Archivo del tema 'Bitácora de un amargado'

La historia del Cachilapo

La historia del Cachilapo.

Hace unos años la banda del Cachilapo se alzó en contra de los viejos malandros  que azotaban el barrio y contó con las simpatías de muchos vecinos. Fueron días de plomamentazón por todos lados que terminó cuando al fin la policía agarró al Cachilapo enconchado .  A pesar que lo metieron preso y después lo soltaron, como siempre sueltan a los malandros , al regresar al barrio el Cahilapo fue sumando más simpatías debido a su personalidad carismática, populachera, pero sobre todo al halo misterioso, pero dudoso de Robin Hood que se ganó después de enfrentar a los viejos malandros. Después de la plomamentazón del Cachilapo las cosas cambiaron en el barrio, los viejos malandros pasaron a retiro porque ya la gente no los respetaba y eso en el mundo hamponil es fundamental: Malandro que no se respete está jodido.

Aunque el Cachilapo lo que quería en realidad era convertirse en el azote del barrio para poder controlar los pejaes, la distribución del chirri, las apuestas y la casa de las putas de doña Yubirí que antes controlaban los viejos malandros, de repente se sintió como el salvador del barrio. La gente se le acercaba y le jalaban mecate, otros malandros y aspirantes a malandros se le arremolinaron poniéndose a su disposición. El dueño de la licorería así como otros personajes con billete de la zona, como el portugués del taller mecánico y la misma doña Yubirí comenzaron a regalarle plata y jalarle más mecate. La cosa es que de la noche a la mañana y a pesar de la oposición de algunos viejos malandros rayados y devaluados, el Cachilapo se convirtió en el padrote del barrio por aclamación popular.

Pasó el tiempo y el Cachilapo hizo amistad interesada con otros capos de los barrios vecinos, les regalaba parte de los peajes que recolectaban los de su banda en el barrio y les ofrecía villas y castillos. Todo estaba bien mientras había más o menos plata en el barrio. El problema con el Cachilapo es que quería meterse en todas partes  y que todos lo vieran como un iluminado. Logró la asesoría de los brujos y curanderos del capo mayor del barrio de al lado, quien terminó por convertirse en su padrino y mayor beneficiario. El Cachilapo envalentonado le quitó la fábrica de chirri al jíbaro de la zona y controló todas las gamberradas de los malandros autónomos que vivían allí. La policía corrupta se cuadró con el Cachilapo porque les convenía estar en la buena con él, aparte de las coimas que les tocaban por ser incondicionales.

Otros malandros de barrios aledaños se hacían la vista gorda con el Cachilapo, solo para no tener problemas con él y por eso dejaban que hiciera loqueteras y hasta se metiera en sus territorios para hablar pistoladas o les regalara plata y chirri.

Cuando al Cachilapo no le salían bien las cosas, le echaba la culpa al “gobielno”, pero en realidad todos sabían que el “gobielno” ni subía a esos barrios. La situación fue empeorando porque los muchachos descarriados empezaron a imitar a la banda de Cachilapo y todo el barrio se convirtió en un maremágnum de violencia, delincuencia y abusos. Cuando las cosas se ponían muy feas, el Cachilapo las arreglaba a punta de realazos, callándole la boca a la gente y si se ponían protestones, les mandaba a dar una pela.

La gente en el barrio estaba muy asustada y ya casi a nadie se le ocurría protestar por cualquier abuso del Cachilapo o alguno de su banda. En ese estado de cosas, le quitaron el taller mecánico al portugués, la casa de putas de doña Yubirí y las pulperías caseras con las cuales algunos habitantes se redondeaban la arepa. Ya todo el barrio le pertenecía al Cachilapo.

Por como todo sube, también baja. Las cosas en el barrio se pusieron difíciles. Ya no había chirri  porque la banda del Cachilapo se la había metido toda, se acabó la plata para pagar los peajes. No había donde comprar comida. Las callejuelas estaban atiborradas de basura, lodo y los desperdicios de la banda del Cachilapo, quienes se habían construido los mejores ranchos con Direc TV.

En esa situación lamentable, el barrio solo esperaba la llegada de una de esas  vaguadas para que se llevaran al Cachilapo a la porra o que se presentara algún comisario con guáramo y se llevara preso a ese azote de barrio junto a los miembros de su banda; a ver si algún día pudieran salir de nuevo a las calles y veredas, sin que nadie volviera a calificarlos como un barrio de malandros, porque en el fondo la mayoría de la gente de ese barrio sí era decente.

Sobre la censura y demás golpes de pecho

Esta situación más rara que un perro verde que está pasando en ND está, sin lugar a dudas, orquestado por los mismos chavistas.

En el portal están metidos de cabeza un grupo de chavistas que se aglutinan bajo una pomposa denominación bobalicona, revolucionaria y baladí, donde igualmente merodea un sinnúmero de saboteadores atolondrados con tufo a camaradas rojo rojitos, que se han dado a la tarea de ponerle en bandeja de plata a sus adorados líderes revolucionarios la excusa perfecta para que nadie opine, escriba, ni piense distinto al gusto del régimen.

Pero eso sí, todo con el buen maquillaje de la institucionalidad…

Por una parte estos foristas chavistas andan todo el tiempo azuzando a los opositores en el portal, burlándose y molestándolos con argumentos peregrinos en favor del Troll de Sabaneta en sus aspiraciones para convertirse en dictador vitalicio. El maniqueísmo de los argumentos chavistas siempre están sazonados con un galimatías de lugares comunes, frases dialécticamente materialistas fuera de contexto y falacias reiteradas o simples cambios de tema con acusaciones a la cuarta república o al Imperio que nunca vienen al caso y, cuando se agota el libreto; con risas locas, rebuznos o improperios.

Con los últimos ataques al portal estos foristas gobierneros se presentan con toda su hipocresía reptil en la sección de denuncias haciendo ver que se violan los derechos de aquellos connotados chavistas públicos, que a la postre son otros individuos de dudosa moralidad y con boletería repleta para la rifa de una celda por parte de la Corte Penal Internacional. Igualmente lloriquean como plañideras cuando a un miembro de su clan de moscardones le sale Baygoneo por gamberro.

Las acciones llevadas a cabo fuera de la esfera de N.D. por parte del mismísimo Troll de Sabaneta y ahora con el refuerzo del fulano Amorin, ha desatado un estado de autocensura loco entre los foristas. Se ven recriminaciones introspectivas, golpes de pecho, auto flagelaciones, silencios forzados y diversos ejercicios de mutis que se reflejan también con lo que viene sucediendo en otros portales más culillúos, medios de comunicación escrita, radial y televisiva.

Al final el régimen con toda su propaganda y maquinaria mediática, junto con sus órganos de sumisión revolucionaria (Fiscalía, Asamblea, Poder Judicial, etc.), están logrando poco a poco, pero a paso de vencedores la censura comunista.

Si vemos que el régimen también refuerza esta dosis de represión cuando promulgan leyes a todas luces violatorias de la Constitución, un golpe de estado continuado realizando toda una serie de tropelías en contra de los derechos humanos y la aplicación del gamberrismo puro y duro sin derecho a rezongar, vemos como finalmente logran acallar la disidencia, sea ésta abiertamente opositora o ni-ni, así como también a aquellos díscolos chavistas que osen pensar por sí mismos.

Este gobierno forajido a la hora de criminalizar a la oposición no repara ni en formas, ni mucho menos en asuntos de legalidad.

Ahí tenemos el ejemplo recién sacado del horno de Oswaldo Álvarez Paz, a quien la Fiscalía lo imputó bizarramente por los delitos de traición a la patria, instigación a delinquir y terrorismo mediático, solo porque éste manifestó su opinión en el sentido que Venezuela se ha convertido en un centro de operaciones que facilita los negocios del narcotráfico.

En fin, la censura y la autocensura es lo que está paralizando de miedo a una sociedad que a su vez tiene paralizado de miedo a un gobierno en declive en su aceptación popular.

Lamentablemente la dirigencia de la oposición está en estos momentos muy ocupada matándose con palos y cuchillos entre ellos por la piñata de los curules y por eso no puede ocuparse de aquello que algunos llaman libertad de opinión, democracia u otros conceptos secundarios al “tírame algo”.

Pero lo más lamentable de todo es que mientras esto está pasando, al país se lo está llevando el diablo por el abandono, el atraso, la ruina, la delincuencia, el calor y la sequía.

Para finalizar, digo: ¡Epa tú, Chávez! ¡A que no me callas!

¡JA!

Eudomar Santos al Panteón Nacional

La verdad es que de política estoy hasta los teque teques. Estoy cansado de este golpe tuyero donde la política y la información se mueven de acuerdo a la loquetera con la cual amanezca el aspirante a Idi Amin de Sabaneta.
Toda la población se comporta igual bailando esa lambada esquizoide, mientras el país se va a la porra.

Como siempre lo he dicho, al final chavistas, abstencionistas y opositores son lo mismo: Bandos de una misma tribu detrás de un cacique loco en medio de la más abundante riqueza petrolera y el más grave atraso tercermundista.

La descomposición ha llegado a extremos inauditos donde ya vemos que las policías son los principales malandros y hasta utilizan sus sedes como taimas para cometer sus fechorías. La peor tiranía no es precisamente el de la corrupción reinante en este desastre de país, sino la ineficiencia asombrosa de funcionarios rupestres casi analfabetas colocados a dedazo limpio al frente de las instituciones decisorias de la administración pública. Yo he llegado a pensar que si no fuera por la corrupción, que al final hace que al menos medio funcionan las cosas, esto ni siquiera se movería. Sin la corrupción el Estado venezolano estaría como un motor fundido.

¡Pobre país!

La delincuencia desatada con crímenes horripilantes e inhumanos que ya ni alarman a nadie, como aquellas viejas películas de terror que hoy nos da hasta flojera ver.
Todos los días sale a la palestra un hecho que en cualquier país medianamente civilizado habría hecho que el gobierno de turno renunciara y el escandalazo sería de padre y madre, pero en Venezuela no pasan esas cosas.

Para terminar mi minuto amargado, diría que ya deberíamos sustituir a Bolívar como Padre de la Patria. Él no se merece que le echemos esa broma. Habría que poner a Eudomar Santos, quien sí nos representa de cabo a rabo.

¡Firma Brito, firma!

Después de un criptológico análisis del acta que en horas de aquella madrugada firmó el señor Brito para que cesara en su huelga de hambre, no me queda la menor duda que al pobre lo engañaron en medio de leguyerismos y malas intenciones.

Por acá les dejo copia de esa carta.

Se despertó Alberto.

Sábado 21 de noviembre de 2009

Ayer se despertó Alberto. Eso fue un milagro, comentaban los médicos y enfermeras mientras los familiares corríamos como locos llamándonos para darnos la asombrosa noticia. Todo era un bullicio de ir y venir a la desvencijada habitación compartida en el hospital donde Alberto estaba postrado imbuido en un coma tras su accidente en carro desde hace dieciséis años.

Alberto se despertó y no entendía qué hacía allí, menos aún tenía noción sobre esos largos años de coma y se sorprendió al reconocernos envejecidos. Fueron momentos muy intensos de explicaciones y repasos rápidos de las cosas de la familia, la pérdida  de los abuelos, el nacimiento de los nuevos integrantes y los tres divorcios de mi hermana.  Todo el día transcurrió en medio de ese violento suministro de informaciones, emociones y las reacciones del lázaro Alberto tratando de asimilar en forma práctica la teoría de la relatividad en lo que para él fue solo un lapso de sueño.

Nos pusimos de acuerdo para ver quién se quedaría esa noche acompañando a Alberto y decidimos que debería ser yo. Cuando todos se fueron mi hermano y yo nos sumimos en esa clase de conversaciones extrañas que tienen los hermanos cuando uno de ellos ha estado en coma por dieciséis años. Todo estuvo muy bien hasta que llegamos al punto de la actualidad política…

Alberto con los ojos desorbitados me preguntó:

– ¿Entonces el loco ése que dio el golpe es ahora el presidente?

– Pues va a ser que sí y ya lleva diez años mandando.

Le contesté en forma lacónica, tratando de ver como cambiarle el tema, pero Alberto siguió:

– ¿Entonces estamos en una dictadura militar?

– Bueee… Sí y no… Estamos en lo que ellos llaman socialismo bolivariano del Siglo XXI, pero no hablemos de eso ¿Cuéntame más bien qué hiciste tú mientras estabas en coma?

Alberto casi me sacudió con su mirada.

– ¿Qué es eso? ¿Comunismo?

Arrinconado por la contundente pregunta de Alberto no me quedó más remedio que acercar la silla a su cama y explicarle las cosas igual como le dijimos todo desde que se despertó.

– Mira Alberto, te haré un resumen para ponerte al día… ¿Te acuerdas del chacal, Gaddafi, Mugabe, las FARC, El ELN, Irán, Idi Amín, Fidel Castro, Ezequiel Zamora, Cipriano Castro?  Bueno, ahora resulta que todos ellos son buenos. En cambio la iglesia, los Estados Unidos, los empresarios, los sindicatos, los estudiantes, Colombia y los medios de comunicación son malos. Ahora tenemos a funcionarios cubanos de Fidel  Castro y de su hermano Raúl mandando en los registros, notarías, ministerios, Fuerzas Armadas y mandamos funcionarios venezolanos a otros países con maletas de dólares para financiar la revolución de Chávez, meternos en las cosas de otros estados; pero armamos zaperocos y protestamos la injerencia extranjera cuando nos acusan de intervencionismo. Ahora se habla del Imperio, de camaradas, de oligarquía y de pitiyanquis… Ya no hay casi adecos ni copeyanos, sino un chiripero de gente de oposición que se están matando entre ellos. También se armó un lío porque salió un loco de nombre Bin Laden y tumbó las torres gemelas de Nueva York , la economía mundial se fue a hacer gárgaras y nosotros regalamos nuestro petróleo a los demás países, le mandamos dólares a los demás países y aquí estamos pelando a punto de miseria con una estanflación galopante. PDVSA está a punto de convertirse en un kiosco de buhoneros y ahora no puedes salir a la calle porque hay más malandros que gente… ¡Ah y casi se me olvidaba! los ricos que tú conociste ahora son pobres, les quitaron sus empresas o se han ido, porque ser rico es malo, pero hay unos chavistas que antes vivían en barrios y ahora son los hombres más ricos del país, con aviones, bancos, empresas…

Mientras escuchaba, Alberto fue adquiriendo una coloración grisácea su rostro y con voz tembleque me preguntó:

– ¿Y todo ese apocalipsis que me cuentas pasó mientras estaba en coma? ¿Y no ha pasado nada bueno?

– Este… Bueno sí… Ahora tenemos unos aparaticos que son unos teléfonos donde te puedes meter por internet y pasar todo el día mandándole mensajes a los panas… Se llama BlackBerry…

Hoy estamos otra vez reunidos los familiares con los doctores para ver qué fue lo que le pasó a Alberto que cayó de nuevo en coma… Es que eso del coma sigue siendo un misterio para la ciencia… A lo mejor Alberto se vuelve a despertar un día de estos, pero ¡bola! que yo voy a decirles sobre nuestra conversación de anoche…

Caracas, quince de noviembre de 2009.

En un arranque furibundo de malcriadez le pegué un puñetazo a la pared y ni siquiera le arranqué un cachito a la pintura.

Así que no me quedó más remedio que irme sudando frío a la que supuestamente es la mejor clínica de Caracas para ver si corría con suerte y me mandaban solamente una pomada para la hinchazón. Apenas llegué me remitieron a las oficinas administrativas para que pagara el peaje obligatorio y tener el privilegio de ser atendido en la emergencia.

Pasé todo el día entre exámenes que costaban un ojo de la cara, esperaderas desesperantes y la mano hinchándose como un balón a medida que el tiempo transcurría.

Cuando por fin resolvieron mi problema, terminé operado y arruinado.

El cuento hasta aquí va bien, lo malo fue cuando ya me iba, porque el traumatólogo en una sospechosa actitud de extrema gratitud rayante en la adulancia; me acompañó hasta la salida de la clínica y casi con lágrimas en los ojos se despidió de mí, faltándole sólo que me dijera que regresara pronto…

Caracas, ocho de noviembre de 2009.

Bueee… Hoy es un domingo más de esos que vienen en el calendario marcados en rojo para que uno sepa que no se trabaja. La cosa es que el día estuvo de lo peor porque me tocó ir al supermercado para reponer las cuatro cosas con las que tengo que medio sobrevivir durante la semana.

En el segundo pasillo;  ése de las pastas, se formó una tranca horrorosa de carritos y señoras gordas con cesticas. Lo que faltaba era el corneteo para que la cosa se pareciera a un lunes en la subida a la Cota Mil de El Marqués. Como es de suponer, tampoco había fiscales de tránsito y no me quedó otra alternativa que relajarme, hacer unos ejercicios respiratorios, ponerme los audífonos con el iPod y esperar llegar a la esquina a ver si me metía por los caminos verdes para llegar hasta los detergentes.

Después, como ya es costumbre, tuve que dejar en la caja registradora tres artículos para que me alcanzara la plata. Lo bueno es que en realidad tuve que dejar uno solo, porque los otros dos los agarro a propósito para dejarlos siempre  y así poder hacer siempre una escena de berrinche y malcriadez a manera de protesta por los precios.

La parte más delicada de ir al supermercado es cuando el muchacho de las bolsas empieza a meter las cosas, mientras estoy chequeando que la cajera pase bien los productos por el aparatico que lee los precios. Ahí sí que me pongo quisquilloso y nunca dejo que el muchacho toque mis compras. Prefiero botar piedra y tener que cargar yo solo ese poco de bolsas a tener que darle una propina a esos muchachos que siempre se roban algo y si no se lo roban, por lo menos les provoca.

El resto del día la pasé encerrado y sin agua, mientras el teléfono estaba sonando a cada rato esperando en forma ilusa a que yo lo atendiera.

¡Qué ladrillo!