LAS HORAS FINALES
En la mitología griega el dios Zeus, disgustado con los hombres, que eran creación de Prometeo, les envió la caja de Pandora. Zeus no soportó que aquellos seres pretendieran emular su poder y hacerse del mismo eternamente.
Lo que ha sucedido en Venezuela durante esta contienda tiene precedentes históricos: Monagas, Gómez y Pérez Jiménez los más conocidos. Todos ellos pretendieron perpetuarse. Solo uno, Gómez, lo logró. Fue la excepción que confirma la regla. El modificar la constitución para perpetuarse en el poder ha sido el equivalente a abrir la caja de Pandora. El caso de Monagas es de los más elocuentes. Su reforma a la Constitución de 1857 le costo al país la guerra federal y uno de los acontecimientos más bochornosos que recuerda el derecho internacional. La legación francesa, donde se refugio José Tadeo estuvo a punto de sucumbir ante la turba enardecida que pretendió hacer justicia con sus propias manos. Otros casos: el del general Linares Alcántara, que en una de las intermisiones de Guzmán Blanco su intención lo llevó al sepulcro; el de Raimundo Andueza Palacios, quien fue echado del poder por la revolución legalista de Crespo, que lo derrocó apelando a la Constitución y a las leyes. El del propio Ignacio Andrade, quien al reformar la Carta Magna para quitarle poder a las regiones y concentrarlo le dio la excusa perfecta a Cipriano Castro para que irrumpieran los andinos con los sesenta. Eso para repasar algo de lo que fue el decimonónico, plagado de revueltas, montoneras y la acción arrebatada de los caudillos.
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