Archivo de Septiembre, 2008

Manual contra provocadores

Por: Víctor Maldonado C.
e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
 
Calma, cordura, coraje y foco. Esta es la cuarteta mínima que vamos a tener que aplicar en los próximos sesenta días. Lo mismo habrá que pedirle a nuestros aliados internacionales y a todos aquellos que se sientan aludidos por los mil y un retos que el presidente Chávez y sus acólitos van a proponernos de aquí en adelante. Expulsiones de embajadores, amenazas de invasión, denuncias de magnicidios, intimidaciones directas a la integridad de personas e instituciones, actos de repudio como los dirigidos por los tres chiflados de Caracas, exhibiciones de histeria calculadas como las de Lina Ron, bombas lacrimógenas y de otro tipo lanzadas contra medios de comunicación social, invasión de bienes privados, expropiaciones y nuevas estatizaciones, maniobras militares con Rusia, contratos militares con China, insultos directos, epítetos como “pitiyankies” acompañados por adjetivos como “estúpidos”, cadenas interminables, desafío a los derechos civiles y políticos más elementales, rumores de fraude masivo, cumbres del Alba, activación de los llamados “colectivos y movimientos sociales”, amagos de golpes militares y rebeliones, atentados contra las universidades, operativos contra supuestos especuladores, allanamiento de las atribuciones de los gobernadores y alcaldes, y casi cualquier situación extrema, rocambolesca o extravagante puede estar en el menú de los próximos días con el fin de evitar a cualquier costo que ocurran las elecciones de noviembre.
 
El presidente Chávez está haciendo todo lo posible por rebosar la paciencia nacional porque se sabe en peligro. Presiente la incomodidad del cambio que va a suponer el tener que compartir el poder después de años siendo un dictador de facto. Presagia una nueva derrota y con ella la ratificación de una tendencia a la decadencia y a la vejez política que no quiere ni puede aceptar. Siendo un gobernante autoritario intuye que el único factor realmente debilitante es el tener que exponerse fatalmente a un descalabro electoral, es caer en cuenta que no es tan hegemónico y absoluto como a si mismo se concibe, y que por lo tanto tiene que compartir el poder y reconocer la validez y legitimidad de otros dirigentes que compiten con él por el liderazgo del país. Una mayor diversidad política quiebra el espejo en donde el presidente Chávez se refleja como único e imprescindible. Pero es inevitable porque es imposible que unas nuevas elecciones no reflejen la realidad política nacional donde él chavismo radical y sectario está menguando y otras alternativas están floreciendo.
 
Por eso es que no podemos caer en las provocaciones que están por venir, ni cabe la duda sobre si el camino electoral es la única vía posible para exterminar el delirio comunista en el que estamos inmersos. Que cualquiera de estos retos tenga el éxito calculado por los estrategas del gobierno depende de nosotros y de la reacción que tengamos frente a cada uno de ellos. Las circunstancias y lo que está en juego exige que seamos más inteligentes, más resilientes y más visionarios. Algunas veces ello requerirá “pasar agachado” y muchas otras parecer perdedores. Sin embargo, nada de eso tendrá importancia si tenemos claro que por más doloroso, ofensivo y ultrajante que nos parezca, ninguna cosa será más determinante en nuestra suerte futura que colocar al gobierno en la infeliz circunstancia de una derrota electoral en noviembre, de otra derrota electoral en las elecciones de concejos municipales del 2009, de una tercera en las elecciones parlamentarias del 2010 y finalmente de la pérdida del poder en el 2012. Mantener este cronograma como una opción factible solamente exige que en el transcurso apliquemos calma, cordura, coraje y foco. Que sean ellos los que se desesperen ante lo inevitable, porque en ninguna parte del mundo un gobierno ineficaz, falsario y corrupto gana elecciones, y ese es precisamente nuestro caso.
 
 
 
Víctor Maldonado C
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Cuestión de principios

Por: Víctor Maldonado C.
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El presidente Chávez se ufana de presidir una revolución centrada en valores. Argumenta que su gobierno es nacionalista, no tolera la intervención extranjera, es antiimperialista, objeta el modelo económico del capitalismo, vela por los derechos humanos de los más débiles de la sociedad, y sostiene que el centro de la estrategia latinoamericana debe ser político.
 
Pero cuando analizamos la práctica política del régimen vemos que que los valores humanos del socialismo del siglo XXI se hacen jirones y terminan embadurnados de la conveniencia del momento. Por ejemplo, acepta la escisión de  Osetia del Sur y Abjasia, pero le parece indignante la reacción autonómica de las provincias de Bolivia. Defiende “hasta con su sangre, si es posible” la integridad territorial de Bolivia, pero se ha mostrado más que interesado en dotar a las FARC de estatus beligerante y de la posibilidad de que administren una porción del territorio colombiano. Acusa a los Estados Unidos de intervencionistas, pero por otra parte amenaza con invadir a Bolivia, si le tocan un pelo a Evo. Exige para sí una línea de disciplina inalterable, pero disfruta al dirigirse directamente a los soldados colombianos, bolivianos o ecuatorianos, pasándose a toda la línea de mando sin pedir excusas o parecerle inapropiado. Practica una verborragia torrencial en los medios de comunicación, en las que se permite todas las indiscreciones posibles, y sin embargo reacciona ferozmente si un ministro de otro gobierno comenta su conducta o duda de la validez de sus propuestas. Rechaza la hegemonía militar “del imperio” pero parece estar desesperado por concertar unas bases militares rusas en suelo venezolano. Y en cuanto a los derechos humanos, depende. En ningún caso serán, por ejemplo, los de Nixon Moreno o los del prefecto del departamento de Pando, en Bolivia. Más bien defenderá los propios, advirtiendo detrás de cada sombra una conspiración magnicida, a la que ahora se suma el conspicuo José Vicente Rangel, experto montador de ollas noticiosas, a quien los achaques de la edad lo tienen viendo manos homicidas por todos los rincones de su casa.
 
Por lo general los gobernantes mantienen un compromiso con la verdad. Tratan por lo tanto de no mentir, tal vez porque saben que al hacerlo se vuelven esclavos y rehenes de sus propias palabras. Pero eso tampoco es un problema para el nuestro, cuya capacidad para dar rienda suelta a sus delirios es proverbial. Inventa conspiraciones, persecuciones y atentados; inventa capacidades de control, inteligencia y seguimiento, que ni la CIA ha podido igualar; inventa obras y proyectos que no con todo el dinero del mundo se pueden hacer; se inventa aliados (o los compra) y últimamente se inventa silencios muy convenientes, como cuando le preguntan sobre un tal Antonini, o de sus viejas afinidades con las guerrillas. Inventa con la desesperación de alguien que se está ahogando, para ganar tiempo, o para no dejarse abatir por la ola que viene. Inventa para procurarse a sí mismo un mito que lo iguale con sus próceres. Inventa el asesinato del Libertador, la conjura de Santander, y por supuesto, la animadversión de todos aquellos que le resultan diferentes. Inventa mientras compra audiencias, mientras extorsiona gobiernos, mientras el chorro de petrodólares le sostiene un auditorio conveniente de leales y de mercenarios.
 
Por lo que se ve, el único principio que vale la pena para el presidente es él mismo. El único valor es mantenerse en el poder, aun cuando estos dos objetivos lo hagan caer sistemáticamente en la contradicción y la mentira. Aun cuando la realidad sea una bofetada cotidiana en su rostro. Aun cuando en la emoción de un halago exitoso Aristóbulo confiese alguna que otra verdad: Que los tiranos y los criminales son ellos y no nosotros. 
 
 
 
Víctor Maldonado C
victor.maldonadoc@hushmail.com
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Mr. Bla Bla Bla

Por: Víctor Maldonado C.
e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
 
O hablador de pendejadas, si al lector le parece mejor. Una persona con la que sería incluso grato pasar una tarde para solazarnos entre mentiras, exageraciones y falsos compromisos. Un domingo, por ejemplo, podría prometernos que va a extender el servicio de gas directo a todas las ciudades y pueblos, y semanas más tarde, habiéndose olvidado de lo  adeudado, prometer igualmente que ahora la cosa seguirá siendo con bombonas, como siempre. Como el caso de las bombonas de gas hay cientos, o quizás miles de promesas incumplidas que se solapan con su contradicción sin que el protagonista de todas ellas sienta el más mínimo rubor. Por allí han pasado desde los niños de la patria hasta las comunas socialistas, dejando como único rastro la falta de compromiso y la ausencia casi absoluta de persistencia. Las mismas promesas de amor eterno y de compromiso perpetuo han sido proclamadas a los conjurados del samán de Güere, Miquilena y Baduel, por solo nombrar los más conspicuos, ahora que han sido todos ellos desterrados del Olimpo chavista.  Ninguna promesa mantenida por mucho tiempo. Ninguna idea sostenida lo suficiente para transformarla en realidad. Puro bla bla bla.

La diferencia es que nuestro hablador de pendejadas es además el presidente de la república en su décimo año de gestión. Y desde esa perspectiva es que nuestra situación comienza a ser inquietante. Porque a la verborrea, la falta de persistencia, la deslealtad y la inmadurez emocional que caracterizan a nuestro personaje hay que añadir por lo menos tres características adicionales: una inmensa capacidad para el derroche de los recursos públicos, la imposibilidad para la gestión del Estado a través de las instituciones públicas, y una colosal vocación por la destrucción. Diez años después y luego de administras más de setecientos mil millones de dólares lo único que luce el país es la desolación del detenimiento y el deterioro. Apagones, puentes que se van derrumbando, viejas enfermedades redivivas, pueblos que lucen abandonados a su propia suerte, proyectos que antes lucían factibles tornados en imposibles gracias a la inoperancia del gobierno, la basura que se va comiendo nuestras playas y sitios públicos, la corrupción ahora exhibida con desparpajo, grupos paramilitares socialistas que se muestran a la luz del día sin que ninguna autoridad legítima sienta que debe intervenir, el desparpajo del resto de las instituciones, los gritos de Desiree Santos Amaral, todos éstos son signos de la destrucción que todos los días va corroyendo las bases del país, pero también del régimen. 

Chávez va a ser engullido por su propio remolino de promesas, resentimientos, destrucción y corrupción. Muy probablemente él crea que la destrucción es la condición para el surgimiento de una nueva sociedad, en su caso socialista. Lo mismo pensaba Nerón de Roma, de igual forma opinaba Hitler de Alemania. Chávez cree que su genio lo hace invencible. Lo mismo pensaba Napoleón, que sí era un genio militar, y sin embargo al sobrestimarse causó su propia ruina. Diez años deben significar algo para este pueblo tan resabiado. Tantas promesas dejadas al vuelo solo pueden indicar que este hombre es incapaz de fundar las bases de un país mejor. Incapaz de transformar la renta petrolera en bienestar duradero. Incapaz de ser el líder que permita a esta generación de venezolanos construir un liderazgo continental para la paz y el progreso. Diez años después es simplemente un hablador de pendejadas que se desgrana semana a semana en proyectos fatuos que lucen muy similares a otros que ya fracasaron. Lo único real es que ahora puede ser llamado Comandante en Jefe, tal vez su aspiración original. Cara la hemos pagado.