Archivo de Octubre, 2008

Venezuela Emponzoñada

Por: Víctor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
La retórica presidencial ha tenido esta semana dos grandes motivos: meter preso a su archienemigo Manuel Rosales e insistir machaconamente en que los problemas de país se resuelven mediante una gran política de expropiaciones. El miércoles en la noche lo decía desde Ciudad Bolívar,  ganar para expropiar, ganar para expoliar, vencer para quitarles a los venezolanos sus propiedades, y con ello intentar remendar el hueco inmenso de su fracaso en la gestión de gobierno.  Por lo que se ve, a partir de ahora la petrorevolución ni siquiera va a hacer el esfuerzo de intentar un plan de viviendas, simplemente se la van a quitar a los que ya las tienen. Lo mismo hizo con las empresas, por lo que no debe extrañarnos que ahora lo haga con las casas. Pronto veremos los resultados, cuando la caja petrolera no dé para encubrir la inmensa incapacidad en SIDOR, EDC, CANTV y la misma PDVSA. Por lo que se presiente, con esta revolución ni casas dignas, ni empleos seguros, ni seguridad ciudadana, ni luz y tampoco agua. 
La ciencia criminal advierte que el crimen más difícil es el primero. Luego el maleante se acostumbra. Las primeras inhabilitaciones fueron hechas bajo el temor de que el pueblo presentara resistencia en las calles. Eso no ocurrió, y con esas decisiones la sociedad democrática perdió dos elecciones que ya tenía ganadas. Un crimen perfecto. La segunda arremetida con el mismo modus operandi la intentan contra Rosales. Todas las instituciones chavistas se han coordinado perfectamente para tenderle un cerco y sacarlo del juego. Lo que no parecen saber  los conspiradores es que ninguno de ellos cuenta con el fervor popular suficiente como para salir indemnes. Los poderes públicos revolucionarios están siendo juzgados severamente por la opinión pública hasta el punto que ninguno tiene la posibilidad de salvar la honrilla y el prestigio de la petrorevolución. Ni el parlamento, ni el poder judicial, ni el poder moral, mucho menos las milicias bolivarianas. Todos ellos no pueden competir siquiera con el prestigio de una ONG, un colegio profesional o un gremio empresarial. Todos ellos están condenados a la sustitución progresiva, una vez que la sociedad democrática vaya retomando sus espacios. Es cuestión de tiempo. 

La ponzoña presidencial es su propia naturaleza. Diez años después el Comandante Ponzoña es un dirigente nacional especializado en la división, la disputa, la confrontación, la destrucción, la intolerancia, la sevicia, la corrupción y la ineficiencia. Diez años después la opinión pública juzga como desastrosa su gestión al frente del Consejo de Ministros. Diez años después su gobierno es calificado mayoritariamente como ineficiente e incapaz de resolver los problemas nacionales. Vivienda, salud, infraestructura, lucha contra la delincuencia y el desfalco público son los flancos débiles de la petrorevolución. Diez años después el equipo que lo acompaña está reducido al bagazo desgastado de las equivocaciones. Diez años después no basta que el Comandante Ponzoña se pare y diga que se ha equivocado con todos los gobernadores, alcaldes y ministros. Diez años después ya nadie quiere oír que el presidente es el único que no tiene responsabilidad alguna sobre los resultados de su gobierno, como si de un jarrón chino se tratara. El Comandante Ponzoña está metido hasta los tuétanos en el fracaso de su gobierno y en la ruina del país. El fiasco de su revolución es él mismo, es consubstancial a él. 

Y mientras el fracaso avanza millones de venezolanos desesperan calcinados por la retórica inútil del Comandante Ponzoña, que en vez de resolver los problemas insulta, amenaza, molesta, se entromete y piensa que él solo puede contra todos nosotros.

Víctor Maldonado C
victor.maldonadoc@hushmail.com
victormaldonadoc@gmail.com
http://blogs.noticierodigital.com/maldonado
0416-4119721
0414-2408648

La indiferencia como respuesta

Por: Víctor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
No hay un instante que no pueda ser el cráter del infierno
J. L. Borges
 
El hexagrama 51 del Libro de las Mutaciones habla de la conmoción, cuya imagen es el trueno. “Si uno ha aprendido interiormente qué es el temor y el temblor, se siente seguro frente al espanto causado por influjos externos. Y aun cuando el trueno se enfurece al punto de aterrar a través de cien millas a la redonda, permanece uno interiormente tan sereno y devoto que no incurre en una interrupción el acto del sacrificio. Tan honda seriedad interior, que hace que todos los terrores externos reboten impotentes sobre ella, es la disposición espiritual que deben tener los conductores de los hombres y los gobernantes”.
Desoyendo los consejos de este viejo oráculo oriental nuestro presidente anda buscando desesperadamente convertirse en el trueno que abata su propia serenidad. Como alma en pena vaga de una ciudad a otra buscando pleito a cualquiera que le parezca una amenaza a su liderazgo monolítico pero hasta el momento no ha conseguido conmover el espíritu nacional que por lo visto anda más preocupado por los resultados desastrosos de su gestión que por los arrebatos de su genio indómito. Todo indica que mientras el país mantenga la calma y el sosiego va a ser muy poco lo que va a ganar Chávez con su actitud, y mucho lo que puede perder porque no hay carisma que pueda resistir una desconexión tan intensa con el estado de ánimo de la sociedad, ni reputación política que aguante tanta fricción inútil.
 

Lo cierto es que estamos colocados frente a una situación política insólita. El presidente está dejando de ser el centro de la atención nacional y sufriendo los rigores de una indiferencia social que no puede tolerar. Efectivamente mantiene una porción considerable del país que todavía siente algún compromiso con su gesta revolucionaria, pero no con la misma pasión, y su liderazgo está pasando por la triste circunstancia de ser ahora una figura que provoca desinterés  cuando hasta hace poco fungió de prima donna. Y esta transición lo desencaja de tal manera que le hace perder la serenidad característica de los grandes líderes y los gobernantes. Nuestro presidente se ha convertido en un trueno fatuo a partir de la apatía que nos provoca en cada una de sus tramas. Ni el magnicidio, ni la invasión, ni el golpe, ni la insurrección le han dado resultados. Tampoco la enésima misión social provoca el ardor que antes arrancaba a las masas, ni las demostraciones supuestamente justicieras de expropiaciones y confiscaciones han armado el revolcón que anda buscando. La respuesta a todo esto es la más fría indiferencia y un fastidio abrumador, que lo trastorna e él hasta hacerlo perder cualquier indicio de compostura. Y no es que no grite, simplemente nos cansamos de oírlo.
¡Qué ladilla se nos ha vuelto el presidente! ¡Qué ponzoña tan incómoda para todos los que tenemos que soportar este calamar! Porque más allá de sus arrebatos, que ya no nos perturban, nadie deja de preguntarse qué novedad puede ofrecer el jefe de Barreto luego de diez años de gobierno para atenuar al menos la crisis nacional que se emponzoña en la inseguridad, la inflación y la escasez. ¿Qué puede prometer más allá de las mismas cadenas interminables y los usuales gritos atronadores? Diez años después la gente le está perdiendo la fe y lo está tratando como uno de esos santos viejos, cuya historia se pierde porque la gente deja de repetirla. Ese es el epílogo que merecen los que hablan mucho pero hacen poco. Mi madre los designa con una sentencia lapidaria: “Al bagazo poco caso. Al cagajón, poca atención”. Y mucho aburrimiento.
 
 
Víctor Maldonado C
victor.maldonadoc@hushmail.com
victormaldonadoc@gmail.com
http://blogs.noticierodigital.com/maldonado
0416-4119721
0414-2408648

Sin plan B

Por: Víctor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
Algunos ilusos creen que pueden cantar a todo gañote el réquiem definitivo de la economía de mercado, sin apuntar a que dos de sus características esenciales, la flexibilidad y el pragmatismo, van a permitir muy probablemente su permanencia como uno de los dos  marcos imprescindibles para el orden social y la resolución pacífica de los problemas cotidianos de las personas.
Pero lo importante a los efectos de este artículo no es llover sobre mojado, sino apuntar a las moralejas de este episodio. Y a cada grupo le corresponde una enseñanza. En el caso de la sociedad democrática venezolana, la crisis mundial la ha dejado definitivamente sin plan B. Desde hace diez días no tiene sentido pensar en que el agravamiento de la situación política nacional no nos iba a dejar otro remedio que irnos del país, porque ya no hay para donde irnos. Y bien bueno que así sea porque por primera vez en diez años vamos a tener que asumir que no hay ninguna otra opción que enfrentar aquí y ahora al régimen autoritario, despótico y corrupto que encabeza el presidente Chávez. Llegó el momento de decidir si el país que queremos es el que está delineando el delirio revolucionario o si por el contrario nos merecemos otro.
En el caso del gobierno, también se quedó sin alternativas. Habiendo derrochado más de ochocientos millardos de dólares, ahora deberá enfrentar una merma sustancial de sus ingresos petroleros, y por lo tanto tendrá que tomar decisiones dolorosas. La primera de ellas una muy probable devaluación del debilitado bolívar fuerte, cuya robustez duró menos que un suspiro. La segunda, sufrir los costos que le va a significar ser el país latinoamericano que exhibe el mayor riesgo para los inversionistas. La tercera, asumir que nadie va a apoya a un gobierno que ha mermado agudamente su reputación internacional, su prestigio y sus redes de relaciones. La cuarta, reconocer frente al país que se acabó el crecimiento económico chavista, lubricado por el petróleo convertido en gasto público irresponsable. La quinta, abandonar el afán imperial que determina sus relaciones internacionales, y por lo tanto, dejar de lado el subsidio a la sinvergüencería de Evo, Cristina, Correa, Castro y Ortega, o sacrificar al país nacional por un tiempo más para mantener esas expectativas de dominio continental que tanto le afanan. La sexta, intentar gobernar por primera vez en diez años. Tratar de encarar la solución de la inseguridad, la inflación, el desabastecimiento y el desempleo, sin tanto real como tenía antes.
En el caso del gobierno la alternativa  de atajar la protesta social  con un bozal de arepa ya no parece tan viable. Y el intento de justificarlo todo con el cuento de la conspiración o el magnicidio no ha tenido la pegada que inicialmente pretendían. Y sin plan B, sin renta petrolera suficiente, sin el único recurso que realmente sabe utilizar que no es otro que el derroche y la corrupción de todas las instituciones a punta de real, el gobierno se muestra desprovisto de cualquier posibilidad y despojado de opciones que pueda presentarle al pueblo. Solamente le queda el arrebato. Puede intentar imponer un “período económico especial” a la imagen y semejanza del que impuso a sangre y fuego su asesor Fidel cuando cayó el muro de Berlín. Puede pretender que más represión, intervención estatal y autoritarismo es la única salida que le queda mientras espera que se recomponga el sistema capitalista. Si esta es finalmente su decisión, tendrá que pagar el sobrecosto imprevisto de someter a la sociedad democrática que no acepta ni su estilo ni sus propuestas, y que ahora sabe que no tiene más remedio que dar la batalla hasta el final.
 
Víctor Maldonado C
victor.maldonadoc@hushmail.com
victormaldonadoc@gmail.com
http://blogs.noticierodigital.com/maldonado
0416-4119721
0414-2408648

Octubre de terror

Por: Víctor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
Estamos advirtiendo el incremento de la presencia represiva del gobierno. Esta conducta tiene tres vertientes. La primera es el resultado de la ausencia y de la inhibición del Estado en temas cruciales como la inseguridad ciudadana, el sicariato, la  extorsión, el narcotráfico y la industria del secuestro. En todos estos problemas el régimen aparece replegado y completamente inocuo, dejando por lo tanto a la ciudadanía con el pesado fardo de intentar sobrevivir sin el respaldo eficaz de la autoridad. La segunda se expresa en el amedrentamiento selectivo. Dificultar el acceso al pasaporte, evitar que algunos tengan acceso a los dólares preferenciales, acosar a periodistas y dueños de medios de comunicación social, anular arbitrariamente un documento de identidad, utilizar al poder judicial como garrote para someter a los disidentes, e incluso el permitir que bandas paramilitares operen sin ninguna restricción significativa, son todos ellos buenos ejemplos del sistema de intimidación que con precisión de relojero está siendo utilizado para provocar inhibiciones de conductas que al gobierno le parezcan impropias. Y la tercera práctica de este repertorio implacable es la mentira sistemática. Aquí se ubican todas las versiones del magnicidio, así como el resto de situaciones montadas especialmente para causar el desasosiego de la población y el desconcierto de sus dirigentes, incluidas aquellas que describen a este régimen como implacable, certero y especialmente calculador. 
El gobierno sabe que el temor es uno de los resortes de su poder político, y también está plenamente consciente que al utilizarlo debe pagar el precio de suprimir la democracia, cuya esencia de controles mutuos y balances entre los poderes públicos atenúa significativamente la eficiencia del miedo como herramienta política. No es casual que uno de los pilares básicos del fascismo haya sido el miedo. Tampoco lo es que su mejor compañero sea la ignorancia porque ambos aseguran a cualquier tirano el sometimiento de la población. José Antonio Marina en su libro “Anatomía del miedo” trae una cita de Spinoza que expresa con elocuencia esta condición de la tiranía: “su máximo interés consiste en mantener engañados a los hombres, y en disfrazar el miedo con el que se los quiere controlar, a fin de que luchen por su esclavitud, como si se tratara de su salvación, y no consideren una ignominia, sino el máximo honor, dar su sangre y su alma para orgullo de un solo hombre”. 
La filosofía ha venido en nuestro auxilio para sacar en este caso dos conclusiones importantes a la hora de entender el proceso político venezolano. La primera de ellas es que este régimen flota sobre las oscuras aguas de nuestros temores. La segunda es paradójica. La población que apoya al régimen lo soporta sobre la base de sus propios miedos, y los que comparten con nosotros. Claro que a todos nos someten con la inseguridad. Pero ellos están encadenados a las amenazas de que la partida de Chávez significa la revancha contra ellos y contra las reivindicaciones que han logrado. Por eso el presidente no descansa de usar el garrote contra nosotros a la vez que nos expone como una amenaza inmensa contra el resto. Esa es la esencia de su política, y me atrevo a decir que el terror contra unos y otros va a llenar toda la agenda de octubre. Pero toda esa violencia esgrimida es solamente señal de su propio pavor. Él está muy claro que de aquí en adelante solamente puede perder. Advierte que su mengua va a ser el signo de cada elección, hasta que llegado el momento se imponga como natural el inexorable cambio que presiente como una pesadilla.