A dos meses de la despedida del Presidente Caldera, recopilación algunos artículos y declaraciones
Isa Dobles: Y se nos fue Rafael Caldera
Este 24 de diciembre, de madrugada, se fue el Dr. Rafael Caldera. El Ex Presidente. Un hombre de la Democracia, un venezolano honesto. La última vez que lo entrevisté ya estaba enfermo, fui a su casa en Los Chorros a enfrentar por primera vez como periodista a un hombre que había provocado en mi durante buena parte de mi vida las más encontradas emociones. Rodeada de los hombres de Acción Democrática de aquella primera época, hombres de luces y dignidad, aquel adversario elegante, rico, buen mozo, excelente orador, prepotente y ardoroso en la lucha, no era fácil de digerir, lo que lo hacía por supuesto, más útil e importante en el juego político del momento.
Esa tarde el hombre era otro como otras eran las circunstancias. Su lucidez sorprendía tanto, afectado como estaba por un Parkinson implacable y el terrible pesar de su esposa, Alicia, sobrecargada también de agobios de salud, como me sorprendió su recibimiento y su calidez conmigo. Asumí que entre los dos estaba establecido de manera muy sólida el respeto mutuo, la consideración humana.
Por mi parte, allí estaba yo en su cumpleaños agradecidísima por estar allí con él, en el emocionado corazón adormecido de memoria de cualquier recuerdo que en algun momento trajera otros tiempos y otros sentimientos. Mi primera pregunta fue por los hombres de ayer … le dije que María Teresa Castillo decía que en la Venezuela de ayer los hombres eran distintos, menos crueles y con mas altura y por eso Venezuela era distinta. Su mano temblorosa se movió impaciente, allí estaba el ímpetu de siempre reclamando su espacio: “yo creo que los hombres éramos iguales, pero logramos entender las exigencias del momento y el destino del País. Y todos nos comprometimos en construir un Pais con nuestras diferencias y nuestras personalidades, un país que tenía una cara digna para enseñarla a los ojos del mundo, un empeño de cuarenta años. Yo siento que esto no es Venezuela y tan no es Venezuela que no nos dejan manifestarnos votando limpiamente, eligiendo limpiamente….”
Rafael Caldera se llevó el dolor terrible que vivía su alma con la visión trágica de la Venezuela que hoy lo llora .
“El Pacto de Punto Fijo no fue impuesto por los partidos, respondió a un reclamo del pueblo, su voluntad interpretada por líderes que entendieron lo que el pueblo esperaba de experiencia largo y sufrida, entendimos lo que eran los valores de la libertad y la agonía de vivir sin ella. Y hoy creo también que esos valores están bajo esta capa de corrupción, la gente sabe de la necesidad de interpretar la paz y la decencia, de respetarse unos a otros, yo agradezco a Dios que me permitiera ver lo que había en otros hombres bajo la capa de combate porque Venezuela nos necesita a todos”.
A través del editor José Agustín Cátala, amigo queridísimo, Chávez quería ir a verlo en Miraflores uniformado. El Presidente se negó: “Como Presidente yo no puedo hacer eso, pero dile que se quede tranquilo, que cuente con que saldrá de la cárcel, que ya el Gral. Rivas Ostos está en eso, que va a salir pronto”. Cátala llevó el recado. Caldera, un pacifista, cumpliría su palabra que no entenderían todos. Chávez reaccionó como lo que es: “Cuando yo ponga un pié afuera de esto lo mando al carajo”.
Las dos venezuelas en pugna por su destino. La de la paz y la de la guerra. La de la dictadura y la democracia.
Todavía su espíritu debe aletear sobre el suelo de la tierra que amó.
Para mi es un privilegio haber compartido con él esta larga historia.
Y descansará en paz. Claro que si.
Desde el Vaticano, y muchos países del mundo, envían su pesar, por fallecimiento de Rafael Caldera
El Vaticano, a través de un comunicado dirigido al Cardenal Jorge Urosa, hizo llegar su pesar por el fallecimiento del expresidente Rafael Caldera.
El Cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, expresó la cercanía espiritual de su Santidad Benedicto XVI, quien realizó votos, según señala, para que Dios acoja en su seno al expresidente Caldera y para que la familia tenga consuelo. Desde el mundo entero llegaron notas de condolencia por el fallecimiento del patriarca de la Democracia Cristiana en America. La Internacional Demócrata Cristiana y la Organización Demócrata Cristiana de America (ODCA) también se manifestaron en la misma dirección.
El Presidente Pastrana de Colombia presente en las exequias
Numerosas personalidades se dieron cita en la despedida de los restos mortales del ex mandatario Rafael Caldera. Entre las personalidades presentes el ex jefe de Estado de Colombia, Andrés Pastrana, quien hizo un gran esfuerzo durante su mandato por la paz y el dialogo. El recién fallecido expresidente venezolano, Rafael Caldera, durante su primera presidencia fue el artífice de la pacificación del país y como estadista ese siempre fue su norte. Rafael Caldera se va de este mundo, pero deja un gran ejemplo de constancia, de servicio al país, de dedicación denodada al servicio político y como hombre de principios y de familia. Caldera además de ser un líder político de un gran fuelle, se destacó en las letras, llegando a ser individuo de número de la Real Academia y un investigador y expositor destacado de la obra de Andrés Bello. Profesor universitario de larga trayectoria en derecho laboral y sociología jurídica, materias en las que dejó textos de estudio. Entre sus distintos libros, “Especificidad de la Democracia Cristiana”, sirvió para inspirar a jóvenes de America Latina y el mundo, en el ideario de la lucha política, centrada en el humanismo cristiano. Un hombre completo. De pensamiento y acción, al que reivindicará la historia.
Naudy Suárez: Rafael Caldera estadista de la democracia
El historiador Naudy Suárez, quien prepara una biografía sobre el expresidente Rafael Caldera, con ocasión de su muerte, nos manifestó que un balance histórico de la obra política cumplida por el extinto líder, apuntaría en tres direcciones: 1) su lucha por la justicia social que lo llevo a convertirse en un pionero de la legislación laboral en Venezuela; 2) su lucha por la paz, dentro de la que entraron el proceso de pacificación política cumplido durante su primer mandato presidencial y la parecida gestión cumplida en su segundo quinquenio; y 3) su lucha por la implantación de un Estado de Derecho que tuviera como base el respeto y cumplimiento de la Constitución y las leyes. Sin ninguna duda la democracia y la civilidad han perdido a uno de sus más brillantes promotores en el siglo XX. canoero45@yahoo.com
Pedro Paúl Bello: se fue el agonistés
Miguel de Unamuno decía que el Cristianismo, más que doctrina, en lo histórico ha sido vida, ha sido lucha, ha sido agonía: “La Cristiandad fue el culto a un Dios Hombre que nace, padece, agoniza, muere y resucita de entre los muertos para transmitir su agonía a sus creyentes”.Agonía es mucho más que el trance humano cuyo término o desenlace es la muerte. El mismo fonema, significó en el griego antiguo lucha, combate y todo arte similar. El luchador, el combatiente, era “agonistés”; y el guía, el conductor “agogós”. El parentesco fonético de ambos vocablos revela que la misión del verdadero “líder” o conductor político es permanente lucha sin descanso, agonía. Decía Rafael Caldera que el Creador cuando, más allá de todo tiempo y espacio, decidió crearlo, no le incluyó el descanso. Era cierto. Su misión de conductor, de guía, fue agónica. Alguna vez, esa extraordinaria mujer venezolana que es su esposa Alicia Pietri, como hablando consigo misma, se preguntaba por el “hasta cuando” de esa lucha. La respuesta del “agogós-agonistés” fue: “hasta la muerte”. La lucha de Caldera fue franca, honesta, leal, comprometida con los valores que recibió de su Fe. Jamás dosificó su entrega ni economizó sus sacrificios. Jamás calculó beneficios. Nunca pasaron por su mente limpia aspiraciones de honores, riquezas y todo eso que suele traducirse como “beneficios del poder”. Ejemplificó con su vida aquello que como Política definió el Papa Pío XII: “la más alta expresión de la caridad (amor) después del sacerdocio”.
Después de los duros avatares por la defensa de sus convicciones en el combate universitario, su ejemplar renuncia a la Procuraduría General de la República, que aceptó a raíz del 18 de octubre de 1945, fue ejemplo de conducta según recta conciencia. Más cómodo se hubiese entendido el callar y permanecer.
Fundado COPEI, en 1946, entre mis primeros recuerdos, lo veo bajo una mesa –suerte de escudo para un diluvio de piedras-en el primer mitin en Caracas, en junio de ese año, realizado en el Nuevo Circo. Desde entonces guió y orientó cada vez más venezolanos que se agruparon bajo banderas de ideales socialcristianos. El partido COPEI fue obra de Caldera, no porque lo fundó sino porque lo orientó según su recta conducta personal. Ciertamente, algunas veces –aunque siempre respetado- sus propósitos no fueron entendidos. En tales casos, no los imponía sino trataba de convencer. A la postre, la validez y conveniencia de sus juicios solía hacerse evidente.
Algunos discreparon de la decisión democrática de no apoyar ni participar con la usurpación militar de 1948. ¡El sí de un ambicioso, que buenos dividendos no hubiese producido! Lo mismo fue, en 1952, cuando el fraude electoral de la elección de Congreso Constituyente. Luego, derrocada la dictadura, muchos no entendieron -algunos no la han entendido todavía- la fundamental importancia del Pacto de Puntofijo y, luego, de la coalición que formó gobierno con Rómulo Betancourt. Después, no pocos militantes y dirigentes del partido no alcanzaron a ver que era necesario dejar la anterior alianza, para asumir autonomía de acción, pero Caldera no impuso su punto de vista, sino que, con un profundo discurso, convenció a la Convención copeyana reunida en el Teatro Municipal de Caracas. Sus detractores -que nunca faltan- ante sus seis candidaturas presidenciales, lo juzgaron como obsesionado. Nunca se detuvieron a pesar sus razones: en 1947, de 31 años de edad, fue candidato simbólico frente a don Rómulo Gallegos; es muy posible que COPEI, que no tenía un año de fundado, sin esa candidatura le hubiese sido difícil crecer, pues al año siguiente Gallegos fue derrocado y Venezuela hubo de vivir casi diez años para recuperar la democracia. Alcanzada de nuevo ésta, en 1958, la candidatura volvió a ser simbólica: era evidente la imposibilidad de superar a Betancourt y Larrazbal. En 1963 pudo haber oportunidades, pero las candidaturas de Arturo Uslar y de Larrazbal dividieron los votos opositores, casi en tres partes iguales. En 1968 fue la primera oportunidad verdadera, facilitada por la división de AD y la candidatura de Prieto. En 1983, la candidatura copeyana frente a Lusinchi, candidato de un Acción Democrática reintegrado y después del llamado “viernes negro”, tuvo cómo único propósito sumar votos al partido, cuyo mayor número dependía de si era o no Caldera el candidato, lo que evitó una catástrofe electoral para COPEI. En 1988 perdió la elección interna, pero tengo la convicción de que el único político que hubiese podido vencer a Carlos Andrés Pérez era él.
Finalmente, la de 1993, cuando venció, fue su reacción personal ante lo que se vislumbraba en aquel presente y para el futuro de Venezuela. Soy testigo de excepción sobre su rechazo humano, sobre su sacrificio personal, así como el de su esposa y toda su familia, ante esa postulación. Como lo había ofrecido, en sus manos no se perdió la República. Muy difícil y agotador fue ese encargo: la crisis era, y es hoy, mucho más profunda que cualesquiera crisis política o económica: era y es la crisis de nuestro modelo de Estado agotado en su totalidad; era y es la crisis de valores y de integración ciudadana de los venezolanos. Es la crisis de la conciencia recta, de la solidaridad, de la amistad cívica, de la vocación de servicio, de la responsabilidad.
Pero la dimensión humana e intelectual de Rafael Caldera no se limitó al ámbito –para él principalísimo- de su Patria, sino que trascendió al mundo. Promotor, entre los fundamentales, del desarrollo de la Democracia Cristiana como movimiento político en América Latina, Caldera era reconocido en todos los Continentes. Hecho sin antecedentes fue la invitación que le hiciera el inolvidable Papa Juan Pablo II para que, en el Aula del Sínodo de los Obispos, en el Vaticano, el 24 de marzo de 1987, fuera orador único ante los miembros del Colegio Cardenalicio de la Iglesia Católica, para pronunciar el discurso de orden en el Acto presidido por el Papa, Conmemorativo de los veinte años de la Encíclica “Populorum Progressio” del Papa Paulo VI, hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia como participación de un seglar. Sólo Jacques Maritain, el gran filósofo católico francés, había participado, por invitación de S.S. Paulo VI, en un acto realizado cuando terminó el Concilio Vaticano II, para que pronunciara el “Mensaje del Concilio para los Hombres de Pensamiento y de Ciencia”.
Caldera, el Agonistés, por fin descansó al amanecer del día en cuya medianoche el mundo cristiano, encabezado por la Iglesia que fundó el Redentor, conmemora con espíritu alegre la llegada del Reino de Salvación.
Editorial El Nacional: Rafael Caldera Estadista Demócrata
Hombre de Estado, por sobre sus otros atributos, Rafael Caldera fue protagonista de la política venezolana desde la muerte del general Gómez hasta el fin del siglo XX, cuando concluyó su último periodo presidencial. Temprano despuntó en él la pasión política. En 1936 estuvo entre los fundadores de la Unión Nacional Estudiantil, la UNE, nacida como una disidencia de la histórica FEV. En 1939 se graduó de abogado en la UCV. Regentó las cátedras de Sociología y Derecho del Trabajo.
En los años cuarenta, como diputado, dio los primeros pasos de una carrera parlamentaria que tuvo sus momentos de mayor brillo en la Asamblea Constituyente de 1946. Por ese tiempo, fundó el partido socialcristiano, y en 1947, fue su candidato a la Presidencia por primera vez, cuando enfrentó a Rómulo Gallegos.
Caldera es el último sobreviviente de los firmantes del Pacto de Puntofijo, el acuerdo destinado a consolidar la democracia y civilizar la política. Ellos comprendieron la necesidad de concertarse a fin de preservar el sistema de las discordias civiles que tanto alentaron a los golpistas para sus asaltos al poder. La idea del compromiso nació a fines de 1957, en Nueva York, donde coincidió en el exilio con Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba. Ya en la era democrática, presidió la Cámara de Diputados en otro momento estelar del parlamento pluralista, cuando se aprobó la Constitución de 1961.
En las elecciones de diciembre de 1968, Caldera fue elegido presidente, al vencer a Gonzalo Barrios por menos de 30.000 votos.
Barrios reconoció su derrota sin titubear. Caldera y Betancourt consolidaron una sólida amistad, más allá de las discrepancias ideológicas.
A diferencia de Betancourt y de Leoni que gobernaron con coaliciones de partidos e independientes, Caldera prefirió integrar sus gabinetes con militantes socialcristianos. Durante su gobierno, Venezuela denunció el Tratado de Reciprocidad Comercial suscrito en 1939 con Estados Unidos por López Contreras. Invitado por Richard Nixon, viajó a Estados Unidos. Se suscribió el Protocolo de Puerto España y se promovió la integración andina.
No cabe duda de que Caldera tuvo una obsesión por la Presidencia de la República: fue candidato contra Gallegos, contra Betancourt y contra Leoni, y triunfó, finalmente, al enfrentarse con Gonzalo Barrios.
En 1993, triunfó por segunda vez. En el periodo 1994-1999 confrontó una severa crisis bancaria. Su decisión de sobreseer la causa del comandante Hugo Chávez Frías se convirtió en un reclamo póstumo de la gente al ver que el amnistiado de entonces, aquel al cual la democracia trató con generosidad sin límites, es el que ahora impone implacables sentencias de 30 años contra los jueces que no se inclinan ante sus mandatos.
Rafael Caldera fue magnánimo, e hizo un gesto de conciliación, pero quizás sea absurdo culparlo de no haber adivinado lo que su sucesor iba a significar para Venezuela. ¡Paz al gran luchador democrático!
Asdrúbal Aguiar: El legado de Caldera
No habrá resurgir de los partidos sin verdadera calidad humana de sus dirigentes. El fallecimiento de Rafael Caldera abre un espacio fértil para el análisis de su legado político. Su testamento a los jóvenes, breve y profundo, es síntesis de los valores de la civilización occidental. No procura revisar los hechos mudables de la política o explicar su quehacer como gobernante. Deja, sí, las enseñanzas intemporales que lo animan en su lucha desde cuando Venezuela sale de la larga dictadura de Juan Vicente Gómez hasta el vértice que separa al siglo XX del XXI.
Rómulo Betancourt y Caldera son, sin duda, las referencias intelectuales de nuestra modernidad. El primero, abandona el corsé de la izquierda marxista para la forja de la "izquierda criolla", a partir de su Plan de Barranquilla de 1931. Éste, lejos de los extremos del liberalismo económico, negado a toda forma de regulación, y del socialismo de factura comunista, hace propias las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, a partir de 1932. Se fija como norte situar al hombre y su dignidad como razón de Ser de la lucha por la libertad y la justicia social, en democracia, y teniendo éstas como síntesis a la paz, obra del diálogo y no de las armas.
Observa, no obstante, que se reinstala en América Latina, agonalmente, el debate entre el capitalismo neoliberal y el parque jurásico del comunismo, vestido con el traje engañoso de socialismo del siglo XXI. Y entiende así que, al igual que antes, urge el redescubrimiento de los principios esenciales y no la restauración del pasado.
Insiste por ello en la diferencia entre estructuras e instituciones. Aquéllas, sujetas a los cambios que demanda la realidad, y éstas, urgidas de su conservación sin que implique inmutabilidad, sino permanencia renovada.
El ex presidente valora los cambios y tacha a la revolución, que acaba con éstos y extirpa los principios que le sirven de base a la sociedad, dejándola sin memoria, empujándola a que se niegue a sí en lo que es y en lo que ha sido.
Subraya haber "tenido la oportunidad de ver altos y bajos en el camino de los pueblos de América Latina", de donde pide abrirle caminos a la esperanza y entender que la lucha sólo es posible cuando la guía el ideal. La construcción de aliento, en su juicio, desborda los odres de lo cotidiano o circunstancial, por importantes que sean.
EL ACERVO PRINCIPISTA DE CALDERA encuentra su raíz en lo que teólogos contemporáneos identifican como leyes universales de la decencia humana. Es un demócrata con sentido social y visión cristiana, no un morganático socialista-cristiano.
"Promover al hombre, a través de la libertad, para realizar la justicia", es su desiderátum. De allí que hable de la democracia que enaltece a la familia y valora el trabajo, y que educa no solo para superar el analfabetismo sino para el desarrollo pleno y tecnológico del ser humano a la luz de su tiempo, permitiéndole alcanzar la verdadera soberanía. "Pensar que puede lograrse el desarrollo sin libertad, o a costa de la libertad es olvidar que el desarrollo no tiene sentido si no es capaz de promover al hombre", son sus palabras. Hacer de la democracia un estado de la vida, no mera forma de gobierno, que asegura la pluralidad en la diversidad de lo humano y promueve la convivencia más allá de la tolerancia, es el objetivo. Pero sus instrumentos sustantivos, añade Caldera, deben cuidarse, como el sufragio, la representación de la voluntad general en el seno parlamentario, la existencia de partidos políticos, en suma, "el régimen pluralista de corrientes y su expresión a través de los medios".
El ex presidente valora a los partidos frente a quienes o procuran su desaparición o alientan el sistema de partido único, oficial y totalitario. Pero lo hace con precisiones de fondo. Una es que los partidos no son diafragmas para negar la diversidad social en sus relaciones con la política. Han de agregar intereses generales. Pero la opinión pública, representada en el parlamento, debe coexistir con esa otra que fluye con vocación modeladora de la sociedad o se manifiesta en la prensa.
Los partidos, sean cuales fueren sus nombres y formas, deben ser instituciones de formación y canalización de "programas políticos", y de "coordinación" entre las partes que concurren a la vida común de la nación. Para Caldera, pues, no hay partido donde es franquicia o sede para el manejo de intereses de clientela o personales. No hay partido, en suma, donde faltan los sueños y menguan los ideales que nutren a la esperanza. Por lo cual -admoniza el fundador de la democracia cristiana- no habrá "resurgir de los partidos sin una verdadera calidad humana de sus dirigentes", "capaces de interpretar a la gente sencilla, hablar un lenguaje directo hacia su corazón, e inspirarle confianza en la rectitud de sus intenciones". correoaustral@gmail.com
Julio César Pineda: La diplomacia de Rafael Caldera
Sus enseñanzas y su testimonio son millardos de realizaciones que no podrán olvidarse
Rafael Caldera pasa a la historia no solo por su testimonio político y el haber ejercido dos veces la Presidencia a la República (1969-1974 y 1994-1999), sino por haber sido un venezolano honesto y un intelectual en el campo del derecho, de la literatura y de las relaciones internacionales. Puede afirmarse que con Caldera se inició una nueva visión internacional desde y hacia Venezuela y un nuevo paradigma diplomático, con los principios de la Justicia Social Internacional, el pluralismo ideológico y político, la promoción continental de la democracia, la defensa de la soberanía y sus recursos naturales, la integración latinoamericana y caribeña.
Fue el primer Presidente en la Venezuela democrática, proveniente de un partido de oposición, desarrolló una política de pacificación que terminó con los movimientos guerrilleros, ejemplo que fue seguido en América Central.
En la política exterior de su primer periodo, permitió incorporar a Venezuela al mundo. Impulsó el recurso del petróleo como instrumento de desarrollo nacional y como centro de la diplomacia energética, tanto en la OPEP como en la necesaria cooperación con las economías no petroleras de América Latina, y abrió relaciones con Rusia y China, tendió la mano a la Cuba de Fidel Castro, así como propició el fortalecimiento de los países no alineados. Incorporó a Venezuela a la CAN y extendió los vínculos con el Caribe. Dejó de lado la doctrina Betancourt que había aislado internacionalmente a Venezuela, se aferró a la Constitución de 1961 en la defensa, consolidación y expansión del sistema democrático. Consciente en la importancia del desarrollo en las fronteras impulsó los programas del Sur, hacia Brasil, y la atención a la larga línea de separación con Colombia. Trató de recuperar los 150.000 Km. perdidos con Guyana en el Laudo Arbitral de 1899, con el Protocolo de Puerto España, adelantó las negociaciones con Colombia en el problema de las aguas marinas y submarinas del Golfo de Venezuela.
Llegó por segunda vez a la Presidencia en febrero de 1994, luego de la crisis política y económica que determinó la salida del presidente Pérez en mayo de 1993. Prolongó en la diplomacia las grandes líneas estratégicas de su primer mandato, fortaleció los vínculos con los sistemas subregionales, especialmente con el recién creado MERCOSUR y el CARICOM. Hubo cierto distanciamiento con Estados Unidos por el manejo del ALCA, y especialmente cuando el gobierno de Clinton vetó la candidatura venezolana del canciller Miguel Ángel Burell Rivas a la OEA. Caldera privilegió una relación especial con Brasil, sin dejar de lado a México y Argentina. En el escenario mundial con la caída del Muro de Berlín, universalizó más su diplomacia, fortaleciendo vínculos con los nuevos estados de la Cortina de Hierro y con la creciente Unión Europea. Tomando el modelo de la construcción europea, en gran parte producto de la Democracia Cristiana de ese continente, buscó redimensionar la integración latinoamericana. Reafirmó en sus vínculos internacionales el carácter evolutivo de la democracia venezolana y la variable petrolera de nuestra economía. Frente a la apertura económica de Carlos Andrés Pérez y la crisis nacional, intentó Caldera con la "Agenda Venezuela" una nueva relación con el Sistema Financiero Mundial. Consciente del agotamiento del modelo democrático del Pacto de Punto Fijo y la necesidad de reorientar el proyecto nacional, insistió en la necesaria reforma constitucional de 1961 pero dentro de los parámetros que la propia Constitución establecía, y en la búsqueda de superar la democracia política hacia lo social. Fueron tiempos difíciles con la crisis financiera y la fuga de capitales, tuvo que devaluar la moneda y levantar el control de cambios, esto se complicó con la caída de los precios del petróleo y la crisis financiera y bursátil de América Latina. Caldera fue anfitrión de la Séptima Cumbre Iberoamericana en octubre de 1997 en Margarita, dentro del criterio de una relación especial con España y Portugal para la UE.
El 02 de febrero de 1999, se cerró la etapa presidencial de Caldera cuando entregó el poder al comandante Hugo Chávez, así empezaba una nueva etapa en la política nacional e internacional, con una Asamblea Nacional Constituyente y una nueva Constitución donde la diplomacia se iba a inscribir en el denominado "socialismo del siglo XXI".
Caldera fue el último presidente de la democracia sin calificativos ni condicionamientos, su política exterior y su diplomacia estuvo a la altura de las mejores cancillerías del continente. No solo nos dejó la palabra "millardo" que fue acogida por la Real Academia Española, sino que sus enseñanzas y su testimonio son millardos de realizaciones que no podrán olvidarse, las cuales germinarán en los nuevos tiempos por venir. jcpineda01@gmail.com
Vicente Carrillo-Batalla L.: Rafael Caldera
Fue un hombre decente, un buen ciudadano que amó a Dios y a Venezuela con depurada pasión. Me referiré a Caldera como la persona cuyo capital intelectual le vino dado por el nombre con que firmó sus propias ideas. Es -como diría Umberto Eco- el reconocimiento de una autoridad que habría sido tal aunque no hubiese recibido investidura.
La vida y ahora el tránsito a la eternidad de Caldera, seguirán recibiendo el merecido reconocimiento de quienes valoramos su integridad, calidad humana y virtudes sobresalientes, entre ellas su imperturbable constancia de propósito que le llevó a consolidar grandes logros en la política, en la Academia, sobre todo en el seno de la familia. Fue un hombre decente, un buen ciudadano que amó a Dios y a Venezuela con depurada pasión. Errores Sus actuaciones políticas, no exentas de errores y de humana controversia, quedan sometidas al inexorable juicio de la historia. No somos nosotros -sus contemporáneos-, los llamados a juzgar objetivamente su desempeño de la Magistratura. Sus logros académicos demuestran esa sólida y erudita formación intelectual que fue producto de intensas horas de estudio y reflexión. Ante todo, Caldera fue un hombre de ideas propias que siempre defendió con vehemencia.
Sereno y reflexivo En lo personal, Caldera fue un hombre cordial, de grata conversación y refinados modales, sereno y reflexivo cuando la materia lo ameritase, dominante -sí, aunque de suyo dispuesto a escuchar el argumento en contrario-, trabajador infatigable, exigente con sus inmediatos colaboradores. Tuve el privilegio de trabajar con él desde el Consulado General de Venezuela en Nueva York, una de sus ciudades predilectas, como me hizo saber tantas veces y donde compartimos momentos inolvidables, no sólo atinentes al desempeño de sus elevadas funciones, sino tocantes al deleite de su formidable oferta social y cultural. ¡Cómo gozaba Caldera en el Teatro, en las librerías, en la contemplación del Arte desplegado en museos y galerías de renombre, en la antesala universitaria, donde le vimos discurrir en perfecto dominio del inglés! Donde quiera que iba descollaba con su cultura y talento y se ganaba la admiración de la concurrencia.
La vida de Caldera no fue como aquella de la higuera estéril de grandes hojas, magnífica apariencia y buena presencia de que nos habla el evangelio de San Mateo. No fue la suya solo vida de reuniones, de prolongadas sesiones, homenajes y discursos, antes bien, la esencia de su fecunda existencia se resume en obra tangible que nos lega como ejemplo de sabiduría y honestidad intelectual. vcbl@cantv.net
Jesús E. Mazzei Alfonso: Rafael Caldera historia y política
Rafael Caldera fue un venezolano excepcional, dotado de una inteligencia privilegiada y de una gran fuerza intelectual, quien cubrió más de medio siglo de acción pública en la Venezuela contemporánea. Estudió y analizó, no solo la doctrina social de la Iglesia a través de las encíclicas papales, para interpretar la realidad socio-política, sino que unió a ello un estudio pormenorizado de los principales pensadores laicos socialcristianos más importantes (Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, entre otros). Cabe destacar algunos de sus libros, escritos o conferencias más importantes: Reflexiones de la Rábida, Ideario de la Democracia Cristiana en América Latina y Especificidad de la Democracia Cristiana. Sus reflexiones constitucionales fueron importantes: Los problemas de la constituyente de 1946, discurso de incorporación como senador vitalicio en 1974, enmiendas y reformas en 1980, A los 15 años de la Constitución venezolana y defensa de la democracia en 1986.
Sé que he realizado una selección arbitraria y reducida, pero eso da pie para que se estudie su vasta obra que abarca reflexiones político-filosóficas sobre la democracia cristiana, sobre la política, sobre la Constitución y las relaciones internacionales, ya que como hombre de Estado abarcó una infinidad de temas.
Su liderazgo le permitió ejercer una capacidad de influencia sobre otras personas, porque fue parte de un determinado momento histórico y condujo un proceso político importante. Encarnó un conjunto de principios y valores con un grupo de jóvenes (la generación del 36) que interpretó una sociedad y fundó el partido COPEI, para la lucha política.
Es un político dentro de lo que se denomina líder tradicional-legal, con un estilo democrático, quien actuó dentro de una institucionalidad por él creada y alentada, vinculada a la idea de autoriítas, que posee una serie de cualidades morales, intelectuales y políticas. Supo ocupar su posición enfrentando acontecimientos y factores políticos, interpretando adecuadamente cada momento en que le tocó actuar. Gozó, siempre de una alta credibilidad en la sociedad venezolana, que lo vio como un estadista. Creyó en la ingeniería social, armado de robustas convicciones con realismo y nunca soñó en la perfección de los profetas o manipuladores de la política. Tuvo una visión de la política basada en el orden, enmarcado en los límites y potencialidades de la acción. Sus diversos actos de liderazgo a través de la historia se dirigen a la creación de mecanismos, salidas viables y factibles en las diversas situaciones que vivió el país (recordemos la propuesta de reforma constitucional del año 1992).
Del maestro de la ciencia política en Venezuela, como lo fue el Dr. Manuel García Pelayo, tomo su categorización de las cualidades de un político: 1) saber qué se quiere o conciencia de finalidad; 2) saber qué se puede o conciencia de posibilidad; 3) saber qué hay que hacer o conocimiento de la instrumentalizad; 4) saber cuándo hay que hacerlo o sentido de oportunidad y 5) saber cómo hay que hacerlo o sentido de la razonabilidad. Caldera tuvo estas cualidades innatas.
Sugiero por último que se cree una fundación, con su nombre que sirva no sólo para estudiar sus diversas facetas de hombre público, sino para que se siembre en la nueva generación de jóvenes políticos un auténtico arquetipo de político como lo fue Rafael Caldera. jesus.mazzei@abordo.com.br
Gerardo Hernández Dávila: Caldera vocación por la vivienda
La carencia de viviendas, la inseguridad con el desbordamiento del hampa, constituyen los lunares más negros de todos los que ennegrecen el hacer, o el dejar hacer del régimen, que han retrotraído el desarrollo, aniquilando las esperanzas y deteriorando la calidad de vida de los venezolanos. Todo Mandatario que arbitre políticas para garantizar techo digno a las mayorías, tiene asegurado el reconocimiento público y su ingreso a la historia buena en cualquier país, porque hace honor al derecho constitucional más decisivo en la evolución de la familia y en la formación de sociedades más compactas y felices.
El ex presidente Rafael Caldera fue una figura emblemática en esta materia por su empeño en la producción de viviendas, integrando esta política de Estado al concepto de democracia con sentido social que enaltece la familia, sus valores y anhelos. Ha sido el Mandatario en cuyos gobiernos se construyeron más viviendas: 683.666 mil unidades para unos 3 millones 415 mil venezolanos que tuvieron la oportunidad de acceder a un techo propio. En el quinquenio 1970-1974 se edificaron 341.666 unidades y en el período 1994-1998 la producción fue de 342.000 inmuebles, cuando el barril de petróleo estaba sólo en 10 dólares.
Su primer mandato no fue fácil. Enfrentó los coletazos de los períodos autocráticos que culminaron en 1958, promovió la paz social y encauzó planes para desarrollar la economía y la sociedad. Estos compromisos no fueron escollos insalvables para acometer un esfuerzo particular por la urbanización nacional.
En el marco del Programa Nacional de Vivienda y de la Ley de Política Habitacional se registró el salto nunca antes visto. Su estrategia logró ensamblar la participación del sector privado para frenar el déficit acumulado y responder a la demanda por crecimiento vegetativo de la población. Tenemos en esta fase la primera expresión de producción masiva de viviendas, modelo que con posterioridad logró impacto en el gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1988) con 367.739 nuevas viviendas, y durante la administración de Luis Herrera Campins (1979-1983) con 391.893 unidades. En sus 11 años el actual gobierno no ha logrado acercarse a esos resultados.
Fue célebre el lema de la construcción de "las cien mil casitas por año". No se llegó a cumplir, pero fue el intento más certero para posibilitar a las familias de clase media y de bajos recursos adquirir su propiedad. A estas últimas puso a disposición un abanico de opciones para adecuar las soluciones habitacionales a los niveles de ingresos de cada grupo.
En su segundo período el escenario-país fue tanto o más complejo que en el primero, debido a la inestabilidad política, social y económica que reinaba en el país en 1994 con posterioridad a las intentonas golpistas que pusieron en jaque al sistema democrático. Rafael Caldera fue un gran batallador, un insigne defensor de las garantías constitucionales y del pluralismo. Puso a buen resguardo el Estado de Derecho y dirigió sus acciones a responder los más caros anhelos de los venezolanos, entre ellos el clamor por la vivienda, unificando el esfuerzo del sector público y del sector privado, apoyándose en la experiencia de promotores y constructores inmobiliarios.
Honor a quien honor merece. Es nuestro sencillo homenaje póstumo a un ilustre venezolano, visionario, demócrata ejemplar, conocedor del alma humana y del mayor sueño de las familias, la vivienda, como el centro del progreso social. Una lección que queda para ser aprendida. gerardohd@gmail.com
Carolina Jaimes Branger: Presidente Rafael Caldera
Rafael Caldera no sólo es uno de los políticos más importantes del siglo XX, sino que es el primer venezolano académico, católico practicante y conservador (siempre ha desdeñado la retórica revolucionaria) que ha llegado dos veces a la presidencia de la república. Esto lo dice en su libro Dramatis Personae, Manuel Caballero. El ensayo biográfico sobre Rafael Caldera me pareció un acto de honestidad intelectual de esos a los que Caballero nos tiene acostumbrados, y que a pesar de esa costumbre, siempre nos produce admiración.
"Las líneas que siguen no pretenden historiar la vida de un líder político sino un líder histórico…"
No sé si en estos tiempos tan oscuros para el país la mayoría de los venezolanos entenderá, como lo entienden Caballero y otros tantos, la trascendencia de Rafael Caldera en la historia de Venezuela. Muchos le achacan a Caldera el que Chávez esté donde está, sin recordar que los sobreseimientos en el momento que se dieron respondían a un clamor popular, y más aún, habían comenzado desde el período de Carlos Andrés Pérez. Como todo hombre público, Rafael Caldera cometió errores y tiene sus detractores, pero estoy segura de que la historia le hará justicia.
"… Caldera es así el primer político venezolano en acceder al poder por la vía del voto popular directo, sin acortar caminos… Ha sido también el primer académico en llegar al poder real (no como Vargas en 1834) y en desmentir el viejo prejuicio según el cual un buen universitario es un mal administrador. Y el primero capaz de crear un partido de masas partiendo de un conservatismo arrinconado y endógamo, desaparecido como opción política y amenazado de serlo "hasta como núcleo social" desde el siglo XIX".
Yo lo conocí en circunstancias muy particulares: nosotros vivíamos al lado de su mamá, Marieva Rodríguez de Liscano en Los Chorros.Justo en el lindero había una mata de mango que nadie quiso tumbar, por lo que se dejó un espacio en el muro; nosotros los niños lo brincábamos con facilidad. Doña Marieva, (Mamama le decía yo, como le decían sus nietos), tenía un hijo que también era mi amigo. Yo le decía, como su mamá, Rafael Antonio.
Un día, cuando yo tenía como cinco años, le dije a Mamama: "¿Sabes a quién se parece Rafael Antonio?… ¡Se parece a Caldera!". A ella le pareció divertidísimo.
"Carolina, dile a Rafael Antonio a quién se te parece él", me pidió ella en una de las frecuentes visitas que él le hacía. "Te pareces a Caldera", contesté yo. "¿Y cuál de los dos te gusta más?" me preguntó él. "Tú, porque Caldera es muy antipático", respondí yo con seguridad. Él lo celebró con carcajadas.
El 24 de enero Rafael Caldera cumple 91 años: "Caldera fue, antes que nadie en este país y posiblemente en este continente, capaz de hacer la democracia aceptable por quienes la aborrecían por igualitaria ("comunista") y laica ("atea"). Al darle aliento de masas a un planteamiento político que desdeñó desde su inicio la retórica revolucionaria, se puede decir que ha sido el primer líder venezolano capaz de modelar la democracia y del otro lado, democratizar la moderación". Y añade: "La condición de líder histórico no se la da a Caldera el haber llegado al poder dos veces, sino el camino recorrido para hacerlo". cjaimesbranger@gmail.com
Elio Gómez Grillo: Rafael Caldera Hora de Audiencia
Su figura histórica honra el alma de esta patria de todos. Su obra política la juzgará la historia.
Acaba de marcharse a la eternidad el doctor Rafael Caldera (1916/2009), uno de los grandes venezolanos de todos los tiempos.
Dirigente juvenil desde su adolescencia universitaria, dedicó su vida preferentemente a la política, como máximo dirigente de un partido y Presidente de la República en dos oportunidades.
Fue el mandatario civil venezolano que durante mayor tiempo – diez (10) años-, ha gobernado al país y el único que ha llegado al poder, en esas dos ocasiones, desde la oposición, mediante elecciones populares limpias.
Durante más de medio siglo, Rafael Caldera fue uno de los personajes centrales en la vida pública del país.
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