Humor en Serio, con Laureano Márquez y Luis Vicente Leon

El inicio de la baja de los precios del petróleo marca el comienzo del final de un período que, a falta de mejor nombre, podríamos bautizar como “la década perdida”. Como si esto no fuese ya suficiente desgracia, el único punto en el que McCain y Obama coinciden –según se desprende del último debate realizado entre ambos- es en fregarle la vida a Venezuela, esto es: reducir las compras de nuestro principal, ¿qué digo principal?, de nuestro único producto de exportación, porque la revolución, aunque se exporta, no produce ganancias sino pérdidas.
Vamos a ver. Mire usted, como dicen los españoles: Por lo que yo llevo entendido, de lo que aquí se trataba era de destruir el sistema capitalista y nuestro gran líder, el camarada amao, nos había dicho que la cosa era inminente, que el imperio estaba en jaque, que el capitalismo estaba al borde del abismo y que, además, él tenía la misión providencial de darle el último empujón.
Simón Narciso Díaz Márquez, orgullo de esta tierra y uno de los venezolanos universales, junto al otro Simón, ha sido galardonado con el Grammy Latino. En medio de las circunstancias, Simón nos eleva la autoestima y nos ratifica que en el arte siempre hay refugio para la esperanza de un pueblo. Como homenaje al tío Simón, hemos actualizado algunas de sus coplas. No diremos para colocarlas a la altura de los tiempos, sino más bien para rebajarlas al nivel de las circunstancias:
Siguiendo el ejemplo del gordo, me animo a escribirle esta carta. En primer lugar, quiero agradecerle la ayuda prestada durante todos estos años al desarrollo de la actividad humorística en el país.
“Hay jaladas que asustan” S. B.
No sé si será verdad, pero los quecuentan los detalles de la caída del presidente Salvador Allende, víctima de un golpe militar repudiable, como todos, refieren que cuando el Presidente chileno se enteró de la magnitud de la conspiración que se fraguaba en contra de su gobierno, sólo decía: “¿Dónde está Augusto?… llamen a Augusto”. Allende reclamaba la presencia de su general de confianza, del que seguramente más adulante se mostró con él, del que más leal parecía. Pero el camarada Augusto Pinochet nunca apareció, estaba muy ocupado comandando el golpe en su contra.
A partando la naturaleza pitiyanqui de quien suscribe –que además de haber entrenado recientemente con la CIA durante 22 días seguidos, con los gastos “cubridos” por el Departamento de Estado, llega al extremo de la adulancia de cumplir años el día 4 de julio, como Tom Cruise–, no sé qué pensará el chavista de a pie (ese que no se está forrando de billete y que cuando venga el conflicto tendrá que poner su cuerpo para las balas y pagará, junto con nosotros, los escuálidos, los costos del embargo de la hipotética guerra que, además, seguro, perderemos) sobre nuestra alianza con el imperio ruso.
Vamos por partes: aunque yo no fuese, como soy, admirador de la política v exterior de George W.
Nota: Había escrito para esta semana un artícu lo divertidísimo, lleno de gracia y optimismo, pero tengo la mala costumbre de no guardar los documentos hasta el final y el primer apagón me lo borró. La indignación fue tan grande que, entre el segundo y tercero, esto fue lo que salió:
La palabra como tortura. Amenaza con hablar 24 horas seguidas, con transmitirnos un día suyo en cadena nacional. Y el verbo se hizo cárcel…
El siguiente artículo es reciclado, creo que fue publicado antes de tiempo y ésta es su hora; aunque claro que podría actualizarse con contenidos gástricos desconocidos en el momento.
Algunas frases han sido autocensuradas porque en aquellos tiempos había menos miedo que ahora: En la madrugada, entre sueños, rumbo a una urgencia urinaria de ésas que se presentan a golpe de tres de la mañana, uno pasa frente al televisor y lo enciende. La cadena continúa: hay movimiento, sospechoso cuchicheo y risitas en la primera cama de la patria. Una mano mueve la cámara y la dirige hacia el techo.