Cine EL VUELO DE LA MARIPOSA

El vuelo de la mariposaMIRADAS DE LIBERTAD

Sin duda, se trata de la mejor película del actual Festival de Cine Francés. El vuelo de la mariposa, titulada originalmente Le scaphandre et le papillon, es decir, la escafandra y la mariposa, reafirma el talento desbordante del neoyorquino Julian Schnabel, reconocido artista plástico que en 1996 dio el salto al cine con la celebrada Basquiet, en torno del polémico pintor de vanguardia, para consagrarse en 2000 con Antes que anochezca, su desgarradora visión sobre el drama del poeta cubano Reinaldo Arenas que arrancó aplausos por doquier. Ahora le toca el turno a otro personaje de la vida real. Jean-Dominique Bauby, jefe de redacción de la famosa revista francesa Elle, sufrió en 1985 un accidente cardiovascular que lo inmovilizó totalmente, a excepción de un ojo. Sin poder hablar, sólo podía comunicarse con el parpadeo que marcaba letra a letra en un alfabeto especial para su “escritura”. Así surgió su autobiografía, La escafandra y la mariposa, que se convirtió en un auténtico best-seller, reconocido, además, por la crítica literaria.  Una mirada desde adentro de esa cárcel de su cuerpo que registra el período más trascendente de su vida. Su lucha particular por las emociones más íntimas. Ese fue el libro que llegó a las manos de Schnabel y el principio de una gran película que le valió a su director el premio en el Festival de Cannes de hace dos años.

El vuelo de la mariposa ofrece cuatro grandes virtudes. La primera se revela en el sólido y sobrio guión de Ronald Harwood —escritor de La lista de Schindler y Salvando al soldado Ryan, ambas de Spielberg—, quien supo construir su historia de una manera íntima y comprensiva sin perpetrar sentimentalismo alguno. La segunda se expresa en la magnífica fotografía del polaco Janusz Kaminski —iluminador de El pianista, de Polanski— que transmite visualmente la intensidad de las vivencias de Bauby. La tercera se halla en la desbordante actuación del francés Mathieu Amalric, quien se sumerge en su personaje hasta transmutarse en sus contradicciones y sus apasionadas ganas de vivir. Finalmente, el cuarto y fundamental factor de calidad hay que encontrarlo en la majestuosa puesta en escena de Schnabel, quien no puede ocultar su talento como artista plástico a la hora de recrear el punto de vista —literalmente hablando—de un hombre que es preso de su propio cuerpo.

La narración en primera persona permite confeccionar esa mirada desde adentro, con el uso de la cámara subjetiva, esto es, la visión desde la perspectiva del personaje central. Voces e imágenes que fluyen desde Bauby y se esparcen en la pantalla. De esta manera los rasgos dramáticos de ese cautiverio no se melodramatizan sino se vuleven conciencia de las limitaciones. La poética, en este caso, posibilita la comprensión de sus emociones y sus frustraciones pero también de sus esperanzas. Hay escenas memorables donde lo subjetivo adquiere tanta fuerza que se convierte en lo objetivo, al menos des el punto d evista cinematográfico. Esto es un riesgo creativo, hay que admitirlo, pero Schnabel salió muy bien parado de la experiencia. A sus 58 años, con apenas tres largos de ficción y un documental sobre el cantante Lou Reed, se ha convertido en un referente cinematográfico. Ya pocos hablan de Schnabel el pintor de vanguardia sino de Schnabel el cineasta que toma riesgos. No se la pierda.

EL VUELO DE LA MARIPOSA (”Le Scaphandre et le papillon”), EE.UU. y Francia. Dirección: Julian Schnabel. Guión: Ronald Harwood. Fotografía: Janusz Kaminski. Montaje: Juliette Welfing. Música: Paul Cantelon. Elenco: Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Marie-Josée Croze, Anne Consigny, Patrick Chesnais, Niels Arestrup, Jean-Pierre Cassel, Marina Hands, Max Von Sydow, Isaach De Bankolé, Olatz López Garmendia.

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