Perfil

a los 11 añosEn un pueblito del occidente carabobeño, Miranda, nací el 20 de mayo de 1947. Hijo de venezolanos, nieto de tres europeos y una criolla, afro-descendiente, como se dice ahora.

Los progenitores de mi padre Augusto Franceschi Giulli, vinieron de la Isla de Córcega ( Francia) en el último cuarto del siglo 19. Ellos con hermanos y primos dieron los genes de esa prosapia venida por puerta trasera de la cultura europea, a una extensa descendencia, como igual hicieron numerosos parientes suyos en Rio Caribe- Carúpano, Puerto rico y New Orleáns y a los de esta caprichosa parada, en el centro del país, donde me tocó en suerte a mí nacer. Por parte de mi madre, tengo la marca de criollo, Victoria se llamaba (la catira) y que me trajo al mundo con otros 12 hermanos, orgullosos de nuestra abuela materna Cruz González, nieta de esclavos que hizo pareja con un rubio alemán, de origen ignoto, Raymundo Yankey, escapado de alguna trifulca de guerras prusianas.

Nada que lamentar, todo por celebrar, para mis 7 hermanas y 5 hermanos, en salud y prosperidad. Hubo una sola tragedia en nuestra historia familiar que cobró la vida de mi hermano Francisco, que a los 20 años fue segada por un accidente de automóvil, hace ya 30 años y aun lo extrañamos.

Fuimos criados en la holgura, pero con severa austeridad, repudiando la frivolidad en consumos, que no fuesen lo estrictamente necesario. Se nos enseñó desde pequeños a despreciar a la gente de vicios, en particular borrachos. Nuestra infancia feliz alternó desordenadamente entre los juegos en el enorme solar, con las escuelas de la que jamás faltábamos. Quedan como recuerdos imborrables los amigos y novias imaginarias, las purgas, los castigos, el día de reyes y los ramalazos de religiosidad, en oportunidades y etapas extrema en mi caso, siempre puesta en entredicho por la irreverencia paterna, que nos metió en los tuétanos el gusto por lo iconoclasta. También por la buena música clásica y entre citas del librepensador Vargas Vila, el liberal colombiano, mi padre llenó nuestras ávidas cabecitas de proverbios familiares y criollismos contra la vagancia y por sobre todo con una obsesiva sed por la información y las buenas lecturas, de la historia de las civilizaciones y los actos bárbaros de las guerras humanas, en esos lejanos confines, de donde eran originarios.

Desde que tuve memoria nunca faltó en mi casa periódicos diarios y revistas y eso hasta que murió papá a los 84 años, cuando ya en nuestros propios hogares repetíamos el hábito, agregándole ya viejos desde que apareció, la manía por Internet y la información especializada.

papá a 75 añosSi papá nos habló, de la valía de la palabra empeñada, de la honradez y de muchos otros valores éticos, siempre disfrutaba conversándonos acerca de de grandes músicos, héroes, generales napoleónicos, emperadores, guerras, imperios antiguos, antropólogos, paleontólogos, egiptólogos, y sobre todo un arsenal impresionante de anécdotas graciosas de personajes campesinos o de la picaresca local del pueblito, de inventos y retahílas interminables de personajes reales o ficticios, de la novelas de Julio Verne o de Gardier Poncelas, por su parte, la educación formativa de valores nos vino por mi madre, sobre las virtudes, en especial también la honradez y miserias humanas, los hábitos y conductas de la gente, la bondad y maldad de las personas, la autenticidad, aunque no la llamara así y las hipocresías, la nobleza de los justos y las ruindades de los mezquinos. Aprendimos de ella sobre los tontos pruritos y prejuicios sociales, que nos enseño a despreciar desde pequeños, quizá por haber sido ella misma victima por parte de mi familia paterna, que nos regateaba el reconocimiento, por el origen muy humilde de mi madre.

 mama 17 años Ella fue sin embargo de una dulzura e inteligencia sin parangón, a pesar de su muy escasa escolaridad, que en el caso de mi padre no se notaba por que era un lector incansable y voraz, no así mi madre con el tiempo siempre agotado entre mantener un embarazo tras otro y la crianza exigente de aquella parvada, todos para la escuela, todos con necesidad de ropa limpia, de comida y sobre todo de afecto, que lograba repartirlo en demasía para todos.

Entre juegos, tempranas lecturas, internados exigentes, pelas por tremendo y una sed insaciable por conocer el mundo, llegué a la adolescencia con la amargura de haber nacido en un lugar marginal del planeta, pero ya feliz de poseer esa paz interior de quien no conoció los tormentos de los “civilizados” en ese siglo de horror de guerras mundiales, de las que respiraban mientras preparaban la siguiente.

Así, a los 15 años ya editaba un periódico y edité muchos después. Recorrí el mundo ayudando a construir grupos y partidos políticos, consumí la mitad de mi vida frente a una maquina de escribir y sobre todo frente a grupos de personas, de todas las edades, explicando ideas, exponiendo propuestas y utopías. Fui siempre un esclavo de la difusión de ideas y del desprendimiento que implicaba al propio tiempo una practica de vida signada por el mas absoluto desden por lo material y eso por si solo me enorgullece, porque no gasté mi tiempo ni buscando atesorar nada, ni consumiéndome tras los preceptos que impusieran otros o porque fuera incapaz de luchar para hacer cambiar lo que fuera necesario y lo hice siempre pensando que era para el bien colectivo.

con papa en noviembre 1978Con pasión de carbonario logré montar por igual una empresa compleja de Transporte de Carga Pesada que dirigí por seis años, un pequeño plan de producción de huevos criollos, cosechar papas, flores tropicales, tomates y pimentones en mediana escala, producir cerdos, imaginar múltiples agroindustrias, o planificar crías exóticas, para lo cual investigo y conozco hasta la saciedad su factibilidad económica y comercial, sobre todo por la facilidad que ahora brinda Internet.

La rentabilidad solo me interesa en el papel, porque igual disfruto sin ganar nada o subsidiando una cosa con la utilidad de otras.

Con mis padres y mis suegros ya bajo tierra hace más de una década y todos los hermanos con sus profesiones y sus vidas, con mis hijas ya casadas y adultas, y con una esposa absolutamente independiente de vitalidad envidiable para diseñar su cotidianidad y sus propias ocupaciones altruistas, puedo empezar a evocar mi propia vida, sin más sobresaltos que los que yo mismo induje en estos casi 60 años.

Mi tránsito por múltiples escuelas, internados e intentos vocacionales rápidamente frustradas, debe tener que ver con la difícil transición de una familia de origen rural, sometida entre los años 50 y 60 a los bruscos cambios, desde aquellos bucólicos patrones culturales campesinos y pueblerinos, de los que se nos volcó, en pocos años de transformación vertiginosa, a los del caos urbano y de la dictadura de silencios a la impredecible y extravagante democracia donde se discutía todo.

Oí en mi tierna infancia que a mi casa llegó uno de las primeras motos del pueblo, y uno de los primeros vehículos, vi luego en 1963 uno de los primeros televisores, uno de los primeros pikup, la finca de papá tenia los mejores tractores y equipos, a mi casa llegaban, desde mucho antes de yo nacer, las primeras publicaciones europeas y norteamericanas en español y sobre adelantos en la ciencia agrícola, Selecciones del RD, Mecánica Popular, La Hacienda, tomos de enciclopedia etc.

Con esa crianza ¿Como no ser solidarios, tolerantes, sencillos y comunicativos como nos enseño nuestra madre y como no estar pendiente de la política y de los acontecimientos del mundo entero, y vivir en la seguridad que da la cultura y por si algo faltara con el humor a flor de labios como imitamos todos a mi padre?

Cuando fui a vivir a Chile, luego a Francia, USA, Colombia, Argentina, España, otra vez Francia, Polonia y viajando por medio mundo tratando de aterrizar utopías, cuando sacrificaba ver crecer con mi esposa a nuestras bellas niñas, entrenadas para no martillar la inmensa nostalgia, pude transitar por infinidad de escenarios políticos y en mil oportunidades tomé la iniciativa para dirigir huelgas, conflictos de todo tipo y esgrimir razones, programas, ideas fuerzas, para cuanta causa útil concebí, ¿Cómo no ver allí el cosmopolitismo de mi visión de vida desde la infancia para no resignarme a ser solo un escolar, con su bultito que marchaba a la escuela primaria local, sino como alguien distinto que debería estar destinado a alguna acción mas importante, que las vidas grises que esperaban a mis condiscípulos, de los cuales veía en sus padres el retrato de sus destinos mientras que mi visión de futuro hacia volar mi imaginación, hasta los confines del mundo y sus historias apasionantes, que me convocaban a conocerlas, interpretarlas y asumirlas desde sus enseñanzas fundamentales?

Mi esposa Edelmira en 1975

Estoy casado hace ya 36 años con Edelmira Hernández Gutiérrez, nativa de la Isla del Hierro, Canarias. Hija de inmigrantes que sudaron la gota gorda en este país de promesas para ellos, que pudo darles muchas satisfacciones imaginadas de esta, nuestra tierra mágica, que fue el señuelo para abandonar su Canarias, no olvidada sin embargo ni un solo día, de su desarraigo y nostalgias que se los comían vivos, sobre todo por la familia distante, a pesar de abandonarla en medio de las privaciones de la posguerra franquista, que tanto negaba a los españoles.

Profesora ya jubilada de la U.C.crio con sus padres nuestras dos hijas, que fueron razón y pasión de vida de sus abuelos, tienen nombres rusos, nacidas en 1973 y 1978. La mayor Valía Larissa, como Larissa Bogaraz que manifestaba íngrima y sola con su marido Yuly Daniel, en la plaza Roja contra la invasión de los tanques de su país contra la Primavera de Praga.

Valia hizo Estudios Internacionales de la UCV y postgrados, ya madre ,de nuestro único nieto Domingo Alberto, la alegría de nuestra vejez. La segunda hija Vera, con su segundo nombre DACIL de princesa Guanche de los exterminados habitantes primitivos de Canarias, es Arquitecto de la Vargas y con postgrados en Madrid. A diferencia de Valía que le apasiona la política, Vera buscó siempre estar en las antípodas de nuestras filiaciones. No soporta sencillamente la idea que merezca tantos insultos por dedicarme a causas en la que a ella le consta nuestro desden por el lucro o el poder.

Fui, como nunca lo hubiera sospechado mi padre, cuando me hablaba de los problemas de la humanidad, un pertinaz interesado en conocer el devenir histórico y hasta quise por décadas, pensarlo en términos de orden predecible, siguiendo leyes más o menos generales, para pronosticar su destino a partir de cierto mecanicismo en la comprensión de su pasado.

Era el marxismo, que busqué en el subconsciente como explicación coherente y con cierres lógicos, con supuestas verdades inexpugnables y que tanto defendí, del que tanto aprendí a pensar, pero del que tuve finalmente que relativizar sus enseñanzas, hasta incluso superarlas, por comprensiones teóricas mas abiertas y universales, al vivir con intensidad la ácida prueba de la experiencia a la luz de los dramas históricos no comprendidos, ni menos aún pronosticados, dadas las graves insuficiencias de su supuesta solidez conceptual.

Hablo por supuesto sobre todo de la ya inviable, revolución obrera internacional y del atascamiento hasta su estallido, de las llamadas experiencias del socialismo real, sin que tampoco se verificaran positivamente los vaticinios lúcidos del último de los grandes clásicos, León Trotski, que apostó todo al pronóstico alternativo que si la revolución política en la URSS y la decadencia imperialista no abrían cause a la victoria socialista mundial, la humanidad toda entraría en un largo periodo de barbarie.

La revolución política ocurrió, pero solo para reforzar transitoriamente el capitalismo, que tomó otro importante impulso de modernización, a pesar de parasitismos extremos y al aumento del drama humano subsiguiente en media población mundial sometida a los estragos de las privaciones. ¿Es el camino irrefrenable a la barbarie o todavía la modernidad capitalista subsume sus secuelas de inhumanidad? Trotski todavía puede tener razón en el pronóstico de un siniestro destino para la especie humana, aunque era lo menos que quería.

Asumiendo entonces los aportes marxistas con una visión en extremo crítica, pude apreciar el esquematismo que nunca termina de cubrir la especificidad histórica de pueblos disímiles, con sus pesadas herencias de siglos.
Con mas años a cuesta vine a entender que seguimos sin comprender el grueso de nuestro propio devenir y todo sobre el fin último de la civilización, pero ello no me llevó a soslayar que el marxismo que aprendí sin dogmas, es parte de la historia del conocimiento post hegeliano y que desecharlos en bloque sería un grave error para quien tome en serio la historia de las ideas políticas, sobre todo a sus pensadores, que nada tienen que ver con esos pobres epígonos que nada entendieron de los clásicos.

Después de muchos años en el marxismo, que para mi solo podía ser el trotskismo, su única continuidad seria, acepción viable y valida, por legítima y acorde con la verdad y la progresividad de las ideas en la post guerra, me llegó la hora en que abandone esa doctrina y su práctica militante, definitivamente hace 17 años.

Todos estos años como productor de servicios (transporte) primero y luego agricultor, alternando esa actividad privada con incursiones sostenidas por periodos en que consideré necesario participar a fondo en la lucha política abierta, me han mantenido en una especie de transitoriedad, como está por lo demás todo el país, desde hace ya 8 años.

Quizá vuelva un día de estos al activismo tenaz de otros tiempos. No me resigno a ver mi país sumergido en el oscurantismo del izquierdismo dogmático ,que junto al fascismo son las dos caras del mayor atraso con que puede maldecirse una nación.

En estos años de mi vehemencia contra los aprendices de brujo que dirigen nuestro país, han tratado de callarme por varios medios. Pero el mas persistente ha sido el de calumniarme. Si lograran parcialmente, como se lo proponen, enterrar mi honor personal, o poner en serias dudas la seriedad con la que planteo mis análisis y propuestas, entonces se derrumbaría solo, todo lo que diga.

No voy a cerrar estas líneas haciendo un balance irreversible sobre mi actividad militante. Todo para mi sigue abierto incluyendo como pueda balancear aun la utilidad de mi existencia.

Solo tengo seguridad sobre algo: no quiero envejecer ponderando gobiernos que enterraron y entierran los sueños de los verdaderos dueños de este país que somos todos, sobre todo los que lo necesitan para sobrevivir, que a diferencias de los que acumulan privilegios, pueden darse el lujo de abandonarlo, si es que por el contrario no han tenido que marcharse para no hundirse en la desesperanza que fabrican los sepultureros de sueños que hoy gobiernan.

No puedo sumarme nunca a los mediocres que solo piensan en sus propios intereses, pero si estoy a gusto entre almas sencillas que solo quieren un poco de paz, para imaginar el mejor de los futuros para los suyos.

papá 70 años, entre naranjalesdic. 2006, con siembra de ají