Publicado en: 'Cine' | Jueves, Diciembre 7, 2006 | Sin Comentarios »
A sus sesenta y seis años, Terrence Malick constituye un caso muy particular en el cine norteamericano. Es un director que goza de un inmenso prestigio, a pesar de que su filmografía —hasta hace dos años— constaba sólo de tres filmes. Ahora son cuatro. Debutó hace exactamente treinta y tres años, en 1973, al realizar Badlands, una road movie
que se convirtió en una de las películas de culto de esa década y que lanzó a la fama inicial a Sissy Spacek y Martin Sheen, al recrear los crímenes cometidos por Caril Fugate y Charley Starkweather a finales de los años cincuenta. Siete años después, en 1980, sorprendió con una intensa historia romántica, Días de gloria, protagonizada por Richard Gere y tal vez su película más celebrada. Luego mantuvo un silencio cinematográfico de diecisiete años, hasta que en 1997 estrenó La delgada línea roja, un film coral basado en la novela de James Jones y protagonizado por grandes actores de Hollywood, que se sumergió en la anegadas aguas de la II Guerra Mundial, casi simultáneamente con Salvando al soldado Ryan, de Steven Spielberg, pero con una postura diferente, nada heroica y muy crítica de los mandos militares. Y ahora, ocho años después, presenta El nuevo mundo, una interpretación muy personal de una leyenda americana de esas que llaman originaria… por no decir endógenas: la leyenda de Pocahontas.