Cine BOLÍVAR, EL HOMBRE DE LAS DIFICULTADES

Bolívar (Roque Valero), Jeanne Bourvil (Camila Arteche) y Alexandre Petion (Gilbert Laumord) son tres personajes fundamentales en el octavo largometraje de Luis Alberto Lamata.

AVE FÉNIX

Luis Alberto Lamata es un creador que ha asumido riesgos a lo largo de una filmografía signada mayoritariamente por el tema histórico, desde su magnífica Jericó (1991) hasta este Bolívar, el hombre de las dificultades que ahora debuta en la cartelera. Su octavo largometraje enfrenta un reto no solo cinematográfico sino también cultural y político. La figura que ha marcado el proceso ideológico de los últimos quince años de gobierno posee un peso imposible de obviar, tanto para los partidarios de la apropiación de su nombre en una revolución “bolivariana” como para quienes se oponen esa revolución y, desde luego, a su manipulación nominal. Pero la diatriba política no puede confiscar su trascendencia en la vida de Venezuela y buena parte de América del Sur. Primero fue víctima de una sacralización académica, después instrumento de un postulado político que ha abusado de su nombre. Afortunadamente algunos historiadores, tanto en nuestro país como en el extranjero, han tratado de colocar su figura en una justa dimensión. Además de los libros de autores tan diversos como Alfonso Rumazo González, Augusto Mijares, Elías Pino Iturrieta, Germán Carrera Damas o Tomás Polanco Alcántara, que en nuestro país han intentado comprender con rigor su legado, recuerdo la muy bien documentada biografíaSimón Bolívar (Editorial Crítica, Barcelona, 2010) del inglés John Lynch, y la muy polémica Simón, vida de Bolívar (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006), del argentino José Ignacio García Hamilton. Ese personaje tan complejo y hasta contradictorio constituye el nuevo reto que Lamata enfrentó a través de una óptica extremadamente interesante que aborda no a un héroe sino a un perdedor de la guerra y la política. Un derrotado en el exilio, perseguido por el imperio español y por buena parte de sus correligionarios, que ha escapado a Jamaica tras la caída de la Segunda República y la pérdida de Cartagena. En este enfoque reside una fortaleza conceptual de su película. La otra gran virtud se halla en la importancia que guionistas y director dieron al encuentro entre Bolívar y Alexandre Petion, presidente de la República de Haití, capítulo fundamental en la lucha por la libertad de Venezuela. Trabajaron solo un año muy importante en la vida del caraqueño.

Realizar un film sobre un personaje tan idealizado siempre ha constituido un reto con resultados desiguales. Desde la casi olvidada producción mexicana Simón Bolívar (1942), de Miguel Contreras Torres, con Julián Soler como el héroe, y aquella lamentable producción española La epopeya de Bolívar (1969), del italiano Alessandro Blasetti, con el austriaco Maximilian Schell como el Libertador. En el cine venezolano ha aparecido como personaje secundario en Sucre (1995), de Alidha Ávila, con la aguda caracterización de Guillermo Díaz Yuma, y en dos filmes de Diego Rísquez: Bolívar, sinfonía tropikal(1979), interpretado por Temístocles López, y Manuela Sáenz, la libertadora del libertador (2000), con la actuación de Mariano Álvarez. En Colombia su figura ha sido trabajada primero en la adaptación para televisión del libro Bolívar: acción y utopía del hombre de las dificultades (Casa de Las Américas, La Habana, 1977) del antropólogo y etnohistoriador venezolano Miguel Acosta Saignes, titulada precisamente Bolívar: El hombre de las dificultades (1981), dirigida por Jorge Alí Triana y actuada por Pedro Montoya. El mismo Triana filmó después la muy aguda comedia contemporánea Bolívar soy yo (2002) como una forma de desacralizar al héroe. A finales del siglo pasado el venezolano Edgar Meinhardt promocionó la producción de The Liberator, bajo la dirección del inglés Michael J. Cooper, a quien nadie conocía, y terminó estafando a unos incautos. Se dice, incluso, que Francis Ford Coppola ha querido filmar su visión sobre el patriota sudamericano. De tal manera que Bolívar no ha sido ajeno al cine. Lo que no había sucedido hasta ahora es que tres ambiciosas producciones venezolanas coincidieran en tiempo de estreno e importancia del personaje: el film de Lamata que debuta ahora, con Roque Valero, Libertador de Alberto Arvelo, con Edgar Ramírez, que se estrena oficialmente en el Festival de Toronto a finales de septiembre, y Diario de Bucaramanga, de Carlos Fung, con Simón Pestana, sobre los últimos años del estadista y la desintegración de la Gran Colombia. Sin duda alguna, estamos en el tiempo cinematográfico de Bolívar.

Lamata ha propuesto una visión que busca alejarse del héroe para mostrar al perdedor víctima de su depresión destructiva, refugiado en Jamaica, en 1815, cuando Inglaterra era aliada de España contra Francia y por lo tanto subestimaba la causa independentista de las colonias hispanoamericanas. Desde este punto de partida dramático, elabora el resurgimiento del personaje como suerte de Ave Fénix que, tras reescribir su célebre Carta de Jamaica, parte a Haití en busca del apoyo de la única república liberada del colonialismo europeo en el Caribe, una nación gobernada por ex esclavos negros que condiciona su apoyo a la liberación de los esclavos en Venezuela. Esa forma de apreciarlo se mueve entre dos aguas muy distintas. Por una parte, Lamata evidencia su necesidad de ubicar históricamente a quien habría de convertirse en el ilustre caraqueño pero, por la otra, cede a la tentación de construir una imagen romántica que combina emociones muy íntimas con cierta actitud altanera. Lo cual, en el fondo, pone de manifiesto su admiración hacia el héroe. Es el hombre capaz de ganar un duelo con su inteligencia más que con su puntería, que seduce a las damas y confunde a sus enemigos, que blande la espada y la pluma, es decir, el personaje cercano a la leyenda que a los venezolanos nos gusta recordar. En definitiva, Lamata no trasgrede la visión del héroe. Más bien la enriquece con detalles humanos, terrenales, realistas.

Hay que entender que Bolívar, el hombre de las dificultades —una coproducción entre la Villa del Cine y Alter Producciones Audiovisuales, por Venezuela, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, por Cuba, y Wanda Films, Lusa Films y TVE, por España forma parte de la Colección Libertadores, que ha unido a varios realizadores latinoamericanos para llevar a la pantalla momentos biográficos inéditos e inesperados, de los héroes que lucharon por la libertad de nuestro países: el argentino José de San Martín, el cubano José Martí, el chileno Bernardo O’Higgins, el uruguayo José Artigas, el mexicano El cura Hidalgo, el brasileño Tiradentes (Joaquim José da Silva Xavier), el peruano Túpac Amaru y el venezolano Bolívar. Ya desde esta perspectiva el film define una ruta que busca la exaltación de una epopeya personal e histórica. No tiene otra opción.

Bajo este concepto, el guión de José Antonio Varela y José Luis Varela se desarrolla con irregularidad, con momentos de gran fuerza expresiva y definida coherencia dramática al lado de situaciones frágiles y poco trabajadas. Las secuencias que transcurren en Haití son las de mayor fortaleza. Bajo la decisiva influencia de Petion, presidente de una pequeña república que en aquel momento se situaba a la vanguardia en el pensamiento político, las libertades económicas y los derechos de la mujer, Bolívar emprende el gran cambio de su vida como militar y, sobre todo, como estadista. La relación con Jeanne Bourvil adquiere importancia y marca el proceso de transformación de su vida. El bolívar que parte de Haití con los armas de Petion y los barcos de Luis Brión no es el mismo que llegó desde Jamaica, ignorado por el gobernador del imperio británico. Otros ejemplos de solidez dramática se ubica en la relación filial del caraqueño con su ahijado negro Pío y su conflicto ante la traición o en el enfrentamiento político con Bermúdez con una resolución convincente. En cambio, la figura de Pepita Machado, una de las mujeres más importantes en su vida, es apenas una circunstancia galante, más allá de llevar la primera imprenta de la incipiente república. O las escenas de enfrentamiento con sables, propias de un film de televisión que de una película de esta ambición conceptual.

Los valores de producción adquieren relieve gracias a un evidente esfuerzo de encontrar verosimilitud. Por ejemplo, saludo el regreso de Andrés Agustí a la fotografía en el cine venezolano. Su trabajo es impecable. En cambio, cuestiono el uso extremadamente convencional de la música de Francisco Cabrujas. No me refiero a la calidad de la partitura sino a la utilización como elemento dramático para marcar situaciones determinadas. El montaje de Angel Hernández y Jonathan Pellicer mantiene en ritmo sin decaer la atención del espectador. El maquillaje de Magaly Pompa Batista, el vestuario de Felia Torres. y la dirección de arte de Onelio Larralde constituyen tres factores que otorgan realismo al relato. Una producción de gran empaque.

La interpretación de Roque Valero generará polémica, más por razones políticas que artísticas. Creo que logró una acertada recreación del personaje, con sus dudas y depresiones, pero también con picardía y humor. Humaniza a Bolívar, expresa su llanto o su depresión. Se metió en su intimidad. La verdad es que siempre me imaginé al Bolívar real de esta manera. Hay gente que afirma que no verá la película porque Valero es chavista, lo cual me parece una expresión de intolerancia tan cuestionable como la que practica el chavismo contra los actores de la oposición. Deseo extrapolar el asunto: no estoy de acuerdo con las ideas políticas de Sean Penn, pero me parecería una estupidez negar su extraordinario talento como actor. Mucha gente no quiso ver la excelente Milk, de Gus Van Sant, porque Penn apoyaba a Hugo Chávez. El señor Valero podrá tener las ideas que mejor le parezca, con las que probablemente no comulgo, pero reconozco que hizo un trabajo interpretativo notable. En cambio, me pareció muy convencional la interpretación de Jorge Reyes como el Polaco. Un villano demasiado estereotipado, producto tal vez de la falta de documentación sobre este personaje real. Parece un antagónico de manual. Por su parte, Gilbert Laumord, reconocido actor y músico de Guadalupe, define perfectamente la personalidad de Petion y marca su influencia sobre Bolívar. Un poco más allá, pero con clara importancia, Alberto Alifa, Camila Arteche, Robny Piñango, Beatriz Valdes, Samantha Dagnino, Juvel Vielma, Rafael Gil. entre muchos otros, conforman un elenco homogéneo, que funciona con eficacia.

El film de Lamata recoge la etapa de la construcción del pensamiento liberal de Bolívar, derivado de las ideas de la Revolución Francesa, opuestas al absolutismo monárquico y a favor de la igualdad social, la liberación de los esclavos, las libertades económicas y políticas frente a la Corona española y la independencia de los poderes públicos del Estado. Una forma de comprender al héroe que se despoja de las botas de bronce sin olvidar que fue un hombre de pensamiento más que un militar victorioso. En tiempos como los nuestros, esta idea constituye un aporte fundamental.

BOLÍVAR, EL HOMBRE DE LAS DIFICULTADES, Venezuela, Cuba y España, 2013. Dirección: Luis Alberto Lamata. Guión: José Antonio Varela y José Luis Varela. Producción ejecutiva: Delfina Catalá, Alejandro Medina y Patricia Mata. Fotografía: Andrés Agustí. Cámara: Carlos Tovar. Montaje: Angel Hernández y Jonathan Pellicer. Música: Francisco Cabrujas. Maquillaje: Magaly Pompa Batista. Vestuario: Felia Torres. Dirección de arte: Onelio Larralde. Sonido: Mario Nazoa y Gregorio Gómez. Elenco: Roque Valero, Jorge Reyes, Beatriz Valdes, Paula Woyzechowsky, Robny Piñango, Gilbert Laumord, Camila Arteche, Juvel Vielma, Alberto Alifa, Rafael Gil, Daniel Rodríguez y Samantha Danigno. Distribución: Cines Unidos.

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