Por fin, Martin

acorsese-2.jpgNo, señores, no hubo sorpresas. La 79ª edición del Oscar cumplió con las expectativas generadas. Ganaron los que sabíamos iban a ganar. Los infiltrados como mejor película, Martin Scorsese como mejor director por la misma película, Hellen Mirren como mejor actriz por The Queen y Forrest Whitaker como mejor actor por El último rey de Escocia. Afuera quedaron Babel, Cartas de Iwo Jima y Pequeña Miss Sunshine.

Después de 37 años de fructífera y brillante carrera, Scorsese recibió su estatuilla con la mejor sonrisa. Una vieja deuda que la Academia tenía con el realizador neoyorquino. Y aunque Los infiltrados es una muy buena película y merece los cuatro premios que recibió, hay que recordar que Scorsese había ya realizado piezas maestras —como El toro salvaje que las que fue olímpicamente ignorado por los gobernadores del Oscar. Anoche, en recompensa, le otorgaron cuatro reconocimientos, incluidos el de mejor guión adaptado y el de mejor edición para Thelma Schoonmaker. Hoy también les presento mi crítica a Los infiltrados que publiqué hace unos meses en Ideas de Babel.

Aunque mi favotita era Penélope Cruz por Volver, me alegra sobremanera el premio a Helen Mirren. No sólo porque se reconoce el trabajo de una de las grandes actrices británicas de hoy sino porque permitirá que se vea en Venezuela The Queen, dirigida por el magnífico realizador irlandés Stephen Frears. Hasta hace unas semanas la película no tenía distribuidor en el país.

Lo mismo puedo decir del gran Forrest Whitaker, otro gran actor ignorado por la Academia y un genuino héroe de la producción independiente norteamericana. A pesar de que El último rey de Escocia no es una gran película, Whitaker no tenía un verdadero competidor. Su interpretación como Idi Amin Dada es impecable.

La gran pifia fue declarar ganadora como actriz secundaria a Jennifer Hudson por Soñadoras, un film bastante mediocre, cuando Adriana Barraza o Rinko Kikuchi, ambas por Babel, lo merecían mucho más.

Y el gran Alan Arkin por fin mereció su premio como actor secundario por su trabajo en Pequeña Miss Sunshine. Una actuación sencilla pero convincente.
Los latinos no fueron ignorados aunque no ganaron los premios principales. El argentino Gustavo Santaolalla volvió a llevarse la estatuilla por la magnífica banda sonora de Babel. Hay que recordar que ya había ganado un Oscar por la música de El secreto de la montaña, de Ang Lee. Por su parte, el mexicano Guillermo Navarro se llevó su premio por la espectacular fotografía de El laberinto del fauno, de su compatriota Guillermo del Toro.

Lo dicho: el Oscar no tuvo sorpresas.

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