PDVSA en el suelo
El desmantelamiento de la industria petrolera nacional se produce en el 2003, cuando se despiden a cerca de veinte mil trabajadores, entre los que estaban la casi totalidad del personal gerencial, profesional y técnico de la industria. Este capital humano se había formado durante décadas a partir de la nacionalización de la industria petrolera, sobre la base del asenso por meritos y credenciales. Luego del 2003 el ingreso a PDVSA ha estado subordinado a ser incondicional del llamado “Proceso”.
A partir de la nacionalización, la industria petrolera nacional siguió operando con los estándares internacionales y como una empresa comercial. Desde el punto de vista jurídico PDVSA pasó a ser una empresa pública regida por el derecho privado y su manejo siguió siendo profesional. Hubo autonomía de ejercicio y la empresa petrolera rendía periódicamente cuentas como cualquier otra corporación a sus accionistas, en este caso al Estado Nacional.
En el año de 1997 con la política de apertura petrolera la producción llegaba hasta los 3.200.000 barriles diarios y a pesar de la caída de los precios del crudo en el año siguiente las perspectivas eran inmejorables para la industria. Se había invertido lo suficiente en capital social, investigación, mantenimiento y en asegurar una producción creciente.
Con la llegada del señor Chávez al poder el centralismo se apodero de PDVSA y el choque entre la gerencia profesional de relevo y los intereses del gobierno estallaron con la huelga general que terminó con la mencionada expulsión de por lo menos la mitad de todos sus trabajadores y la casi totalidad de quienes ocupaban puestos del nivel medio hacía arriba. La empresa dejo su carácter comercial para la que fue creada y empezó a realizar negociaciones donde debía asumir la perdida de la relación contractual. Asimismo, PDVSA empezó a asumir funciones ajenas a su naturaleza y se tuvo que dedicar a un sin fin de actividades para las que nunca estuvo preparada.
El señor Chávez terminó siendo el único jefe de PDVSA y la política y la ideología socialista se imbricaron en una industria donde había ejemplo de independencia y de competencia internacional. Desde entonces la producción petrolera no ha hecho sino caer de manera sostenida. PDVSA produce hoy 1.900.000 barriles diarios, 40 % menos que hace diez años. Gracias a la apertura petrolera y a las asociaciones estratégicas del 2007 es que se llega a 2,4 MBD. Las refinerías están muy por debajo de su capacidad y los productos incumplen las especificaciones. Incluso hemos llegado a tal punto que hoy se tienen que importar componentes esenciales para la producción nacional de gasolina. Lo que ha salvado a Venezuela del descalabro, es la compensación vía altísimos precios sostenidos del petróleo durante una década, pero que ya se han derrumbado. La producción ha caído de forma permanente debido a la falta de inversión, de mantenimiento y de recursos humanos competentes. Asimismo, un centro tan extraordinario de investigación y generación de conocimientos como el INTEVEP ha sido desmantelado.
La prueba patente de lo anterior es el precio de los bonos de la industria petrolera que oscilan en el treinta por ciento y son considerados “basura” a nivel mundial. Las clasificadoras de riesgo recomiendan no invertir en estos papeles porque de continuarse la actual tendencia no se podrá pagar. La deuda de PDVSA luce inmanejable a mediano y largo plazo y mientras se estén enviando cien mil barriles diarios a Cuba sin retorno efectivo para la industria y se vuelque la industria petrolera a satisfacer áreas ajenas como PDVAL y muchas otras la empresa perderá sus bienes en el exterior y terminará siendo embargada. Hoy somos más dependientes del petróleo que nunca antes y cifras de la CEPAL señalan que el nivel de industrialización de Venezuela es de 11,5 %, cuando el de México, Brasil y Chile está en el orden del 50 %.