuvo dudas en cumplir su deber aun cuando con ello debiera infringir la ley. Ella debía enterrar a su deudo y correr con todas las consecuencias del desacato. El rey la condenó a ser enterrada viva. Y nuevamente ella no titubeó al salvaguardar su dignidad del odio del tirano. No huyó, simplemente le robó el placer del castigo cometiendo suicidio. Hemón, vástago de Creonte tampoco accedió a vivir con la vergüenza de la indiferencia y su protesta sangrienta fue empujar su pecho contra su propia espada a los pies de la que había elegido la soga de la horca antes que acceder a la humillación. La tragedia se completó fatalmente con la muerte de Eurídice, reacia al dolor de ver a su hijo abatido irremediablemente por la estupidez de su marido al imponer una ley insensata. Todo el poder de Creonte no le sirvió sino para construir un imperio de soledades y tristezas.

Culpable de pervertir a los jóvenes; de no reconocer los dioses reconocidos por la ciudad, sino otros demonios nuevos. Sócrates fue condenado por una mayoría que luego paso a ser despecho y arrepentimiento. El filósofo se lamentó frente a Critón de una circunstancia numérica indispuesta tanto para el bien como para el mal. “Ni lo sensato ni lo insensato son sus predios naturales, sino tan solo lo que les salga a la ventura”. Ser más que los contrarios es una relación de fuerza que se usa contra los vencidos del momento. Pudo huir, pero prefirió contrastar las decisiones que son producto de la retórica, de aquellas que son la consecuencia de la justicia. Supo ver que el exilio lo haría cómplice infeliz de unas leyes que exigían en su sustancia el requisito de la sabiduría en su administración. Prefirió la muerte antes que terminar siendo comparsa de normas vaciadas de contenido para esgrimirse contra los que piensan diferente.

“La injusticia, en cualquier parte que se cometa, constituye una amenaza para la justicia en todas partes. Nos encontramos cogidos dentro de las ineludibles redes de la reciprocidad, uncidos al mismo carro del destino”. Por esa razón justificaba M.L. King la iniquidad de su propia reclusión en una carta que escribió el 16 de abril de 1963. Pesaba sobre él la indignación de ver el sufrimiento que provocaban leyes injustas, contrarias a la ley moral, pero impuestas por la fuerza de un grupo numéricamente superior. Prefirió morir antes que someterse al acabose de los sueños de su pueblo.

Henry Thoreau sistematizo las razones por las cuales termina siendo un imperativo moral la desobediencia civil. “Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo”. Él lo dijo en el siglo XIX y nosotros lo estamos sintiendo como una herida en nuestras conciencias en el siglo XXI. Porque la tiranía de Creonte, la inconsciencia culposa de los varones de Atenas que decidieron condenar a Sócrates, y la indiferencia de los moderados que abandonaron a su suerte al líder de los derechos civiles, se conjuran ahora como los demonios de Gadara para atormentar un cuerpo social abatido por la desesperanza.

Julio César Rivas está en la cárcel mientras Chávez transita por el mundo administrando mentiras y comprando elogios. Chávez vuela mientras sus secuaces montan una orgía de persecución y recortan las alas de la libertad de nuestro pueblo. Por lo menos eso intentan ellos mientras la historia va reconstruyendo los argumentos y colocando a cada uno en el lugar al cual pertenecen. Su crimen es haber apuñalado a la justicia y convertido a las leyes en simples excusas para la persecución. Y cada vez que eso ocurre Antígona se levanta para deslindar el terreno y cumplir con un deber ancestral. Optar por lo moral y no por lo conveniente, aunque ello exija demostrar con la muerte que vivir en indignidad no tiene sentido.

Víctor Maldonado C

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Todo el peso de la culpa

Por: Víctor Maldonado C.

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Somos lo que hacemos

Aristóteles

“O tú morirás por justa disposición de Dios, antes de volver vencedor de esta guerra; o yo pereceré de dolor y de vejez, sin volver a mirarte a la cara: así que llévate contigo mi más pesada maldición, que en el día de la batalla te fatigue más que toda la armadura completa que llevas. Mis oraciones combaten en el bando enemigo… Sanguinario eres, y sanguinario será tu fin; vergüenza merece tu vida, y acompaña a tu muerte.” Estas palabras fueron más que un deslinde, una ruptura definitiva entre la madre y su hijo, entre la decencia y la sevicia de un gobernante que no sentía deber alguno con nadie, y cuya desgracia se cebó entre la crueldad, el resentimiento y el crimen.

Ricardo III es un personaje arquetípico al cual estamos condenados. Shakespeare lo dibujó con precisión renacentista, marcando en cada escena de su obra todos los atributos de la maldad hecha gobierno. Así nos advirtió con cuatrocientos años de anticipación lo que ahora estamos sufriendo en carne propia. Hugo Chávez preside un régimen perverso, mentiroso y cruel, en el que tampoco están aseguradas la vida y las libertades de nadie, porque todos somos tratados como las prescindibles piezas de un tablero infame donde da lo mismo que seamos las víctimas de la delincuencia y la impunidad, o de la burocracia y la injusticia que son utilizadas para abatir y asolar la voluntad democrática de toda la sociedad. La prueba está escrita en sangre, sufrimiento y miedo, y avalada por la innumerable lista de presos y perseguidos políticos cuyos huesos han ido a parar al exilio o a las cárceles venezolanas.

Una sociedad decente no puede tolerar que su gobierno funcione como una gavilla de secuaces. No es posible que guardemos silencio ante la detención de Richard Blanco y once funcionarios de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, cuando es pública y notoria que su conducta contradice las acusaciones y el proceso montado por la Fiscal General. No podemos seguir avalando con nuestro silencio una situación tan infamante. No debemos legitimar esta conducta política tan impropia del decoro republicano.

El propio Aristóteles nos reta desde la antigüedad. En su Ética a  Nicómaco formula la relación intrínseca entre el ser y el hacer. Chávez practica la tiranía, entonces es un tirano. Nosotros practicamos la indiferencia, entonces somos idiotas, preocupados tan solo en lo propio, renegados de la política y volcados a la esperanza egoísta de poder ser los salvos de todo este proceso. La tiranía del presidente se nutre de nuestra idiotez. La crueldad que el presidente Chávez ejerce sobre todos nosotros es alimentada con nuestra silenciosa conformidad.

Hasta Lula se equivoca. El sagaz político confunde en Chávez la propaganda y la realidad. Y tal vez sus negocios lo obligan a la condescendencia.  Un país cuyo gobierno desguaza las atribuciones de un alcalde electo, retiene los recursos para la seguridad ciudadana y prefiere la pestilencia de la basura antes que organizar racionalmente la recolección no puede estar presidido por un gobierno preocupado por los pobres y por la gente. Lula es solamente un embaucado más.

Chávez podría decir lo mismo que Ricardo III cuando  confesó que su “conciencia tiene mil lenguas separadas, y cada lengua da una declaración diversa, y cada declaración lo condena por rufián. Perjurio, perjurio, en el más alto grado; crimen, grave crimen, en el más horrendo grado; todos ellos en todos los grados, se agolpan ante el tribunal gritando todos: “¡Culpable, culpable!”. Al final de la trama ese fue el mea culpa del personaje,  cuando todos se habían conjurado para abatir su maldad. Cuando todos, vivos y muertos, se consorciaron para “posarse pesadamente sobre su alma y ser plomo en su pecho”. 

Richard Blanco no puede ser uno más. Tendría que ser el último. Oscar Pérez no debería caminar otras calles que la de nuestra ciudad, que ha oído cientos de veces la terquedad de su protesta. Las cárceles no pueden seguir siendo el reducto obligado de la disidencia, y la forma como la maldad del gobierno ha encontrado para intentar romper el espinazo moral de nuestros dirigentes. Pero dependerá de nosotros cuántos más y cuánto tiempo más nos lleve dar la última batalla, aquella que se lleve a la historia este triste episodio, cuando Ricardo III no sea un espectro redivivo en nuestra comarca, y lo confinemos al libro de donde nunca debió salir.

   

Víctor Maldonado C

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