PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE VENEZUELA
En la última década se ha operado un proceso migratorio con graves consecuencias que cobró cuerpo en los jóvenes de la clase media venezolana. Ante un país que ha sido víctima del intenso deterioro económico, social e institucional impuesto por el socialismo del siglo XXI, una buena cantidad de muchachos han optado por irse al extranjero: Estados Unidos, España, Francia, Noruega, Australia, Canadá o donde encuentren las oportunidades que Venezuela parece negarles. Oportunidades de estudios de cuarto nivel, de trabajo estable, de desarrollo profesional, de aceptación social en países con instituciones sólidas, más allá de sus problemas como sociedad. Apenas pisan la treintena y ya se sienten ciudadanos del mundo. Tomaron una opción válida, legítima y, en muchos casos, definitiva. El retorno al país les luce remoto e improbable, no está en su agenda de vida. Lo malo de estas decisiones se halla en que todos esos chicos constituyen esa generación que debería acometer la reconstrucción de Venezuela —en todos sus órdenes— cuando Hugo Chávez sea desalojado del poder. Dicho en otras palabras, forman parte importante de los protagonistas de labores ineludibles: recuperar la economía, desarrollar planes sociales, dotar de legitimidad a las instituciones y construir la confianza en una nación que la ha perdido. ¿Cuándo regresarán? Mientras muchos se van, otra significativa cantidad de muchachos como ellos —tal vez con una mayor motivación política— han tomado la otra opción, es decir, quedarse en esta tierra devastada para enfrentar el régimen que ha desolado al país y que los impulsa a marcharse. Ambos grupos son importantes. Uno y otro serán fundamentales en un futuro necesario y urgente.