Archivo de Julio, 2008

Réquiem por la puerilidad

Por: Víctor Maldonado C.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com
 
Cuatro venezolanos perdieron la vida al caer un helicóptero de la FAV en la localidad de Colomi, cerca de Cochabamba.  Cuatro familias venezolanas están en estos momentos quebradas por el dolor, y muy probablemente algunos niños venezolanos transitarán lo que les resta de la vida sin contar con el apoyo y el soporte de su padre biológico. Alguien en Venezuela tomó la decisión de que ellos murieran tan lejos de la patria. Alguien quiso que esas muertes carecieran de significado. Alguien permitió una situación tan absurda sobre la cual es casi imposible dar alguna explicación plausible sobre causas y razones, porque nuestros militares no estaban cumpliendo una tarea humanitaria. Tampoco estaban defendiendo las fronteras del país, o realizando algún tipo de trabajo de inteligencia que pudiera darle a su ausencia algún tipo de sentido. La realidad es frustrantemente fútil. Ellos estaban  en Bolivia, a miles de kilómetros de Venezuela, simplemente porque al presidente se le ocurrió que su amigo Evo no podía dejar de tener un par de helicópteros equipados con sus respectivos choferes. En eso estaban nuestros oficiales sin saber que en esa tarea tan pueril estaba invirtiendo sus últimos días, mientras su comandante en jefe preparaba una nueva visita a Rusia con el fin de comprar más equipos militares, sin que la decencia o algún rasgo de humanidad le hicieran postergar el viaje para recibir a “sus héroes y mártires de la revolución” lejana.
 
Sin embargo estas muertes tan absurdas todavía podrían tener alguna utilidad social. Porque deberían despertar un mayor interés sobre lo que está ocurriendo con la Fuerza Armada Venezolana, hasta ahora dejada al arbitrio absoluto y exclusivo del presidente Chávez. No se puede seguir permitiendo que la conducción política del país esté produciendo tantos errores y desaciertos en un área tan sensible para la suerte de la democracia y sus instituciones políticas. Respuestas a preguntas  cómo el tipo de profesionales militares con los que debemos contar, las competencias profesionales que deben adquirir,  los principios y valores que tienen que defender, las prioridades que se deben establecer y las alianzas que se tienen que fomentar, deben ser objeto de un amplio debate democrático. Alguna réplica debemos recibir sobre el objeto de su misión, y cómo la van a realizar. Algún indicio debemos tener sobre cuáles son los retos principales que la institución debe encarar y cuáles son los medios que se necesitan para tener alguna pretensión de éxito. Porque sin el debate democrático lo único que estamos propiciando es que todo se resuelva en el ámbito de los caprichos presidenciales, que algunas veces produce resultados tan odiosos como la muerte inútil de nuestros conciudadanos.
 
Un error grueso de la sociedad venezolana es haber tirado a pérdida a la institución militar. Al hacerlo permitimos que el único referente haya sido el discurso errático del presidente. Ahora hay que colocarlo en el marco de nuestras prioridades y tener preparada una propuesta de doctrina de seguridad y defensa democrática, que marque la diferencia con la conducción actual. Algunos dicen que el sector militar está muy insatisfecho. Yo no tengo dudas de que eso pueda estar ocurriendo si los cuadros directivos son tan precarios como aparentan ser, y si la distancia psicológica, ideológica y estratégica  con los cuadros medios de conducción es tan amplia como algunas veces se reseña. En todo caso todos ellos deben estar preguntándose qué sentido tiene el propiciar muertes tan estúpidas e inútiles como las recientemente ocurridas, sin que una sola fibra de su máximo dirigente se haya conmovido, o una sola lágrima haya sido derramada por aquel que obliga al lema de la muerte como única alternativa a la patria socialista.  
 
 
Víctor Maldonado C
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Entre el éxito y el desastre

Por: Víctor Maldonado C.
El poder desgasta, sobre todo al que no lo tiene

Giulio Andreotti

La sociedad democrática y sus partidos políticos tienen  que hacer un inventario explícito de la tarea que tienen por delante, que no se reduce a la mera renovación de las autoridades regionales y a la discusión local de los problemas domésticos. El verdadero reto consiste en consolidar la opción de victoria que recién comenzó el pasado 2 de diciembre de 2007. Por eso es que luce decepcionante el espectáculo de tono menor que están protagonizando los partidos políticos, agarrados por las greñas y proporcionándonos esta novela por entregas en la que van desgranando acuerdos mientras le piden al país nacional comprensión sobre las dificultades que están encarando. El problema para conceder tanta clemencia es que estamos perdiendo el tiempo en pendejadas mientras el otro bando se organiza y saca ventajas.  Y aunque nos resulte placentero desear y creer que a ellos les va peor que a nosotros, lamento recordar que ese tipo se creencias se conoce en las ciencias sociales como “wishful thinking”, un extraño comportamiento grupal que aparece cuando lo que deseamos comienza a alterarnos el sentido de realidad y el buen juicio.

Por eso es que la primera condición para el éxito es más bien una exigencia: Eficiencia y decoro en la construcción de la unidad entendida ésta como la suscripción de una única lista de candidatos que pueda ser presentada al país. Y acompañando a esta lista, la constitución de una conducción política que sea capaz de conducirnos no solamente al éxito en las elecciones regionales de noviembre, sino que pueda ser igualmente hábil para guiarnos hasta el 2013.

La segunda condición es desarrollar la capacidad para movilizar al país alrededor de un nuevo proyecto político, de un nuevo discurso y de una nueva forma de cohesionar y de integrar a la sociedad venezolana, salvando lo que se pueda salvar de estos diez años y hablando claramente sobre las dificultades que se tendrán que encarar para darle viabilidad a la nación. La política no se construye desde los silencios. Hay que hablarle claro al país sobre un programa alternativo que inspire y energice a los ciudadanos. Hay que discutir abiertamente sobre la magnitud de un reto en el que por mucho tiempo nos vamos a jugar todos los días la posibilidad de un gran éxito o de un gran desastre.

La tercera condición es organizar la campaña y darle sentido estratégico. La campaña electoral no debe dejarse nunca en manos ni de la improvisación ni de la suerte. Hay que pensarla en forma global sin perder de vista los detalles y por lo tanto no es un proceso que se le pueda dejar a los espontáneos de la política, ni a los políticos de oficio. Combina el trabajo metodológico, el estudio, la decisión, la actuación y la acción que tendrá sus hitos en cada convocatoria electoral, pero que deberá mantenerse hasta mediados del 2013. Tener un plan de trabajo previo proporciona velocidad y margen de maniobra. La velocidad en campaña mata, pero mata al adversario. La improvisación, en cambio, es letal para el que la practica.  Así que hay que desterrar los modos de ser y de pensar que se han expresado en la frase maldita de “así como va viniendo vamos viendo” que tanto daño nos ha hecho hasta ahora, porque nos ha vuelto adictos al milagro y a la preocupación crónica, sin llegar nunca a dar el gran salto hacia la resolución de problemas.

Darle estructura a esta nueva oportunidad significa estudiar a fondo lo que quiere el venezolano de hoy en términos de beneficios, simpatías y expectativas, organizar la plataforma de conducción, construir y comunicar el mensaje de cambio sin miedos, sin complejos y sin traumas, y buscar fondos. Lograrlo nos puede conducir al éxito. No intentarlo nos asegura el desastre.

Víctor Maldonado C

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Los mejores y los peores

Por: Víctor Maldonado C.

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Hace poco me topé con un periodista cuya protesta se leía en una franela negra que cargaba encima: Somos los mejores periodistas peor pagados del mundo. A mí me pareció la composición de la frase toda una metáfora de lo que ocurre en el país, que a fin de cuentas se debate constantemente dentro de la angustiante sensación de la disonancia. La contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos termina empujando a los venezolanos hacia el terreno de las paradojas, sin que en este camino nos acompañe el buen juicio. En el caso de mi amigo periodista, él no podía entender cómo una empresa que se precia de tener una tajada mayoritaria del mercado publicitario pueda pagar unos sueldos tan esmirriados, que se imponen con toda la fuerza de la que pueden disponer aquellos que no tienen la razón.
 

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El cazador cazado

Por: Victor Maldonado C.

e-mail: v ictormaldonadoc@gmail.com
El  mediodía del martes 2 de julio concluyó estruendosamente una tumultuosa etapa de la política latinoamericana. Con la liberación de Ingrid Betancourt se acabó la posibilidad de intentar el chantaje mundial para que  se le reconociera a un grupo de terroristas desalmados el estatus de beligerancia que les aseguraba representación internacional y capacidad de negociación. Culminó igualmente el tiempo de la extravagancia diplomática y el las exigencias impagables que exigía el presidente Chávez por su intervención supuestamente humanitaria, presentada como la única opción posible y aceptable para lograr el canje de rehenes o la entrega incondicional de algunos de ellos.

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