El liderazgo electrocutado del 7-O

No somos ni mejores ni peores. La genética social del venezolano se compone de casi idénticos rasgos de grandeza e indignidad, propios de nuestra especie humana, desde los tiempos de los homínidos hasta los refinados modelos socio-políticos-institucionales escandinavos, social demócratas, de Estados de Bienestar.

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La monarquía española de los Borbones, por ejemplo, está haciendo aguas. Los negocios del monarca, sus amantes y su yerno comisionista y ladrón casado con la infanta cómplice, es apenas la punta del iceberg del proceso de estallido del Estado español, que verá pronto el intento de separarse de su región catalana, abriendo la ruta a la vasca, auspiciado por una especie de resentimientos infundados, estimulados y amarrados por una casta de políticos corruptos que buscan solo la impunidad que les libere de la igualdad ante la ley española, que ya se niega a seguirles financiando sus parasitismos autonómicos.

En el otro extremo, de tercer mundo, la Kirchner, presa de los mismos sueños locoides que su amigo tropical, quiso repetir las fórmulas despóticas de gobierno y se encontró de cipotazo con una movilización nacional, como la nuestra de 2001, diciendo: o agarras mínimo o hasta aquí llegas.

En Argentina, la barrera democrática contra el despotismo está funcionando. La señora ahora ve derrumbarse su tinglado de disparates. Y ello ocurre a pesar de ser reelecta hace poco, aunque en medio de cierta anemia de liderazgo nacional alternativo.

En Venezuela, se plantearán escenarios similares, con la diferencia que aquí se ha perpetuado este esperpento de régimen autoritario, basando su estabilidad en la gran “repartidera”, posible solo por la avalancha de divisas y por su 90% de directivos de los Centros de Votación, que están en las Misiones y de donde se generan los votos “ganadores” para el comandante.

En mi pueblo mal viven unas 10.000 familias, acosadas por unos 500 lúmpenes que les malandrean, y su número es cada vez mayor, venidos desde Valencia que los procreó sobre todo en estos 14 años en descomposición social acelerada.

En contraste y porque no admitirlo, aunque sea como falsa solución a las calamidades, un banco del Estado, más bien del régimen, reparte real cada día hasta a por lo menos 5.000 beneficiarios, la inmensa mayoría pobres de solemnidad.

Por eso lo ven como “su gobierno”, y aunque los rojos-rojitos sean híper corruptos, el pueblo llano no distingue sobre que las intenciones de estos oscilen entre auspiciar un esquema totalitario de régimen, para eternizarse como sus idolatrados cubanos, o simplemente usufructuar con ellos del reparto clientelar, al que prefieren abstrayéndose de complicaciones y derivaciones ideológicas.

Y en cuanto a los específicos militantes chavistas, beneficiarios en primer orden de todo tipo de privilegios, aunque el gobierno sea de naturaleza y estilo despótico, es la repartidera de lo que no produjeron, lo que les encanta para robinhoodnear, porque su sueño dorado es que paguemos todo su lento y bochornoso aprendizaje de gobernantes, como alumnos repitientes lerdos.

¿Cuánto durará esto? Lo que permita la salud menguante del gran jefe de la banda que se ya se angustia por la falta de nuevas tracalerías ideológicas motivantes de sus tropas, en extremo pragmáticas, que le adorarán mientras reciban el cheque.

Frente a este país de la manguangua clientelar está la Venezuela mayoritaria que produce, que se levanta día a día a dar la batalla campal por sobrevivir penosamente con sus vidas, propiedades, capitales y ahorros sitiados por el hampa, por las extorsiones y los controles. Con salarios que compran cada día menos y la especulación monetaria que revienta los circuitos comerciales y por sobre todo padeciendo una absoluta carencia de esperanzas de cambios en el horizonte inmediato.

Pero si echamos una mirada, aunque sea muy rápida a nuestro pasado histórico, podremos ver que la etapa de mayores equilibrios sociales, con el añadido vital de la democracia, son los famosos denostados y ahora añorados 40 años de la “vieja política”, los mejores en dos siglos.

El chavismo seguirá intentando imponer la patraña que este era un país hundido en la desesperación del grueso de sus habitantes, confundiendo la suerte del país con la racha eterna de fracasados del segmento izquierdoso, incapaz de hacer carrera política o de alcanzar progreso social, compitiendo contra los amolados adecos y copeyanos, que en general eran más astutos y en demasiados casos mucho mejor preparados. Aunque ciertamente el cambio sobrevino a causa de la miseria creciente.

En medio de esa puja histórica llegó la descomposición del régimen anterior, ya agotado por haber perdido su capacidad de auto reforma que se empalmó con la peor baja tendencial de los precios petroleros, en un estado basado en su renta, y con la vorágine de corruptelas de la propia clase política y empresarial, dando el resultado de una mayoría indignada y unas elites que alcahueteaban a las mas irresponsables ofertas de liderazgo alterno, hasta que Chávez los complació brindándoles el peor posible.

El chavismo es hijo bastardo de esa crisis, porque aunque no era fatal alumbrarlo y padecerlo, si era el potencial adefesio de criatura político-social de esos fenómenos decadentes y en particular del hambre atrasada manifiesta del liderazgo pequeño burgués y lumpen, que anidaba en los cuarteles y en las universidades autónomas.

¿Y cuál es la salida a este impasse? Es tan evidente que muchos no lo perciben, sobre todo por andar armando vainas con aquellas elites que nos trajeron la “solución” chavista fungiendo como aprendices de brujo, que desataron fuerzas que no sabían ni podían controlar, con el apoyo solapado al golpismo del 92, la destitución de CAP, el chiripero errático y la impertinencia de la “anti política”, que arrinconó los partidos.

Estos habían sido lentamente gangrenados por el servilismo ante los mismos intereses que socavaban su prestigio, aunque se corrompían hermanados.

Luego del cimbronazo chavista de 1999, se inventaron hasta un Carmona para conjurar su absoluta pérdida de influencia en los procesos, aunque el costo fuese embaucar el más grande movimiento democrático de masas, en dos siglos, para ahora venir, otra vez, con la jugarreta ideológica de la anti política -llamada “nueva”- del sifrinismo, ideológicamente frívola y tonta, que parece tener por misión enterrarnos otra década, si no les arrinconamos como la más vieja de las maneras de generar oportunismos acomodaticios.

A pesar de la desgraciada derrota del 7-O, hay que anotar como saldo que la hegemonía política sifrina está fracasando bien rápido. Sin quererlo, o sin poder escoger otro escenario, Chávez liquidó a sus mejores aliados en la oposición. Capriles era su mejor ficha y quedó electrocutado ese 7- O en la noche, ante el altar de las complicidades.

Lo digo sin ambages: la fugaz hegemonía de los chicos del PJ y sus subproductos está terminando con más penas que glorias y coloca a la orden del día un nuevo realineamiento de fuerzas, que se profundizara con las elecciones del próximo 16 D.

¿La salida?… aunque a muchos les cueste entenderlo, ella está dibujada en las mejores tradiciones de la “vieja política” y sus partidos… si, los mismos que fueron barridos por el chavismo y la “anti política”, pero que representan el único mástil donde agarrarse, en medio de la tempestad en curso.
La pelea será en lo profundo del tejido social popular y allí no funcionan las cancioncitas, ni las cuñas, ni la palangre sino la indignación y la protesta, todo mediado por la lucha por la sobrevivencia, y es allí donde se valida la pelea dentro de las llamadas Comunas, porque desde allí el chavismo entrará en descomposición… porque se pudrirá de abajo hacia arriba.

Acción Democrática, partido fundador y portador de nuestras mejores tradiciones populares y democráticas, que fueron hundidas por los vicios que le indujeron los plutócratas, ya cumplió su penitencia histórica y puede renacer con una fuerza impresionante, aunque ello depende de su dirección.

Un argentinazo y la vuelta de AD por sus fueros históricos, están en nuestro horizonte de sucesos, quizá más rápido de lo que muchos temen, desean o detestan según sus intereses.

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