Miami negra
Confieso que ingresé a la sala con cierto prejuicio cuando fui a ver Miami Vice, ante la fiebre de remakes de series de televisión que azota los pasillos de los estudios de Hollywood y que ha dado bodrios tan deleznables como Starsky & Hutch y los dos lamentables capítulos de Los ángeles de Charlie. Sólo me animó la presencia en sus créditos de Michael Mann, un director que ha demostrado no sólo una adecuada pericia en el manejo de la tensión dramática sino también un definido talento para transgredir las normas de los géneros cinematográficos. Un hombre que conoce la industria desde su interior y que ha pasado casi cuarenta años produciendo y dirigiendo cine y televisión. No es un Woody Allen, es verdad, pero tampoco un Silvestre Stallone.

Más de tres millones de espectadores convirtieron Olga en la película brasileña más exitosa de 2004. Sobre la base del guión de Rita Buzzar surgió la ambiciosa adaptación del libro homónimo de Fernando de Morais —que en 1985 fue un best seller en todo Brasil— dirigida por Jayme Monjardin, un realizador que proviene del mundo de la televisión.
Resulta paradójico que un cineasta sueco sea quien haya recogido y continuado la tradición del drama rural norteamericano. Lasse Halström ya había dirigido una docena de filmes en su Estocolmo natal