Teatro EL GIGANTE DE MÁRMOL
EL ARTISTA, LA LIBERTAD Y EL PODER
Al concluir la función de El gigante de mármol, el espectador guarda una impresión de trascendencia. Más allá del disfrute de la representación, comienza su permanencia en la memoria y en la reflexión. Porque la nueva obra de Luigi Sciamanna no se limita a observar a Miguel Ángel Buonarroti en la creación de su David, obra cimera del arte universal. Lo más importante del texto es que le otorga al Renacimiento una dimensión mayor a la tradicional, es decir, la de un importante movimiento artístico de la Europa de los siglos XV y XVI, y entra a definirlo como una poderosa vertiente de transformación cultural, social, religiosa y, sobre todo, política en la época de los grandes descubrimientos, las rupturas conceptuales, la lucha constante entre el poder de la fe y el surgimiento de un nuevo modelo económico. Todo esto en el marco de la República florentina y de su rivalidad con el dominio espiritual y militar de Roma y el Vaticano. En ese escenario histórico Sciamanna ubica a sus personajes para expresar el permanente combate del artista por su libertad frente a las limitaciones del poder. De cualquier forma de poder. Es la rebelión del individuo ante la hegemonía de un feudalismo que comienza su declive para abrir camino a un incipiente capitalismo y ante un imperio de base religiosa que ya había padecido la Reforma protestante. Buonarroti era un agente del cambio que cabalgó sobre las grandes mutaciones del mundo de su tiempo. Era un artista.
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