Cine LOS “FADOS” DE CARLOS SAURA

Fados 4EL LAMENTO MUSICAL DE LISBOA

A sus 77 años, Carlos Saura sigue emocionándonos con su cine inquieto y sensible, que no se detiene, que evoluciona en busca de nuevas formas de expresión. Con Fados (2007) abrió otro capítulo en su serie musical que ha indagado en las expresiones de la cultura andaluza —Bodas de sangre (1981), Carmen (1983), El amor brujo (1986), Sevillanas (1992), Flamenco (1995)  e Iberia (2005) — y en la cultura del Río de la Plata —Tango (1998)— de una manera envolvente y ambiciosa. Con su más reciente obra se sumerge en el melodioso lamento del pueblo lisboeta de una forma conmovedora, no sólo por la vigencia y evolución de una expresión musical portuguesa de gran belleza sino por la maestría en el manejo del lenguaje cinematográfico para construir un documental pleno de poesía y comprensión.

Dueño de una de las filmografías más impresionantes del cine español, Saura mantiene una postura vital y creativa que evade los convencionalismos y propone nuevas formas de exponer sus ideas estéticas. Desde su debut en el largometraje con Los golfos (1960), en pleno franquismo, ha desarrollado 38 largometrajes que reúnen algunas de las mejores películas que he visto: La caza (1966), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1973), La prima Angélica (1974) y Cría cuervos (1976). Tras la muerte de Francisco Franco y en la transición a la democracia, su cine se amplía, se libera de los rodeos semánticos y produce filmes tan peculiares como Mamá cumple 100 años (1979) y De prisa, de prisa (1981), con una mirada distinta. Ese mismo año filma su garcialorquiana Bodas de sangre que inaugura su serie musical que incluye 8 títulos y que amplió 2009  con su Yo, Don Giovanni, sobre Lorenzo da Ponte, el compositor italiano del siglo XVIII que colaboró con Mozart en su ópera Don Giovanni. La relación entre música y cine ha encontrado en su obra un espacio de armonía y precisión.

Fados es un musical en toda la extensión de la palabra. Desde el principio este profundo lamento musical lusitano se apropia del discurso cinematográfico. No hay voces en off que expliquen de qué se trata ni actitud didáctica alguna. Una tras otra, las secuencian exponen las voces actuales del fado y sus manifestaciones más elaboradas, sin dejar de homenajear a la gran fadista Amalia Rodrigues y a otros grandes artistas que tras la segunda guerra mundial hicieron del fado su razón de vivir. La propuesta medular del film de Saura consiste en establecer el contraste de esa tradición con experiencias más actuales que incluso trabajan el hip hop y otros ritmos contemporáneos. El director aragonés no sólo propone la recreación de las manifestaciones más puras del fado sino su evolución en el Portugal de hoy.

Se dice que el origen del fado hay que encontrarlo hacia principios del siglo XIX, como producto de las migraciones a Lisboa de campesinos portugueses y de habitantes de sus territorios coloniales, especialmente de Brasil y Cabo Verde. De las tabernas, prostíbulos y arrabales fue imponiéndose poco a poco en los sectores más acomodados de la sociedad portuguesa hasta conformar una forma de expresión folclórica, no sólo aceptada sino también venerada por cultores de diverso signo.

A lo largo del film se pone de manifiesto el carácter de lamento que anida en el fado. A través de las interpretaciones de Mariza, Camané y Carlos do Carmo, entre otros fadistas fundamentales, fluyen el dolor y la nostalgia ante la deuda del amor y ante el dolor social. Es un llanto musical que habla del despecho pero también de la pobreza y la desigualdad. En el fondo es la queja del campesino en el mundo urbano. No en balde, las únicas expresiones de alegría durante toda la película se hayan en la voz de Chico Buarque cuando interpreta su nuevo fado para celebrar el “inmenso Portugal” que surgió tras la Revolución de los Claveles —que dio fin a la dictadura de Salazar a mediados de los años setenta del siglo pasado— y en el ritmo contemporáneo de un grupo de hip hop que adapta la médula del fado a sus nuevas propuestas.

Además de la deslumbrante fotografía del español José Luis López-Linares, realizada casi toda en estudios de Madrid, hay que destacar la coreografía de Patrick de Bana como una interpretación en movimiento de la esencia del fado, con la colaboración notable del bailarín portugués Pedro Gomes en su comprensión como evolución rítmica y dancística.

Fados es una obra preciosa y emotiva que juega con la sensualidad y las formas para mostrar la esencia de un pueblo que se transforma y se adapta a los nuevos tiempos a través de sus voces musicales más importantes. Provoca tomar un vuelo para ir a recorrer las callejuelas del Barrio Antiguo.

FADOS, España y Portugal, 2007. Dirección: Carlos Saura. Dirección: Ivan Dias y Saura. Producción: Ivan Dias, Luís Galvão Teles y Antonio Saura. Fotografía: José Luis López-Linares. Montaje: Julia Juániz. Coreografía: Patrick de Bana. Elenco: Mariza, Camané, Carlos do Carmo, Chico Buarque, Caetano Veloso, Lila Downs, Toni Garrido, Lura, Miguel Poveda, Catarina Moura, Argentina Santos, Cuca Roseta. Distribución: Amazonia Films.

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